Cap 128. Hasta que la muerte los separe
-Wingdings... por favor, despierta.
El esqueleto apenas y logró despegar sus cuencas tras escuchar insistentemente a lo lejos una voz bastante reconocible y molesta, lo cual hacerlo a regañadientes fue tan irritante por su presencia, como por el hecho de causarle un gran pesar los efectos del alcohol que tenía todavía consigo. ¿Cuánto había logrado dormir cuanto menos? ¿Quién se creía esa tonta coneja en irrumpir su casa y despertarlo a estas horas...? ¿Qué hora era? ¿En qué momento había terminado en un árbol? Debía de reconocer que había sido sorprendente a su manera que no se hubiera caído de ahí, más allá de haber terminado dormido en zona pública.
-Estás haciendo el ridículo, Wingdings. Baja ya. –Nuevamente le llamó la coneja quien notaba que le veía con un semblante molesto que estaba demás, pero que no le importaba en absoluto. –¿Cuánto bebiste esta vez?
No le respondió. Tan solo intentó bajar con cuidado ante la altura que si bien no estaba tan grande, ante el mareo latente lo fue con creces tras terminar arrastrado con el poder de la gravedad hasta el grado de terminar sentado a la fuerza. La caída había dolido lo suficiente para molestarse mucho más con el hecho de ser despertado. Y por lo que podía notar por el olor a basura, se encontraba en el parque principal de Snowdin que cada vez más estaba peor, pero el cómo había terminado ahí era un misterio que no le interesaba lo suficiente a diferencia de contemplar sus manos que tenían sangre seca. ¿A quién había masacrado esta vez? No lograba recordar los detalles, pero seguramente se lo merecía. Todo humano merecía una muerte indigna al ser los peores seres habitando el mundo.
-Tienes suerte de que te encontré yo y no la policía. –La coneja siguió hablándole, acercándose con un pañuelo para tratar de limpiarlo cuanto menos algo, pero Wingdings la rechazó con un manotazo mal hecho. –¡Agh! Mírate, eres un desastre. Si Ari te viera así...
-Arial no está.
Comentó con enojo, con enfado, con tristeza... con demasiadas cosas en mente que solo le hicieron querer buscar otra botella de inmediato u otra víctima a la cual torturar lo suficiente para sentir cuanto menos que estaba haciendo algo para vengar la muerte de su amada. Porque el simple hecho de saber que no volvería a ver su sonrisa nunca más, su dulce voz que cualquier ruiseñor le envidiaría, su mirada de esmeralda expuesta al sol... simplemente no podía procesarlo. No importaba cuánto le llorara o gritara con furia a los dioses, nada ni nadie se la devolvería por piedad ni sacrificio. No volvería a sentirla al otro lado de su argolla, por más que le rogara mencionando su nombre en todas las formas posibles. Por más que girara el anillo en busca de transmitirle estar asustado de estar sin ella.
No volvería, el amor de su vida no volvería. ¿Para qué vivir si su razón de sobrevivir en la guerra y más no estaba ahí para esperarle?
-Sé que sigues en duelo, yo también la extraño y mucho, pero sé que ella no querría verte así. –Wingdings emitió lo que parecía ser un gruñido, ni él lo sabía del todo. El que le dijera eso de inmediato implicaba que la coneja estaba de chismosa donde no le competía. Razón por la que estaba comenzando a tener el impulso de querer arrancarle esas malditas orejas. –Tus hijos te necesitan más que nadie ahora, y el que termines en este estado con frecuencia...
-Encárgate de tus propios asuntos, coneja. Y deja en paz a mis hijos. –Atajó, sabiendo lo que volvería a decirle. –Atiende a tu propia familia.
-Arial fue una hermana para mi, por lo que atenderlos a ustedes es... como si pudiera ayudarle sin necesidad de que me lo pida. –La coneja volvió a intentar limpiarle la tierra que tenía sobre su camisa, y luego se detuvo al sujetar sus manos y contemplarlas. –Y estoy segura de que si fuera capaz de pedirme algo en este instante, sería detenerte en estas tonterías.
-Y tú deberías de saber que la única razón por la cual no te hago algo ahora, es por respeto a que mi mujer te consideró importante en su vida. –Respondió tras dar otro manotazo para detenerla en su insistencia. Tumbándole finalmente el pañuelo de tela. –Pero eso no te da derecho a meterte en mi vida. Ya no tengo razones para soportarte tampoco.
-Como sea, tus hijos ya desayunaron. Me encargué de que así fuera. –Resopló la coneja con una mirada fulminante. Aguantándose un evidente regaño que tuvo que desquitarlo con la sacudida que le dio a su pedazo de tela, que muy seguramente visualizó golpearlo a él con eso. –Y ya que rechazarás mi ayuda, deberías de darte un baño cuanto menos. Apestas a alcohol y a... eso.
-Sangre humana, dilo como es.
-En verdad me asusta lo cínico que te estás volviendo.
-Si tanto te asusta, ¿por qué insistes en acercarte a mi? Sabes lo que soy ahora.
-Pero tus hijos aún no. Así que estas a tiempo de...
-¿A tiempo de qué? ¿De salvar mi alma? –Se levantó como pudo, tratando de mantenerse lo más sereno posible e ignorar el mareo que aún tenía presente. –Mujer, no seas idiota.
La coneja estaba por reprocharle algo, pero el llamado del otro conejo menos irritante detuvo cualquier intento de mantener una conversación sin rumbo. Lo había conocido en el barco, tratándose de alguien cuyas respectivas esposas intentaron de que fueran amigos ahora que ellas se habían vuelto inseparables, pero fue algo inútil. Ninguno de los dos tenía intensiones de querer conocer al otro, pero cuanto menos, había un respeto silencioso que no había razón de romper en cuanto no se cruzara ciertas líneas. Cuanto menos estaba ese acuerdo que solo entre miradas y uno que otro cabeceo se daban a entender más que suficiente.
Su esposo le decía algo en francés de un modo bastante rápido para que no tratara de captar alguna palabra suya, pero de cualquier forma era algo que no le interesaba, ni por la conversación ni por el idioma en sí. Apenas y se había enfocado en practicar el inglés desde el viaje en conjunto para no tener problemas en territorio nuevo al cual adaptarse, algún otro idioma estaba demás. Pero si había algo por envidiarles, era el hecho de que pudieran conservar su lengua natal entre ellos, teniendo una conversación privada sin olvidar sus raíces. Eso era de las muchas cosas que estaba extrañando con Arial, por mucho que sus hijos fuesen capaces de entender y responder en italiano. No era lo mismo sin haber vivido ahí, sin conocer a profundidad lo que había sido vivir en esos rincones.
Aprovechando que finalmente se pudo quitar de encima a ese par, se teletransportó de regreso a su casa, notando así que sus hijos no estaban tras la nota que le habían dejado en la mesa junto con un desayuno preparado y frío tras quien sabe cuanto tiempo esperándole. Comprendiendo que la impertinente coneja se los había llevado a su casa para asegurarse de no contemplarlo en tan mal estado, cuando el propio Sans ya le había tocado verle así en más de una ocasión y no siendo de su interés sabiendo ese dato ni tampoco el hecho de ya estarlo considerando en entrenar con seriedad. Así que se lavó las manos y se dispuso a comer cuanto menos un par de bocados que le fueron algo insípidos por razones variadas, pero que le encaminaban a terminar recargando los codos sobre la mesa tras sentirse terrible ahora que estaba seguro en su soledad.
Era comida casera y con la intención de ayudarle cuanto menos un poco, pero no era el sabor que buscaba. Aquella sazón de su hogar no la volvería a experimentar jamás, ¿tan solo le esperaba comida recalentada de ahora en adelante? Tenía algunas recetas guardadas que Arial había escrito, pero sabía que nada podría replicar lo que sus manos eran capaces de hacer, ni su cariño que siempre le ponía.
Tumbó el plato al grado de romperlo en alguna pared, lo que hizo percatarse del dibujo que Papyrus le había dejado a la vista del refrigerador para que lo viera, pero terminando rompiéndose él mismo tras notar que el dibujo se trataba de Arial, cuidándolos desde lo que parecía ser un cielo repleto de nubes. Y ver eso solo le hizo levantarse y arrancar el dibujo con enojo. ¿Cómo era posible que su pequeño lo aceptara tan fácil? ¿Acaso sólo él la extrañaba tanto al grado de ser incapaz de poder seguir adelante si ella no estaba? ¿No eran capaces de comprender lo tanto que dolía perder una mitad que jamás podría recuperar? ¿Lo que ella tal vez tuvo que sacrificar para que ellos estuvieran bien?
Sabiendo que estaba solo por quien sabe cuánto tiempo, terminó derrumbándose en el piso de su pequeña cocina, rompiendo en llanto. Sintiéndose culpable una vez más, siendo que tal vez ese sentimiento jamás se iría y que sería la condena que llevaría por lo que le quedaba de vida. Porque no importaba cuánto girara su argolla con insistencia, llamándola de donde sea que estuviera ahora, simplemente nadie respondía, nadie venía. Jamás lo haría porque él no prestó atención a su llamado. Siendo que lo último que recordaría de ella, era que le había transmitido su miedo. Y dejando que ahora el miedo estuviese en él, ante una paternidad que no tenía ni idea de cómo llevar solo.
Y aquello lo había llevado a volver a frecuentar a sus antiguos jefes, quienes pese a que había luchado por que lo viesen como un igual, no cabía duda de que estaba por lejos ese caso todavía.
-¡Wingdings, amigo! –Exclamó el monstruo jefe tras verle llegar a su jardín. –¿Qué tal Snowdin?
-Frío y gris como siempre.
-Si, no creo que eso cambie jamás. –Se rio Dremurr, cortando un par de flores con sumo cuidado. Viéndose bastante extraño que alguien tan grande y fuerte fuese tan delicado con los pétalos al grado de no dañarlos de ningún modo. No cabía duda de que tenía total control de su fuerza si era capaz de esa delicadeza, y eso era más que sorprendente. –Sigo sin entender por qué me pediste esa tierra inservible como paga. Te habría ido mejor trabajando todavía para mi. A menos que... ¿tu intención sea volver?
