Cap 125. La hierba mala de tu jardín


Michael tenía el recuerdo presente sobre la fuerza bruta que tenía la bestia que habitaba en sus pesadillas, pero el impacto recibido sobre el suelo había sido mucho peor de lo que recordaba en todo ello. No cabía duda de que los años, por más ausente que hubiese estado, no se había quedado de brazos cruzados. Incluso le daba la impresión de ser mucho más grande en varias proporciones, por más alocado que ello sonara en su mente. Tal vez solo era pelaje y el pánico colectivo le estaba haciendo ver otra cosa.

Intentó levantarse con cuidado, pero aquello había resultado un caso inútil tras los primeros minutos. Una parte del concreto le habría caído encima sino fuera por la suerte de que otra había detenido el impacto. Moverse más de la cuenta podría ser un verdadero problema, pero no podía correr el riesgo de quedarse ahí a esperar a que alguien le ayudara. No cuando el deber le llamaba a gritos, literalmente. La situación necesitaba ser controlada de inmediato, los delincuentes debían de ser detenidos de inmediato, antes de que salieran más heridos y más problemas se manifestaran en un escenario que ya había percibido que sería perfecto para brindar un mensaje de oposición, pero no había visualizado que su mayor objetivo realmente podría presentarse por más que algunos parámetros apuntaban a una posibilidad, por más mínima que esta hubiese sido. Odiaba que sus corazonadas siempre acertaran en lo peor.

Asgore Dreemurr, la bestia de Ebott, el rey, el Gran Don. Tras tantos años sin mostrarse, que volviera a dar la cara por cuenta propia, dando todo un espectáculo de su fuerza, debía de tener un significado. Y su radar apuntaba a que una vez más, la florista estaba involucrada en todo, como si todo se hubiese tratado de un escenario orquestado del que no pudo prevenir lo suficiente pero sí llegando al punto de ya clasificarla como la causante, como una culpable a la cual legalmente podría detener antes de que más caos se generara tan solo por una disputa entre más de dos seres.

Aunque hubieran reflectores de magia en el entorno, no parecían ser suficientes para alguien que ansiaba la guerra, el conflicto con el cual demostrar lo tan superior que siempre era. Analíticamente, Dreemurr estaba ante la oportunidad de poder demostrar que seguía siendo el más fuerte, el ser invencible del que nadie debía de olvidar que se le debería de temer, pero para ello, había necesitado la situación perfecta para hacerlo con honores. Y la Flapper Florista le había dado oponentes preparados para darles tal enfrentamiento, la situación perfecta... ¿para qué? Algo se le estaba escapando en todo ello, pero aún no era capaz de visualizar el modo de pensar de alguien que no tenía una mente maestra para ser una criminal, pero sí para salirse con la suya. Era un objeto de estudio muy extraño de evaluar.

"No quiero matarlo, ni tampoco verlo muerto. Quiero detenerlo porque es necesario", habían sido sus palabras. Y las habría considerado nobles si no fuera por el trasfondo que ya tenía como carpeta de investigación.

-¡Señor Hallyton! –Escuchó al muchacho aproximándose. –¡Señor Ha...!

-Aquí.

-¡Señor Hallyton! –Rápidamente pudo visualizar el pelirrojo asomándose. –Gracias a Dios.

-Por poco y me voy con él, no sé si es muy pronto para agradecerle. –Comentó con algo de gracia, permitiendo que le ayudara con cuidado a salir de ahí. Pese a ser muy joven, el oficial O'Neil se trataba de alguien muy valiente y preparado para muchos tipos de situaciones. Entre ellos el rescatismo. –¿Reporte de los hechos?

-Bueno... que definitivamente usted tiene mucha suerte de sobrevivir de nuevo.

-Algo más serio, muchacho.

-Las ambulancias vienen en camino para evacuar a más posibles sobrevivientes. –El tono definitivamente no era esperanzador, por lo que rápidamente pudo imaginarse lo peor para que lo dijera de ese modo. –El resto se están dedicando más al respaldo de ciudadanos que se encuentren en la zona ahora que el alcalde está a salvo.

-¿Y el otro candidato? –Preguntó con algo de molestia. Bola de incompetentes que eran el resto, o más bien, el comisario que sin duda alguna había dado la orden. ¿En verdad era lo que les importaba con semejante amenaza? –¿Y los criminales?

-Sobre el candidato Holiday y su familia desconozco. Y tanto El Comediante como La Bestia están peleando entre ellos. –El muchacho logró con cuidado sacarlo de ahí, impidiendo que se levantara para revisar detenidamente si tenía alguna lesión visible. –La Flapper Florista sigue en sus garras. Desconozco si está con vida, ya que no parece tener intención de soltarla.

Michael quedó en silencio, sintiendo la impotencia de no haber hecho lo suficiente para detener tal cosa, aun cuando había hecho lo posible de llegar a tiempo a ella y sin saber realmente qué había sido lo que debía de detener como tal. Aunque no comprendiera a la florista en esencia, tenía el conocimiento suficiente para saber que al tratarse de una descendencia de un criminal reconocido, debía de interesarle cuanto menos hacerle frente en su nombre. Sus palabras previas le habían afirmado mucho más eso, pero si estaba en tal situación, dudaba mucho que siguiera con vida.

Pero aquello presentaba un problema mayor si estaba el primogénito Gaster en combate. Siendo visible su total interés hacia la humana Saito, debía de estarle enfureciendo realmente la situación. Cosa que debía de confirmar a todos los presentes que era una relación como tal lo había expuesto en junta, y no una simple travesura de un par de jóvenes queriendo llamar la atención en masa. Ya que, ¿quién en su sano juicio querría pelear a puño limpio contra el monstruo más temible de todos los tiempos?

Pues definitivamente ese esquelético muchacho, ya que ahora podía escuchar claramente que estaba hablando al micrófono. Incitando a la bestia indiscutiblemente, de un modo que podría definirse como una mala relación entre suegro y yerno por más loco que sonara. Donde ambos peleaban por un posible cadáver.

-Cobardes como usted hay muchos, pero aun así ella les entrega al mundo lo mejor que puede ofrecer, aun cuando tiene muchas razones para dudar, aun cuando se decepciona de qué tan podrido puede ser el sujeto que tiene al frente. –Comentaba el esqueleto al micrófono, mirando fijamente al frente sin siquiera titubear de cada palabra que decía. –Yo estoy condenado de mil y un maneras, pero si todo me llevó a poder conocerla, puedo decir que ha valido la pena. Puedo decir que he conocido el paraíso gracias a ella, así que me da igual qué infierno quiera venir por mi, porque no pienso ceder tampoco. ¡No pienso ceder ante usted, maldito cabrón!

Michael pudo sentarse finalmente sobre el suelo tras la confirmación del oficial O'Neil tras aplicar sus primeros auxilios con cuidado. Escuchando detenidamente la situación a la cual ya no podría actuar por cuenta propia dada su situación que requería atención hospitalaria todavía, aun cuando el deber le llamaba a que hiciera cuanto menos algo para parar aquel vandalismo en crecimiento.

Y si bien Sans Gaster estaba exponiéndose por completo, siendo un blanco fácil, parecía genuinamente que ese era la intención, recordandole a lo que había hecho la florista al acaparar toda la atención de los presentes en el juzgado, mucho antes de poder percatarse de que habían terminado todos en una trampa. Podría ser este el mismo caso, sino fuera por la obviedad que presentaba ante la bestia, quien solo sonreía desde su sitio con algo de diversión retorcida de su parte al estar sosteniendo un cuerpo inerte.

-¡JA! ¿Acaso tratas de provocarme, muchacho? –Rió el monstruo jefe con mucho movimiento de por medio. –Por favor, ¿por quién me tomas?

-Por el ser más ingrato e hipócrita que esta ciudad ha conocido. Y lo digo incluso con algunos políticos presentes. –Exclamó el esqueleto. Extrañamente uno que otro pareció reírse con eso a lo lejos pese a la situación. –Su Causa Monstruo es una tontería a lado de la determinación de ella, siendo que además lo suyo es tan solo una copia barata de la Cosa Nostra. Mire que hacer que muchos monstruos peleemos por su guerra inculcada, mientras tenía una humana como hija al grado de tenerle terreno y demás en cuanto diera su apellido...

-¡¡Eso es mentira!! El Gran Don jamás tendría misericordia por una humana. –Escuchó a alguien por alguna parte, aparentemente saliendo de donde sea que estaba. –¡Jamás, Jamás, Jamás!

La diferencia de comentarios en el instante que rompieron el mutismo selectivo fue lo que causó interés colectivo. Haciendo que más y más participaran en lugar de retirarse a un lugar seguro, ya sea por tratarse de ciudadanos que habían estado esperando el debate, o aparentes delincuentes en apoyo hacia quien consideraban el jefe de jefes dentro del crimen organizado. Definitivamente la locura entre una humana y un monstruo estaban haciendo de la situación una locura colectiva donde el sentido común se había dejado a un lado.

Si lo que decía Sans Gaster sobre que la florista había sido engañada por el monstruo jefe al tratarla como su hija, eso podría explicar muchas cosas, pero abrir la investigación para muchas más. Su caso de años estaba comenzando a conectar las piezas ante él de un modo que le hacía querer correr hacia su oficina para continuar con su labor, pero primero, necesitaba cuanto menos hacer algo en el instante. No podía dejar que los delincuentes se salieran con la suya con tanto desastre ya desatado.

La Bestia de Ebott presente, posiblemente más de un Gaster por la zona, los candidatos a la alcaldía bajo amenaza, una criatura marina indefinida, los Blook, la florista presente de nuevo en un caos desatado... No podían estar peor las cosas.

-¡Señor! –Otro policía se acercó a ellos finalmente. –La flor no se enc...

-¡¿Cómo que no se encuentra?! –Ni siquiera le permitió terminar la oración. Genial, lo que le faltaba. ¿Qué acaso no se daría nada bien este día?

-La teníamos bajo reserva en una de las patrullas, pero ahora que volvimos a ver no se encuentra rastro del contenedor.

Eso era una clara indicación de que quien pudo haber tomado tal cosa, debía de ser alguien de confianza que no generara una amenaza al acercarse al cuerpo policiaco, y aún más en un momento tenso como ese, pero tendría que ser algo para analizar en otro momento más pacífico.

-Esto ya no es trabajo para nosotros, ¡debería de estar el ejército! –Exclamó uno de sus compañeros. –Si los desviadores de magia no están siendo suficientes para controlar a esas bestias... significa que deberían de estar todos los monstruos encerrados. Son un maldito peligro sin importar la situación.

-Eso es discriminación de tu parte. –Atajó Michael con seriedad mientras observaba la poca multitud que se estaba manifestando en la zona. Aun cuando estuviesen ocultos en su mayoría, tenían algo por opinar desde su trinchera. Ese efecto definitivamente era producto de la florista, estuviese consciente o no, estuviese viva o no. –Aunque sean otros rostros, estamos ante manos igual de capaces que las de un humano. Están matando con armas hechas por humanos, golpeándonos con sus puños, exclamando con su voz, moviéndose solo con sus piernas. Así que si ponerlos a nuestro nivel no es suficiente, significa que nosotros somos los incompetentes.

-Pero señor...

-Si consideras que no eres capaz de ejercer tu trabajo, entonces deberías de entregar el uniforme. –Intentó levantarse, pero el joven O'Neil se lo impidió. –Pero antes presten atención ustedes dos. Ese esqueleto está usando solo su voz en este momento, ¿y ves que alguien lo esté atacando? ¿Alguien pretende callarlo pese a que se debería? Ni siquiera Dreemurr lo está haciendo. Pregúntese por qué.

Si, ahora entendía un punto que le había dado la Flapper Florista, ahora que observaba la situación y percibía cómo los ataques habían disminuído para dar paso a escuchar a un joven esqueleto exclamando estar enamorado de una humana. Si bien el cuerpo policiaco había fallado y no había mucho por hacer analíticamente si se presentaba de nuevo la violencia física ante la falta de integrantes, había algo magnético en la situación que se estaba tornando ahora. Algo que ni el debate que se suponía que iba a darse en ese sitio, habría logrado tal impacto. Su padre le había hecho mención de ello ante lo sucedido en el juicio, sobre que la florista tenía un talento particular para obtener la atención.

