Cap 25. Lo que se cocina
La tensión que habitaba en el departamento era de lo más atroz para la flor encorvada desde su maceta. Desde que se había desaparecido el esqueleto junto con Frisk no habían empleado palabra alguna el uno al otro, y si bien era algo bueno que no le comentara nada, no le generaba confianza su mismo silencio ante él.
El esqueleto alto tras varios minutos de espera, se había levantado y dirigido hacia la cocina para revisar qué ingredientes tenían en el refrigerador. Sabía que debía decirle que no tenía que tomar esa confianza en casa ajena, pero siendo el caso de ese mafioso en particular sabía que nada de lo que le dijera sería conveniente.
-¿QUÉ ACASO LA HUMANA NO TIENE NADA DE PASTA? –Exclamó un tanto disgustado mientras volvía a revisar una de las repisas por tercera vez consecutiva.
-No suele preparar cosas con pasta. –Dijo Flowey con voz baja, pero lo suficiente para que le escuchara.
-NI HABLAR... TENDRÉ QUE PREPARAR OTRA COSA ENTONCES. –Suspiró con cierta resignación y cerró la repisa. –HARÉ LO QUE LA HUMANA QUISO HACER EN UN PRINCIPIO, AUNQUE SIGO PENSANDO QUE NO QUEDA CON EL PAN.
Se regresó al pequeño comedor y dejó su saco y sombrero en una de las sillas con cuidado. Remangándose la camisa, estiró sus huesos y puso manos a la obra en una cocina que no le correspondía. Flowey lo dejó hacer lo que le placiera si con ello no iba a generar un problema, pero estuvo atento en silencio de cada movimiento suyo en cautela de que no le pusiera algo indebido que atentara la vida de la florista. Tenía la tregua con el otro esqueleto dada la extraña razón de que le interesaba el bienestar de la humana, pero nada le garantizaba que no fuese a hacer algo malo el menor de la familia Gaster.
Además, no estaba del todo seguro de si seguiría con la tregua si se había llevado a Frisk en un acto tan espontáneo. ¿Acaso la interrogaría para dar con el tipo? No era necesario si él mismo había sido testigo de tal brutalidad, él mismo lo mataría en cuanto le viese de nuevo, al igual que a Sans si se atrevía a hacerle algo malo. El menor de los esqueletos también se había mostrado molesto con tal acto repentino, mas no le dio tanta importancia, casi como si lo hubiera previsto.
Fuera lo que fuera, por ahora sólo le quedaba confiar en que la tregua seguía y que sólo había sido una reacción de disgusto. De lo contrario... tendría que ver otras alternativas ante el problema que ahora estaba presentando.
-ESTE HORNO ES MUY VIEJO, NO ENTIENDO CÓMO ES QUE SE SIGUE USANDO. –Se quejó Papyrus mientras lo revisaba antes de meter el producto ya preparado. Con su magia había hecho las cosas con mayor facilidad. –Y SUS CUCHILLOS NO ESTÁN NADA AFILADOS, NO SIRVEN COMO DEBERÍAN.
-Nadie te pidió que cocinaras. –Susurró Flowey para sí mismo, pero la mirada furtiva del mafioso indicó que le había escuchado.
-EN CUANTO VUELVAN SEGURAMENTE TENDRÁN HAMBRE, LO MEJOR ES ADELANTARSE A ESO. –Comentó sin más y prendió el horno para calentarlo. –TU DEBERÍAS DE HACER ALGO ÚTIL EN VEZ DE OPINAR, Y NO SER UN SIMPLE CENTRO DE MESA MORIBUNDO.
Flowey le iba a reprochar que él no tenía ningún derecho de decirle qué hacer si esa era su casa, y que por lo contrario, él no debería de agarrar cosas que no son suyas, pero una vez más prefirió mantenerse en silencio y sin hacer nada que peligrara la situación ya incómoda para todos. El mafioso sonriente y Frisk habían desaparecido desde hace un buen rato y comenzaba a incomodarle ese hecho. ¿Qué estarán haciendo? ¿Por qué tardaban tanto?
En cuanto estuvo listo el horno, Papyrus metió el producto y lo cerró con cuidado. Tomó dos vasos para servirlos con agua y los llevó consigo al comedor, donde le puso uno a la flor para sorpresa suya y se puso frente a él mientras tomaba del suyo. Extrañado con esa repentina amabilidad de su parte, Flowey optó por no tomar nada de ese vaso mientras lo observaba dar el trago más largo visto.
-DADO QUE AUN NO VIENE ESE PAR, IRÉ AL GRANO, DT-00X. –Comentó con un semblante serio dirigido hacia la flor una vez que soltó el vaso vacío. – ¿PORQUÉ ESTÁS CON LA HUMANA?
Eso era lo que temía Flowey en un principio. Si bien el comediante sabía mantener todo en secreto por sus propios intereses, el otro era mucho más impulsivo al grado de tornarse peligroso. Era algo que había experimentado de primera mano y no era nada grato recordarlo.
-Soy su único y mejor amigo. –Dijo sin querer dar más detalles.
-ESO ME LO DEJÓ CLARO LA HUMANA, PERO ESO NO EXPLICA EL PORQUÉ TÚ ESTAS CON ELLA. –Con un dedo puso a girar el vaso constantemente mientras le seguía observando amenazadoramente. –CUANDO SE NOS CONTRATÓ ESA VEZ PARA TU CAPTURA, SE NOS ACLARÓ QUE TÚ NO TENÍAS EMOCIONES ANTE LA AUSENCIA DE ALMA. ERES UNA VIDA ARTIFICIAL CON EL ÚNICO OBJETIVO DE SER UN ARMA DE DESTRUCCIÓN MASIVA.
El silencio nuevamente gobernó por unos cuantos minutos mientras se observaban el uno al otro. Al no obtener una respuesta inmediata, Papyrus dejó de mover rítmicamente el vaso y se recargó en la mesa, como si con ello pudiere verse más amenazador.
-LA HUMANA NO SABE LO QUE ERES ¿CIERTO?
-No hay necesidad de que lo sepa.