-En realidad vine por un consejo. –Procuró ser lo más cordial posible con su petición. –¿Dónde se encuentra el señor Sallow?
-Lo tengo en una tarea importante, por lo que ya sabes como és, no saldrá por un rato hasta sentirse satisfecho con su resultado. Pero puedo ayudarte con ese consejo, si mi sabiduría te es útil todavía, jajaja. ¿Qué es? –Por la última pregunta pudo intuir que más que ofrecerle su apoyo, estaba interesado en conocer sus intenciones de presentarse en sus dominios, por mucho que tuviera carta abierta con él. –¿Problemas para organizarte o algo?
-Eso es algo complejo todavía para mi, si debo ser sincero. –Admitió a medias con rapidez, prefiriendo ocultar mejor su verdadero objetivo que visiblemente ya no se daría. Aunque Dreemurr siempre hubiese sido amable con él, había cosas que siempre se sintió en más confianza con Sallow que con cualquier otro. –Después de todo, me encuentro solo de momento.
-Si, pero te recomiendo que justamente por eso no dejes solo tu dominio. Cualquiera querrá quitártelo, aunque sea por diversión. –Dreemurr se sacudió las manos y se puso de pie, siendo notoria la comparación de estaturas entre ellos, aun cuando él mismo ya era alto. –Pero vamos, no seas tramposo, estamos en confianza. No viniste en busca de Omegle para un consejo de dominio.
Wingdings se la pensó por unos segundos antes de terminar aceptando su propia resignación.
-Supe que él perdió a su esposa hace un año. –Intentó verse lo más serio posible con su respuesta, evitando verse vulnerable o romperse nuevamente por mucho que se hubiera despabilado tras el baño que se había dado antes de presentarse. –Quise saber cómo... pudo llevar a cabo eso.
-Entiendo. –La sonrisa del monstruo jefe disminuyó un poco. –Pero no creo que necesites un consejo más allá de lo que ya sabes sobre seguir adelante y esas cosas, ¿no crees? ¿O acaso lo que buscas realmente es un consuelo?
-No, señor. –Comentó con algo de molestia reprimida.
-Bien, porque si le das a entender a otros que estás vulnerable, solo serás una burla para todos.
Aquella vez fue la última vez en mucho tiempo que se presentó en esa mansión, y había sido una lástima que no la hubiese aprovechado cuanto menos en algo, porque tiempo después supo de la muerte del señor Sallow. Y fue así como Wingdings comprendió lo patético que se estaba viendo realmente, razón por la cual se había esmerado desde ese momento en enfocarse en ser una verdadera amenaza para todo aquel que intentara sobrepasar sus límites. Reforzando a sus propios hijos como elementos de única confianza ante un patrimonio que les daría la fuerza para protegerse de un mundo que favorecía a los humanos, y que usarían a los mismos humanos para mantenerse en ese sistema fuera como fuera. Siendo la mejor venganza hasta ahora que podría obtener, hasta que su corazón tuviera la saciedad suficiente de dejar ir ese dolor.
Pero aquello nunca ocurrió, su dolor nunca se fue realmente. Podría ser de mucho temer dentro de los humanos ante rumores que le convenían que estuvieran en incremento a la par que su reputación entre comerciantes de órganos, pero su enojo nunca se fue realmente. Podría haber capacitado a sus hijos para evitar sus errores, para ser más fuertes e inteligentes, pero había sido imposible evitar rasgos que habían heredado de él, cometiendo errores que debieron ser evitados a toda costa y solo terminando en desastres poco convencionales. Todo ese odio, esa tristeza... aun las sentía sin importar que las cosas hubiesen dado un giro inesperado desde la llegada de la florista en sus vidas. Aun cuando ella misma le había dicho que tenía derecho a ser feliz sin importar las circunstancias y consecuencias de sus actos.
Y tal vez, todo eso era porque había tirado la toalla muy pronto.
-Por aquí, señor Gaster.
Wingdings dejó de observar su mano rápidamente, permitiendo que el conejo le guiara tras ponerse de acuerdo a tan temprana hora del día. Ni siquiera había amanecido todavía, pero no iba a dar más tiempo en algo que necesitaba comprobar inmediatamente. Terminando ambos ante la sirena que les contemplaba temerosa antes de abrir el vagón que estaba suelto y en cierto abandono dados los detalles en sus paredes. Tal vez tratándose de mercancía abandonada ante un percance, o simplemente algo en descuido no reportado para cubrirse las espaldas.
Que un par de chamacos que formaban parte de aquel par de estorbos en su vida le dijeran semejante descaro de mal gusto era motivo de querer matarlos inmediatamente, pero la seriedad con la que el conejo le había hablado le decía que por más que supiera que corría riesgo de estar ante él con tal argumento, era porque en efecto él lo creía fervientemente. Se estaba arriesgando ante una desesperación que no podía pasar desapercibida. Así que al momento de decirle que tenían en su resguardo a la criatura marina que había atacado en el debate que no pudo ser dado, y que además le insistía que se trataba de más ni menos que una de las amigas de su mujer que había sido declarada muerta hace muchos años, ordenó que le llevaran ante ello.
Al momento de ingresar pudo contemplar al ser de enormes dientes y mirada fulminante, siendo una extraña depredadora que no se parecía en nada a la Lyra Watterson que le tocó conocer de mala gana. Pero aun así se dejó llevar ante la taciturna actitud que estaba teniendo ante la sirena que le contemplaba con cierto cariño.
-¿Me reconoces? –Preguntó sin más.
Inmediatamente la criatura emitió múltiples sonidos que hicieron que quisiera taparse los oídos de inmediato, pero necesitaba cuanto menos tratar de captar si algo dentro de ese comportamiento había algo normal o algo médico que pudiera atender. Pero no, solo terminó con cierta sordera que le incomodó durante varios minutos que se limitó en aparentar estar analizando la situación, cuando realmente tuvo que contenerse de muchos malestares presentes, entre ellos, la ansiedad que le producía el tener que procesar las noticias que le llegaban de golpe y que no sabía si tomarlas con seriedad o no todavía en cuanto todo le sonara a locura. Además, el par de monstruos más jóvenes que tenía consigo no necesitaban saber cómo estaba, ni nadie más.
Recordaba muy bien a Lyra Watterson. Una sirena extremadamente molesta con sus comentarios nada agraciados contra la autoridad pese a volverse tutor legal de una menor, queriendo promover la vida loca de la soltería eterna pese a los múltiples pretendientes que acumulaba a su paso y siendo un muy mal ejemplo para su esposa, pero a fin de cuentas, siendo una amiga muy querida por ella al grado de frecuentarla muy a menudo junto con la coneja sentimentalista que siempre tenía una observación por hacerle pese a que nadie le pedía su opinión. Si, no le agradaban las amistades de Arial, pero había respetado lo más posible su elección que tal vez las tomaba como lo más cercano a unas hermanas que nunca tuvo. Aun cuando ese par siempre hablaban mal de él indiscutiblemente. Nunca fueron discretas con eso.
Y a pesar de que las palabras no sirvieron para nada, la extraña criatura optó por tratar de garabatear algo con la tierra o polvo que había en el entorno. Dibujando lo que parecían ser un par de mariposas deformes, pero entendiendo el mensaje inmediatamente. Recordaría y reconocería por siempre esa canción que parecía estar teniendo un significado cada vez más fuerte conforme se acercaba a la realidad.
-¿Cómo fue que terminaste en este estado? –Preguntó impulsivamente. –¿Dreemurr te hizo esto?
La criatura asintió inmediatamente, siendo la respuesta a su segunda pregunta, pero acto seguido emitió varios ruidos que finalmente le hicieron taparse los oídos al no poder con su extraña voz que, de alguna manera, parecía ser múltiple. Recordándole inmediatamente a los extraños seres que estuvieron en la mansión del Gran Don aquel día. Enojándole mucho más la situación de saber que las respuestas las estaba teniendo con cierta cercanía cada vez más, pero siendo incapaz de poder verlas al haberse cegado con una venganza que por poco estuvo por terminar con su vida y con la de sus hijos de manera torpe. Aun así, ese maldito se las pagaría de la peor forma posible que se le pudiera ocurrir. Pero por ahora, hacia lo más importante: si la sirena permaneció viva en todo este tiempo, era demasiado probable que en efecto su esposa estuviese con vida. Aunque por lo visto, era muy probable también que la encontrara en un estado similar.
Si no fuera por su estado de salud actual, habría acabado con todo lo que estuviera a su alrededor por solo estarlo pensando.
Intentó en un par de ocasiones más tratar de comunicarse con ella, pero fue en vano. La criatura marina deformada hablaba con desesperación y con extremo ruido imposible de detectar cuanto menos una palabra. También intentó que tratara de escribir en su lugar dada su capacidad de garabatear para hacerse presente de forma pensante, pero fue el mismo resultado, como si le costara trabajo encontrar palabras cada vez que trataba de pensar en las apropiadas por más simples que fueran. Por lo que observó a sus dos acompañantes en busca de que el conejo cuanto menos pudiera escuchar algo que nadie más era capaz, pero en su lugar se topó con el hecho de él estar sufriendo más con los ruidos que tal vez no solo venían del plano físico, pero además, de ver que la sirena no parecía perturbada con semejante conjunto de ruidos. Aquello no podía ser una coincidencia.
-Tu hermana y tú son de linaje puro, ¿cierto? –No esperó respuesta de su parte dada su visible timidez con su presencia. –Dime, sirena, ¿hay posibilidad que dentro de todo ese ruido pudiera estar implicado el sirenio?
-¿Qué? –La joven iluminó brevemente su antena por ese momento, como si una idea finalmente se hubiese asomado en su cerebro de pez. –No lo... había pensado.
-¿Qué es sirenio? –Preguntó el conejo.
-Es un idioma antiguo marítimo, aunque algunos lo consideran más bien primitivo para nuestra especie. –La sirena se giró hacia él con algo de pena de no haberlo pensado antes. –Ya casi no se usa al grado de que se considera casi perdido, aunque... a Lyra le gustaba mantener el conocimiento de nuestra especie aún a flote, razón por la cual conocía conjuros ancestrales.