El par de críptidos seguían en combate, pero ahora se trataba de quién cedía más a la exposición, de quién podría sucumbir a la presión. Y eso no se trataba de una tregua o algo pacífico de ningún modo, tan solo era un extraño fenómeno que tal vez solo entre criminales podrían entender, porque definitivamente por su parte estaba muy confundido ahora al igual que algunos de sus compañeros que aún no se habían retirado.

La florista había hecho mención de que no era apropiado que aquellos que, en palabras de ella, los habían orillado a una mala vida fueran sus jueces. En cambio, entre ellos, permitían todo tipo de actos ruines sin dar paso a una ofensa absoluta. Casi como si fuese un aparente logro que consiguieran matarse entre ellos como un respeto que definitivamente no tenía sentido para él, pero para ellos tal vez era lo que les quedaba como código de honor. Así que tal vez era eso. La florista había optado ser una criminal con tal de ser capaz de estar a esa altura, de poder afrontarlo en su mismo lenguaje, en sus mismos términos. ¿Ese sería su tren de pensamiento?

-Muy bien, ya que este es tu jueguito, veamos a qué te lleva. –Rió La Bestia tras mover bruscamente el cuerpo que sostenía con una sola mano. –Dices amar a esta humana que sostengo aquí, pero no veo que trates de arrebatármela, no veo que trates de mantenerla a salvo. En su lugar, estas a esa distancia creyendo que me llevarás hacia ese punto por una aparente ventaja que crees lograr, en lugar de afrontarme como lo haría un hombre. Por mi parte, yo solo estoy tomando mi premio, muchacho, justo lo que hice hace veinte años cuando maté a El Jugador.

Michael oprimió el puño al escuchar eso.

-Lo que hizo fue arrebatarle todo, pero descuide, ya que está tan preocupado de esos detalles, le confirmo que yo me he dedicado a darle todo. Y cuando digo todo, incluye el complacerla como merece. –Pese a la situación, el esqueleto estaba sonriendo, pero era visible que había cólera dentro de todo el espectáculo. Incluso algo de desesperación de su parte. –Así que en cuanto se la quite de sus manos, cuente con que ella recibirá premio de mi parte.

-Dudo que un esqueleto tenga lo necesario siquiera para semejante acto.

-Vaya que sí lo tengo. ¿Quiere verlo?

-¡JA! Ni con una lupa podría.

Michael comenzó a sentirse un poco incómodo con el ritmo de la conversación a gritos, y estaba seguro de que no estaba siendo el único en tal situación. Esta clase de exhibicionismo la esperaba en otra clase de delincuentes, no en mafiosos potenciales y peligrosos. Pero sí se quedaba al menos con una declaración importante dentro de todas esas vulgaridades: Asgore Dreemurr se llevó a la niña descendiente de Masao Saito como premio aquel día. Posiblemente a la otra también.

-Pues ella es el sol para mí, y no solo lo digo por ser capaz de calentarme. Tampoco hablo de un caluroso verano que empalaga o que te hace cerrar las cuencas y no querer verlo más. Hablo de un sol en pleno invierno, cuando todo está gris y frío, que lleva a no ser capaz de recordar cómo es sentir el calor, cómo sentir la luz, cómo ver los colores. Pero que cuando ahí está... con su simple presencia, todo se vuelve mejor. –Aquello no podía resultar más loco que eso, sobre todo porque era... demasiado cursi para tratarse de un delincuente peligroso. Por lo que podía suponer que incluso los criminales tenían su corazoncito después de todo. O tal vez, solo se trataba de que la juventud de ahora pensaba muy diferente, rayando a lo elocuente. –Por suerte está ella, iluminando mis días, apoyándome, dándome paz cuando creí que ya no podía más. Ya sea por casualidad o destino que nos hayamos encontrado.

-Adorable poeta, entonces te crees un diablito que se volvió un ángel de la noche a la mañana. ¿Crees que incluso el peor ser puede cambiar? ¿Que todo el mundo puede cambiar si lo intenta?

-Como dije, yo ya estoy condenado casi como usted. Pero... por ella, vale la pena intentarlo cuanto menos. –Esta vez, se le veía más serio al esqueleto con su respuesta. –El amor es mi pecado, pero no permitiré que usted ni nadie sea el verdugo.

-Pues te felicito, no cualquiera logra irritarme cuanto menos algo. –El tridente rojo que había tenido a su costado, sorpresivamente se estaba moviendo, apuntando hacia el escenario improvisado que el esqueleto había creado para acaparar su atención. –Sans Gaster, un placer. Fue divertido...

¡PLAMM!

Sin que pudiera percatarse de en qué momento había despertado o hecho algún movimiento que lo indicara, la florista había logrado levantar uno de sus brazos para cometer, con la poca fuerza que visiblemente tenía, una cachetada que irrumpiera a su captor por completo. Era un completo milagro que estuviese con vida, y aun así, había tenido el coraje de darle semejante cachetada ante el riesgo de que terminara rematándola de la forma más cruel posible. Y definitivamente no parecía importarle, porque acto seguido fue capaz de hablar lo suficientemente fuerte para poder ser escuchado por varios.

-Si intentas una vez más... hacerle daño a mi novio... lo lamentarás.

Astuta y enigmática como El jugador. Valiente y altanera como La bestia. Frívola y calculadora como El doctor. Esa florista definitivamente tenía lo mejor y peor de tres grandes mentes criminales.


...

Aunque no hubiese sido la idea esencial desde el inicio, aquello le fue suficiente a Muffet para poder actuar con prisa, aprovechando la distracción conjunta que habían creado ese par de tontos que ella quería sacar de ahí a toda costa. Así que se aproximó desde el punto ciego del monstruo jefe, preparándose para saltar con prisa dado que solo tendría una sola oportunidad de lograrlo. Pero para su desgracia, el monstruo jefe de gran tamaño no había prestado atención del todo a la humana que se había atrevido a cachetearle, ni siquiera porque seguramente era una labor que nadie más se atrevería de hacerle sin sufrir consecuencias. Tan solo, la bestia se desconcertó lo suficiente para no usar su tridente hacia Sans, pero aun así se había mantenido alerta de todo lo demás. Tenía que admitirlo, era un peleador nato, incluso podría ser más cauteloso que su querido W.D a su manera.

En su lugar, el tridente había tomado dirección opuesta con la intención de llegar hacia ella ahora, pero no cabía duda de que el Gran Don la había subestimado en el instante, porque pudo esquivarlo con la agilidad que solo ella poseía con orgullo. Siendo una danza para ella el poder generarle un conflicto de no poder interpretar sus siguientes movimientos. Tal vez el monstruo jefe la recordaba por la vez en la que había estado en su mansión, y definitivamente había actuado como una cobarde aquella ocasión. Pero no más, no cuando su amiga estaba en problemas que sin duda alguna ella había provocado de forma indirecta, pero eso sería algo a tratar para luego.

Tuvo que mantenerse algo apartada al final, pero aun así alerta de todo movimiento, optando por tener que encontrar otra oportunidad que sería más difícil de encontrar. ¿Habría forma de detener ese tridente que controlaba de manera inexplicable?

-Si tiene las pelotas para expresar que sabe qué es lo que intento, ¿por qué no me enfrenta como hombre? –Exclamó Sans desde el micrófono, seguramente insistiendo mucho más ahora que observaba que ella misma estaba en acción precipitada ahora que Frisk estaba consciente. –Sin trucos, solo un par de monstruos peleando como se debe.

-Si tú no eres ni capaz de darme un buen golpe, muchacho, ni siquiera deberías de considerarte hombre. –Se burló la bestia, apartando a Frisk de sí mismo para evitar otra cachetada de su parte. Ni siquiera la observaba, como si estuviera sosteniendo un gatito problemático solamente. –Al menos deberías de considerarte honrado por el hecho de querer matarte personalmente. No es algo que otorgue a cualquiera.

-Ni se... te ocurra...

Comentó Frisk como pudo. A lo cual de nuevo, el monstruo procuró encajarle las garras para lastimarle de nuevo, buscando que quedara inconsciente una vez más al aparentemente considerarla una molestia a la cual ignorar en el momento. Pero Muffet intuía que no era ese el caso, estaba segura de que solo quería que no estuviese presente en cómo se presentaban las cosas. Y lo intuía por cómo se rehusaba a mirarla a los ojos, aun cuando la humana mostraba resistencia hacia él.

-Eso... –Frisk contenía el dolor que era demasiado visible para todo espectador. –No te va a funcionar... aho... ¡AAAHHH!

Notando cómo Sans finalmente se había desesperado y apartado del micrófono, Muffet tuvo que actuar antes, sabiendo que las cosas podrían empeorar si Sans actuaba impulsivamente ahora que su razonamiento se le estaba acabando. Ya que aunque se supiera que eso es lo que el Gran Don quería que pasara, Sans ya no estaría cuestionándose más eso si Frisk demostraba sentir dolor.

Sin más, saltó hacia el brazo de la bestia, aprovechando que lo que había hecho al apartar a Frisk de él era dejarla como un blanco más fácil. Y antes de que el tridente interfiriera de nuevo, mordió la mano para que la soltara de una u otra forma. Llegándole el sabor de la sangre de inmediato a causa de ya estarse prácticamente bañando su pelaje con ella. El monstruo jefe no exclamó de dolor o algo por el estilo, pero sí soltó de inmediato a Frisk ante la sensación que estaba segura que le había provocado algo cuanto menos. No había podido inyectarle totalmente su veneno dado el segundo en que tuvo que hacer todo, y por el tamaño tal vez tampoco era suficiente para dejarlo inconsciente, pero definitivamente le había quitado sensibilidad de ese brazo ahora. Eso tenía que valer para algo.

-Ya entiendo. –Sonrió la bestia. –Eras tú de quien Gerson se refería.

-¿Q...?

Aquello no lo había entendido para nada, pero no era un prioridad por la cual detenerse. Jaló a Frisk consigo para arrastrarla con la rapidez que podía permitirse, escuchando un ligero "gracias" de su parte, sin ser capaz de levantarse para ayudarle a retirarse lo más posible. A lo cual Sans no había tardado en llegar, cargándola de inmediato y corriendo en sentido contario sin siquiera pensarlo más. Bien, el que priorizara su seguridad era un buen avance. Muffet había temido que pasara algo similar a la ocasión del tipo que había intentado abusar de ella.

-Bonita, ¿cómo te...?

-Me siento muy mareada. –Respondió Frisk por lo bajo.

-Es por tanta pérdida de sangre. Ese maldito no te permitió curarte a tiempo para evitar esto. ¡Le haré pagar!

-Sans, creo que a estas alturas lo mejor será una retirada. –Intervino Muffet mientras los seguía, ambos corriendo a toda prisa antes de que el tridente hiciera de las suyas. Pero aquello no estaba pasando, ¿por qué? –Nunca había mordido a alguien de su tamaño, no sé si los efectos puedan variar con eso.

-Pero y el plan... –Murmuró Frisk.

-Olvídalo, bonita. Es un caso perdido todo lo ocurrido hoy. –Finalmente le estaba dando la razón. Aleluya. –Las llevaré con Papyrus y luego volveré para buscar al viejo.

El tridente pasó tan rápido que pudo haberlos matado de un golpe a todos, pero el reflejo de ambos fue suficiente para separarse en cada costado y evitarlo a toda costa. Contemplando que la extraña arma carmesí había terminado estampada en una camioneta que se había estado aproximando, donde salieron de inmediato varios humanos que si bien estaban asustados a simple vista, tenían las agallas suficientes para estarse lanzando hacia el frente a toda costa, completamente armados sin ser evidente que no formaban parte de la policía.

-¡Dreeemurrrr!