-CONSIDERANDO EL HECHO DE QUE LE PROVOCASTE ESAS HERIDAS, NO OPINO LO MISMO. –Recalcó manteniendo su semblante pese al desconcierto de la planta. –HE SIDO TESTIGO DE LO QUE ERES CAPAZ DE HACER, ME ES EVIDENTE QUE FUISTE TÚ CON TUS ESPINAS. PERO SI NO SON PROFUNDAS, ESO IMPLICA QUE TU MISMO TE DETUVISTE CON TAL DE NO LASTIMARLA, ASÍ QUE... ESO ME HACE QUERER SABER, SI TÚ NO PUEDES SENTIR NADA POR NADIE ¿QUÉ TIENE DE ESPECIAL PARA QUE TE COMPORTES CON ELLA?
-¿Consideras malo que pueda elegir mi vida? –Argumentó enderezándose para dejar de mostrarse indefenso.
-ERES UN EXPERIMENTO ¿QUÉ VIDA PUEDES TENER ADEMÁS DE LA RAZÓN DE CUMPLIR CON TU OBJETIVO?
-A mi modo de ver las cosas, sólo cambié mi propósito. –Por primera vez en toda la plática sonrió, mas no de satisfacción ni alegría, sino con un deje de burla existencial. –Todos en este mundo son unos idiotas y deberían dejar de existir por eso, pero sólo ella merece vivir pese a su evidente torpeza. Aquellos que no opinen lo mismo, serán los primeros en que yo aniquile.
-Y ESO ME REGRESA A MI PREGUNTA ¿PORQUÉ ELLA?
La pregunta exasperante que soltó el esqueleto le hizo cuestionar algo a la flor. Ya se le había hecho extraño que quisiera ser también un "conocido" con la humana tras ver el trato que tenía con el otro estorbo, y si bien la había secuestrado para cumplir ese hecho, las cosas no habían salido bien para ambos pese a que no había pasado a mayores al final. Sabía lo mortífero que era el esqueleto frente a él al ser su especialidad los ataques a distancia de tal forma de no dar escapatoria a su objetivo en la mira, pero si le era extraño que cuestionara más sobre porqué darle tanta importancia a la humana que sobre su propia razón de haberse escapado y permanecer con ella.
¿Acaso buscaba una razón para no considerarla una amenaza? Un asesino tan peligroso como él... ¿preguntando qué tenía de especial la humana para tanta consideración? No sabía si lo hacía por su hermano o por mera curiosidad, pero sí que le disgustaba ese hecho. ¿Por qué no los dejaban en paz? No cabía duda de que Frisk atraía puros problemas a este paso.
-Yo tengo mis propias razones con ella, no tengo porqué compartirlas. –Dijo sin más, esperando no provocar una masacre por su comentario. –Si piensas devolverme con la loca, entonces yo...
-SANS Y YO NO TENEMOS EN MENTE SIQUIERA REPORTAR QUE TE HEMOS ENCONTRADO. –Interrumpió el mafioso gruñendo por lo bajo. –HACE TIEMPO QUE NOS CONTRATARON PARA CAPTURARTE Y CUMPLIMOS EN ESE MOMENTO. QUE TE HAYAS VUELTO A ESCAPAR ES PROBLEMA DE ELLOS Y NO DE NOSOTROS. PERO SI RESULTAS SER UNA AMENAZA PARA NUESTRO TERRENO, ES AHÍ DONDE TOMAREMOS CARTAS EN EL ASUNTO.
-En cuanto dejen a Frisk en paz, no presentaré un inconveniente para ustedes. –Aclaró Flowey sereno, mientras veía una posibilidad de acuerdo con él. –Lo único que queremos es una vida tranquila, pero por culpa de tu hermano no ha sido así. ¿Por qué insiste en verla?
-ÉL SÓLO DICE QUE ES PORQUE LE AGRADA. –Suspiró hastiado con ello. A él también le disgustaba ese hecho, y más cuando justamente los habían abandonado ahí sin decir nada. –PERO A MI ME DA LA IMPRESIÓN DE QUE SI LE INTERESA EN UN ÁMBITO MÁS... ÍNTIMO DE LO QUE QUISIERA ADMITIR.
Flowey gruñó sumamente molesto con eso, él ya se había hecho esa idea en un principio ante tantas prendas que dejaba o su coquetería nada grata, pero que alguien más pensara en esa posibilidad le era de lo más irritante. Si era justamente eso, al diablo la tregua y él mismo lo mataría por siquiera pensarlo. Y dado el disgusto del mafioso alto, no era el único que pensaba eso.
-ME PREOCUPA QUE TU HUMANA LO ESTÉ SEDUCIENDO. SI TRATA DE ABUSAR O APROVECHARSE DE MI HERMANO, JURO QUE...
Mientras hacía unos movimientos raros indicando que lastimaría a la humana, Flowey ahogó una risa de burla con esa idea. ¿Frisk seduciendo? Si ella ni sabía cómo pedir la hora a un extraño. ¿Qué no se daba cuenta que era su hermano quien le estaba coqueteando a ella? Algo que le generaba confianza era el hecho de que la joven no le daba importancia a ese comportamiento suyo, aunque podría deberse a su falta experiencia en convivios de esa forma. Mientras la florista no mostrara ningún interés, no era algo que le preocupara del todo, aunque si le generara un gran malestar de antemano al grado de querer matarlo por su atrevimiento.
Pero si la estaba protegiendo ante una posible amenaza, lo mejor era que se contuviera mientras analizaba otras opciones más favorecedoras. Era mejor tenerlo como aliado que como enemigo, por mucho que odiara la situación.
-TENGO OTRA PREGUNTA PARA TI. ¿PORQUÉ LA HUMANA TE DICE CON ESE RIDÍCULO NOMBRE? –Preguntó una vez que se tranquilizó de sus gestos. – ¿SABE ELLA QUE TU VERDADERO NOMBRE ES DT-00X?
-Para empezar, eso ni siquiera es un nombre. –Aclaró sin darle verdadera importancia, mientras observaba su reflejo en el vaso intacto frente a él, en el cual podía contemplar con disgusto la ausencia de sus pétalos. –Cuando me encontró me preguntó cómo me llamaba y yo simplemente dejé que me llamara como quisiera.
-PUES SÍ QUE ES MALA CON LOS NOMBRES ENTONCES. –Rió un poco con ese hecho, aligerando la tensión que había reinado en el comedor. –QUE NUNCA TENGA HIJOS, O LOS MISMOS SUFRIRÁN POR ESO.
-Nunca los tendrá.
