Cap. 127. Pacto con el presente
-Encontré la casa que me indicó, señor, pero no hay rastro de que alguien haya vivido ahí desde hace tiempo. –El búho que tenía como mayordomo hizo una reverencia mientras narraba su breve viaje tras su indicación. –Algunos pueblerinos hicieron mención de no saber nada de la mujer que vivió ahí, como si se hubiese desvanecido de la nada. Y por todo el polvo que encontré en el lugar... tal vez haya sido así.
-Entiendo. –Optó por no pensar demasiado en eso. –Gracias por tu trabajo.
-¿Algo más en que pueda ayudarle?
-No, déjame solo ahora.
-¡Oh! Casi lo olvido. –El ave solo giró su cabeza tras detenerse en un paso. –Uno de los pueblerinos hizo mención de que hace meses hubo un esqueleto preguntando por la jardinera de la señora, a su vez el dónde poder encontrarla. Espero que esta información le sirva para algo.
Mientras el búho finalmente alzaba sus alas y se retiraba, Asgore se quedó meditando mientras yacía recargado en su nuevo escritorio. Tenía incontables periódicos encima que no habían parado de hablar de un mismo tema, y pese a ser costumbre que siempre que él salía en escena siempre se hablaba de él, esta vez tenía que compartir el protagonismo con el maldito esqueleto que pese a ser un buen entretenimiento personal, sabía dar golpes bajos de una manera que no había contemplado antes. Un apropiado e interesante oponente si debía de admitir, pero aun así no le agradaba que justamente para lograr serlo, tuviera que haber pasado por la única cosa que realmente le molestó tener que hacer por un bien mayor.
Ya se había manchado incontables veces las manos de sangre, pero era la primera vez que aquella sangre había sido de Frisk. Siempre que había tratado de reiniciarla de su trance bastaba con sofocarla lo suficiente, pero esta vez había tenido que hacer mucho más con el fin de que ni siquiera intentara hablar con él y que arruinara todos sus planes de años. ¡Y ese maldito esqueleto le había llamado suegro en su lugar! Dejándole demasiado en claro lo tanto que sabía de muchos hechos, pero también con el fin de irritarlo totalmente al dejarle en claro que aquellas provocaciones eran mucho más que eso. Y la cachetada que Frisk le había dado había sido la confirmación de aquello que no necesitaba saber.
El detonante suficiente para querer a ese esqueleto muerto. Una sensación que no había experimentado en años y que no estaba del todo seguro de si le agradaba ese hecho o no. Tanto tiempo pidiendo un oponente digno para que éste se manifestara pretendiendo ser su yerno. Por supuesto los medios no estaban prestando mucha atención a semejante amorío al considerarlo una broma de su parte, pero vaya que era un escándalo total que fuese un monstruo confesando su amor por una humana que tuvo presa en sus garras por su propio bien. Hasta en eso parecía que le estaba ganando en algo y ni era capaz de procesar cómo era posible semejante ataque de su parte. ¿Un golpe de suerte o algo bien trabajado? Por segunda vez en su vida, estaba ante alguien que le generaba la necesidad de evaluar detenidamente eso.
Analizando ahora, un esqueleto preguntando por una "jardinera" en el pueblo no era coincidencia. Tanto tiempo luchando para que no lo vincularan con ninguna debilidad que le pudiese generar un mínimo malestar que lo volviera deplorable en la guerra que él mismo quería liderar, para que otros supieran desde antes todo aquello que se suponía que había estado perfectamente alejado. No era idiota, todo apuntaba a una traición para que dicha información se diera a modo de fuga incontrolable ahora. Y por eso y más, se olía a que Gerson tenía algo que ver al tener su característica forma de operar en el pasado, pero aún no tenía la suficiente información para confirmarlo.
Lo que sí tenía era la información adecuada para saber que los esqueletos llevaban tiempo jugando y ni siquiera había logrado percatarse de eso. Tenían a la yakuza colaborando con ellos de una u otra forma, tenían acceso al sindicato de monstruos y por consiguiente al gobierno en una vinculación matrimonial futura, y sobre todo, tenían al experimento más comprometedor de todos trabajando para ellos pese a tanto tiempo ausente. ¿Cómo demonios habían logrado eso último? Cuando ni Alphys siendo su creadora había logrado tener control sobre él.
Vaya astucia por parte de esa familia. Tendría que devolverles el golpe del mismo modo en honor a su gran atrevimiento. Pero primero, necesitaba averiguar si la yakuza era un verdadero problema en crecimiento o si solo un desvío de atención por parte de su socio. Y si Frisk realmente tenía algo que ver con todo ese movimiento, por que de ser así... significaba que era más parecida a Masao de lo que creía.
Entre tantos anillos que tenía en sus manos, se quitó uno de ellos que se camuflajeaba con todos para pasar desapercibido de su mensaje real, arrojándolo al cajón dado que era muy probable que ya no lo necesitaba si Toriel no mostraba rastro desde hace tiempo. Tal vez atendiendo finalmente su consejo de irse mucho más lejos a la mínima oportunidad, o porque esos esqueletos de algún modo dieron con ella y aplicaron una equivalencia en cuanto a pérdidas desde entonces. Siendo así, les tenía una sorpresa.
Tomando todos los impresos, se dirigió a su salón de trofeos para hablar con las señoras que tenía celosamente guardadas en cuanto no les diera utilidad inmediata, a su vez de impedir todo escape por parte de ellas dado los problemas ocasionados. Pero mientras Alphys tenía listo el siguiente casco, de momento tenía la coneja deambulando levemente en el pequeño cuarto sin poder hacer mucho dado que su amiga permanecía en su eterno sueño, protegiendo la única misión que le había dado. Sacándole provecho a su capacidad de ser una guardiana dado sus talentos.
-Me temo que Lyra ya no es una opción ahora que ya se fusionó con otros monstruos, pero ya le encontraré otra utilidad en cuanto quiera recuperarla. Resultó muy agresiva como creí que lo sería. –Comentó Asgore mientras se acercaba a ellas. Después de todo, ya sabía en dónde la tendrían seguramente. –En cambio ustedes, les hace falta una más para ser completas. Pero descuiden, ya tengo en la mira la pieza perfecta para que sean perfectas, jeje.
-¡En cuanto los Gaster se enteren...! –Comenzó a expresarse la coneja con timidez, reservada en su esquina.
-¿Cuando se enteren de qué? Wingdings está muerto. –Finalmente arrojó los impresos a pies de ellas. Siendo la coneja la única consciente de ello al grado de arrodillarse para tomarlos. –Resultó ser demasiado débil todavía pese a mis consejos y entrenamiento, pero su hijo mayor tiene el potencial para corregir esos errores.
La señora ni siquiera fue capaz de emitir palabra alguna mientras se dedicaba a observar cada uno de los encabezados por distintos medios, leyéndolos en silencio y con labios oprimidos para evitar cualquier sollozo de su parte que la esqueleto no sería capaz de emitir jamás en cuanto no se lo ordenara. De hecho, era muy probable que no supiera siquiera de lo que estaban hablando a como le había expresado Alphys de cómo serviría el tipo de sueño inducido a través del instrumento.
Dentro de los impresos pudo ver que en uno de ellos se asomaba la fotografía de Frisk bajo un título de "se busca" que le daba curiosidad el hecho de que tuvieran tales poses retratadas en primer lugar. Significaba que ella ya había pasado por las manos de la policía y librado de alguna manera. ¿Cuál sería la historia tras eso? Esperaba poder conocerla antes de cualquier percance. Pero por lo pronto, mejor se retiraba para seguir con lo suyo.
-Usted... se volvió un perfecto mentiroso, ¿cierto? –Asgore se detuvo con eso, esperando a que le dijera algo más por mera curiosidad. –Usted irradia un temor absoluto que paraliza a cualquiera, una confianza absoluta en sus gestos, palabras e incluso en su propia mirada al grado de que pareciera totalmente ser crudo siempre. Me parece imposible que alguien tenga esa capacidad de mentir tan minuciosamente... sino fuera porque su alma todavía tiene algo por decir.
-¿Y qué es lo que le dice?
-Que está feliz. –Pudo notar que la coneja se levantó con total seriedad, haciendo que él girase para contemplarla. –Sería de mucho temer las posibilidades de lo que pudiera hacer sonreír a una bestia como usted. Sino fuera porque... porque dicha felicidad provino de ver esta fotografía.
-Impresionante. Usted definitivamente escucha mejor que ningún otro. –No hacía falta contemplar a cual específicamente se refería, a lo cual emitió una sonrisa de ser atrapado en la jugada. Incluso le aplaudió un poco. –Es por eso que es una pieza perfecta, felicidades.
-Con riesgo a que me haga daño... le diré una cosa. –No la interrumpió en ningún momento, dándole el permiso con libertad. –La cachorrita es una mujer muy valiente, pero sufre como cualquier otro. Aun así, tiene un corazón amable que está dispuesto a dar toda oportunidad posible, incluso a mafiosos y asesinos. Si pretende seguir dañándola... acabará con algo que puede que sea su razón de permanecer de pie todavía. Si la quiere realmente, no querrá acabar con esa voluntad.
Asgore no dijo nada al respecto, retirándose finalmente y encerrándola con todos esos impresos para que tuviera cuanto menos algo qué hacer. Optando por mejor regresar a su escritorio y enfocarse en lo siguiente que haría ante buen contrincante elegido. Aun así, se quedó pensando en sus últimas palabras con cierto recelo. ¿Comprensión de ella? Eso era una tontería que no necesitaba.
Él personalmente se había encargado de que no fuese así.
...
Los días estaban resultando más pesados de lo que eran capaces de aceptar en conjunto. Sans apenas y tenía cabeza para mantenerse firme con tal de no mostrar debilidad, cuando claramente quería romper todo aquello que se le atravesara a su paso. Y aparentemente era algo que parecía ser muy notorio, porque casi todos procuraban evitarlo. Aunque claro, cada quien estaba en lo suyo, con sus pesares y miedos al no haber alguien que tuviera idea alguna sobre qué hacer para casos así. Si bien el viejo los había entrenado para muchas cosas, no había algo que les hiciera sentir listos para afrontar esa clase de vulnerabilidad. O al menos era su caso personal.
Tras el fatídico momento que habían pasado en Waterfall, había sido un verdadero milagro que pudieran salir con vida todos. Y vaya que el viejo estuvo por no librarla si no fuera por la extraña magia que tenían los seguidores tras tanto tiempo conociéndolos. Y si bien habían hecho un buen trabajo en evitar que muriera, no estaba siendo suficiente todavía al encontrarse el viejo bastante débil al grado de quedar dormido por largas horas, y no tenían manera de hacer algo diferente por el simple hecho de no ser capaces de entender qué tanto le había afectado el ataque de la bestia. Papyrus había hecho el comentario de que podría ser simplemente la edad, pero nadie lo creía del todo posible ante semejante tipo sobreviviente de una guerra lejana y siendo un hueso duro de roer. O por lo menos, todos se rehusaban a creer que el jefe estuviera llegando al punto de requerir más que se le cuidara que siendo lo contrario. Daba hasta cierto punto miedo el hecho de pensar que no siempre se podría contar con él, resolviendo sus vidas de una u otra forma. Y eso solo le hacía sentir patético.
No era el único que la estaba pasando realmente mal con la situación, siendo que Muffet eventualmente lloraba entre rincones, pero aun así estaba con ellos no solo para estar al pendiente del jefe, sino también para ayudarles en todo lo posible. A veces se le veía con Flowey apoyándole cuando terminaba quebrándose y requiriendo algún consuelo que el resto de los habitantes de la casa no eran capaces de hacer, pero curiosamente también, parecía que el hierbajo ayudaba a su manera en hablar con el viejo en algunas de las pocas ocasiones posibles. Aquello le habría preocupado si no fuera por notar que no estaba intentando atormentarlo o algo por el estilo, sino genuinamente solo querer hablar. Eso era más extraño todavía, pero el viejo no parecía inquieto por ese hecho y tampoco comentaba a alguien más de lo que pudiera estar hablando con él.
Papyrus por su parte se le veía más ocupado y más serio, más no comentaba con nadie de la familia lo que estuviera pasándole por la mente. Sans se hacía la idea de que podría ser culpa por no haber estado en el momento, pero también era consciente de que al estar la fecha cada vez más cerca de su boda arreglada, debía de estarle inquietando ese hecho al tener que abandonar a la familia en un muy mal momento.
Extrañamente tanto la yakuza como el idiota de Mettaton estaban siendo muy colaborativos con ellos también, brindándoles apoyo sin intervenir demasiado, pero sí siendo de gran ayuda aunque no quisiera aceptarlo en voz alta. Pasando momentos más tranquilos sin intervención de la policía, algún medio de comunicación o algún enemigo que quisiera aprovecharse de la situación, siendo que muy probablemente era la yakuza cooperando desde los alrededores o rincones donde todavía parecía que tenían fugas por contemplar. Aquello sería un tema por ver en otro momento. Mientras que Mettaton parecía ser quien ayudaba con suministros al barrio ahora que varios proveedores querían evitar la zona por miedo alimentado por las noticias. Por lo que podía atribuir todo eso a Frisk, quien pese a no frecuentar mucho la casa, definitivamente podía sentir su huella en muchas de las cosas que quedaban al final del día. Desde la comida que Muffet les servía en horarios específicos y con la sazón que ya era capaz de reconocerle, hasta las flores cada vez más visibles en varios rincones de Snowdin, siendo específicamente las lavandas las que más resaltaban dentro de todo.