El grito de furia aproximándose desde otro extremo fue levemente reconocible, notando que en efecto, se trataba de aquel humano greñudo que había capturado en su momento creyendo que era un extraño acosador, solo para resultar que se trataba de el líder de la yakuza. Muffet tenía que reconocer que era una sorpresa su total intervención ahora, cuando los tenía clasificados como unos cobardes que siempre se mantenían como espectadores salvo cuando los obligaban a moverse. Como fuera, no les agradaba en lo más mínimo por lo que habían hecho que pasara Frisk de forma directa e indirecta. Pero si estaban cuando menos ahora como aliados, no podría quejarse dada la situación.

-Y las sorpresas siguen. –Comentó Dreemurr con una sonrisa latente. Aunque todo fuera en contra suya, definitivamente era quien más se divertía.–Vaya que has crecido, muchacho.

-¡¿Qué le hizo a la descendencia de Saito-sensei?!

-¿Y tú cómo sabes de ella en primer lugar?

Dado su entrenamiento y experiencia, los humanos en cuanto a combate siempre le habían parecido algo predecibles al ser seres quienes dependían mucho de su resistencia, por lo que tenía que reconocer que no era el mismo caso con ese tipo, quien estaba demostrando con rapidez el por qué era el líder de todos esos locos suicidas. No solo esquivaba con rapidez, sino que también atacaba con precisión con su espada delgada. Aunque claro, debía de serle favorecedor que además de estar limitado a usar su magia, le había inmovilizado su brazo, así que no podía darle todo el crédito a ese oportunista de pacotilla.

Dejó de prestar atención al combate en el que se unían el resto de la yakuza, para enfocarse en su amado que se aproximaba hacia ellos junto con un par de humanos que por su ojos alargados, debían de ser de la yakuza de más años. Muffet por su parte tuvo el instinto de acomodar su cabello, sabiendo lo desalineada que se encontraba por haber salido con prisa. No le importaba que fuese la segunda vez que le viera así, sin contar que la última vez no había sido un momento nada grato entre ellos, simplemente no quería que le viese mal en ningún modo. Aun cuando su corazón dio un revuelo algo doloroso por verlo nuevamente y saber su rechazo.

-¡¿Dónde mierdas estabas?! –Exclamó Sans al momento de verlo cerca. Sin tener intención de soltar a su novia en ningún momento.

-Lenguaje. –Sans apenas y resopló con molestia, siendo que W.D se estaba enfocando en revisar a Frisk en el instante que llegó con ellos. –Los reflectores son más molestos de lo que parece. ¿Reporte de los hechos?

-El imbécil lastimó a Frisk por un buen rato con su tridente y con sus garras. La policía tuvo una baja significativa de golpe en todo el sentido de la palabra, así que no serán un problema. –Comenzó a narrar Sans algo acelerado. Tenía que reconocer lo mucho que se estaba aguantando con todo lo sucedido, pero parecía que en cualquier momento perdería la cordura por el tono de su voz. –Los Blook están estorbando en los alrededores apuntando hacia Snowdin, así que supongo que su intención es no dejarnos regresar. El hierbajo está desaparecido, no sé por qué. La hojalata andante está cooperando con nosotros y está desactivando los reflectores uno por uno para que podamos usar magia. Ronnie se está encargando de la criatura marina...

-¿Qué hace el joven Bunny aquí? –Preguntó W.D sin apartar la vista en Frisk, a quien le estaba revisando las heridas y el pulso con prisa. –¿Y por qué lo dejaste con semejante encargo cuando yo ya le tengo uno?

-Historia para otro momento. ¿Tú por qué vienes con la yakuza?

-También es historia para otro momento.

-Por ahora solo cura a Frisk, por favor.

-Sin magia no podré hacer mucho de momento, aunque es una suerte que su cuerpo coopere.

Muffet sacó sus armas y se puso como barrera para protegerlos de cualquier cosa mientras estaban en ello, teniendo que ignorar que su amado estaba algo indiferente en el momento, aunque claro, lo atribuía a que estaba lo bastante concentrado y preocupado en el instante por la seriedad extrema que mostraba en sus silencios. Si se suponía que Frisk era capaz de recuperarse de toda herida y enfermedad, el que no estuviera mejor debía de ser sin duda alguna la pérdida de sangre. Y si los humanos necesitaban tanto ello, tal vez sí podría morir después de todo por algo, lo cual debía de ser el pensamiento de todos, porque podía escuchar la respiración acelerada de Sans aunque le estuviese dando la espalda. ¿Entonces se había equivocado en que el Gran Don solo la quería ausente de todo?

Por un momento creyó que los dos humanos que estaban con ellos serían unos completos estorbos, pero a los pocos segundos ambos se hincaron con los brazos extendidos y cabeza baja. Tal vez se trataba de una extraña tradición japonesa, porque parecían demasiado dramáticos con ello.

-¿Qué mierdas...? –Murmuró Sans.

-Le debemos mucho a Saito-sensei y al Oyabun Yamaguchi. –Habló uno de los humanos. No entendió nada de lo que estaban diciendo, y por la expresión del resto estaba segura de que no era la única. –Por favor, si Saito-san necesita sangre, tome la nuestra. No importa que se requiera toda, estamos dispuestos a lo que sea que pueda proteger su legado.

-Ustedes son unos lunáticos. –Atajó Muffet por lo bajo, sin apartar la vista al frente.

-No me importa que sea el caso. –Comentó Sans sin tacto alguno. –Pero no la llamen por ese apellido, ella no lo reconoce como suyo.

-No es... cierto que a él le importe... eso. Solo se... está burlando de ustedes. –Nadie entendió a qué se refería Frisk con eso, pero incluso estaba observando a un punto donde no había nada. ¿Acaso ya estaba alucinando? –¿Él... era de dar... argumentos sin sentido?

-Sin sentido no, eran enseñanzas, Saito-san. –Sans gruñó con esa insistencia de que le llamaran así. –Fue un hombre muy sabio, y estamos seguros de que su padre habría preferido que si tuvieran que transferirle sangre, sea proveniente de un japonés como usted.

-Yo no...

-¡Por favor, Saito-san, déjenos salvar su vida por nuestro maestro!

-Aunque quieran, no puede recibir cualquier sangre. Sin contar que su cuerpo no sé si la rechace dada su situación. –Aclaró W.D de inmediato, levantándose por completo. Eso no era buena señal. –No te estás convirtiendo en alguien salvaje, pero no sé si eso implique algo bueno o no. Necesitamos sacarte de aquí cuanto menos.

-No... no quiero... irme.

-Por favor, bonita, no insistas en esto. Mira como ese maldito te dejó.

-Quiere matarte. No voy... a permitirlo.

Quería decirle a Frisk que no fuera tonta, pero no podía culparla por querer seguir si eso implicaba dejar a su amado en una pelea que nada garantizaba que pudiera volver. Esa era su razón de estar ahí también. Ya que, aunque supiera la situación, aunque supiera su rechazo y el papel que quería darle, eso no implicaba que fuese capaz de ignorar sus sentimientos, de fingir que todo podría estar bien y ya con eso. También necesitaba que su amado volviera con vida, sabiendo la razón por la cual quería enfrentar personalmente a la bestia que no dudó en lastimar a quien se suponía que había cuidado como una hija. Aun cuando tenía la sospecha de que matarla no era el objetivo.

Asgore Dreemurr debía de ser un perfecto actor, porque a pesar de toda la situación en la que varios enemigos se estaban juntando en un solo punto, no parecía importarle en lo más mínimo la desventaja que tenía. Estando observándolos peleando con varios yakuzas y su líder, quienes estaban cumpliendo con la labor de dar tiempo de poder sacar a Frisk de ahí antes, analizaba la situación para encontrar algo que pudiera de ser de utilidad mientras otros se encargaban de diferentes cosas. Era un peleador peligroso, pudiendo con todos sin magia, sin un brazo y estando solo por decisión propia, ya que los Blook parecían acercarse a querer unirse y el jefe de jefes se los impedía a toda costa. Y esta vez, el monstruo jefe se estaba moviendo mucho más, demostrando lo verdaderamente temible que era.

Definitivamente se estaba conteniendo con Frisk y con Sans sólo jugó. ¿Con qué fin? ¿Con tal de dejarlo en ridículo? Si así fuera, lo habría matado en el primer intento, pero no había sido el caso. En su mansión había dado más pelea que la actual. ¿Qué demonios le estaría pasando por la mente para que no estuviese...?

Muffet abrió los ojos con fuerza al darse cuenta de algo importante tras ver a la yakuza pelear con él. El Gran Don mantenía su distancia, no estaba intentando aproximarse aunque tuviese estorbos. Si había quitado a la policía con facilidad y a los yakuza no, debía de ser porque había algo diferente dentro de todo. Incluso se había negado a aproximarse al punto que evidentemente podría tener una mayor ventaja si Sans ya le había indicado de alguna forma que la magia podía permitirse ahí.

A pesar de todo, estaba en lo cierto de que Frisk le era importante de una u otra forma si estaba permitiendo y dando tiempo de que trataran sus heridas que él mismo le había provocado.

-Sans, sigue el plan como lo acordamos. –Escuchó que indicó W.D.

-Sans... tú y yo... el plan...

-Ningún plan entrará en ejecución ahora. O todos nos vamos o no. ¡Esto ya se fue a la mierda desde un inicio!

-Leng...

-¡Me vale un pito la educación ahora, viejo! Le grité a esa bestia y a toda esta maldita ciudad que amo a esta humana que sostengo, y voy a dejar muy en claro a cualquiera que intente volver a lastimarla, que no seré piadoso con quien se atreva. –Exclamó Sans ahora sí con furia. –Pero primero, necesito que todos estemos en un lugar seguro. Tampoco puedo darme el lujo de exponerlos así.

-¿Cuánto tiempo tardará el señor Blook en quitar esos reflectores?

-¿Qué no me oíste, viejo? No...

-Sé que es una locura, pero tal vez esta sea la única oportunidad que tengamos de afrontarlo tan vulnerable. Y no voy a dejar que la yakuza se lleve el crédito de nuestro esfuerzo. –Comentó W.D al momento de quitarle a Frisk de las manos. Y si bien eso se estaba tomando como una acción necesaria para curarla o algo, a todos les tomó la sorpresa de que se la entregó a ella ahora. Teniendo que verle directamente y no pudiendo ocultar su sonrojo a tiempo por ello. –Muffet, llévate a Frisk lejos de aquí. Nosotros...

-No.

Tenía que reconocer que estaba aterrorizada de tener que contestar tan rápido y con una negativa, pero no quería retractarse, por más que su amado le estuviese mirando fijamente y con seriedad, como si esperara que cambiara de opinión como siempre, queriendo complacerlo incluso en los más mínimos detalles con tal de obtener su cariño. Necesitaba estar ahí para él, pero no por una obediencia como se lo pediría a su gente. Necesitaba que le reconociera como un igual. Que fuera capaz de observarle tal y como es, aun cuando esa exposición le causaba algo de pánico en el peor momento posible.

Pero si no fuera porque Frisk le había extendido la mano y sujetarla, (quien pese a estar tan débil y fría, aún se mantenía firme a su manera), no se habría dado valor de seguir adelante con lo que sentía. Después de todo, ella ya le había dicho que necesitaba sincerarse con él y con los hermanos, que tomara su lugar como una Gaster de una u otra forma.

-No... no p-puedes esperar a que siempre acate tus órdenes y me quede en espera de más indicaciones como con tus seguidores. –Comenzó a defenderse ante el silencio del jefe, quien le observaba detenidamente mientras sujetaba a Frisk para que la tomara sí o sí con cuidado. –Ya no puedo más con la inseguridad que me produces cada vez que me apartas. Q-quiero que me aceptes tal y como soy Wingdings, y eso lo lograré queriendo hacer las cosas por mi cuenta. Mantenerlos a salvo a todos, no a uno solo.

-Esto no se trata de algún reconocimiento o sacrificio.

-Siempre es por sacrificio. ¡Mereces recibir el cuidado que siempre nos das! Si tu pretendes quedarte a luchar, entonces yo estaré aquí. –Frisk le dio un apretón en el instante, entendiendo su mensaje. –Y si Sans pretende quedarse, Frisk dice que se quedará también.