-¿Como el del perro que no te atacó?
-Si, supongo.
Wingdings se quedó contemplando a la criatura nada uniforme con su anatomía, la cual le devolvía la mirada con insistencia, como si en verdad esperaba que tuviera las respuestas con solo verla. Y si bien había mucho por obtener con ello, empezando con el hecho de que terminó volviéndose un experimento inestable más, habían muchas incógnitas en su comportamiento como para tratar de descifrarlas inmediatamente.
No sabía mucho sobre la magia de elementales fuera de la potencialidad que tenían al involucrar bastante las cuestiones emocionales, cosa que entre monstruos ya se sabía. Pero tal y como lo había dicho la cara de pez, la palabra "primitivo" era la clave en todo esto. Después de todo, tenía un muy claro ejemplo de eso saliendo con su primogénito para pasar desapercibida esa particular coincidencia que se volvía todo menos eso, conforme veía las piezas faltantes de un rompecabezas mental.
Maldita sea, ahora entendía por qué Sans había cometido semejante locura al estar viendo lo que él apenas estaba descubriendo. Ahora entendía por qué la florista una vez más intentó actuar por su parte al tratar de resolver algo que consideraba su responsabilidad indirecta. Ese par de idiotas sin remedio, si tan solo le hubieran dicho la verdad antes... Bueno, seguramente los habría encerrado en un manicomio por las múltiples locuras que estaban cometiendo, así que tal vez esa era razón por la cual optaron por semejante estupidez que casi les costó muchas cosas. Puso eso a un lado por ahora, queriendo enfocarse de nuevo en lo que tenía al frente.
Las sirenas si bien se tratan de seres elementales del agua, su magia venía siendo precisamente sonora. Y por ende, no eran capaces de encantarse entre sí dado que sus orejas de pescado tienen capacidad de impedir que la frecuencia de su canto se prolongue en primer lugar en sí mismos. Y su razón natural de su magia era porque el alimento principal que se les conocía de su especie eran las almas de todo tipo. El último tritón que se supo que se alimentaba de las almas, había sido alguien llamado Leviatán por su gusto particular de los humanos, al grado de que en Roma se intentó promover por todos los medios a su alcance el que lo mataran para purificar todas esas almas devoradas, además de haber sido una verdadera amenaza apenas mencionada en algunos libros dispuestos a contar su historia. Razones más que suficientes para ser una especie temida y vigilada en cuanto estuvieran en tierra firme. Incluso había una especie de registro específico para su especie en cuanto menos en cada nación ante el problema que presentaron históricamente.
Pero también una razón más para creer que su selección no fue una coincidencia pensándolo metódicamente. Después de todo, DT-00X tenía precisamente la peculiaridad de absorber las almas para potencializarse, incluso sin tocarlas directamente. A su vez, la florista tenía capacidad de absorción de todo tipo de cosas aparentemente, aunque aún sin experimentar a qué grado podría llegar y con una resistencia superior en muchos aspectos, tanto física, mental y de alma.
Flora, Fauna, Fae... los tres reinos de la vida tocados en sus manos, ¿había algo que ver en eso? No se imaginaba a Dreemurr pensando en ese detalle de querer explorar resultados diferidos en los tres tipos de reinos, pero sí siendo algo que pudo preguntar e incluso ocurrírsele al mismo Omegle Sallow, aquel fanático de la biología y evolución.
Así que tal vez la intención de Dreemurr provenía específicamente de su interés en las almas de todo tipo, en busca de un poder potencializado en nada más ni menos que en cantidad diferida... ¿aunque de descendencia pura? Eso no sonaba para nada bien, considerando que había dos almas en concreto que parecían sumamente anormales de lo que había conocido en toda su vida matando y por ende, observando todo tipo de almas perecer. La primera alma extraña, justamente parecía estar en manos del mismo Dreemurr a palabras de la flor parlante. Y la segunda era la descendencia de dicha alma en cuestión. Ambas extrañas, ambas siendo una aparente obsesión de su antiguo jefe y socio de su maestro.
Algo dentro de ello estaba tan bien conectado que el hecho de no estarlo viendo inmediatamente le molestaba. Se estaba perdiendo de algo, ¿pero qué? Si tan solo pudiera preguntarles a Sans y Frisk para saber si se podía llegar a una verdad que, por más tétrica que sonara, poder visualizar esperanza o no en ello. Pero lo cierto era que prefería mantenerlos ocupados para su bien tras el desastre que habían provocado, mientras él se encargaría de algo que solo era su asunto realmente. Ya luego vería como manejar bien todo o no, y el como integrarlos a su debido tiempo.
Primero necesitaba confirmar con sus propias cuencas si era posible que su esposa estuviese viva, o solo una locura colectiva que se presentaba como una broma de muy mal gusto. Pero si tenía que reconocer algo dentro de todo, no le parecía normal que, fuera de ser sorpresivo que la sirena pedante estuviese con vida durante todo este tiempo, se estuviese arriesgando a tanto con tal de poder darle la noticia de una u otra forma, al igual que la coneja, que por muy sentimental que fuese, parecía estarse arriesgando demasiado al grado de preferir darle el mensaje en lugar de tratar de estar junto a su familia. Como fuera ese par que nunca le agradó, genuinamente siempre se preocuparon por Arial y de algún modo se estaban esforzando demasiado por que permaneciera así. No era algo para poner a un lado. Después de todo, era la única cosa en la que siempre estuvieron de acuerdo.
Así que sin más, teletransportó a todos como pudo dada la energía que implicaba hacer algo así. Mareándose inmediatamente al grado de estarse por caer si no fuese por el conejo que lo sostuvo con rápido reflejo. ¿Acaso teletransportar a la sirena era como considerar cinco seres en uno solo? Porque así se había sentido.
-No debería de excederse si sigue sintiéndose mal, señor. –No le gustó el tono que implementó al hacerle sentirse viejo con semejante cuidado. Reincorporandose con rapidez para evitar ese malestar, aunque para ser sincero, sí se sentía muy agotado con tan solo usar su magia así. Incluso pudo escuchar el crujido de sus brazos, de nuevo entrando a una muda muy apresurada. –Tal vez debamos dejar esto para...
-No. Sigamos. –Se limitó en poner una mano en su hombro para apoyarse, tratando de aparentar firmeza. Aunque muy seguramente le estaba comunicando lo contrario en su agarre.
Dado que conseguir una alberca era complicado sin poder dar explicaciones que implicara matar a cualquier fisgón, se le ocurrió que la mejor opción era el lago que se encontraba a cierta distancia rumbo a los exteriores de Snowdin que estaban sin poblar a causa de los rieles que dividían al barrio y la naturaleza rumbo a carretera. Aunque decirle lago era demasiado a algo que parecía más un charco grande donde algunos iban a pescar de vez en cuando. Y no había sido mucho el traslado, pero se sintió con mucha pesadez con ello que tuvo que ignorar conforme se quitaba los zapatos, calcetines y el saco. Necesitaba escuchar esa conversación por sí mismo para siquiera poder creer en semejante situación, o de lo contrario castigaría de por vida al par de jóvenes consigo por tratar de jugarle una mala broma.
La extraña criatura y sirena se adentraron al agua con suma facilidad, sumergiéndose con rapidez mientras que él se preparó para nadar un poco antes de disponerse a bucear. Como esqueleto, tenía la capacidad de soportar más tiempo sin oxígeno que muchas otras especies que ansiaban el aliento a los pocos segundos, pero aun así, debía de tener cuidado de no adentrarse demasiado por si su situación de salud le jugaba algo mal y tuviera que depender de otros para salir de esta. Aun cuando la altura a profundidad apenas y le llevaba dos cráneos tocando el inferior con la punta de sus pies.
-W̵̗͝i̸̜̚n̴͔̈́g̶̡͊ď̷͉i̷̞̇n̴̒͜g̵̣͛s̶̩͐.̷̡̕... –No lograba entenderle tanto como creyó que lo haría, pero cuanto menos identificó su nombre dentro de ese sonido ya no incómodo cuanto menos, pero aun así complicado todavía para él. –Ę̴̍s̵̱̆t̵͎̆ő̸̢ ̴̖́ě̸͕s̵̨͆ ̵̫̔a̵̽ͅg̷͔̒u̵̩͂a̷͉͝ ̴̖͛d̵͙̏u̴̚ͅl̵̘̇ċ̶̹e̷̦͋.̴͔̽
-Por favor, Lyra, dínos qué es lo que te pasó. –Interrogó la sirena de inmediato.
-N̵̪̉ǒ̵͇.̶̲̉.̷̘̅.̴͇̿ ̵̯́p̷͙͘o̸̮͐d̵̹̍e̸͝ͅm̶͍̓o̵͓͝s̶̳̾.̴̡̑.̸̢̕.̷̞̌ ̷̬̌M̷̙͆e̵̜̓n̶͎̎t̸̲̓e̸̬̓.̴̧̑.̸͖̊.̶͚̿ ̴̝͝c̷͕̎o̵̖͐n̶̡͝f̴͙͑u̸̘̕ṣ̴͗a̵̳̅.̷̝͛.̸̭͗.̴̻͆
-Dice algo sobre que su mente está confusa. –Le tradujo al aparentemente poder entenderle mejor y se giró de vuelta. –¿A qué te refieres con "podemos"?
-N̶̛̙ó̸̝ś̵̙o̶̭̾t̴̠̓r̴͔̒a̴̢͘ṣ̷̽.̸̝͐.̶̙͝.̶̳̋ ̸̺͋Ṡ̸̘ë̴͙́r̶̡̐.̷̨͘
-¿Entonces eres más que solo Lyra? –Wingdings la sujetó del hombro para indicarle que se apurara con preguntarle la única cosa que realmente quería saber estando ahí aguantando la respiración. –¿La señora Gaster está viva?