Frisk era quien más raro se estaba comportando, y si bien era consciente del por qué, no ayudaba que se apartara por cuenta propia salvo para ver cómo se encontraba el jefe. Por un lado sentía que estaba evitando muchas cosas al querer enfocarse mucho más en otras con tal de distraerse, pero tras poco tiempo tuvo la confirmación de que a quien evitaba de ver era justamente a él ahora que se había mudado de vuelta al departamento de los seguidores, quienes pasaban cada vez menos tiempo ahí al requerir estar más cerca del jefe para curarlo a ciertas horas. En un acto desesperado le había preguntado a Flowey sobre si le había comentado algo, pero recibió un indolente "solo déjala sola, idiota" que no le ayudó para nada.
Pese a todo, le dejaba flores en el balcón, mandándole mensajes de que esperaba poder hablar con ella, mas no recibía respuesta de su parte. Al menos podía ver entre cortinas que las flores que le daba las colocaba en un florero junto a su cama, por lo que no le estaba rechazando por completo, o eso quería creer. Respetar el espacio que le estaba pidiendo indirectamente fue lo único que le quedó por hacer, aunque le asustaba que lo hiciese de ese modo considerando lo directa que siempre era.
Sans por su parte, se sentía el tipo más inútil en todo. Sin saber qué hacer si no era capaz de cuidar al viejo como todos los demás, sin poder pensar en el trabajo dado que era lo que menos importaba por ahora, sin poder hablar con su novia y sin saber cómo manejar esa situación en concreto. Así que terminaba deambulando en varias partes del barrio como si estuviera vigilando que todo marchara bien, cuando realmente no tenía ni idea de lo que estaba haciendo realmente. No recordaba cuándo había sido la última vez que se había sentido tan perdido como ahora.
-¿Has visto las noticias estos días, al menos? –Le insistió Grillby al colocarle el periódico a lado suyo una vez más. –Podría darte una idea de qué es lo que está pasando y saber qué hacer.
-Me basta con haber vivido esa situación, Grill. –De mala gana, puso su puro en el impreso para dañarlo y lentamente quemarlo. Ahora que volvía a frecuentar el bar que se suponía que solo era un restaurante, había vuelto a fumar con frecuencia dado que su única razón por la cual lo había dejado, no estaba muy al pendiente de él de momento como para que fuese un impedimento por ahora. –No me interesa lo que otros estén pensando de lo que pasó.
-Pues deberías, ya que te mencionan en todos los medios posibles en lugar de hablar del debate o de alguna candidatura. Te darías cuenta que no solo hablan sobre tu familia, sino que te ponen a ti a la par de peligroso que el Gran Don por haberte enfrentado a él. ¡Tu cráneo tiene precio por dictamen de la Casa Blanca!
Sans apenas y se dignó en hacer un sonido de que estaba al tanto de eso. Era algo que había escuchado entre calles de cualquier forma, siendo que algunos tenían ahora más razones para no estar en su camino, pero extrañamente otros parecían esperanzados de verlo y sonreírle como si se tratase de darle ánimos de una competencia a la que jamás quiso participar. El resultado de eso había sido que su padre estuviese gravemente herido, por perder a su hermano en un matrimonio forzoso y a su novia con un daño emocional del que no tenía modo de tratar en cuanto ella no se lo permitiera. No le servía para nada que le tuvieran miedo o que le admiraran de momento si ello le llevaba a que su vida personal estuviera en un punto de quiebre.
-¿Por qué no tienes más alcohol? –Le reprochó al poco tiempo. –Justo en este momento me vendría bien una copa o dos.
-Eso significa que no has podido hablar con tu novia, ¿cierto? –Grillby parecía realmente preocupado por eso. Ya llevaba días indagando en el tema. –¿Acaso están teniendo una pelea?
-No, no... no sé. No quiero hablar de eso, no sobrio.
-¿Por qué no intentas darle chocolates? Dicen que ayudan con los pesares, además de que se dice que se conquista más con comida.
-No, no le gustan. Una vez lo intenté y me contó que a su hermana fallecida era a quien le gustaban más esas cosas. –Masajeó sus sienes. En verdad el tema le producía muchos malestares junto con varios más, pero no cabía duda de que su amigo estaba intentando animarlo con lo que sabía que le hacía un bien. –Pero ya que se me acaban las opciones de flores, eso de la comida tal vez lo intente.
-¿Quieres que te ayude con eso?
-No soy tan inútil. Sé hacer una que otra cosa.
-Por cierto, Ronnie Bunny ha venido con cierta frecuencia. Dice que quiere hablar de algo importante. No me ha querido decir sobre qué, pero deberías de contactarlo cuanto menos.
-Seguramente por la sirena. –Intuyó con desánimo. –Si es un tema por tratar, pero apenas y puedo con mi alma como para cargar con algo más.
-Vaya, en verdad te sientes acabado.
Sans no argumentó nada, ya que aunque estuviese en confianza con su amigo, la verdad es que aun no le decía a nadie que ahora se trataba del nuevo jefe de la familia Gaster por el simple hecho de que no se sentía como uno. Su papel siempre había sido el ser un asesino, quien limpiaba evidencias y se ganara la reputación de no ir a la ligera en cuanto a tratos con ellos, y era un puesto que había aceptado sin rechistar por el hecho de que había resultado bueno en hacerlo (además de que implicaba menos tratos y por ende, menos trabajo a su percepción). Tener que fingir que estaba siendo un sujeto fuerte ante la aparente muerte de su padre era un perfil actoral que no le quedaba para nada, pero que de alguna manera le funcionaba por ahora ante varios que no necesitaban saber detalles.
Grillby muy seguramente intuía que el viejo seguía vivo dado que no le había preguntado nada desde entonces, ni siquiera por su salud, y agradecía que dejara así las cosas al tratarse de algo delicado. Por eso y más era que le había elegido como su mejor amigo, pero por ahora estaba siendo muy insistente con el tema de ver a Frisk y eso le hacía querer golpearlo. Por supuesto que quería verla, pero si ella era quien no quería hacerlo, le daría el tiempo que necesitaba para procesar que el maldito al que siempre le advirtió que era un peligro potencial, realmente lo era incluso para ella.
-No estuviste ahí, Grill. –Vio que su amigo finalmente se apartó para sacar una botella que estaba seguro de que tenía oculta. Le agradeció en sus adentros mientras veía cómo le servía un vaso. –Ya me había enfrentado a ese tipo una vez con el fin de huir de él y había sido abrumador. Hacerlo con el objetivo de afrontarlo, me dejó en claro que puede matar a cualquiera en cualquier momento sin que se pueda hacer algo al respecto. Es mucho más fuerte de lo que deja ver. No soy nada contra él.
-Y aun así lo enfrentaste, le gritaste al mundo que eres el idiota capaz de hacerle frente. –Le tendió el vaso, ignorando por completo la mala cara que le había lanzado por su comentario. –El Sans que yo conocí se habría dejado matar a la primera, ya sea por impulso o queriendo acabar con su vida de una buena vez. Tú también te has vuelto más fuerte, más consciente y menos adicto a todo aquello que te hace daño... –Lo vio tomarse su bebida de golpe. –Creo.
-¿Y de qué me sirve si solo ocasiono que estén en la mira quienes me importan? –No solo le dio un gran trago al vaso, sino que intentó quitarle la botella a la fuerza. Lo cual no lo logró al Grillby haberse apartado lo suficiente, indicándole que solo un vaso le daría y ya. Que codo. –No pude salvar a mi madre, no pude mantener a salvo a Frisk, dentro de poco perderé a Papyrus y...
Se quedó en silencio. Aunque sabía que había confianza con su amigo, por un breve momento se sintió vigilado. Y eso le era extraño considerando que estaban a solas. Tampoco había ventanas en el lugar. No estaba seguro de si se lo había imaginado dado su malestar o si debía de mantenerse alerta por cualquier cosa, pero al menos no continuó hablando. Apuntándose mentalmente que no debía de ser descuidado con sus palabras sin importar el lugar donde se encontrase.
-Si Frisk estuviera aquí te regañaría por pensar y estar así. –Comentó Grillby, sin percatarse de su agudeza ante un posible atacante en el lugar.
-Si ella estuviera aquí no tendría necesidad de consumir nada de esto.
No pudiendo quitarse de la mente aquello por más fugaz que hubiese sido, se retiró lentamente al saber que de cualquier forma ya no podría obtener más alcohol ni descanso de momento. Pero aunque saliera a ver si había alguien alrededor que le hubiese generado esa alerta, simplemente no dio con nada al alcance. Pero no le cabía duda de que esa manera de sentirse tan alerta ante algo vigilándole con intensiones de dispararle en cualquier descuido de su parte, había sido la misma sensación que le producía la yakuza de vez en cuando, desde que comenzaron a poner un pie en su territorio por la llegada de Frisk a la ciudad. Así que lo que sea que había estado tan atento a él, debía de tratarse de lo mismo considerando que aún no se encargaban de ellos lo suficiente para que dejaran de ser una fisgona molestia.
Sans desapareció a la vista de todos y sin poder ver que aquello que le había causado tal sensación, se encontraba observándole desde la cocina de su amigo.
-¿Por qué no me dejas decirle que Frisk estuvo tomando alcohol hace días? –Grillby se giró hacia la chica que se encontraba saliendo de la esquina donde aparentemente se camufló con la oscuridad. –En verdad está preocupado.
-Porque si fuera un buen novio, ya lo sabría porque la habría visto. –Chara se aproximó a la barra, sujetando el periódico que el esqueleto se había negado en prestar atención. Tocando suavemente la quemadura que le había dejado. –Y si fuera buen amigo tuyo, ya te habría dicho que su padre está vivo y que él es el nuevo jefe.
-Lo conozco, sé que es reservado por buenas razones.
-No las suficientes para mi. –Arrugó el periódico al grado de estarlo haciendo bola. –El no es suficiente para nada y él cuanto menos lo sabe, pero eso no ayuda en nada.
-No me agrada que hayas tenido que hablar con Yamaguchi para saber cosas a espaldas de todos.
-Métete en tus propios asuntos, parrillero. –Le arrojó la pelota de papel, la cual terminó chamuscada bastante rápido con tan solo él haber levantado la mano. –Que si el esqueleto ahora es el Don, significa que lo estás traicionando de muchas maneras, ¿lo olvidas, maldito doble cara?
-Sé muy bien que solo te estás desquitando. –El bartender le observó con seriedad, pero también con templanza. –Te duele haber visto a tu hermana llorar, y eso es algo que puedes tener en común con Sans si tan solo hablaras con él.
-Haré mucho más que hablar con él. Tenlo por seguro.
...
Hoy era un día soleado para Shyren, o por lo menos, lo suficiente que podía permitirse Snowdin a esa época del año. Razón por la cual permanecía con una sonrisa latente en su camino mientras se dirigía hacia la estación del tren para escabullirse a uno de los vagones varados que tenían fuera de rieles y con mercancía algo abandonada.
-Buenos días, hermana. –Mencionó al momento de asomarse. Lo reconocía, era muy feliz de poder decirlo una vez más, razón por la cual procuraba llamarla en cada oportunidad como si con ello lograría que no se le escapase nunca más de su alcance. –Te traje el desayuno.
La criatura se giró para contemplarle y sonreírle con sus enormes dientes. O al menos esperaba que su gesto fuese una sonrisa, era complicado saber si era el caso realmente.
Desde que Ronnie llegó con ella junto con el señor Holiday tras el aparente desastre que fue el debate de Waterfall, su vida había dado un giro completo más allá de aceptar que todo aquello que creyó durante años referente a la muerte de su hermana, era mucho más que solo hechos a medias y que, de hecho, habían cosas más complejas. Tras un desmayo y tanto llanto de por medio para poder procesarlo, finalmente pudo aceptar que sin importar el cómo se viese ahora, seguía siendo la Lyra que tanto amó y la cuidó tras la ausencia de sus padres. Aun cuando no fuese capaz de comunicarse adecuadamente, sus gestos delataban que definitivamente era ella.
Habían tenido que mantenerla oculta y lejos porque sin duda alguna su apariencia causaría pesadillas a los niños del orfanato en donde se encontraban de momento, sin contar que cada vez que intentaba hablar causaba un tremendo malestar para oídos terrestres. O por lo menos parecía que ese era el caso dado que Shyren era la única que no se incomodaba con su voz, aunque sí le era sumamente complicado poder entenderle. Casi era como si fuesen múltiples voces queriendo decir algo en diferentes sintonías. Y parecía que era el mismo caso con su alma, dado que los conejos al intentar comprenderla sin palabras les fue igual de complejo al grado de marearse uno que otro. Ronnie incluso puso sobre la mesa la cuestión si se trataban de más almas en un solo ser, tratando de ponerse de acuerdo con algo que simplemente no eran capaces de poder lograrlo por su cuenta.