-No sean tontas.

-No lo soy, el Gran Don no se está acercando porque está dejando que la curemos y la llevemos lejos de aquí. ¡Es lo que quiere! –Señaló inmediatamente, captando la atención incluso de los dos yakuzas que permanecían con ellos. –Si le damos lo que quiere, es muy probable que nos mate en cuanto los reflectores no funcionen más. Se está conteniendo.

-¿Conte...niendo por mi?

-Eso no tiene ningún sentido si hace unos momentos tuvo intención de llevársela.

-Tal vez no era llevársela, sino solo apartarla porque no la quiere cerca de ningún modo.

Aquello hizo analizar la situación por parte de todos, notando incluso que su amado estaba observando ahora a lo lejos la batalla para evaluarlo por su propia cuenta. Y por el silencio que mantuvo en ello, sabía que estaba de acuerdo con ella.

-Florista, sé que aun quieres seguir y que confías en tu regeneración. –Continuó W.D mientras la seguía cargando. –Pero tu condición es algo que no sé si podré ayudarte realmente si se atiende más tarde. Podrías tener repercusiones que nadie en el mundo podría atenderte.

-Puedo soportarlo...

-No, no lo harás. –Sans se aproximó y la quitó de sus manos con fuerza. Frisk debía de pesar tan poco para que la estuviesen moviendo como muñeca de trapo. Y ella tan débil para evitarlo. –Si quieren matarse ustedes, pues cosa de ustedes. Pero no dejaré que sigan usando a mi novia como carnada. Ya fue suficiente.

-Sans... no quiero...

-Lo que quieras no está a lugar ahora, Frisk. –El ojo azulado de Sans se hizo presente con demasiada intensidad. –Yo decido que tu ya tuviste suficiente y se acabó.

No era extraño que Sans estuviese colérico, socarrón o impulsivo a estas alturas, incluso siendo que se estaba conteniendo más de lo que realmente era capaz. Pero sí que había parecido extraña tal frialdad de su parte, dirigida hacia quien hace unos minutos había exclamado su amor a todo público. Y si bien era comprensible que estuviese dando prioridad a Frisk por encima de muchas cosas, que la tratara de ese modo implicaba que finalmente estaba queriendo tomar todo control en sus propias manos, sin importar el cómo se le pudiera percibir en el instante. Y por ello, supo que sin darse cuenta, estaba queriendo actuar como su padre hubiese querido que fuera desde hace tiempo como heredero del negocio, aunque la situación se hubiese presentado con objetivos distintos.

No obstante, Frisk seguramente no se había tomado bien eso, porque a pesar del malestar latente que estaba teniendo, aun así recaudó energía para lanzarle una mirada molesta. Y tal vez si estuviese mejor, le habría dicho mil palabras para contradecirlo o incluso hasta golpeado si no fuera porque la fuerza que le quedaba la había destinado a cachetear a alguien mucho más fuerte.

En su lugar, oprimió como pudo su mano que aún no se la soltaba pese al cambio de brazos a cuidado de su ser. Muffet entendió que le estaba pidiendo de nuevo su apoyo, su respaldo, estando de acuerdo con la observación que había hecho sobre el Gran Don. Le era extraña la sensación de que alguien en ese momento pidiera su ayuda en lugar de pedirle que se fuera, por lo que fue la razón por la cual no se la pensó demasiado en tomar por sorpresa a Sans para golpearlo, hacerle caer y al mismo tiempo, tomar a Frisk finalmente para cargarla y llevarla hacia otro punto. De reojo vio que W.D había quedado algo sorprendido con el hecho, pero no tuvo ninguna intención de detenerla. Incluso había cabeceado para darle a entender que comprendía de algún modo lo que estaban pensando en hacer, y que sin duda se mantendría alerta en cuanto no interviniera con lo que él quería hacer.

Aunque claro, tal vez eso último había sido su interpretación al conocerlo demasiado.

-Acabas de hacer que Sans esté molesto contigo. –Comentó Muffet mientras corría, sabiendo que Sans no les alcanzaría porque su amado no se lo permitiría de momento. También ayudaba el descubrir lo tan ligera que estaba resultando Frisk. –Espero que estés lista para un pleito si salimos bien de esto.

-No me importa en cuanto... lo mantenga a salvo.

No tenía que decírselo dos veces. Extrañamente, los yakuza que habían permanecido en silencio un rato, le estaban siguiendo el paso. Con sus armas listas en mano y mirada firme al frente.

-Estamos para ayudarle, Saito-san.

Muffet iba a decirles a los humanos que se largaran de una maldita vez, pero Frisk con un simple ademán le indicó a ella que no los detuviera. Al parecer, aun con su malestar estaba pensando en algo. Aunque también podría ser que ya estaba alucinando por la forma en la que observaba a diferentes puntos como si hubiese alguien que le estaba hablando. Quien sabe.


...

Bonnie se había quedado estática un buen rato ante el impacto que había sido todo. Sin saber si el lugar en el que estaba, amordazada y algo abandonada de momento, era mucho mejor que fuera, donde podía escuchar una fuerte pelea cuyo rugido pudo reconocer de inmediato a la par que le había aterrado de tener que volver a ver a su peor captor. Y vaya que tenía ahora una lista para denominarlo así lamentablemente.

No obstante, era una mujer que tenía una misión importante, y no podía darse el lujo de tener tanto miedo cuando su familia debían de estar preocupados por ella, y que su amiga podría estar en peor estado si esa bestia estaba ahí. Por lo que trató de arrastrarse y salir de la camioneta como pudo. En espera de poder dar con algo o alguien que pudiera ayudarle a zafarse de tantas ataduras. Y de ser posible, poder encontrar al terco de Wingdings que le valía un pepino que estuviese o no. Siendo una vez más que le hacía preguntarse cómo era que Arial se había fijado en alguien como él, pero que absurdamente era el único que podía hacer algo ahora.

Cuando logró salir de la camioneta, terminó estampada en el pavimento sin ser capaz de poder levantarse de inmediato. La zona en la que estaban parecía estar cerca del mar, pero algo que debía de ser un punto bello de contemplar por lo mismo, estaba todo destruído, como si un terremoto se hubiese manifestado en una zona específica y que aun no terminaba de expandir su caos todavía. Con los ojos llorosos contempló que había varios cuerpos humanos cuyo uniforme indicaba que habían sido parte de la policía, y algunos otros con las prendas reconocibles de sus captores más recientes. Por lo que no dudaba de que el lugar pudiera ser la tumba de algunos monstruos también siendo el caso. Así que se apresuró en buscar con la mirada a Wingdings, en espera de que estuviese bien, pero solo se topó con el líder de los pandilleros japoneses, peleando directamente con la bestia que solo tenía atención en la batalla contra él. Al menos descubriendo así que definitivamente había tenido piedad con ella si era capaz de hacerle frente a semejante tamaño.

Ese muchacho era muy extraño de poder evaluar sus verdaderas intenciones o sentimientos, como si ni él mismo fuese capaz de poder tenerlos o lo suficientemente hábil para poder ocultarlos. Y era por ello que sentía que era alguien que le generaba más preocupación que nervios por lo que pudiera hacerle. Habría sido un caso muy similar a Frisk si no hubiese logrado escuchar el llanto que provenía muy al fondo de su ser. ¿Qué clase de niñez habían tenido ese par de japoneses para que estuviesen tan rotos desde su alma?

-¿Señora coneja?

Miró hacia arriba inmediatamente, reconociendo a dos de los seguidores extraños de Wingdings. Razón por la cual intentó hablar con desesperación para implorar que le desataran y quitaran tal trapo de la boca.

-Usted fue buena con la jefa. –Dijo uno de ellos mientras le quitaba la cinta de las orejas. Bonnie trató de poder escuchar algo que le indicara que Frisk o los Gaster estuviesen por ahí, pero solo pudo escuchar lo que fácilmente podría ver. ¿Qué estaba pasando para que no pudiera usar su magia? –Pero no podemos ayudarle del todo ahora salvo quitándole esto. El jefe nos necesita.

-¡Necesito darle un mensaje a su jefe! –Exclamó Bonnie al momento que le quitaron el trapo de la boca. Sintiéndose aliviada de ese malestar que le había producido lo tan apretado que lo había tenido alrededor de su cabeza. –Por favor, dig...

Los sujetos fueron empujados por algo que no pudo ver a tiempo de qué se trataba, pero como si no fuesen capaces de ser conscientes del dolor, simplemente se habían levantado y seguido adelante con su camino, como si algo en ellos se hubiese reiniciado hacia la orden inicial que tenían que era buscar a su patrón. Bonnie se arrastró como pudo de nuevo, queriendo llamarlos a que volvieran con ella, pero una pata sobre ella se lo impidió por completo. Y los seguidores no parecían ser conscientes de eso en cuanto se dirigieran a un frente. Tal vez esa era la razón por la cual habían dado con ella como casualidad, pensó.

Tampoco los delincuentes humanos parecían prestar atención a su situación, seguramente porque estaban enfocados en algo mucho más grande, o simplemente estaban muertos aquellos quienes debían de mantenerla en resguardo. Como fuere, estaba en un cuento de nunca acabar.

-Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí? –El perro mostró sus colmillos con total desdén. Incluso podía oler su mal aliento al haberse acercado a ella. –Mi futura novia estará contenta con esto.

-Tú... perro. –Bonnie intentó levantarse, pero al haberla dejado con brazos y pies amarrados, era imposible. –Por favor, tienes que dejarme ir.

-¿Y cómo por qué lo haría? –Pudo percibir que estaba evitando verla a los ojos. Seguramente para evitar lo de la otra vez. –Encontrar tu rastro no fue tarea fácil, pero tarde que temprano sabía que daría contigo mientras más cerca estuviéramos de Snowdin.

Esa expresión en plural no le gustó para nada, imaginándose que involucraba de algún modo a la agresiva anfibia que no tenía piedad con nada, aunque estuviera tratando a mujeres mayores. Y en verdad quiso rogar nuevamente, queriendo convencerle de algo que sin duda alguna no le importaría para nada, tal y como se lo había dejado en claro la última vez que se habían visto. Pero se estaba cansando del todo en estar presa una y otra vez, estando en varias manos, en varias amenazas sin saber cuál de todas sería quien le haría perecer en cualquier momento.

Tan cerca y tan lejos, vaya. Tan solo quería ver a su familia nuevamente y salvar a sus amigas, ¿eso era mucho pedir? O tal vez, estaba ante un castigo divino por no haberse dado cuenta de todo por lo que tuvieron que pasar sus amigas mientras ella se había dedicado en disfrutar su vida. Teniendo que sufrir ella ahora.

-¡Suelta a mi madre, pulgoso!

El grito le hizo reaccionar de inmediato. Justo lo que necesitaba oír para no darse por vencida de inmediato. Levantando la cabeza como pudo para poder ver a su hijo mayor, corriendo y saltando hacia ellos. Ronnie, le alegraba ver que se encontraba bien, pero ¿qué hacía dentro de todo el desastre que estaba siendo semejante escenario? El perro gruñó ante su oponente, jalándola con fuerza para que no se le despegara de él de ningún modo, cosa que le habría sido complicada en primer lugar.

-¡Tú! ¡Eres el que irrumpió en mi boda!

-Pero si es el conejo que iba a casarse con un marisco. –Se burló el perro mientras sacaba su arma. –Je, supongo que ambos somos mamíferos con el gusto particular al mar.

-No me compares contigo.

-¿Por qué no? Ambos somos sirvientes leales a la mafia, ¿no es así? –Pudo sentir cómo en lugar de apuntar hacia su hijo, colocaba el arma hacia su cabeza. Al menos prefería que fuese así en lugar de que lo lastimara, pero claramente Ronnie no pensaba lo mismo. –Puedo oler que le sirves a los odiosos Gaster.