-V̶̺̾i̷̮̓v̸̡̓å̴̩.̸̫͛.̴̨̌.̸̥͝ ̸̹̅S̶͉̑ó̷̬͘t̵̫̐a̵̙͠n̸̺̾ŏ̷̜.̷̧̒.̴͕̐.̸̫͒ ̵̘̍
-¡Dice que sí está viva en un sótano!
Inmediatamente nadó hacia arriba para tomar aire al no poder contener más, que aquello fue más por el impacto emocional que por el hecho de necesitar oxígeno inmediato. Sentía su cuerpo temblar pese a estar flotando, pero no era por una regulación climática de golpe ni mucho menos por su estado de salud. Realmente se sentía desapegado ahora de cualquier cosa que le rodeara mientras estuviera viendo el cielo nublado, que sutilmente y ante él, se atrevía a brindarle un rayo de sol finalmente ahora que daba con una verdad. Una que le generó demasiados sentimientos de golpe.
Su enfermera de bella sonrisa, su ángel, su único y verdadero amor. ¿En verdad todo este tiempo... ¿Qué tanto había tenido que pasar para...?
Salió del agua como pudo, viendo que el conejo se acercaba a él con intención de ayudarle pero negándolo por completo con la cordura que le quedaba. Le estaba costando poner en orden sus pensamientos que se le atravesaban al frente con demasiada velocidad conforme trataba de ser consciente de cada uno. Pero todas teniendo presente el hecho de que, siendo que en efecto su esposa estaba viva, significaba que en todo este tiempo la había abandonado al no haber insistido en buscarla en su momento tras haberle sido suficiente evidencia el polvo fuera de su casa. Tan solo se había sumido en su miseria tras haber capturado a los aparentes asesinos, no siendo suficiente con matarlos lentamente y reprimiendo a su familia con tal de evitar perderlos también a ellos.
No la había protegido, la había abandonado. ¡¿Qué demonios había hecho?! Sans había tenido razón, era su culpa que ella no siguiera con ellos. Se había rendido tan pronto con ella, que muy probablemente ella estuviera en una situación similar a la sirena en ese preciso momento. Y si la bestia le había entregado personalmente la argolla... su argolla... ¿Qué demonios había permitido? ¿Qué demonios... había hecho Dreemurr con ella? Todo lo que le pasaba por la mente era peor cada vez. Demasiado por procesar, demasiado para tratar qué era verdad y que no lo había sido. Demasiado para entrar en pánico, pero rehusandose con lo que le quedaba de fuerza para enfocarse en resolver antes que sentir.
Sentir, en efecto en aquel momento la había sentido a través de sus seguidores. No tenía ni idea de cómo, pero definitivamente había sido ella, su calidez, su amabilidad. Tal vez llamándole de que no se rindiera, o tal vez solo siendo el universo impidiéndole morir en cuanto aun tuviera una unión con ella. Como fuera, ahí estaba Arial, en alguna parte. En una situación que tal vez era peor que la muerte, pero que también, podría ser una oportunidad más para salvarla.
Una coneja que no conocía la privacidad de ningún tipo al escuchar más allá de donde debería, una sirena que siempre tenía algo que alegar con magia o no, una esqueleto con capacidad de ver bondad más allá de lo que tenía al frente... Oídos, Boca, Ojos. No podían ser coincidencias. Dreemurr estaba experimentado para crear seres superiores a toda costa y sin importar el precio. Pero que tuvieran tanta cercanía las tres implicaba que era un objetivo específico. Y muy probablemente tenía algo que ver con lo que le había dicho aquella ocasión que se había presentado en su mansión. Queriendo provocarlo ante una pelea que terminó huyendo en manos de su hijo.
Dreemurr solo quería torturarlo con todo aquello que tuviera la suficiente cercanía con él, no le cabía duda. Su sufrimiento solo era algo divertido para él, y su hijo estaba en la lista para que siguiera así. Razón para señalarlo públicamente como su contrincante de un juego que comenzaba a ser absurdo para él. Y siendo el caso, tal vez comprometer a Papyrus con la hija de la líder del sindicato le había salvado la vida para quitarlo de ese sufrimiento, por mucho que se tratara realmente de un error cometido con sus propias manos y del que ahora, no sabía con qué rostro dar frente ante la vergüenza que le provocaba el sufrimiento que había cometido a causa de su propia desesperación.
Su familia había pagado el precio de su error, siendo él mismo la peor condena a quien sea que tuviera a su alrededor.
-No está solo, Don Gaster. –Sorpresivamente notó que el conejo ponía su mano sobre su hombro, cosa que lo sobresaltó un poco a la par que le disgustaba que le hubiese escuchado su alma seguramente. Pero no tanto como el hecho de atreverse a tocarlo con confianza. –Sé que no soy tan ágil como sus hijos, pero estoy aquí para apoyarle. Brindemos la mano el uno al otro para salvar a ambas.
-La agilidad no lo es todo, se requiere pensar en la supervivencia a través de la estrategia y resolución de problemas sin importar el costo. Y tú, eres demasiado sentimental y moralista, además de ser la cabeza de una familia numerosa y necesitada de muchas atenciones. Lo que te hace tener muchas debilidades. –Wingdings se rehusó por un momento en verle de frente, sobre todo por el hecho de que quería evitar seguir comunicando lo tan mal que estaba en muchos aspectos. Pero por más que fuese serio, se trataba de alguien a quien no podía mentirle del todo. Igualito a su madre entrometida y sentimentalista, pero al menos con la prudencia del padre. –Ya tengo el acuerdo contigo de responsabilizarme de ciertos gastos de lo cometido contigo, no hace falta que quieras hacer algo más aparte de la tarea que ya te tengo encomendada como pago.
-No estoy de acuerdo en lo que hacen, voy a reconocerlo. Pero aun así quiero trabajar formalmente para usted, señor. –Finalmente se giró para contemplarlo tras su seriedad, haciendo que le quitara la mano de encima al cruzar miradas. –Me atemoriza la normalidad en que toman sus acciones y en lo que convierten a quienes les rodean, pero también he sido testigo de la fortaleza que surge dentro de ustedes. La vez que los perros atacaron a Frisk y Sans, pude ver cómo se defendieron el uno al otro a toda costa, y permanecieron juntos sin importar el precio a tomar. ¡Y le gritaron a la ciudad entera que no importa cuánto lo intenten, no los separarán porque están dispuestos a seguir haciéndolo! En cuanto yo... tuve a mi madre cerca dos veces, ¡dos veces, y yo no hice nada! Dejé que se la llevaran lejos porque soy un maldito cobarde para todo... pero quiero dejar de serlo. Estoy harto de perder a mi familia que se hace más chica con el tiempo. ¡Necesito ser fuerte para protegerlos!
Wingdings tuvo que reprimir las ganas de resoplar con su argumento. Estos jóvenes y su percepción vaga de sí mismos. Pero era interesante que lo que le hubiese inspirado fuera su hijo y su nuera. Tal vez ese par no se daba cuenta, pero realmente estaban causando un impacto en la ciudad, y eso era de temer como de admirar dependiendo de cómo lograran tomarlo con ventaja.
-Una vez saltaste a las vías del tren para salvar mi vida, y hace unos días te metiste a la zona de peligro con tal de sacar a esta sirena pese a estar presente el Gran Don. Cobarde no es algo que te defina, muchacho, pero torpe puede que sí. –Le comentó inmediatamente, siendo algo que cuanto menos le mantenía cuerdo de tanto pensamiento. –Fuerte ya eres en realidad, he sido testigo de eso. Solo te faltaría entrenamiento. El reclutarte implicaría que sepas tomar un arma cuanto menos y me dejaste en claro la otra vez que no te interesaba.
-Esta vez estoy dispuesto a hacerlo... si me enseña cómo.
-También yo, señor Gaster.
Ambos monstruos se giraron hacia la sirena que había salido del lago en un momento que no pudieron percibir tras la conversación. Y pese a ser alguien visiblemente tímida ante su presencia, esta vez se le contemplaba diferente. Aunque en parte pudiera ser por verla salir de su elemento. Después de todo, las sirenas eran depredadores naturales.
-La bestia de Ebott le hizo esto a mi hermana. Me la arrebató y la convirtió en algo que la mantiene fuera de sí misma, algo que por más que intente... no puedo llegar a ella por completo. –Aparentemente se habían perdido de algo para que estuviese diciéndolo con cierto enojo reflejado en su tono de voz. Y tratándose del tipo de especie que era, eso podría ser peligroso. –Tras tantos años finalmente está aquí y a la vez no. Esto es muy doloroso.
-Shyren, no hace falta que te metas también. Yo puedo hacerlo.
-¡No! No quiero que le haga esto a Bonnie, si es que estamos a tiempo para evitarlo. ¡Y sé que es lo que Lyra quiere! ¡Quiere evitar que sus mejores amigas terminen como ella!
Mientras el par de muchachos alegaban por las decisiones del otro, Wingdings se quedó meditando la situación. Lyra, Bonnie, ese par nunca le agradó, pero sabía ser agradecido. Ellas le brindaron cariño y cuidado a Arial, y aún tras la situación que iba descubriendo, seguían haciéndolo con los recursos que tuvieran y a costa incluso de sus propias vidas. Siendo de alguna manera un pacto latente que tenía que respetar cuanto menos, y eso sería no metiendo a sus respectivas familias en peligros que para él ya no había marcha atrás. Pero también, ambas especies eran un recurso interesante que desaprovecharlo en una situación como esa le haría un tonto. Maldita sea, ahora se percataba lo mucho que se había ablandado recientemente para que eso le estuviese deteniendo.
Contempló a la extraña criatura que asomaba su cabeza fuera del agua. Teniendo unos ojos enormes y fulminantes que paralizarían a cualquiera, pero para él, era una señal suficiente para poder comprenderla en lo que le gustaría realmente o no, aun cuando no fuese capaz de comunicarse apropiadamente nunca más. La sirena se había vuelto lo que era por lo que fuera que Dreemurr hubiera intentado experimentar en ella, pero a diferencia de las otras criaturas que le había tocado presenciar en la mansión, ella se rehusaba a ser obediente. Siendo que incluso le había atacado en cuanto lo vio presentarse, y no muerto aún tras el gran golpe que le había dado. Así que a pesar de los años, ella se mantuvo como la rebelde y molestia andante que siempre fue. Y sin embargo, no podía estar más aliviado con eso por ahora.