Antes de que siguiera hablando el esqueleto extrañado con tal firmeza, el humo saliente del horno hizo presencia en la casa de tal grado que lo alertó y saltó corriendo hacia la cocina. Mientras Flowey simplemente lo dejaba con lo suyo, aprovechó para estirar sus lianas y revisar en los bolsillos del saco colgado para asegurarse de que no tuviera alguna artimaña con la cual dañar a Frisk cuando ésta regresara. Con prisa tentó las cosas tratando de adivinarlas sin sacarlas por cautela, pero únicamente sintió algunas monedas sueltas, una cartera ¿Y un salero? No estaba muy seguro de eso último, pero se sentía como uno. Retiró sus lianas rápidamente y siguió como si nada mientras el mafioso se acercaba con el quiché chamuscado.
-NO PASA NADA, AUN PUEDE COMERSE. –Sonrió satisfecho mientras lo ponía con cuidado sobre la mesa junto con el primer trapo que encontró, el cual era el que usaba Frisk para limpiar las superficies de la cocina. –AHORA A ESPERAR A QUE SE ENFRÍE.
-Ya se tardaron demasiado...
-NO ME SORPRENDE, SANS SIEMPRE ES UN DESCONSIDERADO. –Gruñó en respuesta mientras volvía a sentarse y observaba la ventana grande que daba la sala. –HERMANOS... SON UN FASTIDIO.
Flowey se quedó unos segundos observando al esqueleto contemplando la poca vista que daba la ventana hacia el exterior. Dada la poca altura en la que se encontraban, tan sólo podían apreciar el edificio de enfrente que destacaba por su desgaste con el pasar de los años y pocos cuidados. Las luminarias del exterior comenzaban a encenderse tras el primer avistamiento del cielo nocturno sobre el lugar.
-Si... –Susurró para sí mismo mirando el ventanal también. –Un fastidio...
...
Waterfall tenía una belleza particular como ninguna otra a comparación del resto de las zonas de la ciudad. Sin embargo, el clima húmedo era una de las múltiples razones por las que Grillby detestaba visitar tal lugar, por lo que estar conduciendo entre sus calles no le era del todo grato.
Tras tanto papeleo que tuvo que organizar con tal de hacer muy bien sus jugadas, finalmente se había dado el tiempo de continuar con la investigación que tanto le encargaba su amigo. No le había sido nada complicado dar con el único proveedor de la bebida alcohólica oriental conocida como "sake", pero para su desagrado había tenido que ir en persona al rehusarse a tratar todo por vía telefónica. Era en extremo sospechoso que no se tuviera mucha información al respecto, pero tal parecía que todo estaba en regla acorde a productos extranjeros dentro de la ciudad. Se formulaba centenares de razones por las que pudiera ser todo manejado "debajo de la mesa", pero si quería dar con datos más precisos, estaba resignado a tener que ir por su propia cuenta. Más le valía a su esquelético amigo agradecerle muy bien por todo lo que estaba haciendo por él, ya que por andar con la investigación no había podido cumplir con su labor como tutor de su sobrina como quisiera.
Observando por fin que había dado con el lugar exacto, estacionó a una cuadra su vehículo y tomó su maletín de piel para llevárselo consigo. Una vez en el exterior, se lamentó a si mismo de haberse dejado llevar en los planes de Sans. El aire marítimo era de lo más incómodo pese a no estar cerca de la costa, pero comenzó a andar antes de que se arrepintiera más.
Dada la poca luz del lugar y por andar divagando en sus pensamientos, no se percató de la figura que estaba cercano suyo y terminó chocando contra ello torpemente. Terminó sujetándole de los hombros para que no se lastimara más.
-Oh, lo siento.
Pese a estar cabizbaja y con sombrero corto, la voz melodiosa le indicaba que se trataba de una chica joven. Aunque gracias a su cuerpo luminoso pudo ver la piel lila de su mano que sujetaba su brazo suavemente en su torpeza.
-Descuide. –Dijo sin importancia.
Continuó caminando sin problema alguno queriendo ignorar la incómoda humedad del lugar. Por los seres que entraban y salían del local, le daba a entender que se trataba de una licorería prestigiosa si los clientes mostraban ser de perfiles altos. No obstante, Grillby se mantuvo en una postura neutral en sus pasos mientras se acomodaba su saco en el camino hacia la puerta de cristal. Su papel en ese momento era el de un exitoso empresario en busca de crecer su negocio nocturno
Para su disgusto de su ya de por si mal día, el que atendía tras la barra era un humano de mediana edad tras sus canas notorias en su cabello negro. Aunque sus brazos fornidos apretados con un traje que no era de su talla debían de alertarlo, le llamaba más la atención sus ojos alargados que le indicaban que se trataba de ascendencia extranjera.
Aunque no lo admitiera públicamente, los humanos le eran en extremo arrogantes tras posicionarse a sí mismos en la cima de todas las especies existentes del planeta, por lo mismo había impedido el paso de ellos en su bar a modo vengativo. Los monstruos estaban condenados a un perfil bajo que los orientaba a adentrarse en el bajo mundo con tal de poder sobrevivir que no fuera por ámbitos de entretenimiento o esclavitud.
Él había terminado en esos pasos tras la misma desesperación de muchos, pero se había prometido que Fuku no pasaría por lo mismo.
-¿En qué puedo servirle? –La voz del humano destacaba en amargura hacia su persona, lo que hacía conjunto con su mirada entrecerrada de desprecio dirigido hacia él. –La hora de los monstruos está cerca de llegar a su fin.
Grillby simplemente sonrió mientras se dirigía hacia la barra, aunque internamente estaba molesto con ese comentario. En muchas zonas de la ciudad establecían ciertos horarios a los monstruos para entrar a ciertos establecimientos a modo de "controlar" el hecho de ser despreciables a vista de algunos humanos. Si bien no todos aplicaban lo mismo y simplemente restringían acceso a ciertas especies, Waterfall era conocido por ser más fiel a ese estúpido reglamento. Cosa que con menos razón le daba ganas de poner un pie en tal lugar, y que ameritaba con más ganas el restringir a los humanos en su propio bar.
En verdad que no entendía cómo Sans estaba tan interesado en la vida de una humana. Había veces en las que se imaginaba que su amigo solamente estaba resolviendo un sensual crucigrama que tenía su completa atención por el desafío que estaba siendo. Más le valía que tuviera un buen fin para eso, que de lo contrario le daría un buen golpe por haberle hecho investigar tanta cosa por un simple capricho lujurioso.
-Buenas noches. –Sonrió con naturalidad mientras se recargaba en la barra, haciendo que observaba las variadas botellas coloridas que tenía por detrás el humano. –Tengo un negocio al cual me gustaría incrementar la variedad de bebidas para ofrecer. Tengo clientes a los que les gusta lo exótico.
