Cap 28. Sumisión



La mañana en Waterfall siempre solía a oler a pescado en el centro del lugar tras la rutina de varios mercantes de poner en venta sus productos demasiado frescos. Por lo que fue más que inevitable para la limusina que estaba atravesando el lugar se impregnara de aquel olor tan fuerte que no le dio importancia al chofer por mucho que pudieran regañarlo momentos más tarde. No cuando tenía una recompensa mucho más satisfactoria de lo que pudieran pagarle.

-Vuelta aquí a la derecha. –Comentó la joven tras levantarse para visualizar brevemente el camino. –Ya estamos cerca.

-S-si...

El joven conductor apenas y podía emitir palabra alguna tras los constantes suspiros que había logrado sacarle desde que había comenzado a masturbarlo con suavidad. Sonriendo con picardía, Chara volvió a bajarse hacia su miembro ya descubierto y erecto para continuar lamiéndolo lentamente, generándole cada vez más impaciencia conforme lo sentía endurecerse más y más con el tacto de su lengua. Era una sensación gratificante para ella comprobar de esa forma que podrían durar más, le gustaba divertirse el mayor tiempo posible y lamentablemente le habían tocado varios que no la satisfacían adecuadamente. Razón por la cual había terminado abandonando al hijo del alcalde y convencido al chofer de la limusina de un rato de placer si la llevaba de vuelta al lugar en el que tenía que estar. Ni se había molestado en colocarse la peluca tras querer retirarse lo más pronto posible, dejando ver su cabello castaño corto que sujetaba el chofer con una mano tras la excitación de sus constantes lamidas mientras que con la otra conducía lo más natural posible.

Levantándose de nuevo para ver en dónde se encontraban, limpió levemente sus labios para no correr el labial junto con el maquillaje que todavía le quedaba en el rostro. Con un dedo le señaló el lugar exacto en donde era y el muchacho se estacionó lo más cerca posible, llamando la atención de algunos civiles que pasaban por ahí tras el resalte que daba el lujoso vehículo en tan dañada calle. Chara se bajó del vehículo y fue a tomar de inmediato la mano del muchacho para llevárselo de la mano sonriéndole coquetamente. Sabía que ya lo tenía a su merced tras la sonrisa de bobo que le regresaba mientras que cerraba el cierre de su pantalón con la otra mano y cerraba el vehículo con prisa.

Haciendo caso omiso a todas las miradas curiosas, Chara se llevó al chico hacia un callejón bastante oscuro pese a la posición del sol que irradiaba un calor costero un tanto pegajoso por el sudor que generaba sobre su piel. Tras llegar a una pared de ladrillos con un cartel viejo mal pegado, tocó con sus nudillos en uno de ellos que sonaba hueco. De inmediato dejó ver que se trataba de una puerta camuflada donde un señor corpulento los miraba de una forma bastante siniestra tras varias cicatrices consigo.

-Él viene conmigo. –Dijo la joven con simpleza sin soltarlo de la mano e ingresando casi por la fuerza. –Estaré ocupada un rato, así que no acepto interrupciones de ningún tipo.

Tras decir eso y llevando a su presa de la mano con naturalidad, recorrieron el pasillo que poco a poco se tornó inclinado tras estar sumergiéndose en un sitio subterráneo en el que pocos podían tener el privilegio de entrar si no se tenía el dinero adecuado para poder siquiera conocerlo: "El pozo de los deseos" como le habían llamado ridículamente los dueños del lugar.

Sabía que su estadía en aquel lugar era momentáneo mientras se tuviera la misión de infiltrarse en los planes de la alcaldía, pero eso no implicaba que no disfrutara del lugar en todo su esplendor tras los beneficios que daba de tanto pecado lujurioso al alcance sin necesidad de buscarlo. Aunque claro había ciertas excepciones como el tipo que llevaba arrastrando hacia su habitación asignada tras pasar a la recepcionista que sólo desvió la mirada al verla pasar. Tan sólo había bastado enfocar sus ojos rojos ardientes sobre ella para hacerle entender que no quería ninguna intromisión en lo que se dirigía hacia su habitación asignada.