Lyra Watterson quería venganza tanto como él. Y en el fondo de lo que aún permanecía de ella, sabía que podría lograrlo con él.
No prestó atención en lo que le estuvieran alegando en el momento ese par, pero tampoco le importó demasiado. Quedándose analizando todavía a la criatura marina que seguía observándole desde su elemento, estando de un modo tranquila, pero también alerta a cualquier movimiento o amenaza que surgiera. En efecto, era una depredadora, y analizando lo que conocía, el elegir a la florista para un objetivo similar coincidía con esa categoría, pero la coneja y su esposa eran totalmente lo opuesto. Esto iba más allá de lo que hacía con las drogas. ¿Qué intención tenía realmente el Gran Don en crear seres alterados? ¿Cuántos seres implicaban cada aparente experimento? Si sus seguidores grises también lo eran en manos de su maestro, significaba que la clave en lo que sea que estuviera pasando la tenía con mucha cercanía y... ¿tal vez podría hacer algo para mejorar la situación? No podía cantar victoria tan pronto en un pensamiento tan vago, pero cuanto menos le daba algo de esperanza al pensar que, en caso de que Arial esté así, tal vez pueda... hacer algo todavía.
Si realmente había dioses contemplándolo en ese momento, era buen momento para pedir misericordia de poder estar a tiempo todavía de salvar a su mujer. Aunque por todo lo que había pasado en su vida, dudaba que fuera el caso. Era imposible que fuese el favorito de alguna deidad a la cual implorar.
-Sans sabe sobre la sirena, ¿cierto?–Comentó finalmente, haciendo que el par dejara de discutir idioteces.
-Sí, él fue quien me dijo de quién se trataba, mas no me explicó el por qué o cómo era que sabía. –Aclaró el conejo con algo de desconcierto. –Solo me dijo que ella era la clave para encontrar a nuestras madres, y estaba en lo cierto. Solo que no hemos podido hablarlo desde entonces, no he podido dar con él en días.
-Eso es porque le tengo una tarea especial que está acaparando su atención, lo suficiente para que no esté pensando en algo más que eso. –Fue por sus cosas para no olvidarlas, sin ponérselas tras seguir completamente mojado. –Les advertiré que no podrán decir nada al respecto sobre mi situación. Para el mundo, estoy muerto y sacaré ventaja de eso mientras Sans encabeza a la familia ahora.
-Entendido. –Respondieron al unísono. Agradeciendo que no hicieran más preguntas con eso.
-Pero eso no significa que los reclutaré. Primero prueben que realmente son capaces cuanto menos con algo tan pequeño como dar con la fuga de la yakuza en Snowdin. Tienen al señor Fire de su parte, así que ya no debería de llevarles tanto tiempo.
-Sobre eso... encontré algo la otra vez que estaba buscando por mi cuenta. –El conejo sacó un cuchillo envuelto en una servilleta de tela vieja, y a lo que podía notar, estaba manchada de sangre. –Pude detectar que estaban reunidos algunos, pero en cuanto quise dar un disparo con la escopeta...
-Se fugaron. –Wingdings tuvo que reprimir un disgusto por su torpeza. Tal vez era una terrible idea considerar reclutarlo.
-Sí, pero en el lugar dejaron ese cuchillo. Parece que discutieron, mas no hubo evidencia de que alguien hubiese muerto.
-Algo que debes saber de la yakuza, es que tienen una filosofía muy extraña en cuanto al honor a costa de su propia vida. –Tomó el cuchillo con el pedazo de tela que le tenía envuelto. Queriendo revisar en la superficie algo que pudiera comunicarle algo más allá, pero fue en vano. Era un simple cuchillo de cocina y ya. –¿Hace cuánto diste con esto?
-El mismo día en que fue el debate. Por la noche.
-¿Y has podido registrar algo más que esto?
-No, parece que toman su distancia con suma precaución.
Eso significaba que la yakuza estaba al tanto de la magia de los conejos, tal vez por el hecho de que tuvieron en sus manos a la mayor de todos ellos. Pero por lo que podía notar con la ausencia de la policía pese a la declaración de su muerte, o su familia estaba más activa de lo que era capaz de percibir o la misma yakuza se estaba encargando de aislarlos como parte de un trato por querer prolongar. Y eso podría ser exasperante, considerando lo extraño que era el líder de ellos, que por más que había tratado de analizar sus movimientos con algún fin, parecía que sabía mantenerse lo bastante aislado para no dejar en claro cuál podría ser su siguiente objetivo. Era demasiado anormal, pero tal vez lo hacía con la total intención de ser complicado de detectar en sus intenciones. Después de todo, se trataba del pupilo del enigmático El Jugador.
Y pensando en ese tema... ¿por qué la yakuza había tenido en sus manos a la coneja si se suponía que había sido secuestrada por la gente del Gran Don? No había podido preguntar al respecto tras varias cosas en urgencia del momento, por lo que dejaría que la florista tuviera la tarea de averiguarlo. Al fin y al cabo, era la más indicada para sacarle algo a ese maldito, por mucho que no le agradara dejarla que estuviese cerca de alguien como él. Tenía pendiente matarlo en alguna oportunidad por haberse atrevido en dejar que abusaran de ella como cualquier mujer de barrio clandestino. Algo que aún se cuestionaba si era necesario o no que Sans se enterara del asunto para mantenerlo alerta, considerando en la balanza el hecho de ser demasiado impulsivo para querer contenerse.
Llevándose el cuchillo y sus cosas, se regresó a su habitación antes de que el tiempo jugara en su contra. Contemplando por un segundo más el sol que le avisaba cuánto tiempo llevaba sin volver desde la plática que tuvo con el sacerdote anoche, pero siendo algo que había querido atender de inmediato para poder creerlo posible o no.
-¿Dónde estuviste toda la noche?
Wingdings tuvo que admitir que se había sobresaltado con eso, como si lo hubiesen atrapado en una mala movida pese a tratarse de su propia habitación, su propia casa y sus propias reglas. Contemplando a Muffet sentada en su cama con sus brazos cruzados y temple preocupado y ojeroso. ¿Acaso le había estado esperando toda la noche? Le disgustaba el hecho de ver que se había atrevido a entrar a su habitación sin su consentimiento, como el hecho de descubrir que estaba en efecto demasiado atenta a cualquier movimiento que haría de ahora en adelante.
¿Qué tendría que hacer con ella ahora? No tenía que pensar demasiado para saber que sería la más afectada en la situación por mucho que no fuese su intención. Vaya molestia que se había provocado.
-¡¿Por qué estás empapado?! –La chica se levantó con evidente preocupación. –¿Qué fue lo que...?
-No es asunto tuyo, Muffet.
-Casi mueres en ese ataque, ¿no te das cuenta que tu salud es prioridad ahora? –Tomó una de sus cobijas a la mano e intentó secarlo con eso, a lo cual rechazó toda ayuda de su parte al estar en verdad molesto con ella. ¿Cómo demonios era que seguía sin entender lo que era la privacidad? –Lo que sea que quieras hacer, puedes pedírmelo a mí que me encargue, no hace falta que te arriesgues a estar peor.
-¿Quieres ayudarme con algo? Encárgate de tus propios asuntos y cuídate tú misma. –Atajó con molestia en incremento, pero acto seguido respiró profundo para intentar calmarse al saber por cuenta propia que, mientras más la rechazaba, más se aferraba por alguna razón. –Repórtate con Sans si quieres hacer algo más.
-¿Con Sans? ¿Por qué con él?
Aquello solo le irritó mucho más mientras dejaba sus cosas en algún rincón de su habitación. ¿Sans seguía sin presentarse como el nuevo jefe entre los demás? ¿Hasta eso tendría que hacer por él? En verdad que la juventud actual no ayudaba a confiarles el futuro por mucho que fuese inevitable hacerlo.
-Da igual, solo no te metas cuando no te inviten a ingresar. Esta es mi casa, mi habitación. Respétala como tal.
-Lo siento, es que yo... me preocupé mucho. Es doloroso verte derrotado, pero aún más, debilitado. –Muffet finalmente dejó de insistir en tratar de secarlo. Pero siguió observándolo con mucho detenimiento. –No puedo aceptar el hecho de saber que pude perderte y yo no...
El sollozo que soltó a continuación, sin poder emitir más palabras, solo le hizo sentirse más incómodo con su presencia. En verdad que no la entendía ni el hecho de cómo había atraído a ese tipo de mujer. Solo estaba haciendo que la tuviera más difícil todavía en cuanto a permitirle formar parte de su familia de alguna manera.
-Descuida, estoy bien. Por eso salí a tomar algo de aire fresco. –Comentó con resignación, en espera de que su respuesta la calmara cuanto menos un poco. –Aunque esté debilitado, es necesario que me mueva de vez en cuando para mi recuperación.
-E-entiendo... Pero eso no explica que te tardaras tanto. –Aunque estuviese soltando lágrima viva, parecía ser firme en su insistencia. Aquello debía de ser algo aprendido de la florista seguramente. –Ni tampoco el hecho de que estuviste más allá de los límites de Snowdin.
-¿Cómo...?
-Tengo ojos en casi todos los rincones del barrio por seguridad en cuanto estés en recuperación. –Que lo mencionara con esa mirada brillante la hizo un poco amenazante por un par de segundos. –Estoy dispuesta a matar de inmediato a cualquiera que intente aprovechar la situación. Pero no tengo ni idea de qué hacer si tú mismo eres quien pareciera traicionar tu propia postura y reglas de resguardo. No es normal en ti, algo te está inquietando.
-Deberías aprovechar esa capacidad de percepción en otra parte.
-Soy muy observadora en lo que realmente me interesa.
-Muffet, por favor, deja de insistir con eso.
-Por poco y mueres, ¿y quieres que finja mis sentimientos contigo? ¿Tienes idea de lo que se siente estar por perder a alguien que...?