-Bueno, tengo algunos licores que traigo desde mi tierra natal, pero no son del agrado de muchos por aquí. –Emitió una risa ronca mientras esbozaba una sonrisa de lado. –Lo más ligero que pudiera ofrecerle de eso es el Amazake, el cual es un poco dulce. ¿Le gustaría probarlo?
El dueño de la licorería sacó una botella ya abierta y le sirvió en un pequeño vaso. Grillby se fijó en que en sus dos manos tenía la ausencia de algunos dedos disparejos, pero que no le impedía hacer las cosas por cuenta propia. Como todo un catador experto (y por experiencias personales), revisó aroma y consistencia mucho antes de dar un pequeño trago, el cual no le impidió quemarle la garganta ante lo fuerte que era. Si eso era lo más suave de las bebidas asiáticas, no quería imaginarse lo que venía siendo el Sake. ¿Cómo era que Sans se lo había tomado sin problemas?
-Interesante consistencia. –Comentó la llama andante tras un rato. –Aunque no le detecto lo dulce que mencionó. ¿Tiene algo más fuerte?
-El Sake, pero no es para cualquiera. –Se burló abiertamente el humano. –No es algo que sea de interés para un monstruo.
-Nunca había escuchado de esa bebida. –Grillby hizo caso omiso a lo despectivo de su comentario con tal de obtener su verdadero objetivo. – ¿Es nueva en Ebott?
-No, hace años que soy el único comerciante de ella. Pero sólo la tengo en bodega al no venderse.
-Me es tentativo por puro nombre. ¿Cuántas botellas tiene?
-Una caja entera. –El hombre arqueó la ceja extrañado. –Pero insisto, su sabor no es del agrado de muchos y no creo que lo toleren los paladares no humanos.
-Estoy dispuesto a correr el riesgo. –Puso el maletín sobre la barra y lo abrió con cuidado antes de girarlo a la vista del dueño. –Quiero todo lo que tenga ¿Con esto será suficiente?
Mientras observaba cómo la cara del humano cambiaba de desagrado a una de asombro con tanto dinero, Grillby analizaba todos los detalles del lugar en busca de cualquier pista que le condujera a un nuevo punto de investigación, pero lo único que pudiera ser de tal interés eran sus dedos aparentemente mutilados de forma aleatoria y la puerta oxidada detrás de él que apuntaba a ser una posible bodega.
Sans le había dado la instrucción de comprar todas las botellas alcohólicas de origen asiático que tuviera con tal de desviar al comprador que dejaba tales ofrendas en la tumba, y así poder dar con el sujeto vinculado a la florista misteriosa. No le cuestionó de dónde había sacado tanto dinero para eso al serle evidente y no siendo asunto suyo, pero si estaba dando tanto por un simple dato a obtener de la extraña humana, sí que era de su interés para que cometiera tal tontería de su parte.
Pero no podía quejarse del todo, él había accedido con tal de ayudar a su amigo. Tras varios años viéndolo consumir gratuitamente su mercancía todas las noches, era la primera vez que tenía una motivación para hacer algo que no fuese acatar las órdenes de su jefe. El condenado merecía felicidad después de todo, por muy superflua que fuese a su perspectiva.
-Mi gente vendrá mañana por todo sin falta. –Comentó Grillby al llegar a un acuerdo inmediato con papeles. –Fue un placer hacer negocios con usted, señor...
-Kaho, Morihei Kaho.
-Un japonés entonces. –Dijo simplemente al no sentirse capaz de pronunciar tal nombre a la primera con fluidez. –No sabía que habitaban en la ciudad.
-¿Algún problema con eso? –La voz ronca del humano se escuchó con mayor profundidad y amargura.
-Ninguno, es sólo que es la primera vez que puedo contemplar a uno. –Se encogió de hombros con indiferencia. –Perdone si mi comentario no fue pertinente. Sólo fue mi curiosidad hablando.
-Ya veo...
Al no ser nada platicador para su disgusto, Grillby simplemente dio las buenas noches y se retiró del establecimiento al no tener nada más que hacer ahí por el momento. El primer contacto ya se había hecho y no podía más forzar las cosas de momento. Hasta ahora, había obtenido su nombre y toda la mercancía exótica de su parte. Ahora le tocaba a Sans tratar con ello el día siguiente para recoger todo lo que había comprado.
Llegando a su auto y con ganas de retirarse a la brevedad, metió las manos en sus bolsillos en busca de sus llaves, sin embargo la ausencia de ellas fue más que notorias tras varias revisiones desesperadas de su parte. Ni en su saco y ni en su pantalón estaban sus pertenencias, alertándolo de que su cartera tampoco se encontraba y que tal "torpeza" de la chica con la que había tropezado con él no había sido por casualidad.
Aumentando su mal humor, Grillby se recargó en su auto para reprimir las ganas de calcinar lo primero que tuviera al frente. Odiaba Waterfall, y cada vez más esa zona se empeñaba en incrementar ese sentimiento.
...
La aparición de la nada de Sans y Frisk en la sala hizo sobresaltar a los dos seres situados en el pequeño comedor, los cuales desconocían por cuánto tiempo se habían quedado observando la ventana sin dirigirse palabra alguna salvo uno que otro gruñido.
-¡Frisk!/¡SANS! –Exclamaron al unísono mientras se dirigían con prisa hacia ellos.
Los mencionados se giraron tranquilos hacia ellos pese a lo alarmados que se notaban. Sans se separó bruscamente de la humana para dirigirse hacia adelante con su hermano, cosa que se le hizo un poco extraño a Frisk, mas no lo pensó demasiado al preferir atender a su mejor amigo que ya se estaba enredando en su brazo mientras gruñía "¡¿otro saco?!" por lo bajo. Frisk simplemente acarició su tallo con los nudillos para indicarle que todo estaba bien.
Se dirigió a prender las luces ante la oscuridad que ya reinaba su hogar manteniendo a su amigo en su regazo. Observando el entorno de su hogar, quedó sorprendida de notar que todo estaba en perfecto orden. Ya se había preparado mentalmente de posibles problemas entre los dos que pudiera afectar su vivienda, pero le daba gusto que se habían mantenido a la par de no maltratar el lugar en su ausencia. Pese a lo evidente que era el hecho de que no se agradaran Flowey y los hermanos esqueletos, no pasaba por alto de que trataban de controlarse frente a ella, como si fuese precisamente la del problema o algo similar.