Una que otra chica monstruo se había atrevido a verla directamente por una fracción de segundos y rápidamente se habían dado la vuelta al no querer toparse con ella y lo que parecía ser su presa del día. Ya habían entendido con el tiempo y a la mala que cuando sus ojos brillaban con esa intensidad escarlata no debían de interrumpirle bajo ningún modo. Por mucho que en el pasado le había resultado incómoda la atención que provocaba su anomalía, había aprendido a verle un beneficio de lo más satisfactorio tras considerarse un rasgo de lo más exótico. Uno de ellos en particular, era el temor que provocaba con mirarlos fijamente, todos se comportaban como si pudiera robarles la vida con el simple hecho de hacerlo.

Era estúpido cada vez que lo pensaba. ¿Quién en la maldita ciudad tenía vida propia para empezar? En el putrefacto mundo que todos habitaban, nadie tenía verdadera libertad para elegir su propio destino por mucho que un bonito slogan de campaña indicara lo contrario en cada elección. Ella por mucho que siguiera respirando, no podía considerarse por sí misma como alguien que estuviera viviendo cuando nada de lo que pasara con ella importaba. Irónicamente, su existir era el peor de los castigos.

Ella debió haberse ido al igual que sus padres o al igual que su pequeña hermana. ¿Qué caso tenía su vida cuando realmente no le quedaba nadie en el mundo?

Y sin embargo, aun siendo consciente de que nada de lo que quisiera importaba, había cosas que la mantenían cuerda mientras tuviera que seguir habitando en el mundo. Una de ellas era ese éxtasis que recorría cada centímetro de su piel al momento del placer y la lujuria, ese pecado que parecía ser la única razón por la que el universo la había elegido para que siguiera manteniéndose como si de un equilibrio se tratase. Un sabor distinto a la amargura que se había vuelto su entorno.

Esa delicia que estaba sintiendo en ese instante una y otra vez dentro de ella tras varias embestidas... era lo que le quedaba para sentirse realmente con vida.

-¡Mas... más...! –Exclamaba conforme sentía su miembro erecto dentro de ella.

No había tenido que guiar al joven tras haber tomado iniciativa propia de ponerla en posición de cuatro sobre la cama una vez que ingresaron a la perfumada habitación. Le había arrancado gran parte de la ropa sobre la marcha ante una urgencia alimentada en el camino y ella no había hecho nada más que dejarse penetrar con esa rudeza que tanto le excitaba. Su experiencia siempre le indicaba que aquellos que se dedicaban a la servidumbre eran los mejores en el sexo a diferencia de lo que alegaban los estúpidos riquillos que realmente no sabían siquiera meterla bien.

El joven le había apretado fuertemente sus glúteos tras varias embestidas que le hacían exclamar una que otra palabra vulgar. Chara había tenido que sujetarse con fuerza en la orilla de la cama para no caerse tras tanto empuje mientras no paraba de gemir tras realmente gustarle el rudo trato que le estaba dando ahora que le estaba jalando el cabello con una mano. Si seguía a ese ritmo no tardaría en llegar al clímax que tanto le fascinaba, por lo que comenzó a mover sus caderas rítmicamente en busca de sentirlo más y más dentro de ella.

Entre la orquesta de gemidos que se estaba volviendo el lugar, apenas y fue audible un suave golpeteo proveniente de la puerta que olímpicamente la joven ignoró al no querer perder el ritmo por culpa de cualquier idiota que estuviera al otro lado queriendo interrumpir. Pero tras la insistencia de los golpes, el joven redujo su ritmo al sentirse un tanto intimidado de que alguien estuviera queriendo llamar la atención en aquel cuarto prostíbulo. No queriendo siquiera molestarse, Chara le indicó que siguiera sin separarse de la unión carnal.

-Estoy... ocupa...da. –Apenas pudo exclamar tras sentir la pérdida de aire entre gemidos. –Lár...gate.

-Señorita, el jefe solicita su presencia.