Y eso sonaba bastante turbio, considerando que a lo que comentó Ronnie, su madre podría terminar igual si no se daba con ella pronto. Eso solo le hacía oprimir los puños de manera discreta para no incomodar a toda la familia, pero sentía una fuerte frustración de no poder hacer mucho en su momento. Su hermana mayor estaba de vuelta, sí, ¿pero a qué precio? ¿Qué tanto pudo evitarse si tan solo se hubieran puesto en la tarea de seguir buscando? ¿De no rendirse?
-Me gustaría que pudieras contarnos lo que sabes, por lo que pasaste. –Admitió Shyren mientras se colocaba a lado suyo con calma. Aunque se viese diferente, no cabía duda de que era su hermana si siempre le había generado la sensación de estar a salvo siempre a su lado. –Aunque tal vez llore al saberlo. No debieron ser cosas bonitas.
-Pero aun así es necesario saberlo. –Shyren se giró hacia el conejo que había comentado eso, sin saber en qué momento había llegado para prestar atención a toda la escena. –Necesitamos saber dónde estuvo y qué fue lo que la llevó a terminar así.
-Ro, no sabía que vendrías también. –Su hermana se inquietó con sus palabras, como si quisiera decir algo que no podía, por lo que tuvo que poner una mano para tratar de tranquilizarla. –Sabes que te agradezco mucho por traerla de regreso y por todo lo que tuviste que pasar, pero, ¿podrías no ser tan exigente con ella? Hace lo que puede.
-Lo lamento, pero es que han pasado días. Y no sé qué tan tarde o no estamos actuando. –Ronnie se acercó más, pero en ello Lyra emitió un ruido de advertencia como si dejara a un lado el ser alguien racional. –Lo siento Li-Li, pero necesito de tu ayuda o mi madre podría terminar muy mal.
En respuesta solo tuvo el intento de un gruñido de su parte, lo cual fue una evidente decepción para ambos monstruos que apenas y se vieron mutuamente. La verdad era que no sabían cómo explicarse que a ratos entraba en modo animal, pero simplemente pasaba al grado de que era imposible entenderle de cualquier modo, fuera de que podía reconocer una que otra cosa en su entorno que le hacía moverse. Siendo una razón más para mantenerla alejada de los niños y de muchas miradas curiosas. Si había actuado algo agresiva en ver al señor Holiday sin explicación, quién sabe cómo actuaría con otros.
-¿Crees que eso tenga algo que ver con el hecho de que esté así? –Preguntó Ronnie.
-No lo sé.
-Como sea, vine también a darte un aviso importante antes que al resto. –La seriedad con la que su amigo hablaba no le parecía una buena señal, pero ya se había imaginado que algo así pudiera pasar tarde que temprano tras el dolor que llevaba cargando su mejor amigo junto con toda la responsabilidad de su familia. Y no podía culparlo por tomar la decisión que expresó después. –He decidido que trabajaré para los Gaster. Siendo oficialmente parte de su personal.
En verdad se le veía la desesperación, partiendo de lo despeinado que estaba hasta lo ojeroso que permanecía. Desde lo ocurrido, no había estado durmiendo ni comiendo apropiadamente, pero era imposible cuidarlo al tener todos las manos ocupadas con tanto huérfano al cual era imposible de ignorar. Siendo un tema que muchos estaban de acuerdo que necesitaban ayuda con eso al no ser realmente su responsabilidad, pero al final del día todos se quedaban callados ante la culpa de no querer hacer algo. Después de todo, estaba en su naturaleza el tener empatía con toda criatura, y esos niños necesitaban demasiada al estar abandonados por todo. Tal vez por eso la familia Bunny se enfocaba demasiado en ellos ahora que lo pensaba, siendo que tal vez tal empatía provenía de similitudes en cuanto a sensación de implorar por ayuda y saber que no eran capaces de hacerlo realmente.
Shyren quiso reprocharle por tal decisión que ya le había advertido que no era un buen camino, cosa que él mismo afirmaba ser consciente de eso, mas no pudo emitir palabra alguna. Sintiéndose completamente incompetente de no poder se alguien que pudiera mantener a salvo a todos sus seres queridos como para tener derecho a dar su simple opinión.
...
Sans pasó gran parte de la tarde recargado en el sofá donde ahora tenía buenos recuerdos con su chica, pero a su vez, siendo la razón por la cual yacía fumando precisamente en ese punto pese a que se arrepentiría después seguramente. El olor en telas no era algo sencillo de quitar ¿cierto? O al menos recordaba que su sastre se quejaba de eso.
Se hundió más en su asiento tras apagar el puro. Sentía que no había mucho que pudiera hacer realmente si algunos de los peligros se mantenían a la raya, aunque también estaba su apatía de querer atender esa clase de asuntos en primer lugar. Nadie en la casa le prestaba total atención al estar cada uno en su asunto, y era una extraña compasión la que se daban todos con eso. Aunque tuviera temas por abordar ahora que había tenido extraña intuición en el falso restaurante de su amigo.
Aun así, se atrapó a sí mismo tarareando de la nada, siendo algo que no tenía ni idea de dónde había sacado semejante melodía de la mente hasta que comenzó a mover sus dedos para tratar de hacer visible a su manera tales entonaciones, las cuales comenzaron a verse como partituras mentales de tal forma que le tomaron con sorpresa saber que se trataba de algo que nunca había visto, pero que genuinamente le llegaba al grado de que podría ser realmente una buena canción. Una melodía que estaba naciendo en su mente.
Y fue así como recordó que no era la primera vez que le llegaban tales notas, siendo algo que Muffet ya le había hecho la observación de estar moviendo de la nada sus dedos de una forma específica, al igual que ya había tarareado algo cuando se había quedado con Frisk a modo guardián cuando había terminado en estado de ebriedad. Levantándose levemente de su asiento como si con ello le ayudara a concentrarse más en aquello que evidentemente no sonaba en ninguna parte fuera de su alocada imaginación. ¿En verdad estaba componiendo una canción en su propia mente? ¡Eso era una locura! Una cosa había sido crear una letra con tal de dar una instrucción para la magia de la sirena, pero otra muy diferente pensar en una canción con el fin de ser justamente eso. Eso no le pasaba desde...
Observó el viejo piano cubierto con la alfombra que acumulaba polvo constantemente. Teniendo un impulso un tanto peligroso, pero ya no queriendo contenerlo más. Quitando su cobertura improvisada al grado de causarle un gran nerviosismo el solo verlo tras tanto tiempo. Como si algo dentro de ello le hiciera sentirse culpable de irrumpir algo sumamente valioso, pero aun así continuó inspeccionando el instrumento, como si sus dedos pudieran recordar cada minucioso detalle en cada tecla que su madre solía tocar con sumo cuidado para que su anillo no tocara la superficie.
Recordaba que le costaba poder sentarse ante la altura de tal asiento, pero ahora, podía hacerlo sin problema alguno, por su cuenta. Pero tocar alguna tecla con melodía en mente le hacía paralizarse ante el instrumento, no sintiéndose digno de hacerlo. Todo el caos que ocasionaron contra el Gran Don era justamente para poder saber la verdad sobre lo que había ocurrido con ella y habían terminado con las manos vacías. Estaría muy mal de su parte atreverse a tocar sus cosas tras abandonarla una vez más a la suerte. No era digno de siquiera ver su cosa favorita en el mundo.
-SANS, ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?
Ante la mención de su nombre se giró nervioso, pero en su torpeza se recargó en las teclas con mucha presión, haciendo un extraño sonido que seguramente llamó la atención de muchos presentes. Pero dentro de todos, pudo identificar un ruido particular que sólo empeoraba las cosas dentro del instrumento haciendo un leve eco tras chocar consigo mismo.
-¡Mierda! –Susurró pese a no ser necesario.
-NUNCA HABÍAS QUERIDO TOCAR EL INSTRUMENTO, ¿POR QUÉ AHORA...?
-Porque estoy por entrar en colapso, Paps. –Le contestó sin verle directamente tras estar abriendo el piano. Tenía que retirar la cuerda que se había roto tras seguramente estar sin uso mucho tiempo. –¿Puedes culparme por hacerlo?
-LA VERDAD ES QUE ES MUY RARO QUE NO LO HAGAS CON ALGUNA ADICCIÓN COMO SOLÍAS HACERLO ANTES. –Admitió su hermano conforme se aproximaba, como si pudiera cubrir la escena del crimen. –FELICIDADES, CRECISTE CUANTO MENOS UN CENTÍMETRO CON ESA MADUREZ.
-Ja-Ja. –Comentó Sans con sarcasmo, retirando la cuerda que curiosamente pertenecía a la nota "si" y guardando en el bolsillo de su saco con prisa. –Pero la verdad es que estoy por acabarme mis habanos de reserva, así que no me aplaudas tan pronto.
-¿ACASO TE PELEASTE CON FRISK?
-No es eso. –Contestó de inmediato, pero que fuera el segundo en preguntarle en el día comenzó a inquietarle mucho más que el haber roto una reliquia familiar. Más le valía reponer esa cuerda pronto, pero también el hablar con su novia antes de que fueran varios los que se hicieran una idea rara. –Tan solo... quiere su espacio para procesar lo sucedido. Es todo.
-COMO DIGAS. –Papyrus se sentó en el sillón mientras le veía tapar el instrumento de vuelta con el tapete viejo. –QUIERO HABLAR DE ALGO CONTIGO, ¿TIENES TIEMPO?
-Como podrás notar, tengo todo el tiempo del mundo por ahora.
-BIEN. NECESITO PEDIRTE UN FAVOR. ME CASO EN UNAS SEMANAS, ASÍ QUE... –Por la forma en que jugaba con sus pulgares supo que estaba nervioso. –QUISIERA QUE PASÁRAMOS UN DÍA TÚ Y YO.
-O sea, ¿una despedida de soltero? –Intuyó de inmediato, teniendo un gruñido de su parte como sorpresa. –No es algo que me traiga demasiado considerando que estoy con Frisk, pero... de acuerdo.
-NO HACE FALTA QUE SEA ALGO VULGAR. A MI TAMPOCO ME INTERESA ESAS COSAS Y LO SABES. –Le reprochó con algo de molestia. –TAN SOLO QUIERO PODER PASAR UN TIEMPO CON MI HERMANO ANTES DE QUE SEA COMPLICADO HACERLO.
-Todavía podríamos hacer algo para evitarlo.
-POR FAVOR, SANS. TÚ Y YO SABEMOS QUE ESO YA NO PASARÁ. –Que lo dijera con tanta resignación solo le hizo sentirse peor. –POR LO MENOS NO ESTUVO TAN MAL. TAMMY ES AGRADABLE Y TENGO TRABAJO ASEGURADO. PODRÉ AYUDARLES DE ALGUNA MANERA, POR MUCHO QUE LA VINCULACIÓN TRATE DE QUE ME ENFOQUE EN OTRAS COSAS.
Sans pretendía escucharle con atención, pero la verdad era que no le gustaba que tratara de ver el lado positivo ahora de su situación. Ya era una cosa que él se resignara siempre en los peores momentos, pero otra que su hermano lo hiciera cuando tenía razones para molestarse totalmente con ellos. Tal vez de todos, era quien había perdido mucho más en cuanto a libertad. Al menos él tenía a Frisk pese a todo pronóstico pesimista, un rayo de sol dentro de tanta tormenta que implicaba su día a día. Le habría gustado sinceramente que Papyrus también luchara por un amor, claro, que no fuera alguien que pretendiera arrancarle el cráneo en primer lugar.
Aunque ahora que lo pensaba, era el único que tenía esa opción de forma sorpresiva, ¿cierto? Muffet ya estaba destinada a vestir santos por el resto de su vida dada su elección, Papyrus con su compromiso y el viejo profesando un amor eterno pese a que la muerte los había separado. Él, pese a que era una relación imposible de que tuviera el visto bueno de la población, aun así tenía a esa chica dispuesta a permanecer a su lado, luchando contra lo que sea en cuanto se mantuviera firme. Podría haberle ido mucho peor, pero ahí estaba, lamentándose de no estarla viendo... ¿porque le había disgustado que no se hubieran apartado a tiempo? ¿Porque le había pedido apoyo a la licuadora parlante? ¿Porque ella se arriesgó con tal de poder saber algo sobre su madre dentro de todo? ¿Porque la situación detonó que ahora tuviera que tomar un puesto que nunca quiso? Maldita sea, en verdad parecía estar en una pelea donde él fue el último en enterarse. Y lo peor es que ya iba perdiendo.
En cuanto Papyrus se retiró tras lo acordado, Sans se dispuso a ir a la cocina y preparar un quiché, siendo algo dentro de lo poco que sabía hacer sin hacer un desastre culinario. Queriendo intentar eso de calmar el estómago ahora que las flores no estaban funcionando de forma escabrosa tratándose de ella. Así que al momento de tenerlo listo, se robó algo de fruta de la cocina y se teletransportó al balcón directamente, dispuesto a hablar las cosas de una buena vez en lugar de dejar que la situación siguiera en tal curso. Dándose cuenta al estar en el exterior, que ya se encontraba la noche encima.