-¿PORQUÉ TARDARON TANTO? LA COMIDA YA SE ENFRIÓ –Reprochó Papyrus mientras sujetaba a su hermano de los hombros para cuestionarlo con la mirada. –AUNQUE A ESTAS ALTURAS YA PODRÍA SER UNA CENA.
-¿Usted cocinó? –Preguntó Frisk un tanto alarmada.
Girándose hacia su cocina, pudo contemplarla con gusto que se encontraba tan limpia que si no fuera por la mención del esqueleto, jamás habría pensado que se había cocinado en ella en su ausencia. Tal parecía que el mafioso alto era alguien ordenado pese a la ausencia de dotes culinarias comprobables con el quiché carbonizado sobre la mesa. Se giró hacia su amigo sorprendida de que le hubiese permitido hacer algo en primer lugar, pero éste simplemente gruñó para sí mismo sin querer decirle nada al respecto.
-DEBEN TENER HAMBRE. SIÉNTENSE Y DELÉITENSE CON OTRA OBRA MAESTRA DEL GRAN PAPYRUS.
A Frisk le fue muy extraño tanto galardone sobre su persona, pero Sans simplemente rio levemente por su comportamiento como si estuviese acostumbrado a tales acciones de él. La florista no pasaba por alto lo diferente que sonaba esa risa de su parte, indicándole que aún se encontraba molesto pero que no lo reflejaría de ningún modo. Pensar que de algún modo tuviese algo de culpa en esa represión le generaba un ligero malestar, por mucho que siguiera sin comprender la situación que ameritaba su leve enfado.
-Será luego, bro. Ya es tarde y debemos irnos. –Sans metió las manos en los bolsillos de su pantalón, haciendo que su hermano le soltase los hombros. –No creo que sea conveniente quedarnos cuando nos esperan en casa.
-ESO ES CIERTO.
-¿Quién los espera? –Soltó Frisk sin reparar en lo impertinente que había sido.
-NUESTRO JEFE, ÉL ODIA QUE LLEGUEMOS TARDE CUANDO QUEDAMOS DE CENAR EN FAMILIA. –Contestó sin preocupación el hermano menor.
-¿Su jefe llega a su casa con su familia?
Preguntó un tanto desorientada con el tema. Tal vez se trataba de una costumbre mafiosa que estaba fuera de su comprensión, pero a su perspectiva le era raro que fuese una autoridad de ellos a exigir comer en su hogar con un horario estricto... hasta que recordó con pena que Sans le había aclarado que se trataban de una familia muy chica y que "familia mafiosa" era algo literal. Incluso Papyrus ya le había dado mención al explicarle la terrible forma de controlar a sus hijos de posibles gustos lujuriosos, (cosa que no le fue nada grato recordar).
Se sintió tonta de haber olvidado toda la información ya brindada respecto a ello; era como si les dijera abruptamente que no les prestaba atención al no ser de su preciso interés. Aunque no fuera el caso, supuso que era un acto descortés de su parte.
-NO, NO. NUESTRO JEFE ES... NUESTRO PADRE.
Tal parecía que aclarar eso no era del todo grato para los esqueletos, ya que Papyrus terminó por poner su mano en su nuca desviando la mirada por la incomodidad de sus palabras, mientras que Sans había exhalado con fuerza incrementando su ya de por si molestia que luchaba con reprimir. Tales reacciones fueron tan extrañas que Frisk no pudo evitar sentir curiosidad por eso. La única experiencia de vida que tenía era la del convivio familiar... y esta misma no era precisamente del todo armónica en sus años más recientes, pero sí que era algo que añoraba y amaba con todo su ser.
Tras la muerte de sus hermanos, Frisk había notado los conflictos que surgían entre sus padres por mucho que luchaban por ocultarle sus malestares. Agradecía el hecho de que procuraran nunca discutir frente a ella, pero muchas veces había sido más que inevitable al grado de optar por casi no frecuentarse entre ellos para evitar seguir discutiendo. Pese a ello, cuando vivían los tres juntos siempre había abrazos y besos para ella todos los días, demostrándole que aunque tuvieran riñas a causa del dolor de pérdida, estarían siempre con ella amándola y apoyándola en todo. Por lo que sin importar la diferencia entre el antes y después de la muerte de sus hermanos, la imagen de lo que venía siendo una familia la tenía muy marcada de forma positiva. Con o sin sus hermanos, siempre cultivaban juntos las más hermosas flores que haya visto en su corta vida.
Y aunque tuviera ya muchos años sin ver a su padre, él era su mayor aspiración y motivo para seguir adelante en todo lo que se propusiera. Por lo que era muy extraño para ella ver otro tipo de relaciones paternales fuera de la amorosa que venía siendo la suya. ¿Acaso la convivencia de los esqueletos era muy distinta a lo que ella tenía como estampa familiar? Podía hacerse una vaga idea del mal padre que pudiera ser si les tenía un depósito mensual destinado a prostitutas, pero pensar en ello le hizo preguntarse si en algún momento ellos habrían utilizado ese dinero para su verdadero destino. ¿Acaso...?
-¿Y por qué lo llaman jefe si es su padre? –Rápidamente preguntó Frisk para desviar sus divagaciones mentales.
-Porque eso es lo que realmente es. –Contestó casi de inmediato Sans.
-Pero...
-Buenas noches, Frisk. –Sacó una de sus manos de los bolsillos para levantar su sombrero en forma de saludo. –Nos vemos luego.
Sin darle oportunidad de decir algo más o de dirigirse hacia ellos, Sans tomó del brazo a su hermano y desaparecieron frente a ella. Los reproches del menor le llegaron de la calle con su voz alzada, cosa que le indicaba que tan sólo se había aparecido al lado del auto estacionado para irse en él. ¿Qué le costaba siquiera usar las escaleras?
Un tanto perpleja por el comportamiento del mafioso, se asomó por el ventanal que daba a la calle para al menos verlos partir ante tan brusca despedida. Cada vez menos comprendía lo que había estado pasando en tan fatídica tarde. Y pensar que sólo iba a ser un día normal de trabajo de jardinería...
-¿Estaré haciendo algo mal para que esté molesto conmigo? –Preguntó Frisk mientras los observaba subirse al automóvil elegante llamativo.