A Bonnie no le gustó escuchar eso, pero supuso que necesitaría de más contexto para querer reprochar primero. Lo que menos quería era que su familia estuviese en riesgo, aun cuando implicara arriesgar su propia vida con tal de lograrlo, y sabía que era la situación en la que estaría Arial para haber tomado la decisión de salvarla a ella en lugar de sí misma. Así que en el caso de que Ronnie estuviera colaborando con los Gaster, para bien o para mal, tendría que aceptar que sería algo conveniente de momento. Y si se llegara a presentar la oportunidad de quedar todo bien, ya le reclamaría a ese amargado esqueleto por haberlo reclutado en su ausencia.

-Escucha can, accederé a que me lleves contigo sin causar molestias...

-¡Mamá, no!

-... si dejas en paz a mi hijo. Me quieres a mi después de todo, ¿no es cierto?

-¿Qué le hace pensar en que pueda negociar ahora?

-En que ya me escapé una vez y les ocasioné un problema para que fueran de nuevo por mi. No querrás que tu jefe presente vea cómo lograré hacerlo de nuevo, ya que, a como dijiste hace un momento, tu "novia" ya tiene un punto bajo con eso, ¿no es así? ¿Quieres tú el mismo resultado? –Aquello hizo que el can lo pensara detenidamente, o por lo menos su silencio indicaba eso. –Solo por favor, déjame despedirme.

Por un momento pensó que no accedería a ninguna petición al no tener realmente ninguna ventaja consigo, pero pudo ver por ese fugaz momento que, en sus ojos, había aparecido un brillo muy similar que aquella primera vez que se habían visto. De alguna manera, el hechizo de Lyra debía de seguir en él, y muy seguramente el can lo había detectado también, porque con molestia, quitó su arma encima de ella y se apartó un poco, teniendo de cualquier forma su arma al alza, pero su mirada apuntando en otra parte con tal de no querer ser evidente.

-Que sea rápido.

No obstante, la empujó para ser lo más rudo posible con la situación, y aquello no le importó para nada dado que pudo sentir los abrazos de su niño inmediatamente, que si bien quería verse fuerte en el momento, era evidente para ella que estaba aterrado con la situación. En verdad quería disculparse, sabiendo que a él y a todos sus hijo seguramente les había causado un problema con su ausencia, pero no quería estar lamentando por algo así cuando había una vida en juego, cuando ella había tenido tanto tiempo disfrutando de su propia vida. Necesitaba actuar, no lamentarse.

-Estoy bien, estoy bien. Mamá está aquí. –Sentir a su hijo temblar y no poder abrazarle de vuelta le hizo querer romper en llanto, sintiendo lo mucho que debió dolerle a él y a toda su familia su ausencia. –Lamento esto, te prometo que todo saldrá bien y que volveré con ustedes, pero necesito que le digas algo importante a los Gaster por mi.

-Que estás viva, sí. –Sollozó su hijo. –Haré que te salven de inmediato.

-No solo yo, mi gazapo. Somos las tres, la bestia nos buscó específicamente a las tres. –Quiso dar demasiado énfasis en eso, para que no solo se enfocaran en buscar a Arial. Ya que aunque no hubiese visto a Lyra, estaba segura de que debía de estar en alguna parte todavía. Y el can ya la estaba jalando de vuelta. –¡Están vivas! ¡Díselos!

-Mamá, Li-Li está...

-Su tiempo se terminó. –El can le apuntó con la pistola nuevamente, haciéndole retroceder de ella poco a poco. –Si no quieres que la mate en este instante y luego a ti, te apartarás lo suficiente y nos dejarás irnos.

Ronnie alzó los brazos para hacer caso con la indicación, pero la mirada que lanzó definitivamente era algo que nunca había contemplado en él. Era enojo, era frustración, era firmeza, era una extraña mezcla en todo eso. Ojalá hubiese podido escuchar su alma para poder entender con precisión qué era por lo que estaba pasando su hijo para que hubiese cambiado en ese brillo en su mirada.

-Su hijo es un completo cobarde. –Comentó el perro mientras la llevaba casi cargando para salir lo más aprisa posible de ahí. –Mira que dar como si nada a su propia madre. Tal vez no la quiera tanto.

-Te equivocas en todo, él es demasiado fuerte. –Soltó una lágrima por tener que dejar todo así. Sabiendo que la libertad era algo que había intentado saborear sin lograrlo de ningún modo. –Pero cualquier muro puede derrumbarse con el tiempo.


...

El mareo era demasiado, como si todo estuviese dando vueltas sin fin. Pero aun con ello Frisk se rehusaba a sucumbir a todo malestar que pudiera distraerle de la situación. Necesitaba estar alerta, necesitaba pensar en algo que pudiera ayudar a que los Gaster estuvieran a salvo, pero la risa constante del zorro albino persiguiéndole era demasiado molesta. ¿Acaso estaba al borde de la muerte y por ello era que seguía ahí como le había explicado? No era algo que quisiera pensar de momento ante las prioridades, pero estaba demasiado presente ahora como para evitarlo por completo. Tal vez solo estaba entrando al delirio absoluto si no lograba estar mejor y ya.

El plan de que Sans se infiltrara en la casa de Asgore Dreemurr para ver si había algún indicio de que su madre pudiese estar con vida, se había acabado dada la situación. El plan de que ella direccionara al monstruo temible al punto exacto en dónde tenerlo frente a todo para que se rindiera, también parecía haber fracasado si el mismo monstruo era realmente capaz de poder defenderse sin moverse tanto. Ahora comprendía por qué era tan temido, como si estuviera siendo un roble capaz de soportar un incendio y aún así mantenerse firme para ser capaz de proteger la vida que había dentro de él y retomar fuerzas, aun cuando le costase más años recuperar la majestuosidad que alguna vez había sido.

Que extraño, en ese preciso momento le recordaba al pino de Snowdin que pese a estar en una zona casi muerta, había vida dentro de él todavía.

-Bien, Frisk, necesito que tengas un plan y rápido, o estaré de acuerdo con los demás y veré el modo de que estés en un lugar seguro y sin escapar. –Comentó Muffet al detenerse tras un auto volteado, donde ambos yakuza se colocaron como si fuesen extraños guardaespaldas recién contratados.

-Necesito poder acercarme a él de nuevo. –Intentó acomodarse por su cuenta para ver si el mareo había disminuído, pero solo se sintió como si estuviese muy cansada. Eso ya le era suficiente por ahora, aunque por alguna razón los olores del entorno le eran más extremosos y eso le producía náuseas inmediatas. –Sé que suena peligroso dado lo que me hizo, pero si lo que quiere es que me vaya, no le daré ese beneficio.

-Idiota, ¿no te das cuenta de cuántos estamos tratando de hacerle frente y él ha podido con todos? –Los dos yakuzas apenas asintieron en silencio, prestando bastante atención. –Sans intentó distraerlo y nada, la policía lo intentó y nada, y ahora está la yakuza y te apuesto a que no podrán con él tampoco.

-No subestimen al jefe. Él ha entrenado toda su vida para este momento, para vengar a nuestro maestro. –Comentó uno de la yakuza, algo molesto con esa última observación. –Su padre.

-¿Y por qué tras tanto tiempo de lo ocurrido, no lo hizo? –Preguntó Frisk con curiosidad, queriendo ignorar totalmente al zorro que parecía querer estar atento a la situación con algo de gracia.

-Porque necesitaba su arma letal primero. –Contestó el otro, pero rápidamente recibió un codazo por parte de su compañero. –El jefe tenía un plan a largo plazo, sabiendo las dificultades de llegar a él a través de su mansión protegida. El objetivo era arriesgar lo menos posible al ser un grupo con tantas pérdidas, Saito-san.

-Pues eso no se nota, considerando lo suicidas que son. –Argumentó Muffet.

-El oyabun nos entrenó para no temerle a la muerte, sabiendo que muchos podríamos terminar mal en nuestro camino. A la bestia le llaman el Gran Don por liderar incluso a varios grupos y familias delictivas, incluso los Gaster formaban parte de eso antes de ser declarados como traidores de él. Y los odiosos Blook están aquí ya, pero no pareciera querer intervenir.

-Porque está dejando en claro que quiere pelear con Sans. –De nuevo comentó Muffet. –Los demás no le estamos importando.

-Y eso solo regresa al punto en que sí o sí debo ser el punto distractor. –Concluyó Frisk sin poder encontrar algo más en todo ello. Así que quiso ponerse de pie por su cuenta, pero el mareo y las náuseas eran demasiado incómodas. Si estar así la mantenía entre la vida y la muerte, tal vez debía de encontrar un punto más sencillo de estar mejor, aun cuando no fuese precisamente agradable para nadie. –Muffet, ¿qué tan rápido podría tratar de matarme tu veneno?

-¡Estás loca si lo que quieres es que yo...!

-Lo que quiero es volver al punto en el que pierdo el conocimiento, pero extrañamente soy más útil en una batalla, me guste eso o no. –Aclaró rápidamente y sin importarle las expresiones de todos. –Aun no tengo idea de cómo es que llego a eso, pero ya que parece relacionado a que esté por morir y mi cuerpo no lo permite, trataré de usar eso a mi conveniencia. Aunque mis heridas estén cerradas ya, creo que no me estoy recuperando del todo por eso.

-Pero olvidas que no se tiene idea de qué podría pasarte después. Sans y Flowey me matarán si algo vuelve a pasarte.

-Asumo las consecuencias de mis decisiones, pero no voy a quedarme de brazos cruzados de ningún modo. –Quiso girarse en el entorno para buscar con la mirada a su amigo ahora que lo mencionaron. ¿Dónde estaría? Comenzaba a preocuparle mucho ese hecho. –Esto es por mi culpa, por querer hablar con un sujeto que pese a que todos me advirtieron, llevé a todos a este punto para nada.

-Habría sido conveniente que te sintieras así hace tiempo cuando te dije que dejaras de ser tan torpe y te apartaras de la mafia, pero ahora, se requiere a la Frisk socarrona que sabe hacer el frente a todo. Incluyendo a La Bestia de Ebott. –Su amiga la tomó de las manos, obligándole a estar agachada todavía y transmitiéndole el sentimiento de estar preocupada por ella y por los Gaster. –Sans dijo que Mettaton está desactivando los reflectores de magia uno a uno, así que la balanza estará distinta en cuanto puedan usar magia a la par. Enfoquémonos en salvar a nuestros hombres antes de que entren a ese riesgo, ¿si?

Estaba en lo cierto, pero tantos olores le estaban complicando mucho más el poder concentrarse. ¿Acaso nadie más notaba el nauseabundo olor de la sangre de todas partes? El olor al mar y mariscos que traía presente el viento, el olor a pólvora esparcida, el olor a óxido... demasiados olores intensificados en ese preciso momento. ¿Nadie más se estaba asqueando con eso? ¿O acaso solo ella los estaba notando de forma tan intensa? Estando tan cerca, podía percatarse también del olor perfumado de Muffet mezclado con su sudor, pero también, un aroma tan particular que sin darse cuenta, le hizo gruñir hacia los dos hombres que estaban demasiado atentos a ella, pero que ahora tuvieron el instinto de querer retroceder un paso lejos de ella, como si supieran lo que pudiera avecinarse de su parte.

-Ustedes... huelen a ella. –Los dos japoneses la miraron con seriedad. –¿Dónde está?

-¿Frisk, qué...?

-¡¿Dónde está la señora Bunny?! –No tenía ni idea de cómo era posible que pudiera reconocer ese aroma dentro de todo, pero estaba muy segura de que se trataba de ella. Frisk no les permitió que se apartaran de ella, olvidando por completo lo débil que estaba. –¿Por qué huelen a ella? ¿Dónde está?

-Su olfato... –Murmuró uno de los hombres, queriendo decirle algo al otro. –Es como...

-¡Respondanme! –Exclamó sin importarle nada más de momento.

-El Oyabun Yamaguchi la rescató de alguna parte. La trajo con la intención de regresarla a ustedes como tratado de paz entre ambos bandos. –Explicó de inmediato el otro de ellos. –Por la sorpresa de la Bestia en el lugar fue que quedó pospuesto ante la urgencia de mantenerla a salvo a usted a toda costa.