-¿Hola? ¿Bonita? –No obtuvo respuesta, por lo que atravesó el balcón para ingresar a la recámara. –Espero que no te moleste que entre, pero vine a ver como...
No tuvo que observar con tanto detenimiento para ver que la recámara estaba sin limpiar dentro de todo, pero lo que más le llamaba de eso era ver el collar de corazón que tanto atesoraba, arrumbado en su mesita de noche a punto de caer de ahí en cualquier momento sin cuidado alguno, al igual que había un florero con flores marchitas que fácilmente pudo reconocer. En cambio, tenía el cajón abierto, dejando a la vista la daga que le había dado al pertenecer a sus orígenes. Más limpia de lo que recordaba.
-...sigues. –Terminó su oración con cierto pesar. –Traje algo de com...
No pudo terminar su oración al ser tumbado con una fuerza y velocidad que no había contemplado que tendría que prevenir en el lugar cuando solo estaba su bonita novia florista que siempre era tranquila a su manera. Pero en su lugar, recibiendo semejante bienvenida que era el verla encima suyo de un modo que se sintió aprisionado de muchas maneras. Si bien estaba vestida, tenía mal acomodado su vestido al grado de que dejaba ver sus hombros, como si se lo hubiera puesto sin importarle el abotonarlo, o tal vez, olvidando cómo hacerlo.
-Huelesss... Demasssiado a ti...
Sans no supo cómo tomar ese comentario, sobre todo por el tono de voz que emitió su chica. Y tenerla encima suyo de esa forma, no estaba seguro de si debía preocuparle más de lo que ya comenzaba a excitarle. Culpaba al hecho de que tenía días sin poder estar cerca de ella, aunque el verla tan sonrojada y con respiración entrecortada tampoco ayudaba. ¡Mierda! No había contemplado la posibilidad de encontrarla así y tan pronto.
La tomó de la cintura con cuidado para tener algún control, pero se estaba engañando a sí mismo. De hecho, con ello Frisk hizo un breve movimiento de cadera que le gustó demasiado pese a que la razón era aprisionarlo mucho más. ¿Debería seguir con el calor del momento, o debía de calmar la situación tras tanto tiempo? No era tan sencillo tomar una decisión, aunque poder verla a los ojos directamente le ayudó un poco a procesar que no sería justo que lo hicieran sin más, considerando que no estaba en todos sus cinco sentidos habituales. Su mirada no era lo que lo embriagaba al caer rendido ante ella, sino que ella particularmente estaba ebria por su aliento que la delataba demasiado y en cercanía, antojándole mucho más todo sobre ella. Además de que sus iris estaban ahora en un tono carmín del que no estaba seguro de si eso era normal o no en su situación, pero siendo algo que de alguna manera le recordaba que no estaba siendo del todo consciente en sus acciones.
Quería hacérselo justo ahora, en verdad quería y su erección de seguro ya se lo estaba indicando a ella... ¡Pero maldita sea! Cuanto menos él también debía de estar ebrio para que fuese justa la situación, y aun así, sabía que se sentiría culpable. Detestaba que sus pocos valores estuviesen manifestándose ahora por sus malditos traumas.
-Yo también te extrañé, bonita. Y mucho. –Terminó retirando una mano de su cintura para ahora colocarla sobre su mejilla. Pareciendo que ese simple gesto le estaba ayudando a retomar la realidad en la que estaban poco a poco. Aunque su respiración acelerada seguía presente. –Te... traje algo de comer.
Repitió para tener algo de control, aunque tuvo que reprimir la oportunidad de decir que él no era precisamente parte del menú, pero que con gusto se volvería el postre. Porque a los pocos segundos pudo contemplar el gran sonrojo de su chica al percatarse de lo que estaba haciendo, apartándose de golpe y haciéndole lamentarlo en sus adentros.
-Lo... lo sssiento, yo... –Su voz ebria y apenada en conjunto le causaron un cosquilleo en su columna. Siendo un indicador suficiente para él de que unos segundos más y ya no habría podido contenerse. –No puedo... controlarme ahora.
-Descuida, fue un buen recibimiento. –Rió Sans para no delatar lo decepcionado que estaba consigo mismo. –¿Cuánto es que bebiste?
-El alcohol esss lo de menosss. –Frisk se giró dándole la espalda, completamente acalorada. ¿Estaba apenada por su comportamiento, o acaso se había dado cuenta de la erección que le provocó? Tal vez debía decirle que se hiciera responsable... Mierda, no estaba controlándose él tampoco. –A-Aunque huelasss a tabaco, t-tu aroma me...
No terminó la oración, pero tampoco necesitaba que lo hiciera al comprender lo que el viejo ya le había aclarado desde antes. La verdad es que sí la notaba fuera de su normalidad y no precisamente por estar algo ebria. Desde el modo en que se movía con manos y pies eventualmente, hasta el cómo respiraba como si estuviera algo acelerada tras correr un maratón. En verdad necesitaba más sangre o de lo contrario su cuerpo no estaba pudiendo procesar que ya no se encontraba en peligro. Y tal vez eso formaba parte de lo que Flowey le había advertido sobre lo que la maldita bestia consideró "inestable", ya que, aunque fuese alguien incapaz de morir con heridas mortales, el recuperarse de algo como eso le dejaba ciertas secuelas que solo con intervención externa podría mejorar. Y a lo que había podido notar en combate uno a uno con él, a la bestia no le interesaba aquellos tipos que no estaban dispuestos a hacer y resolver todo por su cuenta. Valorando demasiado la capacidad de desarrollarse uno solo, y siendo parte de la razón por la cual lo había reconocido en batalla por atreverse a querer afrontarlo solo y no como todos los demás en conjunto.
No, no quería pensar en eso ahora al molestarle profundamente ese hecho, por lo que se levantó con lentitud a la par que con su magia levantaba el quiché que por suerte no había terminado en desastre en alguna parte. E iba a sugerir un picnic a la luz de la luna en el poco balcón que tenía la habitación, tal y como la otra vez, pero Frisk ya se había dirigido hacia la cocina y no vuelto, por lo que le tocó seguirla y contemplar el descuido que estaba teniendo en muchos detalles pese a tratarse de una chica aseada y ordenada en muchos aspectos.
La verdad es que nunca le había interesado conocer del todo el hogar de los seguidores al no ser sujetos con los cuales uno se pueda conectar del todo, pero sabía cuanto menos que se trataba de un departamento pequeño con todo lo esencial para tratar sus necesidades básicas. Así que era muy sencillo que pareciera algo sucio el lugar si algo no se atendía de inmediato, sin contar que Frisk apenas y parecía ser capaz de caminar con sus dos pies sin tambalearse para dirigirse al fregadero y mojar toda su cara sin importarle la temperatura.
-Lamento que te encuentres así. –Comentó Sans.
-Lamentas que tengas que verme así. –Musitó Frisk con seriedad, sin verle directamente al dejar que algunas gotas que recorrían su cabello cayeran sobre el fregadero primero. Al menos eso parecía ayudarle a despabilarse. –Descuida, yo también lo hago.
-No me refería a eso.
Frisk no comentó nada, pero era claro su desagrado consigo misma si ni siquiera se tomaba la molestia de sentarse en la mesa y preferir todavía el suelo, pero claro, con una botella nueva en mano. Y si tenía que ser sincero, le preocupaba infinitamente que ese fuese el caso. Que el mundo entero se sintiera mal consigo mismo por todo lo que producían y causaban entre ellos le daba igual, pero que su chica lo hiciera era algo que estaba fuera de lugar al grado de que daba miedo. Su novia pasó los días muriendo por dentro y fuera y no había dicho palabra alguna al querer procesar la situación a su cuenta, a su manera como siempre. Debió darse cuenta de eso.
-No fue tu culpa, bonita. –Terminó soltando al ver que lo mejor era ir a lo directo. Poniendo el quiché en la mesa. –No vale la pena que te sigas sintiendo así por esto.
-Fue mi idea. Mis decisiones, mis acciones... Todos estuvieron ahí y murieron varios por lo que yo provoqué, por lo que yo quería ver. –Sans sintió un extraño deja vu con eso, aunque siendo dirigido hacia él mismo esa percepción. –Claro que es mi culpa.
-No puedes esperar a que todos los días salgan buenos si todo implica matar o morir. A veces se gana, a veces se pierde... así es el negocio. –Se sentó a lado suyo, queriendo en verdad consolarla, pero no tardó Frisk en moverse a modo de rechazo. –Por eso no quería que estuvieras en esto. Te advertí que no valía la pena, pero tú insististe en querer estar en esto por mi.
-¿Y por eso estás aquí? –El tono de reproche no le quedaba para nada, atribuyéndole al alcohol ese hecho, aunque podría ser solo una causa también. –¿Vienes a decirme que me aparte de ti de nuevo? ¿A terminarme? ¿A dejarme en la estación sola a ver quién me recoge esta vez?
-No hace falta que te pongas en ese plan.
-¿Entonces qué es lo que quieres?
No se sentía con ánimo de aguantar esa clase de actitud, pero se recordó que estaba para consolarla de algo que seguramente le estaba atormentando más de lo que era capaz de comunicar. Y eso ya era mucho decir. Frisk siempre había mostrado un temple frívolo, indolente y gallardo a su manera que tanto le fascinaba en ella, por lo que saber que tenía que afrontar una derrota de tal impacto seguramente no tenía ni idea de cómo procesarlo en todo este tiempo. Y como buen novio debía de decirle que todo estaría bien, que debía de permanecer la esperanza en ella y esas cosas, pero serían mentiras que ella no quería ni necesitaba del todo. Por supuesto que no había manera de saber si todo estaría bien, de hecho, todo pintaba para ir en picada. Por eso las promesas eran la cosa más burda que alguien pudiera intentar hacer a su percepción.
Pero ser crudo ante alguien que le daba esperanza de que no todo era tan malo, no era algo de lo que se sintiera capaz de hacer. No era como ella en cuanto a eso, pero si había alguien que pudiera entenderle sobre lo que era perder un ser querido y sentirse culpable, era justamente él. Pero Frisk lo había perdido en vida, afrontando una realidad que si bien ya era consciente de eso, procesarlo no era lo mismo por más que lo aceptara. Y ahora que la observaba de ese modo, comenzaba a procesar por qué era que su chica parecía temer a quedarse sola pese a ser alguien tan fuerte, independiente e individualista al grado de no ser alguien que pida ayuda de ningún modo, lanzándose al vacío por cuenta propia. No lo había hecho porque quisiera serlo, sino por supervivencia. Porque no había conocido nada más cuando el mundo entero le falló pese a que ella era de las pocas que genuinamente cuidaba al mundo tal cual era.
-De acuerdo, moléstate todo lo que quieras, pero al menos no sigas mis pasos. –Le quitó la botella de las manos con cuidado por si se lo impedía, pero no fue el caso. –Apestas a alcohol.
-Y tú a tabaco.
-Si, bueno, tampoco la estoy pasando bien. –Le dio un trago a la botella por inercia. Dándose así cuenta de que se trataba de un buen vino. ¿De dónde lo había sacado? –Realmente no sé qué hacer en estos momentos.
-Deberías estar con tu padre.
-Debería estar haciendo muchas cosas, pero la única que me importa por ahora es el ver que mi novia no esté tratando de ahogar sus penas en alcohol fino. –Emitió una sonrisa amarga al momento de dar otro trago. Aparentemente, teniendo su atención por algo que dijo dentro de todo. –A todo esto, ¿de dónde lo sacaste? Esta uva no es fácil de conseguir en estos lares, mucho menos con la ley seca.
-Mettaton me dio una caja. –Escuchar aquello no le gustó para nada, pero se recordó a sí mismo que estaba para calmar las cosas, no al revés. –Se supone que era para ustedes a modo de consuelo o algo así, pero estoy harta de estar así, de sentirme así, no puedo parar de llorar y solo quise que se calmara todo y...
-Y trataste de hacer lo mismo que yo en su momento. –Concluyó Sans con pesar. Sintiendo que de todos los ejemplos que había por tomar, definitivamente él era el peor de todos. –Huir del dolor, ¿cierto?
-¿Cómo le haces para quitar esa sensación?
-No lo haces, solo aprendes a vivir con ello. –Dio otro trago, ahora con conciencia. Tenía que admitir que la maldita hojalata sabía escoger un buen vino. –Yo seguramente habría terminado muerto en mi miseria un día de estos, si no fuera porque te conocí.
-Lo siento.