La pregunta habría sido de lo más sencillo de responder para Flowey si no fuera por el hecho de percatarse de algo irritante. Hacer molestar a un asesino de su categoría era un acto suicida para cualquier ser racional, pero su pregunta no iba a dirigida a esa perspectiva lógica, sino al hecho de incomodarle la sensación de hacerle sentir mal a alguien más por su escaso conocimiento social. Su incapacidad de poder generar emociones hacía a Flowey que le diera igual ese tipo de situaciones, pero en casos como el presentado le hacían desear estar molesto en verdad para hacerle comprender la gravedad de sus palabras.
-¿Te importa acaso? –Preguntó mirándola directamente, ignorando la imagen tras la ventana.
-Eso... eso creo.
Viéndolos partir y ya no estar en la calle, Frisk acomodó las cortinas con suavidad para opacar tan extraña imagen presentada. No queriendo darle peso a la situación, se dirigió hacia el comedor para colocar de nuevo a su amigo en su maceta y quitarse el saco que yacía en sus hombros y que una vez más no pudo devolverle. Sabiendo lo que podría pasar con él al igual que los otros, se apuntó mentalmente de guardarlo bien para evitar deberle uno más al delincuente, al igual que el otro saco que se encontraba en la silla en la que se estaba sentando, suponiendo que se trataba del otro esqueleto por su tamaño. ¿Cuánto costaría un saco como para que no le den importancia la ausencia de uno... y que tengan aparentemente varios consigo?
Dispersa en sus pensamientos, tomó el quiché chamuscado situado en la mesa y lo picoteó un poco con el tenedor que tenía al alcance. Por lo crujiente que estaba, además de su color carbonizado, le indicaban de antemano que sería imposible darle un mordisco por mucho que quisiera. Pero agradecía el gesto que se había tenido de cocinar en su ausencia y de no dejar un desastre. Para ser un delincuente intolerante, racista y machista, Papyrus tenía buena iniciativa en cuanto a cosas del hogar para aligerar la tensión. Eso era contraproducente al perfil que tenía de él y muy extraño en varios aspectos, pero una vez más supuso que se trataba de un ámbito familiar del que desconocía y no era de su incumbencia.
La joven suspiró un tanto abatida mientras continuaba picando el quiché con tal de tener que hacer algo con las manos. Ya llevaba meses viviendo en Snowdin y aun no daba con el paradero de su padre, pero en su lugar tenía un sujeto que intentaba ser un conocido para ella de forma demandante... y otro que comenzaba a reprocharle por ser sólo un conocido en su vida. Vaya par necesitado de atención que la frecuentaba.
-Flowey, ¿estaría mal que... pudiera agradarme un asesino?
-Sí, es estúpido. –Gruñó de inmediato mientras le quitaba poco a poco los sacos de la silla, sabiendo que no le prestaba atención realmente.
-Eso supuse...
Tocó con cuidado su herida de la mejilla, pero ésta ya no le dolía tanto a comparación de la incomodidad que le generaba la situación. Mientras se empeñaba en hacer ceniza el quiché poco a poco con el tenedor y estando perdida en sus pensamientos, no prestaba atención al sonido de rasgadura de tela que la flor generaba con los cubiertos a su alcance.
...
El trayecto dentro del auto lujoso se tornó de lo más incómodo conforme avanzaban. Sans se había empeñado en observar el paisaje desde la ventana en silencio, pero podía notar cómo Papyrus se giraba a verlo de vez en cuando esperando tener su atención. Aunque se viese muy grosero de su parte, lo cierto era que no quería escuchar ningún sermón de su parte por haberse escabullido dos veces. Lo único que quería era llegar a su habitación y dormirse sin interrupción alguna, pero conociendo a su hermano sabía que eso no sería tan sencillo.
Pasando por el parque central, podía observarse lo arrancado y quemado que había terminado gran parte de las plantas que le habían dado color a tan mísero lugar gris en el que vivía. Sans no pudo reprimir un gruñido por el enfado que le generaba esa situación. Esos malditos...
-Y... ¿DISTE CON EL SUJETO QUE LA GOLPEÓ? –Finalmente Papyrus dijo algo mientras mantenía la vista al frente.
-No fue difícil. –Le contestó sin apartar la mirada de la ventana, contemplando con enojo el producto de unos brutos ignorantes. –Un par de billetes hacen hablar a cualquiera, incluso a los niños.
-CIERTO, LA HUMANA ME CONTÓ QUE HABÍA ESTADO JUGANDO CON NIÑOS TANTO HUMANOS COMO MONSTRUOS. ¿HABRÁ SIDO ALGUNO DE ELLOS?
-¿Cómo le haces para que sea más abierta contigo? –Se giró bruscamente hacia su hermano tras sus palabras. –La conozco de más tiempo que tú, pero aun así no me cuenta nada.
-NO SÉ QUE TE SORPRENDE, SABES LO MAGNÍFICO QUE SOY. –No pudo evitar sonreír con orgullo sabiendo eso, pero al notar el leve enfado de su hermano mayor optó por dejar a un lado eso. –YO SOLO ME QUEDÉ CON ELLA MIENTRAS QUE TÚ TE FUISTE DE "JUSTICIERO" EN SU NOMBRE. ELLA NO NECESITABA QUE ALGUIEN LA VENGARA, NECESITABA ATENDER SUS HERIDAS.
Sans oscureció por unos segundos sus cuencas sorprendido al percatarse de eso. Se había enojado tanto por verla golpeada... que no pensó en su bienestar ni en cómo se sentía físicamente con eso. Ya se había acostumbrado a lo taciturna que era ella en cuanto a ciertos enfrentamientos, que no reparó en el hecho de que pudiera aguantarse el dolor con tal de no alarmar aún más las cosas. Si bien pudiera ser un acto valiente de su parte, le exasperaba el hecho de que viera las cosas en un enfoque un tanto masoquista. Y en cuanto había vuelto al departamento y escucharla tomar todo como si no hubiese pasado nada, en un ataque de irritación se la había llevado consigo para hablar seriamente sin considerarla una vez más de lo molesto que sería para ella.
Aunque no lo dijera, Papyrus le estaba marcando indirectamente lo imprudente que había sido no pensar esas cosas antes. Había sido desconsiderado de su parte haber atendido más su propio enojo que lo que estuviera sintiendo ella con todo. Aún estaba molesto por su indiferencia de tal acto barbárico del humano, pero ahora él mismo se sentía el ser más tonto del planeta por no haber reparado en eso al momento.