La voz proveniente al otro lado de la puerta cerrada era en extremo intimidante, razón por la cual el joven se detuvo instintivamente como si en cualquier momento fueran a golpearlo por lo que estaba haciendo. Ahora si molesta por la interrupción de inspiración, empujó rudamente al chico en la cama y estuvo encima suyo para tener total control de la situación. No permitiría que se desvaneciera la sensación y menos cuando estaba tan cerca del orgasmo.

Bastó con un par de movimientos de cadera sobre su miembro para excitar nuevamente al chico, por lo que terminó de quitarse la única prenda que le quedaba para dejar al descubierto sus pechos y sostuvo sus manos para que las apretara con fuerza mientras seguía con su movimiento hasta llegar nuevamente al clímax de su excitación. Sentirlo tan duro dentro de ella mientras rozaba su punto débil entre el cabalgueo que había comenzado le hizo gemir con más fuerza. Necesitaba más, estaba tan cerca...

-Temo que tendré que insistir, señorita. –Sin aviso previo, la puerta quedó abierta por completo, dejando ver al hombre de rasgos asiáticos y de brazos corpulentos de quien provenía la voz. –El jefe dejó en claro que la quiere ver ahora.

-Tu... puta madre. –Giró la cabeza levemente para verlo sin interrumpir el acto sexual. El cabello sudoroso que tenía encima apenas y le permitía contemplar de quien precisamente se trataba, pero aquello le daba igual, sólo era un maldito entrometido con la osadía de haber abierto la puerta. –¡Vete ahora!

-El jefe quiere verla ahora. –Insistió sin siquiera inmutarse.

-O te unes o te largas. –Amenazó tras detenerse ante la furia que le generaba su mera presencia. El chico ya había soltado sus pechos al tener un espectador nada amistoso en el lugar, si seguía la situación así no tardaría en aguadarse el momento. –No querrás saber la tercera opción.

-El jefe... ¡AAHHHHHH!

Con una velocidad que nadie pudo siquiera visualizar, Chara le había lanzado una cuchilla que había sacado debajo del colchón y encajado en su mano sobre el marco de la puerta que había estado sujetando. La chica se quitó el cabello que le estorbaba del rostro para ver con mayor claridad el sufrimiento del imbécil que había acabado con el clímax del momento. Ni siquiera había apuntado realmente a su mano, le había dado igual en qué parte lo lastimaba con tal de hacerle entender que no le agradaba las interrupciones al momento del coito. Tan sólo había bastado con separarse levemente para haber sacado la cuchilla para que el joven se levantara asustado del sadismo que estaba contemplando de quien segundos antes le había producido placer. Enojada de ver que estaba irreparable la situación, Chara optó por acercarse al hombre hincado que estaba agonizando del dolor en la puerta.

-¡Aghh! Ni siquiera lo lamentes tanto. –Le retiró su cuchilla sin ninguna delicadeza y limpió la sangre que había quedado en el arma con la ropa del sujeto. Después de ver su reflejo en la hoja afilada sonrió como si todo aquello fuera de lo más natural. –Aun te queda una mano buena con la cual podrás masturbarte. Eso es lo importante ¿no?

El muchacho que había estado en su cama, aterrorizado recogió sus prendas del suelo y optó por retirarse sin decir nada mientras trataba de vestirse en el camino. Chara pensó por un instante en lanzarle el arma viéndolo correr como un buen blanco, pero optó por mejor dejarle retirarse si de cualquier forma ya se había arruinado el momento. Pero qué decepción estaba teniendo recientemente. ¿Qué nadie podía complacerla?

Estando de cualquier forma molesta con la situación, tomó la bata de seda colgada y se la puso para dirigirse de una buena vez a donde la estaban citando tan insistentemente, dejando abandonado al tipo que requería de atención médica ante tanto sangrado de su mano. Una que otra prostituta se había asomado por curiosidad ante el escándalo, pero en cuanto la veían pasar con pasos firmes y rudos con sus pies descalzos y sosteniendo la filosa arma en su puño, rápidamente se devolvían a sus habitaciones. En definitiva estaba de muy mal humor ahora.