Sans no supo qué decir en el instante por lo abrupto que había sido eso, pensando detenidamente cuántas veces había pasado que Frisk se disculpara con él, y ciertamente no le llegó ninguna a la mente por ahora con esa clase de impacto. Podía recordar sus gracias, sus aprecios, sus enojos, pero sus disculpas parecían ser más raras ahora que lo pensaba dado que ella siempre parecía ser tan firme en lo que decidía, que no daba cabida a una razón por la cual tuviese que desistir. Y aquello solo lo hizo sentir más incómodo, porque si bien comprendía por qué se estaba sintiendo así, era él quien debía de disculparse de muchas cosas, aun cuando se hubiese molestado con ella. Partiendo de no haberla protegido pese a haber estado ahí, de cómo le había respondido en determinado momento y en dejarla en tal estado y no haber hecho algo para evitarlo.
Ya le habían advertido que mientras más vulnerable se viera para su chica ésta trataría de defenderlo, pero saberlo y tratar de ser cuidadoso a su manera no había sido suficiente. La situación lo sobrepasaba de muchas maneras y no tenía ni idea de cómo sobrellevarlas ahora con semejante carga. ¿Cómo se suponía que sería jefe si ni era capaz de poder mantenerla a salvo? ¿De evitar que sus manos se mancharan? Tenía la sabiduría suficiente para reconocer que era un completo idiota, pero eso no le servía para nada.
-No tienes por qué. –Comentó al no tener más palabras en mente.
-Tantos años extrañándolo, amándolo... queriendo verlo, creyendo que TODA MI VIDA podría resolverse... sólo si ese maldito sujeto de nuevo formaba parte de mi vida. Mi familia. –Frisk le quitó de vuelta la botella y le dio un gran trago. Y que ya no lo hiciera con muecas como antes era una mala señal. –Qué patética fui, ¿verdad?
-Frisk...
-Yo sé que tienes razones para molestarte conmigo en este momento. Los Bunny me tienen recelo por lo mismo. –Pudo visualizar de reojo que comenzaba a soltar lágrimas silenciosas que tal vez ella no era consciente de que lo hacía. –Me lo advertiste tantas veces, pero yo quise verlo por cuenta propia. Y en ello casi matan a tu padre solo porque yo quise ver a quien consideraba el mío, dejé a la deriva a quien tal vez sea la única figura materna que he tenido en mi vida... Dos familias han tratado de apoyarme en esta ciudad y yo se los he pagado descuidando las suyas.
-No, Frisk...
-En verdad creí que podría lograrlo. Recuperar lo que creí que estaba perdido... pero no hay nada por recuperar en algo que jamás existió. Estoy condenada a estar sola y he sido muy necia para poder admitirlo.
-Frisk. –Le quitó la botella, pero no para robar otro trago, sino para que ninguno de los dos siguiera con su respectiva miseria. Alejándola con su magia para no saber siquiera en dónde terminaría. –No estás sola, me tienes a mi, ¿lo olvidas?
-¿Y por cuánto tiempo? ¿Cuánto tardarás en dejarme de nuevo? ¿Cuánto pasará para que no te sirva más? –Verla llorando ante él le partía el alma, pero abrazarla no estaba siendo una opción dado que ella se rehusaba a ser consolada. Poniendo ella sus manos para crear una barrera entre ellos al menor intento. Cosa que solo le frustraba más. –C-creí que tenía un padre y no fue así, creí que me quería y no fue así. Y-yo quería construir un futuro contigo y lo arruiné.
-¡Y ese futuro todavía es posible, idiota! –Exclamó tomándola de los hombros a la fuerza, queriendo sacudirla hasta el grado de querer sacarle todo eso que no venía a cabo con ella, pero eso seguramente solo le afectaría mucho más dado su estado. –Lo siento, no quise llamarte idiota.
No era la primera vez que la contemplaba ebria. En aquella ocasión también había sacado cuestionamientos algo deprimentes de su parte, pero al final había quedado dormida y siendo mucho más sencillo poder controlar la situación. Esta vez, no solo parecía que ya llevaba más de una botella tomada en un mismo día, sino que algo dentro de ella estaba siendo consciente de lo que ocurría y no estaba haciendo algo para evitar el daño que se producía. Eso era mucho peor. Se estaba dejando llevar por el simple hecho de que quería castigarse de algún modo y no sabía como hacerlo, pero además, de algún modo parecía que su alteración estaba siendo presente con tal estado deplorable.
Lo admitía, no tenía ni idea de qué hacer en un momento como ese, considerando que fueron otros quienes tuvieron que lidiar con él mismo cuando llegaba a estar así. No tenía ni idea de como darle consuelo y esperanza a alguien que había cumplido con ese papel desde que llegó a su vida. ¡Qué demonios! Él no tenía idea de cómo manejar esta clase de asuntos, incluso estaba algo aterrado ahora mientras la sostenía de los hombros, contemplando cómo sus lágrimas recorrían sus rojizas mejillas sin parar. ¿Cómo se suponía que podría ayudarle si él era hasta peor en situaciones así? Frisk era quien brindaba firmeza indomable, no él. ¿Por qué tenían que invertirse los roles ahora, justo cuando él no tenía ni idea de cómo manejar todo que tendría que sostener con sus propias manos? Incluso se sentía como un tonto de estar reprochando eso internamente cual niño berrinchudo.
-No voy a negar que me molesté y que tal vez lo siga estando, pero no contigo, bonita... o al menos, no solo contigo. –Terminó admitiendo sabiendo que no llevaría a nada tratar de enmascarar algo como eso. A ella no le gustaban las mentiras después de todo. –Es bastante frustrante que no sea capaz de salvarte conforme tú te adentras cada vez más a esto... pero mucho más que, pese a pedirte que no intentes apartarme así si tú no quieres que lo haga... ¡ahhgg!
Se estaba sintiendo como un estúpido ahora. Por lo que respiró profundo para poder aclarar sus ideas antes de seguir hablando en busca de algo que pudiera tener sentido. Aun así, no encontró algo que pudiera ayudarle apropiadamente, solo más y más preocupación que tuvo que usar a su favor.
-Mis ansias de mantenerte en un rincón, segura, me sobrepasa cada vez más. Pero sé que eso nos llevará a lo mismo por lo que hemos pasado, por lo que ya no sé qué hacer. –Admitió nuevamente, oprimiendo un poco sus manos al grado de arrugar el vestido de su chica. –Lo siento, yo soy el peor para darte consuelo en casos como este. No soy optimista, no soy lo que muchos necesitan en este momento... Eso eres tú, y el que estés así, me aterra para ser sincero y me apena lo mucho que dependí de ti últimamente. Pero pedirte que mejores sería un acto egoísta de mi parte considerando que tienes razones para sentirte mal. Está bien que te sientas mal con todo esto... pero... no permitas que lo estés por siempre, ¿de acuerdo?
Frisk siguió llorando, mas no apartó su mirada ni su contacto, siendo de alguna manera un indicador suficiente para saber que aquella chica que sabía mantenerse recta en cualquier situación, ahí estaba de una u otra forma. Dolida, pero ahí estaba, escuchándole atentamente. Y pese al impulso, no limpió sus lágrimas para dejar en claro sus palabras de que no se contuviera con él. Que pudiera ser ella misma en todos los aspectos, aun cuando él no supiera cómo manejar las situaciones, buscaría el modo de poder hacerlo. Justo como ahora.
-Sans... no logro recordar sus voces. –Tuvo que esperar a que fuese más clara con eso, aunque comprendiera con pena a qué quería llegar con eso. Explicándole finalmente por qué el collar que siempre portaba consigo ahora estaba arrojado en la mesita de noche por lo que pudo ver. –En ese momento en que supe que Dreemurr nunca me consideró una hija, me cuestioné sobre qué habrían hecho ellos en mi lugar... y la verdad... es que ya no sé. No recuerdo cómo eran sus voces, sus risas... ni siquiera recuerdo varias cosas simples ya. No lo entiendo... ¿cómo es que estoy olvidando algo tan importante? ¿En qué momento permití que ya no estuvieran presentes en mi? ¿Acaso se debe a que intenté tomar un ritmo de vida diferente? ¿Ellos me odiarían por olvidarlos?
Sin siquiera pensarlo más, la abrazó inmediatamente al comprender perfectamente y con dolo lo que estaba sucediéndole. Dejando que llorara todo lo que quisiese sobre su hombro que siempre estaría para ella todo el tiempo que necesitara. Sintiéndola moverse con inquietud a la par que se desbordaba en llanto al no poder más, que por más alcoholizada que estuviese ahora, el sentimiento era mucho más grande que cualquier otro factor que le estuviese haciendo exponerse fuera de lo habitual.
Él también se cuestionó alguna vez y con gran culpa, que fuese capaz de olvidar la risa de su madre, algunos detalles que tenía con él conforme más se adentraba a su vida de mafioso. Como si por dedicarse a algo que sin duda alguna su madre vería con horror, fuese el precio a tomar nada favorecedor de ningún modo. Y el que su padre se apropiara de toda fotografía de ella no ayudó para nada, pero sí que lograba recordar las sensaciones que le producía escucharla cantar mientras preparaba la comida, los canturreos que emitía entre cuentos antes de dormir, la calma que emanaba cada vez que tocaba el piano... toda la felicidad infinita que parecía siempre tener consigo, era lo que siempre quedaría, aun cuando olvidase detalles con el tiempo por atreverse a seguir viviendo su vida.
Él no era capaz de poder comprender a Frisk en el tipo de tolerancia que generaba hacia un ser por sobre su propio bienestar, pero parecía formar parte de su capacidad de amar por sobre todas las cosas. A su manera, era profunda en cuanto a eso, aun cuando no lo expresara corporalmente. Vaya, ahora comprendía por qué en todo este tiempo Frisk había actuado con desesperación de poder saber algo sobre su familia, incluyendo el hecho de estar dispuesta a arriesgarse sin medidas con respecto a él. El abandono era algo que realmente le pegaba, pero no era capaz de poder expresarlo al haberse acostumbrado a ese hecho.
Hasta la flor más fuerte con espinas era capaz de derrumbarse con el viento despiadado si perdía sus raíces con las cuales mantenerse firme.
-En italiano hay dos formas distintas para decir "olvidar". –Le susurró al oído con tal de no romper con el abrazo, dejando que siguiera sollozando. –Dimenticare, que habla de sacar de la mente y scordare, que habla de sacar del corazón. Podrás haber olvidado muchas cosas de tus hermanos, bonita, pero no cabe duda de que en tu corazón siempre permanecerán.
-P-pero... ¿qué tal si no fueron como los recuerdo?
-¿Y eso qué importa? Fueron importantes para ti, incluyendo el Gran Don. –Sans reprimió un suspiro de frustración al tener que decir eso, estando dispuesto a poner todo a un lado. Rompiendo un poco el abrazo para contemplarla nuevamente y ser firme en sus palabras. –Prefiero proteger tu corazón que alimentar tu desprecio hacia alguien solo porque yo no tengo una buena opinión de los mismos. El Gran Don, los conejos, Flowey... solo tú eres capaz de amar así porque tienes tus propias experiencias con ellos. Lamento haberlo entendido tan tarde.
La luna por ese instante decidió asomarse entre cortinas, reflejando la mirada carmín cristalizada por la presencia de sus lágrimas. Y por ello una vez más, no pudo evitar pensar en Frisk como una rosa que finalmente se permitía mostrar el rocío que tanto había necesitado, la cual aun así, terminó limpiándose con cuidado.
-Bueno... que estés aquí conmigo ya es algo. –Hipó Frisk un poco entre sollozos. –Llevo días pensando en lo mucho que debes estar odiándome.
-¿Odiar a lo mejor que me ha pasado? Me haría el hombre más tonto del mundo. –Pudo esbozarle una tenue sonrisa cuanto menos junto con sus palabras. Colocando lentamente una mano sobre su mejilla en un instinto protector. –Eres la persona más maravillosa que he conocido y que conoceré en mi vida, Frisk. Aun con el desastre que dejamos a nuestro paso, te elegiré por siempre y para siempre.
-¿Seguro?
-Tan seguro como el hecho de que amo tu comida.
-¿Entonces dices que solo te quedas conmigo por mi dote culinario? –La pregunta le causó gracia, pero no cabía duda de que ella se lo estaba diciendo en serio.
-No, no me refería a eso.
Algo aliviado con eso, volvió a abrazarla al ver que se había relajado un poco tras su llanto, pero también terminó besándola al sentir que ya no había peligro con eso, sin contar que había deseado hacerlo desde que puso un pie en esa casa. Y por lo que notaba en el instante, Frisk también parecía haber querido hacerlo dado su frenesí que lo tomó con sorpresa, dejándose llevar con mucha inquietud al grado de sentir cómo sus manos trataban de explorar más allá de ser un simple abrazo. Le causó gracia ese hecho, pero también lo tomaba con sorpresa tal atrevimiento no tan propio de ella.
-Je... traviesa, no. –Sans le sonrió entre besos, pero inconscientemente (o no) bajando sus manos a su cintura. –No lo creo conveniente por tu situación. Todavía estás muy ebria.
-También tú.
Sans iba a decirle que eso no era cierto dado que aún era capaz de soportar muchas más cantidades que esa, pero al momento de ella sujetar sus manos para hacerla levantar su vestido con su ayuda, desvistiéndose ante él, perdió todo sentido común. ¿Cómo se suponía que debía de mantener la compostura tras eso? Su cerebro se había apagado con semejante y grata sorpresa. Pero tenía que frenarla, ¿cierto? ¿Cierto? ¿Por qué hacerlo? Oh si, porque estaba alcoholizada y por más que fueran pareja sería abusar de ella, ¿cierto? ¿...Cierto?