-He...Tienes razón. –Dio un último vistazo al parque antes de que desapareciera de la vista. Más calmado, suspiró y volvió a dirigirse hacia su hermano con una mejor sonrisa. –Por eso es que siempre eres mejor que yo.
-DE NUEVO, NO SÉ QUE TE SORPRENDE. –Sonrió de vuelta al notar que se había calmado. –APROVECHÉ TU ARRANQUE IMPRUDENTE Y HABLÉ UN POCO CON DT-00X.
-¿Y qué tal?
-TENÍAS RAZÓN EN ESO DE QUE LE INTERESA EL BIENESTAR DE LA HUMANA. ¿CÓMO ES ESO POSIBLE? –Manteniendo la vista al frente sin más preocupaciones, giró el volante para adentrarse en una de las calles. –LITERALMENTE CONFIRMÓ QUE LA VIDA DE ELLA ES LO ÚNICO QUE LE IMPORTA. ¿QUÉ NO SE SUPONE QUE NO TIENE ALMA Y CARECE DE SENTIMIENTOS?
-Qué puedo decirte, Frisk es especial. –Se encogió de hombros tras una tenue risa de su parte.
-¿PERO PORQUEEEEEEE? –Exclamó con algo de desesperación. –SÓLO ES UNA HUMANA DESAGRADECIDA Y GROSERA. ¿QUÉ TIENE ESO DE ESPECIAL?
-Por la misma razón que también la estás frecuentando, bro. –Sonrió burlonamente mirándolo enfadarse en el volante. –Te comienza a agradar también, sólo que no quieres admitirlo.
-ESO SERÍA TONTO DE MI PARTE, Y NO SOY COMO TÚ.
-Vamos Paps, ya has notado que Frisk es...
Se detuvo en seco en cuanto vio de rápido del lado de Papyrus el bar semiabierto con las luces apagadas. Sabía de antemano que Grillby cerraría el bar por esa noche bajo la excusa de "fumigación" que se trataría de un encubrimiento de su parte para salir. Por lo que ver el lugar en tal aspecto no le daba un buen presentimiento.
-Papyrus, detente aquí. –Le dijo seriamente.
-¡AH NO! ¡NO TE QUEDARÁS A BEBER DE NUEVO! –Le gruñó sin detenerse y seguir mirando hacia el frente. –TÚ MISMO DIJISTE QUE...
Sin querer entrar en detalles, Sans sólo le obligó a girar su cabeza con sus manos y que viera por su propia cuenta el lugar abierto. Captando cuál era el problema, Papyrus no dudó en estacionarse de inmediato y salir disparado hacia el lugar tomando sus armas en cada mano tras el camino. Al estar algo agotado con tantas teletransportaciones hechas en el día, Sans sacó igualmente una de sus pistolas bañadas en plata como recurso secundario. Detestaba tener que sacarlas de su estuche, por lo que esperaba que no hubiera algo que ameritara tener que darles uso.
Se pusieron cada uno al lado de la puerta principal esperando poder escuchar algo, pero al no detectar sonido o movimiento alguno, se pusieron en postura de ataque para indicar el uno al otro lo que estarían por hacer. Parte de su entrenamiento y planificaciones de su familia, era el utilizar ciertos códigos que sólo entre ellos entenderían por la forma en la que colocaban sus manos en el pecho junto con su arma. Así el enemigo jamás sabría qué movimiento estarían por hacer y entre ellos podrían saber exactamente qué para prepararse en cuestión de segundos.
-Cúbreme.
Susurró Sans sujetando su arma con una sola mano y poniéndola en su hombro izquierdo apuntando hacia la entrada. Papyrus asintió en silencio mientras levantaba ambas pistolas a la altura de su cara.
-SIEMPRE.
Sans pateó la puerta y se adentró un poco apuntando hacia el frente, iluminando el lugar con el brillo que emanaba su ojo azulado. Con lo poco que podía alcanzar tal tono luminoso, pudo apreciar de inmediato que varias cosas estaban dispersas en el suelo, mas no detectaba que estuviera alguien en el lugar. Tras estar un buen rato parado sin hacer nada, Papyrus se adentró con él prendiendo las luces al no detectar nada tampoco.
Las sillas y mesas estaban intactas, pero lo que estaba regado en el suelo eran algunos recibos que el bartender guardaba debajo de la caja registradora para facturar después. No dándole buena espina eso, Sans bajó su arma y se dirigió hacia la barra como siempre frecuentaba. La caja registradora se encontraba abierta y saqueada por completo.
En un movimiento veloz, Papyrus se giró y apuntó hacia la entrada al detectar el más mínimo movimiento, pero rápidamente bajó su arma al ver que se trataba del dueño del lugar, el cual los miraba completamente estupefacto mientras abría la puerta en su totalidad.
-No te basta con tragarte mi mercancía ¿Ahora planeas asaltarme literalmente? –Se cruzó de brazos mientras se dirigía al centro.
-No fui yo, Grill. –Contestó Sans girándose igualmente tras estar más tranquilo. –La cerradura no fue forzada, así que alguien entró limpiamente e hizo todo esto.
El hombre flameante se detuvo en seco cambiando su expresión de desconcierto a una horrorizada. Ignorando todo lo que estuviera tumbado de su negocio, se pasó detrás de la barra corriendo para llegar a la puerta trasera mientras exclamaba "Fuku" en su camino. Sans continuó revisando todo con confianza para asegurarse de que sólo se habían robado dinero del lugar.
-NO CREO QUE HAYA SIDO COINCIDENCIA DE QUE ENTRARAN A ROBAR JUSTO CUANDO NO ESTABA. –Papyrus analizaba el entorno en busca de cualquier forma viviente que pudiera presentarse en cualquier momento.
-Yo tampoco...
-¡Fuku no está! –Exclamó Grillby a lo lejos mientras se oía que bajaba las escaleras. Una vez de vuelta en escena pudieron contemplar lo asustado que estaba con eso. –La puerta permaneció cerrada y nada fue saqueado, pero mi sobrina no está.
-Significa que el ladrón contó muy bien sus tiempos para sólo efectuar un simple robo. –Analizó de inmediato Sans. –Pero si Fuku no está...
-¿Yo qué?
La voz femenina hizo girar a los presentes nuevamente hacia la entrada, en donde se encontraba la chica flameante recién entrando portando su mochila en uno de sus hombros. Grillby se disparó corriendo directo hacia ella para abrazarla fuertemente, desconcertándola por completo y sin devolverle el abrazo.