No hizo falta que quisiera golpearla o callarla con su insistencia, porque ella misma fue capaz de percatarse de que había metido todas las patas de sus arañas con ese argumento a medio terminar. Agradeciendo que finalmente retrocediera y se apartara lentamente para darle su espacio, aunque lo que realmente quería era que se fuera de su habitación.
-Yo... te traeré el desayuno. –Muffet se giró para que no le viese llorar una vez más, pero era inevitable que no lo notara. –Debes tener hambre.
Francamente no tenía ni idea de qué era lo que le estaba atravesando en la mente de ella tras percatarse de ese detalle, pero cuanto menos pudo dejarlo a solas finalmente. Notando dentro de todo que, la única cosa que parecía movida de su habitación desde su ausencia, había sido precisamente la foto de su esposa que siempre tenía en su mesa de noche. Acompañándole a su costado para ser siempre lo primero ver al despertar y lo último antes de dormir. No parecía que le había lastimado alguna parte del marco, sino tan solo que se había tomado la confianza de tomarlo para contemplarlo de cerca sin necesidad alguna.
Tonta, debió haber aceptado la adopción cuando tuvo la oportunidad. Porque ahora, y sin afán de egolatría, tendría que pensar en el modo de cómo apartarla finalmente, por mucho que aquello pudiera quebrarla totalmente. Porque si seguía con eso pese a su total rechazo constante, significaba que no podría hacer nada más por ella al ser todo un caso perdido.
Por siempre solo tendría ojos para una mujer. Y ni la muerte había logrado separarlos para seguir amándola. Estuviese como estuviese actualmente.
-Aguanta solo un poco más, amore mio. –Susurró a la fotografía. –Ya voy por ti.
...
Aunque fuese cada vez una tarea difícil de lograr, aun así Flowey se esmeraba a su manera de hacer cuanto menos que Frisk comiera algo. Razón por la cual todas las mañanas acudía a visitarla, asegurarse de que estuviese bien dentro de lo que cabía y hacerle compañía el tiempo necesario hasta que ella le pidiera quedarse a solas. Cosa que solo terminaba accediendo por el hecho de no tener idea de qué hacer realmente en situaciones como esa, en la que la humana que tanto protegió por años se perdía a sí misma entre malas decisiones y alteraciones.
Finalmente lo que había querido evitar estaba pasando a través de sus ojos y no tenía modo de frenarlo que no fuese encerrarla en un rincón alejado de todo peligro para conservar lo que quedaba de ella todavía. Cosa que ella no le perdonaría por mucho que fuese por su propio bien. Su alteración genética la estaba manteniendo con vida, pero con el precio de estarse perdiendo a sí misma cada vez más por el modo que reaccionaba en algunos intervalos. Que le gruñera en cada intento de hacer que comiera algo, como si no fuese capaz de reconocerle por el hecho de darle de comer era... algo que le generaba "algo" dentro de él, por decirlo de una manera, ante lo inexplicable que era su situación también cambiante, también preocupante.
No tenía ni idea de lo que le estaba pasando, ni tampoco sabía si debía de ser algo que le contara a alguien ante el hecho de que los únicos que podrían saber qué hacer, eran precisamente sus creadores y quienes quería evitar a toda costa en cuanto le pareciera que lo estaban evaluando aún en distancia. Pero había quienes comenzaban a notarlo y no estaba para correr ciertos riesgos que pudieran meterlo en aprietos. Ya era demasiado que Muffet se diera cuenta de cosas que estaban fuera de su control, aunque ahora al estar demasiado embobada y enfocada en el viejo esqueleto, estaba siendo suficiente distracción para que su enfoque solo estuviera en eso y no en su atención que le brindaba con tal de asegurarse cuanto menos que estuviera bien con todo eso. Aunque fuese algo que le disgustara más que aliviar ciertamente, pero no se detenía a meditarlo tras tener él sus propios problemas.
Estaba la situación de que pese a que el rey pudo verlo, no tuvo intención alguna de pelear específicamente con él o cuanto menos recuperarlo como parte de su propiedad. Tan solo estuvo ahí por la provocación de Frisk y había dejado en claro que sus objetivos eran muchos más grandes que cualquier intento de apelar a algún sentimiento que quedara en él. Esa maldita cabra estaba llevando más allá sus ambiciones que realmente ya no le importaba nada más. Era peor de lo que pensaba y no había podido hacer algo para evitarlo, terminando con una Frisk dolida por dentro y fuera, estando en una situación que ya no le dejará ser la de antes. Y eso le incomodaba, le irritaba, y muchas cosas más que no tenía idea, pero que había algo ahí que le frenaba de muchas cosas. Y lo detestaba, lo odiaba. No podía permitirse ser débil cuando Frisk lo necesitaba más que nunca .
Lo que sí había hablado cuanto menos de algo, era con el viejo esqueleto sobre lo que podría tomarse como medida precavida con su situación con Frisk referente a sus conocimientos de anatomía, pero a lo único que llegaban cada vez era que lo único que les quedaba era usar el extraño medicamento que la tortuga le brindó con el objetivo de ver si aquello la regulaba lo suficiente para atenderla clínicamente, pero era un riesgo tan grande de lo que pudiera pasar que solo acordaron tenerlo en cuenta cuando vieran que no había nada más por hacer.
Gerson Boom, reptil de dudosa reputación. La casa, el dinero, apertura al juicio, ahora la medicina... ¿Qué demonios pretendía lograr con todo lo que les brindaba? ¿Acaso sabía que pasaría algo de todo esto? Era muy difícil poder entenderlo tras ser lo bastante cauteloso en mostrar siquiera alguna emoción de lo que lograba con sus objetivos. Cualquiera podría llamarlo loco o suicida por el modo en que podría estarse arriesgando, pero ese tipo era lo bastante calculador para tener un as bajo la manga que lo salvara de lo que sea que pretendía.
No queriendo pensar demasiado en eso por ahora, extendió sus lianas para llegar al pequeño balcón de la habitación donde Frisk se encontraba, pero una vez que se asomó entre cortinas, para su desgracia, esta vez no estaba sola.
-Oh mierda...
-¡F-Flowey! –No era la primera vez que la veía desnuda, pero aun así ella se tapó con la sábana a la mano, con suma vergüenza ante su presencia que no requería aviso a su perspectiva. –N-no sabía que vendrías hoy.
-¡He estado viniendo todos los días! –Exclamó con enfado con semejante excusa, haciendo que el esqueleto que estaba acostado a lado suyo se despertara ante tal escándalo. Sobre saltándose un poco tras encontrarlo de ese modo y dirigirse hacia él ahora. –Frisk se encuentra en estado delicado... ¡¿Y SE TE OCURRE QUE LO MEJOR ES DESVIRGINARLA, MALDITO IDIOTA?!!
Tal vez era por estar todavía soñoliento, o tal vez porque realmente no tenía modo de reaccionar ante la situación, pero el esqueleto tan solo se encogió de hombros con una tenue sonrisa, pero lo bastante molesta para querer matarlo ahora mismo. Y en verdad lo habría hecho si no fuera porque Frisk se cruzó entre ambos para ser una barrera de lo que seguramente sabía que estaba pensando.
-¡¡Cállate Flowey, no tienen que saberlo todos!! –Genial, ahora Frisk se comenzaba a mostrarse molesta conforme se amarraba la sábana para no tener problemas con el movimiento. –Además no es la primera vez que...
-¿QUÉ? ¡¿Ibas a contarme en algún momento que ya eres sexualmente activa?!
-¡N-no es algo que necesites saber!
-¡Claro que si, idiota! ¿Qué no te advertí de los peligros sobre eso?
-Tú solo me dijiste que todo hombre era un idiota...
-¡¡Exacto!! Y estas con el peor de todos.
-Ammm, tal vez yo deba irme a... –Comenzó a decir el idiota en mención, tratando de tomar su pantalón discretamente con su magia. Pero Flowey se adelantó y lanzó una semilla, perforando la prenda con el fin de dejarla destrozada específicamente donde habría estado su entrepierna. –Ehhh... ok.
-Eso no lo decides tú, sino yo. –Insistió Frisk en ser la barrera entre ambos. Extendiendo incluso sus brazos para abarcar lo más posible, aun cuando aquello no le detendría en matar a ese esqueleto. –Así que solo cálmate y apártate un rato para que podamos vestirnos.
Terminó accediendo a lo primero, al menos por un breve momento. Pero en cuanto a lo segundo, se rehusó por completo en apartarse en cuanto estuviese ese esqueleto con ella y de ese modo.
Jamás dejaría que volviera a estar sola, se apuntó mientras observaba cada movimiento de Sans con odio. No cabía duda de que aquella joven inocente que cuidaba amorosamente sus flores, ya no estaba más por culpa de la presencia del esqueleto desde que dejaba sus sacos en la casa para marcar territorio. Desde el hecho de que se había quedado sin casa y negocio en manos de él, hasta el hecho de ser clasificada como delincuente y asesina con tal de salvar sus huesos, no había algo que pudiera convencerlo realmente de que Frisk tuviera razones para quererlo tanto en su vida. ¿Realmente qué era lo que le hacía defender lo indefendible? Enserio que no lograba entenderlo, pero considerando que Muffet estaba igual con el tema del viejo esqueleto, podía culpar al apellido de que dos mujeres tan capaces estuvieran embobadas con ellos. Y eso le molestaba demasiado, o por lo menos, lo suficiente para percatarse de que le importaba al grado de generarle el sentimiento de molestia en primer lugar.
Y eso le regresaba al punto de agravarse su problema de lo que le estaba generando el estar experimentando sensaciones que se suponía que él era incapaz de tener. Él solo tomaba decisiones basadas en su conocimiento, nada más, no las sentía. Si bien eran cosas esporádicas el cómo le ocurrían, el hecho de poder presentarlas no le parecía algo bueno, por mucho que no tuviera una razón en sí el porqué considerarlo así. Solo era lo suficientemente consciente de que el mejor modo de poder proteger a Frisk era que no le importara tomar decisiones por encima de lo que pudiera importar a otros o no.
-Hey, cuídalo cuanto menos, torpe. –Comentó Flowey al momento de ver que el collar con forma de corazón se cayó de la mesita de noche donde lo había colocado. –Te lo di yo de cumpleaños.