No logró impedirlo, aunque ciertamente no hizo mucho esfuerzo para seguir evitándolo más tiempo. Su cuerpo parecía haber extrañado demasiado el suyo, dejándose llevar al punto de no importarle que estuviese la ventana abierta, la puerta abierta... podrían haber estado en plena calle en ese momento y tampoco le habría importado demasiado, con tal de poder responder al fuego que estaba resultando su chica en ese preciso momento. Y no estaba seguro de si eso era el alcohol actuando por ella o su instinto salvaje, pero admitía que le estaba gustando demasiado esa picardía inusual. Frisk se estaba moviendo de una manera que no había experimentado antes, razón por la cual había terminado levantándola y colocándola en la mesa al no haber ni paciencia para haberla llevado a la cama, tirando todo al suelo con urgencia y no importándole a ninguno de los dos el posible desastre que estaban dejando en hogar ajeno, en la cual, podrían llegar los verdaderos inquilinos sin aviso previo y tampoco parecía importarles ese posible hecho.
Ya no estaba intentando ser cuidadoso en cada embestida porque no tenía cabida ahora el tener que serlo, y Frisk no mostraba señal alguna de importarle o querer impedirlo. De hecho, parecía que imploraba mucho más de esa rudeza ahora que había colocado una pierna sobre su hombro. Y eso se sentía muy bien, demasiado bien, al grado de que tendría que contenerse para no venirse tan pronto. Pero sus ansias de ella parecía que las había acumulado por más tiempo del que había sido capaz de procesar ahora que se estaba dando cuenta, y algo le decía que Frisk había estado en las mismas por semejante mirada que le lanzaba entre gemidos y que solo hacía que se prendiera mucho más.
Frisk era escandalosa, ¡y dioses, amaba que lo fuera! Que exclamara por más, que le implorara no parar, que se rehusara a que se apartara de su lado al abrazarlo con sus piernas, hacían que estuviera encantado en más de un sentido. Su calidez y suavidad eran exquisitas, pero no se comparaba con verla con tanto deseo, tan necesitada de él al grado de estar a su merced una vez que ganó el control sin mucho esfuerzo. Era hasta poético saber que era el único ser en el planeta que podía contemplarla tan vulnerable, tan urgida, tan entregada, cuando el resto del mundo solo era capaz de ver lo imponente que era cual espíritu indomable. Pero vaya, estaba ahí contemplando mucho más que eso. Frisk le pertenecía, Frisk era suya... y él por supuesto, le pertenecía a ella. No había nada que no quisiera más.
Esta vez no pensó en apartarse para no venirse dentro de ella, cuando de cualquier forma, ella misma se lo impedía al pedir completamente todo de él de modo corporal. No estaba seguro de si se trataba de una falta de conocimiento de su parte o simplemente era por no importarle dada su situación genética, pero le encantaba de que pudiera ser así. No tenía palabras suficientes para poder expresar lo bien que se sentía poder hacerlo, pero vaya que le hacía honor a su nombre "Frisky" en estados como ese.
Teniéndola de mejor humor, terminó convenciéndola sin necesidad de palabras de que fuera a darse un baño para despejarse por completo de todo malestar que aún quedara en ella. Llevándola lentamente de la mano y ayudándole a lavar su cabello con suavidad para poder vigilar de algún modo que se encontrara mejor en su estado, pero no tardó en percatarse de que su chica no había tenido suficiente, terminando arrastrado bajo la regadera sin mucho esfuerzo y mojando su ropa que tuvo que quitarse de inmediato. Bañándose ahora con ella, aunque claro, era un modo de decirlo dado que lo que realmente estaba haciendo era masturbarla bajo la regadera, dejando que el agua fuera un gran apoyo en todo su esplendor. Teniendo que besarla en el proceso para aminorar sus gemidos por si alguien llegaba a la casa sin que ellos se dieran cuenta.
No era queja, por supuesto, pero no le parecía normal que su chica estuviese tan caliente, por más bueno que fuera él para complacerla. Por lo que si formaba parte de su situación alterada, estaba muy dispuesto en poder ayudarle con eso. Aunque algo le decía que esa mirada carmín latente debía de tener algo que ver con su estado actual, no estaba seguro de si debía de ser algo que debiera reportar al viejo. Después de todo, no era quien para saber de su vida sexual, por mucho que seguramente ya se hacía la idea de que la tenía dada su plática del tema que no había necesitado ni pedido.
Tras "bañarse", se dispusieron a comer algo tras todo el alcohol ingerido. Y dado que él no podía vestirse todavía tras quedar toda su ropa mojada, no le importó permanecer así en cuanto solo estuvieran ellos dos en toda la casa y de modo burlón, pero la sorpresa fue que Frisk le hizo segunda sin comentar algo al respecto, fuera de si era algo que le inquietara ante la dinámica no formulada, o si era su modo de estar a mano con una situación que ella misma había provocado. Siendo una muy agradable vista que le sacó una enorme sonrisa conforme recogía el quiché y la fruta que había sido víctima del primer desenfreno. Al menos en su mayoría había quedado en un estado rescatable.
Terminaron improvisando un pequeño picnic en la recámara, sentándose en el suelo con una sábana mientras contemplaban la vista del balcón ahora sí cerrada al igual que la puerta por si en cualquier momento dejaban de tener la casa solo para ellos. Y Sans tenía que reconocer que poder estar así con ella, con tanta libertad y desenvoltura con sus cuerpos expuestos, le era tan placentero como todo lo que hicieron horas antes. Era evidente que Frisk había necesitado esa descarga de energía tras tantas cosas acumuladas atormentándole, pero reconocía que él también lo había necesitado. La había necesitado y lo había dejado muy en claro entre embestidas.
-No entiendo por qué dices que te gusta mucho mi comida. –Comentó Frisk al momento de dar un par de mordiscos a la rebanada que le había servido. –Tú eres capaz de cocinarte adecuadamente.
-Solo sé hacer una que otra cosa por casualidad, no porque realmente quiera hacerlo. –Sans tomó una uva, pero realmente procuraba comer muy poco para que la mayoría fuera ingerida por su chica. Era quien necesitaba de nutrientes con urgencia después de todo. –Además nada se compara con tu sazón.
-La verdad es que de momento se me dificulta mucho poder cocinar. Todo aroma me es muy intenso de momento al grado de que siento todo mezclado. –Se quedó contemplando su rebanada detenidamente antes de decidir terminar en un gran bocado. –Pero me calma tu propio aroma, ¿tiene sentido?
-Bueno, ya me has dicho que te gusta cómo huelo, ¿no? –Intentó aligerar el ambiente, antes de que se tornara tenso de nuevo. Pero al ver que era algo que le preocupaba de alguna manera supo que no podría huir del tema. –La primera vez que te vi en estado salvaje, atacaste a todo aquel que te hacía daño y que quería hacerme daño a mi. Me dio la impresión de que reconocías mi aroma y era por ello que procurabas defenderme, por lo que el viejo tiene la teoría que tu situación es más allá de una alteración neuronal.
-¿Cómo qué?
-Una alteración hormonal. –Colocó unas uvas en una servilleta para tratar de poner los ejemplos mientras contaba lo sucedido. –Se te restringió por mucho tiempo el consumo de carne, como si ello formara parte de tu alteración, pero todo apunta que es más por el aroma que por su consumo, o al menos, Flowey me dijo que parecía que el problema estaba más en la sangre. El hierbajo cree que tu olfato desarrollado es un efecto secundario que no contemplaron quienes te hicieron esto, pero por el modo en que llegas a saber exactamente a quiénes agredir y a quien defender en el comportamiento primitivo, puede deberse a que sabes identificar por medio de ello. Además está el hecho de que al Gran Don le gustan las flores, ¿no? Puede que él sí supiera cómo calmarte desde entonces y tú al ser admiradora de la profesión, inconscientemente te trataste con el mejor remedio de todos hasta que pusiste un pie en la ciudad, donde los aromas son variados y no precisamente agradables.
-Y por eso nadie vio en mí lo anormal que era... hasta que mostré heridas. –Concluyó rápidamente Frisk mientras tomaba la uva que se suponía que era ella en toda esa explicación. –La vez que los salvé por medio del pantano, creí que perdería el conocimiento al estar expuesta al veneno de las mandrágoras, pero el aroma de los alrededores me ayudó a calmarme y pude estar bien tras todo lo demás. ¿Entonces solo necesito eso?
-Tu cuerpo está muy débil, y solo te mantienes por el hecho de que está combatiendo a su manera. No creo que todo se resuelva con un perfume olor a mi.
-Perfumes... creo que Mettaton quería proponerme algo con eso con lo de Coco Chanel. –Que lo pusiera en el tema no le agradó para nada, pero se contuvo. –De hecho tal vez pueda sacar algún provecho para cumplir con lo que tu padre me encomendó.
-¿Te puso una tarea?
-Si, tendré que tratar con sus socios y conseguir nuevos aliados mientras se encuentra en recuperación.
-¿Nuevos aliados? –Cada vez le sonaba peor.
-Si, considera que será necesario. –Tragó la uva que había estado sosteniendo en todo ese momento. –Y será un modo de... poder compensar lo que ocasioné.
-Creo más bien que el viejo se las está ingeniando para dejarme todo en bandeja de plata según él. –Sans soltó una risa amarga mientras se disponía a partir otra rebanada. Ya se imaginaba que algo así pudiera pasar tras todo el discurso final que le había dado en el momento. –Bastante hostigador a su manera. Por no decir metiche y abusivo.
-¿A qué te refieres?
-Para mantener un perfil bajo mientras el viejo se recupera, tomaré el mando de la familia como el nuevo Don Gaster. –Levantó el quiché, mas no le dio mordida alguna. Meditando nuevamente el tema ahora que finalmente lo había expresado en voz alta, aun cuando parte suya había querido evitarlo, como si ello formara parte de aterrizar a una realidad que no le gustaba. –No estoy listo para la responsabilidad.
Maldita sea, decirlo sonaba peor de lo que retumbaba ya en su cráneo. ¿Cómo se suponía que haría semejante cosa? No tenía ni idea de cómo liderar y ciertamente tampoco le había importado tener que hacerlo al ser un destino al que habría dado lo que fuera por mantenerse alejado el mayor tiempo posible. Presentarse formalmente ante cualquier aliado o no era igualmente agotador al saber que se esperaba algo de él, pero ni siquiera era capaz de poder afirmarlo a su propio reflejo como para tratar de indagarlo con alguien más. Y por si fuera poco, era un negocio de poco personal, considerando que Papyrus estaba por casarse y abandonar el apellido, su padre teniendo de hacerse el muerto y afiliados que para ser sinceros, no contaba con su lealtad realmente. Los seguidores eran raros, pero seguían al viejo más que nada sin ser capaces de dar explicaciones, y Muffet apoyaba también por el viejo, dudaba que quisiera seguir haciéndolo estando él al mando.
Mientras se comía su bocado finalmente, Frisk no mostró sorpresa, ni asombro, ni algo por el estilo. Se quedó en silencio, observándole detenidamente como si en ello pudiera haber más información que se estuviera guardando para sí mismo. Y pese a lo decepcionante que fue su reacción, Sans no pudo evitar reírse de la situación para aminorar cualquier posible malestar que pudiera retornarse entre ellos. Su chica sí que era inusual con varias emociones, pero ya no era la ebria llorosa de hace unos momentos, sino la seria y bonita florista de la que se había enamorado. Solo que ahora estaba desnuda ante él... y eso lo hacía todavía mucho mejor, ahora que lo pensaba. Además estaba seguro de que ella sabía el peso que había con tal decisión, por lo que agradecía que no indagara más con eso por ahora. Ni siquiera tenía idea de cómo lidiar con eso a profundidad y tampoco quería hacerlo justo ahora.
-Entonces... ¿para quién estoy trabajando?
-Eres mi novia, no voy a hacer que trabajes para mi, y menos cuando se trata de esto. –Sans dio finalmente un mordisco, llegándole una idea con eso. –Pero como jefe sí puedo impedir y anular lo que sea que te haya pedido. Después de todo, tendremos que fingir que el viejo está muerto para mantenerlo oculto.
-Aun así no creo que puedas despedirme si el contratista es tu padre. –Sans simplemente resopló con ese hecho, la verdad era que no tenía el ánimo de estar teniendo esa coversación. –La ventaja que tienen en Snowdin es la estación del tren, y la de Waterfall es el puerto ¿cierto? ¿Cuál es la de Hotland?
-El comercio y las fábricas, producto de lo que llega del puerto y tren. Y antes de que preguntes, de New Home, solo su fuerte son las inmobiliarias ante el hecho de que la presencia del Gran Don es muy fuerte para que entre algo más.
-Pero él se dedica a productos dañinos, ¿cierto?
-Drogas, sí. Bonita, ¿qué es lo que...?