Frisk tenía demasiadas preguntas tras eso, pero por la mirada que le lanzó Muffet supo que no era el momento para formular ninguna de ellas por ahora. Tenían razón todos, había una urgencia por tratar, pero no se trataba de ella misma, sino de mantener a salvo a la mayoría como dé lugar. En eso podía estar de acuerdo con el método de Kris siendo el caso, estando él al frente en lugar de mandar a alguien más en su lugar, peleando a la par con quien visiblemente había odiado por tanto tiempo por una vida que le fue arrebatada y que, apreciara o no, la vinculaba a ella dentro de todo.

Asgore Dreemurr, todos estaban presentes ahí por él, pero él solo estaba ahí para afrontar a Sans. Para terminar algo por su propia cuenta aparentemente. Necesitaba evitar a toda costa que se afrontaran mutuamente de nuevo, sobre todo si la magia sería accesible para todos en cualquier instante. Así que esperaba que la señora Bunny le perdonara por no ir hacia ella inmediatamente. No podía concentrarse en atender todo por su cuenta, pero sí apresurarse para lograr lo más posible.

No obstante, también podía sentirse aliviada con ese hecho. Estaba viva, ella había tenido razón. Asgore Dreemurr no parecía tener intenciones de matar por nomás, sino con un objetivo. Y siendo el caso, más de una podría estar igual en ese preciso momento, entre ellas la señora Gaster. El plan podría seguir vigente, solo con métodos diferentes.

Aun con todo el malestar se puso de pie, ya no había más tiempo que perder.

-Muffet, necesito estar cerca. Solo así él se contendrá de usar toda su fuerza. –Su amiga la observó con seriedad, seguramente queriendo decirle algo pero conteniéndose. –Si llega a presentarse el mismo problema de nuevo, envenéname antes. Al menos así podré defenderme y no solo ser un estorbo.

-Esta es de las peores ideas que has tenido, y vaya que eres torpe por lo regular.

Pero no le contradijo en hacer otra cosa, muy seguramente por no ser capaz de pensar en algo más. En efecto, sabía que Muffet era capaz de defenderse y matar de ser necesario, pero ella misma no era apta para nada de esas cosas y estaba segura de que esa era la razón por la cual Muffet optó por seguir con eso por ahora. En verdad deseaba nunca tener que ser alguien que necesitara de que otros murieran para sobrevivir, pero no podía permitir que la situación se agravara solo por hacer que otros tuviesen que salvarla una y otra vez, cuando sus manos ya estaban manchadas como las de quienes le rodeaban por ese mismo hecho.

Matar o morir. Dolía saber que aquella absurda ideología citadina ahora formaba parte de ella, quisiera o no.

Tratando de regresar hacia la batalla, podía ver que Kris estaba peleando contra Dreemurr con gran agilidad para esquivar y golpear de vez en cuando, pero ni así lograba mover al monstruo de su zona aparentemente segura, dedicándose a defenderse lo suficiente mientras no paraba de sonreírle de vez en cuando. Mientras tanto, el resto de la yakuza tenía que afrontar que un tridente carmesí les impedía el paso para llegar al auxilio de su jefe, siendo totalmente la intención de quien estaba disfrutando visiblemente que todos quisieran afrontarlo sin resultado alguno.

La policía en cambio, comenzaba a retirarse al estar la mayoría visiblemente heridos y con una gran baja numérica a lo que recordaba haber visto inicialmente, pero algo le decía que eso no significaba que se hubiesen rendido con la situación definitivamente Tal vez estarían por llamar por refuerzos que complicarían mucho más todo, así que Frisk intentó pensar en cómo agilizar todo ahora que contaban con una cuenta regresiva para escapar todos a salvo. Pero si Sans y Don Gaster recuperaban la magia para teletransportarlos y retirarse de inmediato... ¿qué pasaría con el resto? Con la yakuza, con la policía, con cualquiera que estuviera todavía presente en el lugar.

Si Muffet estaba en lo cierto de que el Gran Don se estaba conteniendo en su presencia, entonces ella tendría que ser la última en retirarse para que los demás estuvieran a salvo. Pero sin ver dónde había quedado Flowey o la señora Bunny, se trataría de una tarea más complicada de lo que aparentaba. ¿Tendría que decidir quienes salvar y a quienes no? ¿Dejar las cosas a medias o terminarlas de una buena vez? ¿Seguir o abandonar? ¿Matar o morir? ¡¿Por qué todo tenía que ser tan absurdamente complicado?!

Por estar sobre pensando no pudo visualizar a tiempo que Kris había terminado siendo arrojado hacia donde estaban, empujándolos y tumbándolos sin poder esquivar a tiempo. Siendo que los dos yakuzas que le habían estado acompañando se dedicaron ahora en levantar a su jefe para ver si se encontraba bien. Frisk se sintió demasiado mareada para levantarse nuevamente. En cambio Muffet se levantó como pudo y se dispuso a disparar al frente al monstruo jefe que se estaba riendo ahora que se había aproximado un poco hacia donde estaban. Al menos ahora parecía que habían generado que se moviera.

-Buen intento de querer acercarte de nuevo en mi punto ciego. –Comentó el monstruo jefe. –Como recompensa de tu osadía, te aplastaré cual insecto molesto.

-¡Soy una arácnida, ignorante!

-Aún no hemos terminado, Dreemurr. –Exclamó Kris al momento de levantarse.

-Yo digo que sí, muchacho. No vales mi tiempo. –El monstruo jefe recuperó su tridente en un suave movimiento. No estaba segura si los yakuza que había afrontado con él estaban bien o no dado que estaba en el suelo mirando hacia arriba. –El único humano que mereció realmente mi atención ya está muerto.

-Entonces mírame a los ojos cuando te hablo. ¡IDIOTA!

Frisk siquiera fue consciente de lo que había exclamado hasta que pudo notar lentamente la atención de quienes tenía cerca. Si bien su grito fue más grande de lo que había previsto, le había dado la adrenalina suficiente para poner a un lado todo malestar que tenía encima.

Finalmente el ámbar de sus ojos quedó fijo hacia ella ante su exigencia, correspondiéndole inmediatamente con seriedad y observándola como debió haber sido desde un inicio en vez de todo un desastre rodeándolos y que nadie sería capaz de arreglar a tiempo. Aun así, no se sentía bien que lo hiciera, como si estuviera por regañarle en cualquier momento por su majadería en vez de aceptar todo reclamo acumulado. ¿Cómo era que podía tener esa clase de efecto en ella? ¿Acaso era porque no podía borrar de su corazón que el monstruo ante ella, fue un padre se quisiera o no? O solo tal vez, porque en verdad no creía posible que pudiese verlo con una mala expresión, aun con todo lo visto.

Que desesperante era para ella misma tener esa sensación de retroceder ante alguien que demostraba de muchos modos no merecerlo. Y aun así, ahí estaba.

-Intenta matarme todas las veces que quieras, intenta callarme en cada intento, pero te aseguro que sin importar qué tanto lo hagas, yo siempre volveré y siempre alzaré la voz. –Frisk se levantó con el apoyo que le brindó Muffet con una de sus manos. No queriendo apartarle la vista en ningún momento pese al mareo latente. –Si no soy la hija que creí que te quedaba, tampoco me quedaré de brazos cruzados y permitir que me tengas como trofeo. Seré la hierba mala de tu jardín que hizo raíces.

-Oh, pequeña... –El monstruo emitió una muy tenue sonrisa. –No existe la hierba mala en mi jardín, ¿lo olvidas?

No había hecho falta algo en particular que hiciera que le sonriera para dejar en claro su argumento, aunque claramente Frisk recordaba ese hecho, que pese a ser hace unos ayeres, podía visualizar tal cual había sido ese momento, aprendiendo cada planta, cada hoja, cada pétalo que siempre estuviese presente en aquel enorme jardín que recorrían juntos, que tanto amaban cuidar. Aprendiendo, conviviendo, divirtiéndose... hasta que definitivamente ya no pudo ser así por algo que en fecha no lograba comprender, pero que tampoco parecía que le diera una respuesta aunque la implorara. ¿Acaso le estaba diciendo a su manera que todavía le importaba, o solo se estaba haciendo una vaga esperanza una vez más?

No, no era el caso. Conociéndolo y recordando aquella vez, tan solo le estaba indicando que en efecto, cualquier hierba servía para algo en la naturaleza. Siendo que algunas solo estaban indicando en dónde se encontraba el suelo más fértil y dónde había que trabajar más. Así que tal vez, en su manera muy retorcida de dirigirse hacia ella ahora, le estaba indicando en qué categoría se encontraba en su muy seleccionado jardín. Porque en efecto, era más que un simple trofeo como había creído al final, un simple elemento a su beneficio en un plan tan retorcido que no le encontraba ni pies ni cabeza.

Aún podía ver de reojo el ramo floral que le había regalado, estando mucho más destruído ahora que había pasado mucho movimiento en la zona. Aquellas flores que le había dicho que la relacionaba a ella... y las flores con las que ella ahora lo relacionaba a él. Ahora derribadas y destruídas en un suelo que jamás debieron tocar. Y parecía que estaba siendo muy obvia con su disgusto, porque el monstruo jefe siguió dirigiéndose hacia ella.

-Interesante que toda la atención quede concentrada en dos floristas en este instante, ¿no crees?

-Si no aprecias la vida, entonces ya no puedes considerarte un florista. –Señaló el ramo en la distancia.

-Oh, por favor. Ambos somos demasiado parecidos y eso debe tenerte molesta. –Le disgustaban muchas cosas en ese preciso momento que lo involucraba en todo, pero lo dejó seguir hablando antes de hacérselo saber. Queriendo saber a qué quería llegar con eso. –Como floristas, lo que hacemos es tomar lo que nos gusta, labrar la tierra para insertar lo que exactamente queremos, quitar raíces para crear nuevas. Moldeamos este mundo a lo que realmente queremos, a lo que queremos obtener. Pero para ello, tenemos que remover lo que no sirve.

-¿Y eso es lo que hiciste conmigo? ¿Remover lo que no te parecía bien en mi? –Cuestionó en un arrebato de furia, olvidando por ese breve momento que no estaba sola ahí, sino fuera porque Muffet la había jalado hacia ella nuevamente tras haber dado un paso al frente aparentemente. –Me arrebataste tanto, pero no lo suficiente para doblegarme.

-¿Y quién dice que quería doblegarte? –Ladeó la cabeza con gracia. –Solo hice lo que me parecía conveniente a mis objetivos. Que tú te encariñaras conmigo, fue solo un efecto secundario del proceso. ¿Vas a reclamarme por algo en lo que tú sola caíste?

-Pues sí, eso haré. –Volvió a dar un paso al frente, ahora rechazando por completo la ayuda de Muffet. –Porque pasé años y años esperándote a que volvieras tras tantas cartas de tu parte, diciéndome que me portara bien, que no fuera un problema para una madre que cada día que transcurría se sumía en una tristeza de la cual nunca fui capaz de comprender, y que seguramente no te importa si dejaste así la situación sin mirar atrás. Vine a esta ciudad en busca de respuestas de tu parte, en busca de una explicación clara de qué era lo que realmente pasaba contigo y terminé topándome con una montaña de dolor, de donde te coronas en la cima como el causante de todo mal, en una ciudad repleta de mentiras e ideologías aberrantes sobre lo que es la vida y la muerte. ¿Y me decías a mí que me portara bien tras eso? ¿Cuando la máscara más absurda de todas es la tuya?

Había soltado sin hacer pausa alguna, sin percatarse del momento en que se había separado un poco de su amiga para dar otro paso al frente, aun cuando el riesgo de volver a ser lastimada nuevamente era grande. Tan solo no quería parar ahora que tenía la oportunidad, no queriendo darle el beneficio de salirse con la suya solo por contar con la fuerza bruta para callar toda boca posible, mas no la suya. No, no le tendría esa clase de piedad. A nadie se la tenía realmente, así que, ¿por qué debía de ser diferente con el sujeto que más merecía escuchar lo que tenía por decirle?