-Tío Grill ¿Qué te ocurre?
El mencionado no contestó de inmediato tras sentirse aliviado de verla en perfecto estado e ignorante de todo lo sucedido. Por primera vez agradecía que su acto rebelde de no llegar temprano le salvara de un posible mal indicio. Rompiendo con el abrazo para verla directamente al rostro, esbozó una tenue sonrisa con tal de no causar un tono alarmante en ella.
-Sube de una buena vez y deja de llegar tarde, por favor. –Comentó a modo de regaño, aunque el tono de su voz aliviada no ayudaba para nada. –En un momento más subo a preparar la cena.
-¿Esto es otra de las estúpidas cosas de ellos? –Comentó con la voz un tanto alzada para que le escucharan a la perfección los esqueletos, los cuales hicieron caso omiso de sus palabras al estar revisando todavía todo el lugar con la simple mirada.
-No, ahora sólo sube.
Extrañada con todo, aprovechó que su tío la soltaba para hacer caso a tal indicación, y se dirigió detrás de la barra ignorando a los dos esqueletos que estaban presentes. Una vez que se aseguraron de que ya se había dirigido a la parte superior del lugar, Papyrus guardó sus armas y se dispuso a recoger los papeles regados en el suelo.
-Lo bueno que sólo fue un robo de dinero. –Sans terminó recargándose en la barra ya tranquilo con todo.
-Como a ti no te robaron la ganancia de un mes... -Refunfuñó Grillby mientras también recogía los papeles regados.
-TE DAREMOS MÁS DE LO QUE TE ROBARON POR HABER SUCEDIDO ESTO EN NUESTRA GUARDIA. –Comentó Papyrus mientras ordenaba entre sus manos el papeleo, dando una leve revisada de que sólo fueran facturas y uno que otro pagaré. –ES LO MENOS QUE PODEMOS HACER POR ESTO.
-Gracias.
-¿QUIÉN ES MASAO SAITO?
Tanto Grillby como Sans se quedaron anonadados por su pregunta tan repentina, mientras lo observaban revisando los papeles sin entregarlos a su dueño. Al no obtener respuesta inmediata y por la expresión de los presentes, Papyrus tuvo el reflejo de retener esos documentos sin importar que el dueño del bar extendía la mano para que se los entregara a la brevedad.
-ESE NOMBRE SE REPITE EN ESTOS ÚLTIMOS PAPELES Y NO SON PARA NADA SOBRE CUENTAS POR PAGAR. –Atajó cada vez intuitivo y les enseñó uno de ellos, el cual se trataba del recorte de periódico viejo con el nombre señalado con tinta. –POR SUS EXPRESIONES, ALGO ME DICE QUE LO QUE BUSCABA EL LADRÓN NO ERA DINERO, SINO ESTO.
El sueño del bar no supo qué decir al respecto que no comprometiera toda la investigación realizada por Sans. Por un lado estaba estupefacto por lo sucedido ¿Acaso alguien más estaba al tanto de lo que estaban investigando? En un principio pensó en Mettaton tras recordar lo interesado que estaba en la humana con tal de controlar a Sans, pero no le encontraba mucho sentido a eso tras la amenaza que le había dado para parar la situación sin siquiera efectuarse. ¿Tal vez buscaba otro método?
Se giró para observar a Sans, esperanzado de que le indicara qué hacer o que el mismo actuara en voz de petición suya, pero el esqueleto simplemente se apartó de la barra para dirigirse hacia su hermano con un semblante despreocupado con tal de desviar atenciones.
-Relax, bro. No es nada malo, te lo garantizo. –Estando ya al frente de él, le extendió la mano para que le entregara los papeles. –Dámelos y con gusto te contaré de qué se trata.
-NO CREO QUE ESTÉS EN POSICIÓN DE NEGOCIAR, HERMANO. –Refunfuñó molesto y sin entregarle los documentos poniéndolos a mayor altura. – ¿QUÉ ES LO QUE ESTÁS TRAMANDO AHORA? ¿NO TE BASTA CON MANTENER EN SECRETO QUE FRECUENTAS A UNA HUMANA?
-Es... curioso que la menciones.
-Una chica tropezó conmigo antes de venir para acá, y no me di cuenta que me robó las llaves y cartera hasta tarde. –Interrumpió Grillby con urgencia al ver cómo se estaban presentando las cosas. –Tal parece que no fue una casualidad robarme a mí en particular.
-¿Cómo era ella? –Se giró Sans hacia su amigo un tanto alarmado con esa información. Si las cosas eran como las pensaba, nada bueno podría venir en adelante.
-Iba con un sombrero grande, así que no pude ver su rostro... pero si vi que su mano era color lila.
-UN MONSTRUO ROBANDO A OTRO MONSTRUO. YA NO HAY MORAL NI PARA ESTO.
Como si algo se hubiera detonado en la mente del esqueleto, lo observaron dirigirse con prisa hacia la barra para revisar todo de nueva cuenta. No podía explicarse de inmediato ante tantas conjeturas surgiendo en su mente, pero en cuanto sacudió la caja registradora y la colocó encima de la barra con brusquedad, los presentes observaron en silencio cómo una pequeña araña salía del aparato corriendo rápidamente. Papyrus y Sans se observaron sin necesidad de decir algo al respecto tras tener la misma idea en mente.
-The blooming, blody spider, went up the spider web... –Canturreó Sans antes de aplastar con toda malicia al insecto con el vaso que tuvo a la mano.
***
Lento pero seguro... ¡Pero he aquí una nueva actualización!
He andado lenta con las actualizaciones por varias cosas que andan pasando en mi vida tanto laboral como personal. Grandes cambios se vienen para mí, pero eso no significa que los vaya a abandonar, sino al contrario. Tanto mi otro fic "Osado Corazón" como éste vendrán con muchas sorpresas para el siguiente año. Así que agradezco mucho la consideración que me tienen por los tiempos. Prometo que valdrá la pena n_n
Habrá otro capítulo este mes, así que no se preocupen por esperar tanto, jeje.
PD: La canción que canta Sans al final es la primera composición de lo que conocemos como "Witsi witsi araña". No fue sino hasta finales de los años 40 que cambió la letra de la canción por algo más ligero para el público infantil.
Muchas gracias por seguir acompañándome en esta historia con lenta actualización. Los amo!!
**Inserte sus teorías aquí y luego tome una michigalleta de jengibre**
Michi fuera!
:)
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