-Tratando de analizar qué se pudiera hacer, a qué objetivos enfocarnos. –Respondió de inmediato, pero al poco tiempo terminó abrazando sus piernas. –Pero creo que no tengo mucho en mente ahora. No te seré útil de momento, aunque puedo decir que tu presencia me calma y me emociona al mismo tiempo, ¿eso tiene sentido?
Sans le sonrió con ternura. A su manera le estaba diciendo que también le había extrañado mucho.
-Me acabas de quitar mucho estrés hace unos momentos, bonita. –Le sonrió Sans, agradeciendo en sus adentros la oportunidad de poner a un lado el tema. –Aunque creo que mi vida peligra más en tus manos que en la de mis enemigos con esa ferocidad guardada, jeje.
-Entonces haré de tus enemigos mis enemigos. –Oh dioses, esa fiereza abrupta le había prendido de vuelta. ¿Habría alguna faceta suya que no le fuera tan excitante? –Haré que me teman para que te teman a ti.
Quería decirle que nada de eso era necesario al ser él suficiente amenaza para cualquiera y recordarle que lo que menos quería era exponerla para un mismo resultado que solo les hacía sufrir a ambos, pero podía notarlo en su mirada, algo en ella estaba completamente decidida, pero a su vez, una parte de ella fácilmente podría desviarse al mínimo indicio de algo que pudiese ponerla en peligro. Siendo un recordatorio personal de que debía de prestar atención a esa alteración, por mucho que su chica quisiera manejar la situación a su manera no queriendo darle mucha importancia.
-Sans, sé que no puedo ofrecerte mucho. –Para el esqueleto, fue un pésimo modo de iniciar esa oración. – Pero al menos...
-Frisk, me ofreces todo. Mucho más de lo que merezco.
-Déjame terminar.
-No, porque no hace falta.
-No puedo darte hijos. Un legado.
-Lo sé, no me importa.
-Las familias interespecie son ilegales.
-Lo sé, tampoco me importa.
-Pero como jefe de familia, ¿no necesitarás una familia a la cual representar en primer lugar?
-No es algo de lo que necesite pensar de momento. –Resopló un poco, sabiendo que aunque quisiera hacer que lo olvidase, era una batalla que ya la tenía perdida desde el inicio dado que ella no era capaz de soltar un tema una vez lo tuviera en la cabeza. –Además, no necesitas ser mi esposa para considerarte parte de mi familia.
-Pero quiero poder serlo. –Frisk lo había dicho con tono de casualidad, pero con esas simples y firmes palabras, Sans olvidó cómo se respiraba en esos segundos a la par que comenzaba a sentir mucho calor en su cráneo. –Tal vez me hayan arrebatado mucho de mi pasado, pero estoy agradecida que pese a todo, tú seas mi presente. Y dado que también quiero que seas mi futuro... Sans, si logro que pueda ser legal algún día, ¿te c...?
Le tapó la boca rápidamente al grado de que no midió si aquello la había lastimado o no cual manotazo, pero terminó soltando una gran carcajada por todo al grado de desconcertar por completo a Frisk, quien tan solo le observaba algo anonadada cuando tenía razones para reprocharle el atrevimiento tan rudo y apurado de su parte. ¡Esta mujer sí que iba a matarlo de un infarto un día de estos! ¿Por qué no le permitía siquiera poder crear un solo momento apropiadamente romántico? ¡Carajo, que se lo estaba pidiendo desnuda y a la luz de la luna! Tal vez él era el tonto por no darse cuenta de que ese era el mejor escenario que ni sus fantasías se habrían atrevido a imaginar, pero aun así, era necesario por detener.
Era cierto, había cosas por las cuales debía de sentar cabeza finalmente, mas no recordaba cuándo había terminado riendo de esa manera, sintiéndose demasiado feliz pese a tener muchas razones para sentirse lo contrario en ese instante. Pero agradecía que tuviese una por la cual sentirse bien, sentirse con el impulso de querer luchar por un futuro que quería que fuese posible. Y eso era gracias a ella.
Al diablo que fuese el último Gaster sobre la tierra, al diablo lo que otros opinaran, quisieran o no sobre él. Ante él tenía la única cosa que le daba el impulso de cometer las estupideces que le hacían sentirse vivo. Y aquello lo había dejado más que claro ante todo espectador posible, no iba a retractarse jamás. Aun con el temor de poder perderlo todo en cualquier momento.
-Esa pregunta déjamela a mi. –Comentó entre risas que no estaba seguro de si era de nerviosismo o de emoción. Quitando su mano lentamente. –Por favor, déjame algo, ¿quieres? Fuiste tú quien dio paso a que tuviéramos una cita y que saliéramos. Esta me toca a mí y no estoy abierto a negociaciones.
-¿Entonces planeas preguntarmelo?
-No hoy. –Admitió con una enorme sonrisa, pero que aun así Frisk no le agradó del todo dada su impaciencia reflejada en sus labios oprimidos. –Pero creo que tengo una idea.
Se encaminó hacia su saco que todavía tenía tendido en una silla, sacando la cuerda vieja que había retirado del piano viejo como recordatorio de conseguir una nueva. Enrollándola con su magia hasta darle la forma adecuada y teniendo que cortar gran parte de ello al ser demasiado para su objetivo. No era precisamente bonito, siendo que seguramente un buen artesano habría hecho un mejor trabajo que él y con mejores materiales, pero era suficiente. No hacía falta que fuese algo lujoso, sino espontáneo y sincero como ella lo era siempre.
Por un momento dudó si debía hincarse o no con lo que estaba por hacer, siendo seguramente más sus nervios que otra cosa lo que le estaba haciendo cuestionarse eso. Por lo que terminó sentándose de vuelta a lado suyo en la sábana de modo casual, con tal de no verse como un tonto por no ser tan natural como ella.
-Una vez me dijiste que cada vez que estuviera temeroso por algo, diera un paso al frente, ¿recuerdas? –No esperó respuesta de su parte, tomando su mano en el instante, pero soltándola abruptamente al darse cuenta de que era la derecha y maldiciendo en sus adentros por su torpeza mientras ahora tomaba la izquierda. Desconcertando evidentemente a su chica por no ponerse de acuerdo si ese detalle era importante o no con lo que quería hacer. –Pues yo quiero que cada vez que tengas el impulso de lanzarte a algo sin medirte, que veas esto y te detengas.
Sin más le colocó el anillo improvisado en espera de que le quedara bien, pero resultando algo grande de lo que había previsto ante sus manos delgadas y suaves, teniendo que corregirlo en el instante con su magia y con algo de nervios de no lastimarla en el instante por no ser capaz de ser totalmente cuidadoso ahora. Recordando de un modo algo escabroso la vez que había tenido que contemplar cómo su padre le colocaba un anillo a su chica con tal de mantenerse en contacto en la distancia, y siendo él ahora, quien lo hacía con un objetivo mucho más grande y sincero.
-Mi intención no es limitarte, sino el poder cuidarte incluso cuando no estoy tomando tu mano, para que un día de estos, este pueda ser un anillo real. –La miró directamente a los ojos, a lo cual pudo ver la sorpresa reflejada en esos dos rubíes que comenzaban a oscurecerse poco a poco. ¿Eso sería buena señal? –Esta ya no será una lucha individual en la cual esperar poder confiar en el otro para saltar de un edificio, sino una en la que requeriremos trabajar en equipo pase lo que pase de ahora en adelante. Creo... que este es el modo de poder permanecer en acuerdo ambos con lo que queremos hacia el otro.
Entrelazó sus dedos con los de ella al final, queriendo alguna respuesta de su parte, pero aunque separara sus labios definitivamente la había dejado sin palabras de modo sorprendente, cual logro desbloqueado que no sabía que era capaz en primer lugar. Incluso podía ver lo roja que se había puesto tras cada palabra una vez que le había colocado el anillo, mas no se rehusó a nada más tras eso, siendo un indicador suficiente de que no estaba en desacuerdo cuanto menos. Aun así, se confesaba a sí mismo el hecho de estar nervioso de estar haciendo algo así. Realmente nunca se imaginó en su vida que llegaría el momento de querer estar así con alguien, pero no tenía duda de que solo con ella podría ser, aun cuando no llevaran mucho tiempo saliendo, sabía que no habría nadie más en el mundo que pudiera hacerle sentir de esa manera su vida.
-Lo sé, que sea una vieja cuerda de piano no lo hace algo elegante, pero...
-Es perfecto.
Frisk terminó sujetando totalmente su mano al momento de ser capaz de reaccionar ante lo sucedido. Recibiendo una gran sonrisa de alivio de su parte, a la que no dudó en sellar con un beso que no iba a contener más. Sans sabía que no le estaba entregando lo que realmente su chica merecía y más, dado que no era capaz de poder tener la certeza de que todo aquello que se propusiera podría lograrse realmente al haber mucho por lo cual temer, pero también sabía que ella era capaz de comprenderlo, de valorarlo mucho más al entender el peso con el que estaban sus acciones en todo aspecto. Estando finalmente ambos en una misma sintonía de comprensión y cariño que iba acompañado de temor, de incertidumbre y de anhelos.
Ambos sabían lo que era perder, lo que era un error, lo que era quedarse solo a causa propia o de otros. Pero también, sabían lo que era permanecer de pie, lo que era luchar a toda costa, lo que era anhelar cuidar las manos del otro. Finalmente, al desnudo tanto metafóricamente como literal, estaban en sincronía de lo que realmente era su relación, con toda emoción, peligros, causas y consecuencias ante un mundo que no era capaz todavía de poder comprenderlos, pero que no sería la limitante para seguir haciéndolo.
Su amor no era una promesa, sino un pacto con el presente. Por siempre y para siempre, un presente al cual vivir.
-Entonces... –Al momento de romper el beso, la cargó a la par que se levantaba. –¿Secondo turno, mia bella?
-Per favore.
Sans sonrió mientras la llevaba ahora sí a la cama. Dioses, esa mujer lo condenaba mucho más al infierno, pero le permitía conocer el paraíso cada vez que abría las piernas para él. Lo consideraba un trato justo por parte de lo divino.
...
Wingdings tuvo que esperar a que varios en la casa estuviesen dormidos o cuanto menos, lo menos alertas con él con sus cuidados excesivos que tenía que aceptar con tal de no causar cuestionamientos fuera de lugar. Por lo que tuvo que pasar demasiado tiempo para eso considerando que Muffet era quien más alerta permanecía, teniendo que correr a sus arañas de su recámara bajo la excusa de requerir privacidad para descansar. Cosa que no le servía del todo, pero que al menos le respetaba la noche.
Reincorporándose lentamente de su cama, se puso su gabardina con cuidado dado el hecho de que sus brazos aún estaban en proceso de muda con lentitud nada normal. Siendo algo que ya trataría apropiadamente en su respectivo momento, pero por ahora, solo quería salir para despejar su mente. Desapareciendo en el instante para aparecer en el techo del edificio abandonado primero y contemplar la luna junto al plato roto que había dejado Sans tras darle la indicación de pasarle la batuta. Siendo tal vez, uno de los riesgos más grandes que estaría cometiendo por ahora.
Confiaba en su hijo, sí, pero tenía que admitir que realmente darle el cargo era con el objetivo de mantenerlo al margen mientras no fuera capaz de vigilarlo. Sin contar que, en caso de que le pasara algo realmente, cuanto menos habría dejado todo en marcha anticipadamente y con todos los recursos apropiados al poner a la novia a apoyarle con lo que sabía que era capaz de conseguirle y más. Quien a su vez, también la tenía al margen con la misión que le había dado con tal de distraerla de lo que fuera que había tratado de hacer y que casi costaba la vida de todos, pero que ahora tenía su sospecha de a qué iba dirigida la situación que había involucrado a su hijo.
Había tenido que poner todo en marcha con tal de que no fueran ningún impedimento. Con Sans tratando de ser el nuevo jefe, con la florista apoyándole con tal de compensar toda fractura realizada, con la flor parlante buscando cuidarla y con Papyrus lamentablemente viendo por su compromiso, tenía todo lo mayormente cubierto sin que fuesen capaces de prestarle atención. Los siguientes a preparar con ese objetivo eran sus seguidores, pero de momento los necesitaba consigo para obtener su plan en vigor de forma discreta.
Incluso tenía ocupados a sus afiliados que venían siendo el señor Fire y el señor Bunny en busca de las filtraciones de la yakuza. Teniendo todo en marcha menos a Muffet, quien era la más complicada de distraer dado su latente necedad de querer prestarle demasiada atención por encima de cualquier urgencia que quisiera exponerle. Si no encontraba algo pronto, no le quedaría de otra que tener que alejarla de nuevo, más no era algo que quisiera hacer.
Sintiendo que había tomado demasiado aire fresco, a su vez de no querer exponerse demasiado en un punto por más alto y aislado que estuviese, se desapareció de ahí para ahora dirigirse hacia la iglesia por dentro. Sin saber si su acción era una falta de respeto hacia el lugar, mas no importándole realmente ese hecho, aun cuando el sacerdote del lugar había sido testigo de su aparición en el pasillo, viéndolo sobresaltarse un poco por ese hecho y esperando no tener que atender un posible ataque cardiaco tras eso.