-Exclama todo lo que quieras que solo me usaste como sujeto de pruebas, presume todo lo que quieras de que solo me tuviste como trofeo de una batalla sin sentido, y por supuesto, trata de lastimarme todo lo que quieras ante el público para dejar en claro tu odio hacia la humanidad, pero todo es una mentira de tu parte y yo no te seguiré ese juego. Porque si fuera un trofeo para ti, jamás me habrías dejado irme con posibilidad de no volver a verme, porque si hubieses querido matarme lo habrías hecho, en lugar de herirme con posibilidad de recuperarme por mi cuenta. Y sobre todo, porque si realmente te diera igual mi sentir hacia tí, no te habrías presentado aquí tras llamarte un narcisista bajo el modo que solo tu y yo conocemos. Tú no te avergüenzas de mí, ¡te avergüenzas de ti!

El silencio que estaba presenciando era vagamente similar al que había experimentado en el juzgado, comprendiendo de cierta manera que tenía todas las atenciones presentes, aun cuando realmente solo necesitaba una en concreto. Pero si finalmente su plan estaba saliendo como quería, aun cuando habían pasado ciertos desastres, no iba a desaprovechar la oportunidad. Esperaba que quien sea que le estuviera viendo ahora, lo entendiera.

-¿De qué cartas estás hablando?

Hasta que escuchó eso, que definitivamente volteó toda la situación que había pretendido formular en ese instante, como si fuese capaz de escuchar cómo algo dentro de ella se había apagado por completo. Haciéndole olvidar cualquier objetivo al darse cuenta de la simpleza de todo el asunto, siendo que ella misma lo había complicado con sus ilusiones que habían escalado desde un inicio.

Realmente para Asgore Dreemurr no había interés absoluto en mantener contacto con ella desde siempre. Todas esas cartas, esos mensajes de apoyo, regalos y demás, jamás fueron reales. Tanto que había soportado en su camino con tal de poder llegar a él, de poder estar de frente y cuestionarle su abandono... para nada. Si lo hubiese sabido desde antes, se habría ahorrado muchos malestares. Pero no estaba para lamentos ahora.

-Olvídalo, me doy cuenta de que solo fue una tontería. –Comentó al momento en que sostuvo su collar instintivamente. –Te será fácil hacerlo como todo lo demás.

Olvidarlo, ojalá para ella fuera tan fácil también. Sentir cómo le arrebataban una familia que nunca lo había sido en totalidad desde un principio dejaba un vacío enorme dentro de ella, aun cuando estaba dispuesta a seguir adelante con ello si después de todo ya no había algo que pudiera cambiar ese pasado, por más que su razón de poner un pie en la ciudad había formado parte de ese anhelo. Aun así, quería sentir cuanto menos que no todo eso se había perdido en cuanto pudiera seguir amando a sus hermanos, aquel par que siempre jugaron con ella cada vez que podían. Aquellas risas que soltaban cuando se enredaban entre arbustos, llamándole desde el otro lado... Sus voces... ¿cómo habían sido? ¿Por qué no lograba recordar sus voces? No tenía sentido que no fuese capaz de hacerlo si los extrañaba siempre.

No lograba recordarlo, ¿por qué? ¿Acaso no se había dado cuenta de eso antes? Siempre fueron los tres juntos, sin importar diferencias, sin importar edades, todos contentos... ¿cierto? ¿Por qué...? ¿Por qué no lograba recordar a la perfección cómo había sido su familia? ¿Por qué le estaba siendo tan difícil ahora? ¿O acaso ya había sido así desde antes y apenas se estaba dando cuenta de sus lagunas mentales? ¿Por qué no estaba logrando recordar cosas tan simples?

O tal vez era porque nunca le había dado importancia a ese detalle, porque no había experimentado lo realmente reconfortante que era escuchar una voz en primer lugar.

-No, no fue una tontería. –Escuchó a Sans, colocándose a lado suyo. –Es normal sentirse mal de vez en cuando.

Aquellas palabras reavivaron el fuego que tenía dentro de ella, o por lo menos así le había parecido que se sentía su interior tras recordar que las mismas palabras ya las había escuchado justamente por parte suya y justamente por una situación similar de descubrir con dolo, que todo aquello por lo que había vivido y anhelado recuperar, se trataban de solo mentiras. Pero Sans era su realidad, su presente, aquel que siempre pondría un saco sobre sus hombros todas las veces necesarias. Alguien que había estado luchando constantemente tras tantas pérdidas, pero que aun así ahí estaba, queriendo luchar por ella ahora, siendo un sentimiento mutuo.

-Ya lo escuchaste, maldito. ¡Somos la hierba mala de tu jardín!

Acto seguido, todo pasó muy rápido para procesar qué era lo que estaba pasando desde todas partes. Frisk había pensado que había dado tiempo para que muchos se fueran de ahí, pero había pasado el efecto contrario y que además había dado tiempo de que la magia estuviese a disposición libre en el lugar sin ninguna interferencia. Sans había invocado una barrera de huesos lo bastante grande para evitar las llamaradas que se habían lanzado en el instante hacia ellos. Mientras que la yakuza y Kris la habían jalado hacia el punto contrario con tal de alejarla de ahí lo más posible, cosa que parecía que Sans estaba de acuerdo al ni siquiera mirarla por estar más concentrado en la amenaza. Le habría reprochado por ello, sino fuera porque se había distraído al ver el cráneo flotante en el que Don Gaster estaba, aproximándose con velocidad y sabiendo el ataque del que requerían apartarse todos tras eso.

En ello, varios muñecos se aproximaron hacia ellos con furia, y sabiendo que se trataban de los Blook, supo que la misma yakuza les haría frente para que ni siquiera se acercaran hacia el Gran Don en su auxilio. De una u otra manera, la yakuza y los Gaster estaban trabajando en conjunto, pero no eran los únicos queriendo formar parte de todo el embrollo. Ya que al momento en que alguien estuvo por encajarle un cuchillo y que nadie de la yakuza pudo jalarla a tiempo, un brazo metálico fue quien lo hizo a la par en la que la abrazaba para hacerse de escudo ante los siguientes ataques. Escuchando cómo el metal rebotaba todo intento de matarlos a ambos.

-¡Maldito traidor! –Exclamó el muñeco con enojo, aparentemente disparando sin logro alguno. –¡Sigues eligiendo a los humanos!

-No, solo a ella.

Mettaton seguía abrazándola con fuerza mientras dejaba que su espalda fuese el escudo de todo intento hasta que se le acabaran las balas. Partiendo de ahí, una liana había estrangulado al muñeco al grado de obligar a que un fantasma saliera de ahí, al igual que a muchos más en la zona que habían estado combatiendo con algunos yakuza.

-Lamento la tardanza. –Comentó Flowey al momento de aproximarse. –La zona en verdad estaba demasiado protegida.

Frisk le tenía muchas preguntas, pero ninguna pudo formularla al momento de ver cómo su mejor amigo tenía que retirarse ahora que los fantasmas que había logrado quitarles su objeto de posesión, ahora estaban buscando cadáveres con los cuales aguantar mucho más. Siendo que la yakuza tuvo que colaborar con la misma planta que les estaba ayudando en alejar incluso a los cadáveres que estaban más cercanos para reducir y evitar todo intento de seguir con misiles de carne y hueso. Era una imagen muy repugnante, pero ni oportunidad de poder procesarlo ahora que Mettaton no dudó en ser el encargado ahora de llevarla lejos de ahí. Cargándola sin dificultad alguna y sin importarle que le estuviera manchando de sangre y tierra su elegante atuendo.

-Dejemos que quienes piensan con los puños hagan lo que mejor saben hacer. –Comentó Mettaton sin el afán de mirar hacia atrás. Notando que todo aquello no le estaba siendo grato para nada y que quería estar fuera de todo eso lo más rápido posible. –¿Cómo te sientes, lindura?

-Terrible. –Soltó sin mucho ánimo.

-Te llevaré a un hospital de inmediato.

-No... hace falta.

Ella había querido sacrificarse por todos ante el hecho de estar en una situación en la que ella misma había condenado a varios, pero en su lugar, se topaba con la sorpresa de que todos querían mantenerla a salvo, les gustara o no estar ahí, estuvieran de acuerdo con ella o no, luchando aparentemente por ella ante el desacuerdo de un solo ser que había dejado muy en claro no importarle su bienestar. Mientras que al resto sí dado el caso de haber estado pasando por muchos brazos en poco tiempo.

No estaba sola, ya no lo estaba ni estaría. Pero eso solo reforzaba su necesidad de querer sacar a todos de ahí de inmediato. No podría con el hecho de saber que el resto se lastimaban por ella. Muffet y Flowey estaban teniendo razón sobre sus acciones, al final, estaba siendo una torpe que no estaba midiendo que otros no eran capaces de recuperarse como ella.

Fue así que quiso ver hacia donde estaban todos, aun cuando se estuviesen alejando. Notando que la batalla contra Asgore Dreemurr estaba siendo con Muffet y Flowey que aparentemente había llegado muy rápido con ellos, estando cada uno amarrando los brazos del Gran Don en cada costado para inmovilizarlo, para acto seguido estando Don Gaster y Sans con sus blasters apuntándole inmediatamente. Y si bien hubo heridas visibles desde la distancia, el monstruo de gran fuerza terminó zafándose del lado de Muffet con sus telearañas, para terminar jalándola al otro costado donde Flowey no dudó en atraparla antes de que terminara estampada contra el suelo.

-Je...Eso sí me dolió. –Admitió el monstruo jefe con una sonrisa divertida. En efecto, parecía que parte de su pelaje había terminado chamuscado contra los blasters. –Pero no es suficiente. Ya no me interesa pelear contra ninguno de ustedes por ahora.

-¡Como si fuéramos a permitir que huyas ahora, cobarde!

-¿Y quién dice que estoy por huir? Todos ustedes ya están cansados, débiles, agotados. Al menos deberían de agradecerme que les tendré consideración solo porque me está pareciendo muy divertido la unión que están pretendiendo formar en mi contra. –Lanzó fuego para carbonizar los huesos que habían arrojado en su contra. –Hace muchos años hubo un hombre que tuvo mi total atención porque fue capaz de mover a la ciudad entera. Y creí que había logrado encontrar a alguien así en mi viejo pupilo que fue capaz de causarme un problema tras varios años... pero no fue así. Logró distraerme de quien realmente tenía el potencial para serlo. Alguien que no dudó en insultarme públicamente, exclamar su delito natural tras haberse salido con la suya, quien pese a no tener la fuerza suficiente, no dudó en afrontarme solo.

Pareciendo que había recuperado la movilidad de su brazo, apuntó al frente con su tridente, justo hacia donde estaban los esqueletos, Muffet y Flowey en formación por cualquier cosa. Ya que tanto ellos como Frisk que miraba todo a cierta distancia cada vez más lejana, se podía presentir que no venía nada bueno con ello.

-No cabe duda de que eres tú, Sans Gaster. Debes ser tú mi enemigo. –Sonrió el Gran don de una manera que, definitivamente, jamás olvidaría. –Gracias, Frisk. Por ti es que tu novio resultó tan divertido. ¡El bufón que un rey necesitaba!

Al escuchar eso, Frisk intentó soltarse de Mettaton, pero tan solo pudo terminar en el suelo junto con él al igual que muchos que tuvieron que protegerse del ataque más feroz que había tenido que ver, cuando no había siquiera logrado cómo era que había pasado. Era fuego por todas partes, como si todo fuese un tornado que no tenía inicio ni fin, donde todos se encontraban a merced de un calor que en cualquier momento elegiría víctimas al azar por el simple hecho de estar ahí, en una dirección que no parecía tener freno alguno sin saber si pararía en alguna distancia.

Y si parecía que varios habían tenido que echarse al suelo para evitar semejante poder, no era capaz de siquiera imaginarse quienes habían estado muy cerca de eso, a lo cual con horror escuchó que un temor se le estaba cumpliendo a la par de que sentía como su corazón palpitaba demasiado.

-¡WINGDINGS!

-¡NOOOOO!