-En realidad lo robaste.
-Da igual cómo lo obtuve. Solo cuídalo o no volveré a darte regalos. –Se lo extendió para que ella lo tomara, mas no se lo colocó tras dedicarse a ver la fotografía que contenía y que ya se sabía de memoria. –Ahora desayuna, te traje una ensalada de frutas.
-Gracias, pero no tengo hambre. –Comentó por lo bajo, sin despegar la mirada del objeto.
-Frisk, no pasemos por esto otra vez.
-Sans hizo que pudiera cenar algo anoche, no hace falta...
Queriendo tomarla desapercibida esta vez, intentó que ingresara algún alimento en su boca por mera inercia, pero en su lugar, terminó reaccionando con agresión dando un manotazo a su liana y gruñendo a la par que mostraba sus dientes. Tumbando así la comida que traía consigo, como el collar que había estado observando. Ciertamente Flowey reconocía que no había sido un buen movimiento, pero ante el hecho de llevar días sin poder lograr que ingiriera algún bocado decentemente, lo que le quedaba era cuanto menos atraparla en alguna sorpresa con tal de tener alguna victoria cuanto menos. Pero siendo un fallo más a su cuidado del que cada vez se quedaba con menos opciones por tomar.
Desde lo sucedido y tras el intento del viejo esqueleto en inyectarle cuanto menos vitaminas, Flowey se había esmerado en lograrlo por su cuenta con tal de mantenerla lo más estable posible. Pero su paciencia era lo que se estaba acabando junto con las opciones de lograr que Frisk retomara su normalidad. Le había quitado nuevamente el consumo de carne ante el hecho de que le había funcionado a la cabra por un largo periodo, pero si la situación seguía así trataría de darle lo que fuera que pudiera generarle algún nutriente cuanto menos. Justo como si se tratase de alimentar a un perro rabioso que llevaba una larga vida sin recibir afecto.
Justo como seguramente la trataron en su momento en soledad y en manos de la bestia mayor.
-¡GRRRRRRRRRR!
-¡Vamos Frisk, intenta comer un poco esta vez! –Exclamó mientras la sujetaba con sus lianas. –Es la fruta que te gusta.
-¡GRRRRAAA!
-Ok, suficiente.
La magia del esqueleto se hizo presente, al igual que su estúpida existencia entre ambos tras haber buscado un pantalón al cual robarles a los seguidores grises. Pero para sorpresa suya (y también con desgracia), contempló cómo Frisk se relajaba con el simple hecho de estar ahí, aparentemente oliendolo al grado de retomar ser ella misma sin percatarse de que había reaccionado con agresión en primer lugar. Pudiendo soltarla ante la intriga de contemplar con su propios ojos el hecho de que, en efecto, el esqueleto cuanto menos le estaba haciendo un solo bien por primera vez en su retorcida vida.
La había convencido de comer lo que había sobrevivido a su manotazo, acompañando todo el proceso entre algunos comentarios que pretendían ser una broma vaga o algo por el estilo, pero pudiendo con ello contemplar su sonrisa una vez más. Esa línea curveada que se había prometido en proteger y evidentemente fallando.
Flowey se mantuvo en silencio en todo ese proceso, dedicándose a observar con cierto aire derrotado que esta vez Sans parecía realmente saber cómo ayudarla, cuando se suponía que él y solo él sabía cómo hacerlo y qué cuidados requería para evitar ciertos inconvenientes, superando por mucho a la cabra atrapada en su propia miseria. Pero ahora, el maldito de Sans le había superado en lo que se suponía que él era bueno, y eso le estaba carcomiendo al grado de solo estar odiando mucho más a ese entrometido de sus vidas que ya no tenía modo de ponerlo a un lado o desaparecerlo. Notando en esa escena que ni siquiera él hacía falta para que las cosas estuviesen tranquilas, cuando irónicamente ese esqueleto era la razón por la cual ella había terminado en ese estado en primer lugar. Simplemente no tenía sentido.
Estando en su esquina sin interrumpir la situación con tal de que Frisk acabara sus alimentos, contempló nuevamente el collar en el suelo. Levantándolo con cuidado para colocarlo de regreso en la mesita que había estado, pero viendo así, que en el cajón entreabierto estaba la daga perteneciente al sujeto que podría tomarse como una leyenda entre muchos, pero que para Frisk, era simplemente algo que no le describía ni tenía vinculación emocional con ello por mucho que formara parte de su historia. Y ahora, se sumaba a eso el collar que tanto cuidó con esmero y nostalgia. Siendo remplazado por algo que tenía en su presente y que le generaba el sentimiento de felicidad, por mucho que no le encontrara sentido a la relación entre ellos.
Además, ¿eso era un alambre lo que envolvía su dedo anular? Eso podría cortarle alguna circulación, dañarla en un descuido o algo. ¿Por qué carajos portaba eso como si fuera...?
Oh.
-¿Te sientes lista para salir pronto? –Preguntó Sans tras haberse asegurado finalmente que Frisk comiera todo, con una paciencia que debía de reconocer que había sido adecuada.
-No, por lo menos no hoy. Todavía me mareo con facilidad.
-Entiendo, entonces vendremos mañana. –Le tomó por sorpresa que lo incluyera en la conversación. Por un momento había pensado que se habían olvidado de él. –¿Verdad, margarita?
-Margarita tu cul...
-Bien, nos vemos mañana, bonita. –Interrumpió Sans tras cargar su maceta sin permiso. –Trata de relajarte.
Sin aviso alguno lo teletransportó con él, pero en vez de contemplar la casa de los esqueletos, para sorpresa suya se encontraban en alguna parte de la calle cercana a donde estuvo alguna vez la floristería y dulce hogar. Flowey ni siquiera se dignó en preguntar qué demonios quería ahora decirle para que se estuviera tomando tal precaución.
-Sé que me desprecias y que tienes razones para considerar seguir haciéndolo. –Las palabras de Sans no se hicieron esperar. –Pero quiero que sepas que tú a mi ya no me disgustas.
-¿Y eso a mí qué?
-Bueno, Frisk te aprecia como nadie en el mundo, y muy probablemente eres lo más cercano que tiene en este momento como una familia de años. –Que le hiciera esa observación le causó el suficiente interés para girarse cuanto menos un poco para indicar que tenía su atención. –Es por eso que quiero estar en buenos términos contigo pese a todo lo pasado.
-¿Y te parece buena forma de hacerlo, acostándote con la humana que he protegido todo este tiempo? –Flowey extendió sus lianas, estando listo en transformarlas en espinas dependiendo de lo que se atreviera a decirle a continuación. Intuyendo realmente a lo que quería llegar con eso y no agradándole para nada tras ver el intento de anillo. –Sabía que eres un idiota, pero no creí que podrías serlo mucho más.
-Me imagino que no fue una buena escena para ti. –Que lo dijera con una sonrisa solo avivó sus ganas de matarlo.
-No, no lo es.
Finalmente lo apresó con sus lianas y lo azotó con fuerza hacia la pared más cercana que vino siendo un callejón sin salida. Estirándose para estar a su altura. En verdad quería matarlo ahora mismo, le haría un favor al mundo entero borrando un ser tan despreciable como él... pero Frisk no se lo perdonaría. Cuánto odiaba eso.
-Haces que se adentre al peligro arrastrándola a tu maldito mundo criminal, la expones a lo peor de lo peor pese a advertirte que sería el infierno para ella, haces que se manche las manos por ti al grado de volverla una asesina como tú, aun cuando admites admirarle la buena persona que siempre ha intentado ser. Y ahora, la llevas a la vida sexual pese a que su situación es cada vez peor de lo que yo ya te había advertido. –Argumentó Flowey ante la oportunidad de estar solos y con muchas cosas acumuladas tras todo lo que había tenido que observar. –Ni siquiera es capaz de ponerse de pie sin darse cuenta, actuando como un animal salvaje. Y tú de calenturiento abusaste de la situación.
-No fue así, yo no...
-Tal vez tú ya no tengas una mala percepción de mi a lo que dices, pero eso no significa que deba yo hacerlo contigo. Porque a lo que a mi me concierne, eres lo peor que le ha pasado a Frisk. Aun cuando la cabra mayor esté en esa lista. –Oprimió mucho más sus lianas conforme soltaba sus palabras. Contemplando que el esqueleto no se estaba defendiendo, aunque tampoco le estaba dado oportunidad de hacerlo. –Si te quedara algo de decencia en ese cráneo tuyo, te habrías apartado cuando te lo dije, pero no cabe duda de que eres un egoísta que obtendrá todo lo que quiera hasta hartarse de ella.
-De acuerdo... digamos que tienes tus razones... para creer que es así. –Apenas y el esqueleto podía respirar. De hecho, en cualquier momento podría romperle las costillas si así lo quisiera. –Excepto lo último. Ella... lo es todo para mi.
-Tienes un modo retorcido de demostrarlo.
-Hablando de retorcer... je...
-¡Eres lo peor de lo peor! ¡Basura! ¡La miseria andante! ¡Un maldito bastardo! –Lo agitó contra el muro con cada exclamación. Queriendo realmente romperlo como huevo sobre una sartén pese a la atención que podría generar con tal escándalo. –¿Por qué haces que todo cambie en ella? ¿Por qué sigues insistiendo en quedarte a su lado con todo lo que eres?
-Porque... la amo.
-Si fuera así, dejarías de condenarla cada vez que respiras cerca de ella. Tu presencia le hace mucho mal, ¡¿por qué no entiendes siquiera eso?! Voy a perderla por tu culpa, no puedo... ¡NO PUEDO PERMITIR ESO!
Terminó azotando brutalmente la pared con él, siendo que sus lianas absorbieron la mayor parte del daño tras generar que parte de algunos ladrillos cayeran tras ello y escuchando uno que otro grito de susto tras el escándalo que había provocado de la nada. Y nada de ello le importaba como el hecho de sentir cómo una gota había aterrizado en su boca. Y por un breve momento pensó que había generado alguna fuga de agua tras su golpe, pero por la mirada que el esqueleto le lanzó pese a tenerlo adolorido con todo, le indicó que era algo mucho más grave. Soltándolo finalmente.