-Señor Gaster, no me asuste así, por favor. –El humano dejó de tener su mano sobre su pecho. –Debería de estar descansando en este momento.
-Quise algo de aire fresco. –Respondió de mala gana, sabiendo que la sonrisa que le lanzaba ahora era de silenciosa burla. –Con semejantes encabezados latentes, será mejor que no me deje ver en público por un tiempo.
-Entiendo.
Sin esperar alguna invitación, se sentó en una de las largas butacas mirando lo que parecía un sacrificio humano que, pese a saber su significado, no era algo que pudiera comprender del todo. El sacerdote sin más, se sentó a lado suyo con la suficiente paciencia de esperar a que la conversación la iniciara él, comprendiendo que lo suyo no era una visita casual ni por asomo. Y para ser un humano cuya ideología no compartía, le reconocía su aparente sabiduría para saber ser respetuoso con los monstruos al grado de permitirle estar ahí, aun con todo lo que era realmente. Razón por la cual había decidido presentarse en primer lugar.
-Sacerdote, ¿cuál es su nombre?
-Peter Mattel, mucho gusto.
-Pues bien, señor Mattel, necesito sacar algo que cualquiera podría llamarme loco. –Optó por tratar de sentirse cómodo en su asiento, pero la verdad era que era imposible ante semejante mueble mal hecho. –Y este lugar amerita demasiada discreción, ¿cierto?
-Es correcto.
-Y sabe que si se atreve a decir algo a alguien más, no dudaré en vender sus órganos al más grande pecador que me encuentre, ¿cierto?
-¿Qué es lo que lo atormenta tanto, señor Gaster? –Que se dirigiera a él con esa sonrisa calmada no le gustó para nada, pero supuso que estaba más que aclarado el asunto como para seguir confirmando. –Lo escucho.
Wingdings se le quedó mirando antes de tomar la decisión de poder conversar. La verdad era que no se sentía en total confianza por mucho que lo hubiese meditado, pero por primera vez en mucho tiempo, necesitaba realmente hablar con alguien que fuese más mayor que él para saber si solo estaba entrando en una locura colectiva o si debía de confiar en su propio instinto.
-Creo que pude sentir...No, no creo, sé que fue así. –Se afirmó a sí mismo mientras observaba su mano donde tenía ambas argollas. Oprimiéndola en un puño. –Cuando estuve al borde de la muerte, pude sentir a mi esposa y eso me inquieta.
-Supongo que al estar cerca del más allá...
-No, sacerdote. Es más que eso. –Por un breve momento estuvo por retractarse de seguir ahí, pero se contuvo al recordarse que debía de tener paciencia para explicar esa clase de detalles con alguien ajeno totalmente. Aunque no era una tarea sencilla. –Ustedes los humanos poseen un código único que los identifica, una huella dactilar. Para nosotros los monstruos tenemos la firma mágica, aquello que proviene de nuestra misma magia y que es irrepetible. Es así como puede diferenciarse el fuego mágico de un fuego común. Es así... como puedo distinguir perfectamente qué proviene de la magia de mi esposa por encima de otros.
Sabía que estaba sonando como un loco, pero no podía quitarse de la mente ahora que Sans ya le había sugerido que aquello anormal que había en los seguidores que tanto parecían conocerle, tuviera algo que ver su esposa. Y ahora que pudo sentir su magia, no le cabía duda de que sí había algo que ver por más extraño que pareciera. Razón por la cual tenía la sospecha de que, al Sans tener eso en cuenta, cometiera semejante locura direccionada por la florista. Ya que si bien era alguien impulsiva, imprudente y demás, también era analítica a su manera una vez que tenía información. Algo sabían ese par que no habían querido ni quieren decirle, pero con ello no le estaba cabiendo duda de que algo tenía que ver su mujer dentro de todo. Y si bien le molestaba sus respectivas imprudencias, eran razón para mantenerlos mejor ocupados mientras él se hacía cargo a su manera.
Solo que no tenía idea de dónde iniciar realmente. Los seguidores parecían ser muy selectivos con su magia de forma esporádica que ni ellos mismos eran conscientes del cómo. Si eran producto del señor Sallow, debían de tener algo que pudiera solo él identificar, mas no tenía idea de cómo resolver este enigma todavía. Y creyó que hablarlo, expresarlo en voz alta ayudaría cuanto menos, pero se sentía igual de perdido ahora y eso le molestaba con creces dado que había tenido que recurrir a un humano, por mucho que éste fuese más prudente que muchos otros.
-Adelante, diga que estoy loco. Pero le advierto que podría matarlo si su atrevimiento es grande.
-Al contrario, señor Gaster, creo que finalmente se está permitiendo ser empático. –El sacerdote le esbozó una sincera sonrisa. –Abrir su corazón será lo que pueda darle una verdadera respuesta a su incógnita verdadera.
-Eso suena ridículo en muchos aspectos.
-Tal vez, pero ¿qué pierde con intentarlo? –Wingdings se le quedó observando con molestia, al ver que realmente esperaba que hiciera eso justo ahora. –Veamos, la magia es su huella en el mundo, pero ¿acaso no lo es también su reflejo emocional? Si dice que sintió a su esposa, significa que también podría conectar con ella, ¿no cree?
-Decirme loco habría estado mejor que esto. –Resopló con enfado, pero le llamó la atención que supiera eso. Tal vez aquel amorío juvenil que tuvo le había hecho aprender más de lo que creía sobre monstruos. –Me está pidiendo prácticamente que conecte con el más allá.
-Creí que estaba aquí para formular su idea sobre otra posibilidad más alentadora. –Tuvo que reconocer que le había tomado por sorpresa que le hubiese entendido desde antes aquello que ni siquiera se atrevía del todo a expresar todavía. –Desear poder ver una vez al ser amado no lo hace tonto, señor Gaster, lo hace un ser de este mundo.
-Uno más del montón, ¿eh?
-Uno con sus semejantes. –Le corrigió con confianza.
Por un breve momento se cuestionó si lo mejor era que se retirara de una vez, per algo dentro de ello le hizo querer poder indagar más allá con sus propias ideas, ya que de algún modo el sacerdote quería ayudarle por muy raro que fuera. Le daba la impresión de que solo quería que tratara de conectar consigo mismo sobre su propio malestar o duda que otra cosa, pero a fin de cuentas, ayudarle en algún aspecto con el que no se sintiera del todo loco. Tal vez una consulta con lo divino no estaba siendo del todo satisfactoria para él, pero era lo que le quedaba salvo seres con los cuales hablar al respecto.
Así que se quedó meditando, mirando los vitrales como si en ello pudiera encontrar alguna calma dentro del arte que eran más allá de una simbología que no compartía, pero no encontró nada fuera de estarse sintiendo como un estúpido por dejarse llevar. Tal vez lo que requería realmente era visitar el hospital psiquiátrico.
-¿Cómo se siente, señor Gaster?
-Como un idio... –El sacerdote le lanzó una mirada fugaz de advertencia. –Como un incompetente por creer que algo así pudiera ser posible.
-Creo que está en el lugar correcto para permitirse creer en aquello que no hay necesidad de ver, sino de permitirse amar. –Wingdings resopló, si le pedía rezar, se iría de inmediato. –Usted amó a su esposa, de eso no me cabe duda. Pero también tiene a sus hijos para poder recordarla, ¿no es así?
-Es diferente la situación. Ellos están haciendo su vida y de una u otra forma están por dejarme atrás. Pero supongo que a lo que quiere llegar es que puedo sentirla todavía porque ella vive en mis hijos o algo así, ¿o me equivoco? –Recibió una sonrisa amistosa como respuesta. –Eso lo he tenido presente desde hace tiempo, no hace falta que usted quiera recalcarlo como terapeuta barato.
-Solo quiero que pueda expresarse en todo lo que requiera soltar del tema. Ya que pese a que llevamos unos minutos hablando, aun no me ha dicho realmente lo que quiere decir en voz alta.
-¿Todos los humanos son así de fastidiosos?
-Supongo que solo aquellos que nos agrada su compañía, si para eso va su punto. –Pese al atrevimiento, el sacerdote rió un poco antes de seguir dirigiéndole toda atención. –¿Tiene miedo de que un viejo como yo lo considere loco, o tiene miedo de que usted pueda tener razón en aquello que lo atormenta y lo hace estar aquí?
Wingdings no respondió ni le dirigió la mirada. Le disgustaba que pareciera que podía leerle la mente o algo así. Y para eso ya estaba evitando toparse con los conejos a toda costa, temiendo que pudieran detectar una debilidad suya más allá de que debían formar parte de quienes lo consideraban muerto por el bien de su plan. Cosa que, para ser sincero, no estaba del todo seguro de si era bueno o no. Cuanto menos le estaba otorgando un descanso que no había tenido en mucho tiempo, pero no lo dejaba tranquilo dentro de todo.
Lo sabía sin necesidad de meditarlo mucho. Sans estaba destinado a ser un buen líder, solo que su impulsividad alimentada por su pasión no le ayudaba mucho, cosa en la que le complementaba su nuera de temple frío que pese a que no sabía mantener la boca cerrada en momentos inadecuados, tenía que aceptar que sabía llevar las situaciones a cierto límite favorecedor. No quería que la situación opacara ello en ambos, pero también había sido necesario que tuvieran esa lección. Así que estaba usando a su favor el hecho de tener que encomendarles respectivas tareas para mantenerlos a la raya con sus malestares previos presentes, pero también para impulsarlos a su mejor versión ahora que eran quienes le quedaban a futuro. Solo que, no podía evitar estar nervioso de cualquier forma.
Eran jóvenes después de todo, con mucho por aprender todavía. Pero parecía que habían dado con algo que él no había logrado percatarse antes. Y necesitaba prestar atención a eso ahora, colocándolos a un lado por su propia seguridad dado todo lo ocurrido.
-¡Don Gaster!
Giró abruptamente por inercia, a la par en que el sacerdote hacía lo mismo para ver que quien atravesaba la puerta era el joven Bunny, quien no era muy afortunado que digamos que pudiera encontrarlo. Aunque sus orejas completamente alzadas debían de ser una pista de cómo había logrado dar con él en semejante lugar que nadie sería capaz de relacionarlo ahí.
-Los medios de comunicación lo creen muerto, pero sabía que usted estaría bien. –Comentó el conejo conforme se acercaba a ellos sin permiso. Siendo una descortesía de su parte ya sea sobre su persona, como por el hecho de estar en terreno que no estaba hecho precisamente para monstruos. Pero el sacerdote una vez más no se mostró perturbado por el hecho. –He tratado de localizarlo estos días para avisarle de algo muy importante.
-¿Ya diste con la fuga de la yakuza?
-No, nada de eso. Yo...
-Entonces vuelve cuando cumplas con tu tarea. –Se levantó lentamente de su asiento, dispuesto a retirarse ante el importuno y por no haber sido capaz de poder expresarse. Pero sus piernas se sintieron muy cansadas todavía y parecía que estaba siendo evidente ante el hecho de que el sacerdote se levantó con intención de ayudarle, pero no permitiéndolo por simple orgullo de que alguien mucho mayor se preocupara por su estado. –Si me disculpan...
-Don Gaster, sé que no está pasando un buen momento, pero esto amerita una urgencia mucho más grande. –Comentó el joven Bunny tras dar un paso al frente con insistencia. –Pude ver a mi madre, y si bien necesito de su apoyo para poder recuperarla, ella se esforzó demasiado en poder darle un mensaje importante, más allá de su propia seguridad.
Intentó reincorporarse para responder a la seriedad con la que se estaba dirigiendo hacia él, sin embargo el malestar se lo impidió por completo al tener que recargarse en la silla. No obstante, el peso más grande de todos fueron sin duda sus siguientes palabras. Aquello que incluso hizo que la iglesia resonara lo suficiente para confirmarle el milagro divino que era, para que no tuviese ninguna duda en aquello que no se había atrevido a expresar dada la locura que era, pero siendo mucho más que eso ahora.
-Su esposa está viva.
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**Inserte gritos de emoción aquí, jajajaja**
Esta etapa de mi vida la llamo VIVIR, porque me encuentro recientemente haciendo cosas que mi yo de hace muchos años creyó que solo se quedarían en fantasías que solo mi mente y yo sabríamos. Pero he aquí, aprendiendo a poner límites, planificando el crear un hogar junto a mi esposito, aprendiendo a hacer tatuajes, escribiendo como nunca y yendo a conciertos pese a que me decía a mi misma que no podría nunca al engentarme tan fácil siempre, pero descubriendo que es más el disfrute.
Me regalaron boletos para ver a Twenty One Pilots, así que me apuré a tener este capítulo antes de ir al concierto, pero no lo logré y caí enferma jajajaja, pero he aquí, escribiendo como nunca mientras me encuentro afónica. Y por aniversario de FF, la siguiente semana espero tener listo un capítulo especial que espero que disfruten tanto como yo. ¡Los quiero mucho, y muchas gracias por su hermoso apoyo!
¡Michi fuera!
n.n
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