Frisk se levantó sin importarle nada más. Arrastrándose de ser necesario con tal de llegar hacia ellos con toda prisa posible. Viendo con miedo que pese a ver que Don Gaster había aparentemente creado una barrera con blasters para contrarrestar semejante ataque, no había sido suficiente al haber recibido gran parte de ello con tal de mantener a salvo a su familia. Su cuerpo había sido arrojado, estando aún presente, pero más allá de estar inconsciente... sabía que algo en ello no debía de estar normal. Que su cuerpo comenzara a soltar cenizas no era normal.

No, por favor, no... ¡NO!

-Bienvenido a tu formación, muchacho. Espero que no me decepciones nunca. –Pudo escuchar la voz más malévola del lugar, estar sonriendo con lo que había hecho. –Estaré esperando la revancha, Sans Gaster... o debería decir, ¿nuevo Don Gaster?

Y con toda la calma, el monstruo jefe se fue retirando lentamente, desapareciendo de la vista entre llamas y humo. No habiendo ya nadie que pudiera detenerlo, ni mucho menos con el ánimo de seguir intentándolo. Había sido un error sacarlo de su escondite, y había dejado una huella bastante grande sobre todos para que no se olvidara nunca.

Todo había quedado en cenizas, sin ser capaz si dentro de todo había algo de vida, materiales, lo que fuera, lo que sea. Aquello había sido tan descomunal para siquiera procesar lo que había pasado, salvo un solo pensamiento.

Necesitaban irse de ahí de inmediato. Ya no quedaba nada más por estar ahí.


...

Wingdings se sentía muy cansado, no siendo capaz de poder levantarse una vez más, pero extrañamente eso tal vez se trataba de algo bueno. Ya no hacía falta que siguiera luchando, ¿cierto? Después de todo, ya había cumplido con muchas cosas, entre ellas, poder mantener a salvo a su familia, e incluso había tenido la oportunidad de salvar una vida médicamente hablando. ¿Realmente por qué levantarse esta vez? La sensación que estaba teniendo era hasta cierto punto, relajante, aceptable. Como si no hubiese podido descansar así desde hace mucho. Incluso podría apostar que nunca lo había hecho.

Cierto, así había sido toda su vida. Luchando todo el tiempo, por tener siempre un día más, teniendo múltiples razones para hacerlo al haber muchos que dependían de él. Pero, ¿y ahora? Sus hijos ya eran hombres capaces de tomar sus decisiones, sean comprensibles del todo o no. Había logrado mantenerlos, había logrado varias cosas. Así que... ¿por qué intentar despertar esta vez? Estaba cansado, muy cansado para seguir haciéndolo.

-¡Mierda, mierda, mierda! Ni se te ocurra abandonarnos, viejo, ¿me oíste? Vamos, papá, ¡¡reacciona!! ¡REACCIONA!

-Wingdings... querido... por favor...

-¡Por favor, Don Gaster! ¡Resista!

-¡No puede acabar así, no...!

Escuchaba muchas voces a su alrededor, pero ni así era capaz de abrir sus cuencas. Lo que sea que estuviese pasando, tal vez era algo de lo que ya no debería de preocuparse.

-¿No hay algún hospital que atienda a los monstruos por aquí?

-¿A un delincuente de su categoría? ¿En verdad crees que habrá uno?

-CÁLLATE, GREÑUDO. O TE MATO.

-¡¡Es él quien atiende esos casos!!

-¡Mierda, no puedes ser un caído! ¡Tú no, papá! ¡¡¿ME OÍSTE?!! Por favor...

-¡NO PUEDES DEJARNOS! LO TIENES PROHIBIDO. ¡TIENES QUE ESTAR EN MI BODA!

-¡Aquí! ¡Tráiganlo aquí!

Era extraño, había más voces distintas de las que solía convivir, algunas sin poder reconocer a la primera. Había más movimiento de lo que era capaz de identificar qué era lo que estaba pasando o lo que estaban haciendo con él. Pero no era suficiente para tener su interés, siendo incapaz de cualquier forma de abrir sus cuencas ante el cansancio que de alguna manera le estaba dejando completamente dormido.

-Él es su padre, ¿No les enseñó algo de lo que sabe hacer?

-¡¿Y qué crees que llevo intentando, imbécil?!

-YO TAMPOCO SOY BUENO CURANDO HERIDAS DE ESTE TIPO, PERO HAY QUE HACERLO. ¡ESTO NO PUEDE QUEDAR ASÍ!

-Permítanos pasar.

-¿Qué...?

Tras escuchar eso, pudo sentir lentamente como si flotara, aunque aquello podría deberse más a la sensación placentera de poder quedarse dormido en cualquier instante. De poder descansar adecuadamente por fin tras tanto luchar, tras tanto soportar múltiples cargas con tal de sobrevivir y hacer que su familia sobreviviera a toda costa. No estaba siendo capaz de poder abrir las cuencas pese a las voces insistentes que aparentemente le rodeaban, pero aunque quisiera, sentía que no tenía sentido el esfuerzo. Hasta que... pudo escuchar algo diferente.

.

"Vuela, vuela, mariposa, mariposa vuelva, ve, ve".

.

Esa voz... Parecía venir de un buen recuerdo, algo que podría reconocer en cualquier parte. Justo la sensación que había tenido aquella vez.

.

"Esta es la historia de una mariposa tímida,

que revoloteaba de flor en flor

Soñó y soñó con llegar al cielo,

soñando de hora en hora".

.

Tras un cañonazo que pudo esquivar a tiempo, mas no al soldado enemigo que no pudo ver qué tanto se le había acercado sin importarle el riesgo y dañado brutalmente, había terminado inconsciente sin saber si realmente viviría y sin importarle del todo si realmente sería el caso. Ya que, después de todo, ya no le quedaba nada en el mundo salvo servir a su país con todo lo que le quedara de vida, y tal vez aquello ya había llegado a su vencimiento. Ese habría sido su último pensamiento si no fuera por esa sensación tan cálida, tan consoladora y llena de amabilidad que lo invadió poco a poco, pero que una voz... una canción, le hizo querer abrir las cuencas lentamente, con tal de saber de dónde provenía aquella voz angelical.

"Oh, lo siento, ¿lo desperté? Que pena, me escuchó cantar".

Y tras eso, había contemplado la sonrisa más hermosa que vería en toda su vida. Sonrisa que le había devuelto por ese instante, las ganas de seguir viviendo con tal de seguir viéndola. Y esa sensación la estaba teniendo de nuevo, que si bien se sentía como un recuerdo al cual aferrarse por siempre, parecía irónicamente que esa sensación no estaba del todo en su mente, sino en su alma. Queriendo conectar con algo, queriendo... buscar a alguien. Quería descansar finalmente para poder llegar a ella, para ver de nuevo su sonrisa... pero... ¿por qué se estaba sintiendo que en el más allá no la vería? Tal vez era porque... esa sensación... la estaba teniendo justo ahora, recorriéndole, curándole... justo como solo ella sabía hacerlo. Con la amabilidad que tanto resaltaba en ella, usando con responsabilidad su propio poder y con un grado de inefabilidad y astucia en su forma de ser, pero sobre todo, siendo leal a sí misma. Esa era su chica, su angelical enfermera de hermosa sonrisa.

Podía sentirlo. Podía... sentirla. Cerca, muy cerca, sus dos anillos consigo se lo estaban confirmando de alguna manera. Razón por la cual oprimió su puño, como si no quisiera dejar que esa sensación se le escapara. Razón por la cual abrió finalmente las cuencas. Y lo primero que contempló fue a sus seguidores, usando por primera vez ante él su magia, siendo de un tono esmeralda. Observándolo con calma sobre cómo lograba recuperarse con la curación que le estaban implementando, como si supieran hacerlo de toda una vida por la confianza con la que lo estaban haciendo, aun cuando visiblemente parecía que lo habían hecho más por instinto que por urgencia.

-¡¡PAPÁ!!

El eco particular tras la exclamación de su hijo le indicó que se encontraba en la iglesia ubicada en Snowdin, pero antes de que fuera capaz de poder preguntar sobre cómo había terminado ahí tras levantarse un poco, inmediatamente fue abrazado por Papyrus que había sido el primero en verlo despierto. De lo cual acto seguido llegaron corriendo Sans, Muffet y Frisk, rodeándolo inmediatamente y sin prudencia, sintiendo de inmediato el malestar de un grave agotamiento que solo una batalla de semejante calibre era capaz de generar, pero extrañamente también el peso de ser querido y que le produjo una total pena al no saber qué hacer con una muestra de afecto tan invasiva. Debía de regañarlos por no comportarse ante los espectadores, pero mejor se contuvo. Era la primera vez en mucho tiempo que sus hijos le abrazaban después de todo.

Pudo ver que no estaban solos en ese lugar, estando si duda alguna el viejo sacerdote, contemplando la escena con alivio reflejado con una suave sonrisa, pero también estaba el tonto líder de la yakuza que contemplaba con indiferencia la situación, DT-00X y Mettaton, quien parecía no estar del todo convencido de estar ahí pero aun así se quedaba. Vaya grupo tan pintoresco estaban siendo para semejante lugar, sumándole a sus seguidores que seguían en su labor bajo la poca distancia que le permitieron quienes le abrazaban con demasiada fuerza para lastimarle más de lo que estaba.

Que sus seguidores supieran magia de curación era una sorpresa, pero la sensación que producía tal magia sobre él era perturbadoramente innegable. Estaba seguro de que era lo mismo, pero ¿cómo sería posible? Era una locura pensarlo, producto de su malestar que casi lo llevó a la muerte y a la alucinación. Aunque Sans ya le había hecho esas cuestiones que si bien le preocupó el estado mental de su hijo por siquiera pensarlo, ahora le estaba carcomiendo la duda por más tonto que ya sonaba. Sus seguidores no tenían memoria de sí mismos, pero sí sabían exactamente quiénes eran él y sus hijos. ¿Qué tal si sabían exactamente quién era su esposa también? Jamás se le había ocurrido preguntarles con precisión.

-Vuela, vuela...

Escuchó tararear por lo bajo a la mujer almeja, quien siempre parecía la más fuera de sí misma, repitiendo las últimas palabras que le llegaban de una manera que no había analizado antes, pero que definitivamente era un patrón muy particular para pasar desapercibido ahora. Dejando de ser una coincidencia por completo todo aquello que comenzaba a cuestionarse en adelante y que sin duda alguna se volvería una obsesión que necesitaría resolver inmediatamente, aun cuando lo llevara a la locura.

Arial también tendía a repetir las palabras en ocasiones, desde tarareos por una suave melodía que le había llegado a sus oídos, hasta nombres, como si buscara un reforzamiento de saber con quién exactamente estaba hablando. Razón por la cual el tipo de apodos que daba hacia otros eran una mezcla de ambos, como si el nombre de un ser fuese una nota musical en la cual replicar en su vida repleta de melodías y acordes que solo ella era capaz de escuchar e interpretar.

Omegle Sallow, su maestro... ¿realmente qué había hecho con esos seres y por qué vinculaban a su esposa en particular?


***

¡Feliz navidad y año nuevo atrasado! Sé que quedé mal con la fecha que había dado para este capítulo, pero los preparativos festivos me llevaron a requerir más de mi tiempo. No fue la primera navidad pasando con la familia de Ramón, pero sí estando con ellos ya estando nosotros casados, (aun no me acostumbro a que me llamen "la señora de la casa", jajajaja).

El capítulo pasado y este resultaron todo un reto al exponer muchos detalles y emociones en un mismo escenario, pero estoy muy contenta de por fin llegar a este punto a pesar de que me costó años lograrlo, literalmente, jeje. Ahora si, me daré un leve descanso para recuperar energías que necesitaré sin duda alguna, y para organizar todo lo que quiero hacer para este año. No tardaré mucho, descuiden, pero no daré una fecha próxima ya que últimamente he quedado muy mal con las que doy y no quiero seguir quemándome con eso, jeje.

Muchas gracias por la paciencia. ¡Los quiero mucho!

**Inserta teorías locas aquí y tome su rebanada de rosca de reyes con chocolate caliente.**

¡Michi fuera!

n.n

Bạn đang đọc truyện trên: TruyenTop.Vip