No, no... eso no estaba bien. Se suponía que era imposible que algo así le pasara. ¡No era posible que hubiese soltado una lágrima! ¡Eso no era posible en él!
-Para ser alguien que no tiene emociones... eres muy bueno para reflejar el más básico de todos. –Comentó Sans tras poco a poco recuperarse de toda acción, aunque visiblemente adolorido de sus costillas. –El miedo.
-No tengo idea de lo que hablas.
-¿Desde cuándo?
-¡Que no tengo idea de lo que hablas!
-Tu mentira me dice todo lo contrario, hierbajo. Te acabo de ver llorar.
-No soy como tú, idiota. –Se giró para que no le siguiera viendo así.
-Yo tengo miedo constantemente. Miedo a perder a mi familia, a cometer errores una y otra vez, miedo a quedarme solo... Todo eso son cosas que también son mi motivación para mejorar pese a que mi estupidez siempre me alcanza. –El esqueleto se incorporó para dar un paso al frente hacia él, pero Flowey con más razón se giró para rechazarlo totalmente. Pensado con seriedad el retirarse mejor. –Frisk no es la única que está mostrando cambios en su alteración, también tú, ¿cierto? ¿Desde cuándo?
No respondió de ningún modo, rehusándose por completo a aceptar lo sucedido y esperando de alguna manera que el esqueleto lo olvidara por más tonto que sonara eso. Él mismo quería olvidarlo y el mejor modo era no dándole importancia.
-Deja de irte por las ramas y dilo de una vez. –Prefirió retomar el otro tema por mucho que le causara malestar. Por ahora era lo más seguro. –Pero te advierto que mi respuesta es no. No cuentas con mi bendición ni nunca será así.
-No iba a decir eso. –De reojo pudo notar que Sans se mostró perplejo ante su cambio de conversación tras todo lo ocurrido, pero para suerte suya, parecía entenderle la indirecta. –Pero tengo anotado que tendré que hablar de eso contigo en algún otro momento.
-¡Aggh! Cuanto menos debiste darle algo de valor, no esa basura. –Esta vez lo dijo de un modo literal tras girarse en un arrebato y el esqueleto no estaba para contradecirlo. Realmente parecía una cuerda oxidada que podría lastimarle en cualquier momento, al igual que el tipo que se lo dio. –¿Qué no como traficante de órganos ganas más dinero?
-Fue algo improvisado en el calor del momento. Además, no sé si existirá la posibilidad de que pueda darle uno con el objetivo real.
-O sea que le diste algo tan vacío como tu cabeza. –Las ganas de querer matarlo volvieron, pero tuvo que contenerse una vez más. Al menos, eso le había ayudado a calmarse rápidamente de lo otro. –Frisk no es alguien que le dé valor monetario a las cosas porque simplemente no tiene la percepción ni avaricia sobre eso, pero sí es alguien que tiene muy en cuenta el peso de las acciones y las memorias que ello conlleva. Tal vez eso hizo que le gustara tu artesanía barata, pero también puede hacer el efecto contrario si una sola vez se te ocurre meter el peor hueso de toda tu maldita existencia. Y eso es una traición.
-Antes muerto que hacer eso.
-Créeme que me aseguraré de que así sea.
Sans tan solo rió con su comentario, sentándose por el hecho de estar adolorido y aparentemente también para dejar de verlo desde arriba ahora que no lo estaba sosteniendo. En verdad que no lograba entender qué tan tonto pudiera ser ese tipo, tomándose las cosas con gracia en los peores momentos, aun cuando pudiese implicar su muerte. En cambio Frisk, era totalmente opuesta a eso, incluso tomándose las cosas con una seriedad algo exagerada de su parte, pero lo prefería cuanto menos a la burla constante contra la muerte. Al menos así podría creerle cuanto menos un poco que podría tomarse en serio el bienestar de Frisk, pero nada de lo que le dijera o hiciera podría demostrarle eso.
-He visto cómo te importa que Frisk le dé valor al collar que contiene la fotografía de sus hermanos. –Parecía que Sans quería hacer plática todavía con el tema de joyería. –¿Qué es lo que sabes de ellos para que te importe?
-Solo que fueron un par de imbéciles que la dejaron sola con una gran amenaza. Eso es todo. –Atajó con prisa antes de darle algún espacio de comprensión en su cabeza que contenía bastante espacio para tener alguna idea, por lo que no iba a arriesgarse a eso. –El recuerdo de ellos es algo importante para ella que siempre la mantuvo a la raya de lo bueno y lo malo. No quiero que pierda eso, por mucho que ya haya cambiado actualmente.
-Cambios. Me parece que ese tema es complejo para ti, ¿eh? –Flowey no dudó en lanzarle una mirada de odio como advertencia. –De acuerdo, de acuerdo, no quieres hablar al respecto. Pero verás, yo también estoy en proceso de cambios justo ahora. Soy el nuevo jefe de la familia Gaster.
Aquello no le sorprendió, siendo un tanto evidente que pasaría dada la situación sin necesidad de analizarlo demasiado. Por lo que se mantuvo lo más taciturno posible hasta que supiera a qué demonios quería llegar con eso.
-Y tal como me lo has dejado en claro varias veces en este mismo día, soy un idiota. Y ser jefe de una familia que está a nada de dejar de serlo es una mierda total. –El esqueleto rió con su propio comentario, pero aun así Flowey no hizo gesto alguno. –Dentro de poco mi hermano se casará y perderá el apellido a causa de un contrato irrompible, la niña de circo no querrá apoyar una vez que sepa que soy quien está al mando y los seguidores quién sabe qué es lo que tienen en mente a futuro. Razón por la cual Frisk está pensando seriamente en conseguir alianzas. Y ya que ni tú ni yo somos capaces de detenerla una vez que tiene algo en mente, y teniendo que estar yo atento a otras cosas por obligación... Me veo en la necesidad de hacer algunas contrataciones. Y creo que puedo darte una oferta que no serás capaz de rechazar.
-Quieres contratarme como un guardaespaldas de ella. –Intuyó finalmente. La situación le causó algo de gracia para ser sincero. –Es lo que siempre hago, idiota, eso no es una oferta de trabajo.
-Lo es si yo te doy permiso de matar de ser necesario. Incluso si a Frisk no le parece la idea.
Flowey soltó una aguda carcajada con ello. Semejante intento de jefe desesperado estaba por presenciarse. Mas les valía mejor a los Gaster rendirse si el primer intento de mandato de su parte era tratar de convencerlo a él tras haberlos visto desnudos y haberlo estado azotando hace tan solo minutos atrás. Así que si había cuanto menos una cosa neutra de hablar por él, por más burda que fuese a su vez, era que tenía agallas para afrontar ciertas cosas por el simple hecho de su torpeza. Aun cuando ello era lo que lo llevaba a la muerte en más de una ocasión y era parte de lo que lo volvía un total idiota.
-No necesito tu permiso para saber qué es lo mejor o no. –Finalmente respondió. –Yo hago lo que me plazca.
-Pudiste matar a cualquiera en aquella situación que nos sacaron del juicio, pero no lo hiciste porque a ella no le agrada que así se resuelvan las cosas. Te importa su opinión, lo que pueda percibir de ti, tal y como a sus fallecidos hermanos. –Ahora al esqueleto le tocó sonreír, cosa que a Flowey le disgustó que hubiese captado ese detalle por un descuido que no pudo prever a tiempo. –Así que mi oferta es que toda aquella vez que requieras matar con tal de mantenerla a salvo, puedes decir que yo soy quien te lo ordenó, dejándome a mí esa responsabilidad y culpa. Mis manos serán por siempre las que se manchen en todo esto porque tomarás el cargo que yo tuve. El asesino de la familia Gaster, pero mejorado.
-Halagarme no hará que las cosas te salgan bien. –Bufó inmediatamente. –Ya hemos hecho tratos antes y siempre eres el primero en romperlos. No eres alguien de compromisos de ningún tipo. De hecho, eso me hace detestar más tu intento de anillo.
-Pero al final siempre requieres mi apoyo, ¿no, lagrimitas? –Flowey gruñó por lo bajo. ¿Desde cuándo el maldito tenía demasiada confianza en sí mismo? –Por mi parte siempre he desconfiado de ti, pero al igual que tú conmigo, termino acudiendo a ti por información o protección para Frisk. Creo que estamos a liana-mano en esto.
-Agghhh...
-¿Qué dices? –Insistió el esqueleto, tendiendo su mano ante él. –Sería un ganar-ganar para ti de una u otra forma.
Flowey lo miró con desprecio, pero cuestionandose seriamente que rehusarse a ello podría implicar que el esqueleto hablara de lo que había visto dentro de su arrebato, o lo interrogara con otros oídos más atentos y más inteligentes. No podía permitirlo. Y estaba seguro de que el esqueleto era consciente de eso para que tuviese esa seguridad de negociar con él. Así que terminó extendiendo una liana para estrecharla en su mano, asegurándose cuanto menos de volver a hacer el mayor daño posible con eso. Porque en sus adentros, detestaba demasiado el hecho de tener que aceptar que por mucho que él siempre sería el mayor guardián de Frisk, había alguien más ahora que lograba llegar a ella de un modo que probablemente nadie más podría.
Así que trataría de hacerlo ver mal con esa ventaja dada. Solo por el hecho de no soportarlo.
***
Tuve que esperar a las vacaciones de semana santa para poder escribir, así que lamento la ausencia nuevamente. El siguiente que subiré será el capítulo especial como regalo por el aniversario de Flapper Florist (que fue en febrero, pero ya saben como van mis tiempos laborales a veces x.x), así que espero que lo disfruten tanto como yo el escribirlo.
Los quiero mucho, y muchas gracias por la paciencia y cariño.
**Inserte teorías locas aquí**
PD. Muchas gracias a Lilac Blommie por su donativo en ko-fi. Me motiva a seguir adelante con el sueño de publicar mis libros. n/////n
¡Michi fuera!
n.n
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