Llegando a la reconocida sala para ella donde sabía que estaría ahí quien la llamaba, entró sin avisar siquiera azotando la puerta e ignorando a los sujetos trajeados que habían tratado de detenerla sin tocarla tras tener consigo su arma de modo amenazante. Aunque fuera de las habitaciones más exclusivas del lugar con su sala inicial color aguamarina en la mera entrada, conforme se avanzaba el lugar se tornaba a una especie de sauna lujoso con una pequeña cascada artificial en el fondo donde estaba un hombre en posición de meditación mientras dejaba caer el agua sobre sus hombros. A Chara le valió que los sujetos trataran de indicarle que esperara en la sala para que el jefe dejara su meditación matutina, si la había querido inmediatamente lo había conseguido por la fuerza.

-¿Qué chingados quieres?

El hombre de torso desnudo que dejaban a la vista sus múltiples tatuajes hizo caso omiso al estar mayormente concentrado en el agua, razón que molestó aún más a la chica pese a que no debía de presentarse ni dirigirse a él de ese modo. De cualquier forma no la matarían.

-¿Acabas de interrumpirme en algo y no piensas hablarme ahora? –Rugió mientras se acercaba más al estúpido charco decorativo que tenía en el lugar.

-Al menos debiste vestirte para presentarte ante mí. –Comentó con calma el sujeto que apenas y podía verse su rostro con todo el cabello largo encima que tenía consigo. Era sorprendente que pudiera ver algo frente a él para empezar. –Por mucho que sea lo que tengas que hacer en este lugar, no debes...

-En primera, eres tú quien quiso que nos infiltráramos aquí. –Le interrumpió al no tener nada de tolerancia con él por mucho que fuera su jefe. –Y en segunda ¿Qué no querías que fuera esto? Me pediste que me hiciera cargo de la misión y ni siquiera me dejas trabajar adecuadamente.

-Tu trabajo no era acostarte con cualquier trabajador, sino sacar la información necesaria del hijo del alcalde. –Atajó el jefe mientras se paraba para apartarse de la cascada y caminó poco a poco hacia ella hasta salir del agua baja. –Llevamos meses creando tu fama como prostituta ejemplar y planeando todo para que tuvieras el encuentro con él y lo arruinaste por un capricho.

Tomó la toalla que le estaba brindando un mayordomo y se secó el cabello estando frente a la joven de brazos cruzados y mirada fulminante. A Chara no le gustaba admitirlo, pero para ser alguien todavía joven, era sorprendente cómo el jefe actual de la yakuza, procuraba mantenerse en forma en prácticas de artes marciales acorde a sus tradiciones y a su vez permanecía en total serenidad con tal de mantener unido un grupo al borde de la extinción. Su cuerpo estaba lleno de cicatrices que ni los tatuajes podían ocultar, pero aun así era hasta atractivo ver lo fornido que se mantenía pese a los años transcurridos. Sólo su cabello era lo que le disgustaba de él físicamente, queriendo conservar una tradición de sus orígenes lo tenía más largo que una mujer y 'rara vez se le podía ver directamente a los ojos ante tanta mata encima, por lo que era engañoso no poder visualizar constantemente lo que sus ojos podrían decir a diferencia de los suyos que eran en extremo expresivos. Habían sido pocas las veces en las que le había tocado ver directamente sus ojos negros y alargados al descubierto, lo cuales no habían resultado una buena experiencia de la cual contar tras lo que le pasaba después de eso.

-El chico era un precoz mimado, se quedó dormido en el acto sin que pudiera hacer algo más. –Explicó mientras rodeaba los ojos molesta. Era desagradable recordarlo siquiera. –Mi plan de respaldo había sido interrogar a su chofer, pero tu secuaz lo arruinó con interrumpirme.

-¿Y en qué parte de tu plan se supone que estabas? Me dijeron que solo te llevaste a rastras al conductor y permaneciste cogiendo. –Se quitó la toalla de la cabeza y se la pasó al mayordomo que había estado esperando sin inmutarse por la discusión entre los dos seres de rasgos asiáticos. –No te entrené para que solo entregaras tu cuerpo sin cuestionamientos, sino para que me sirvieras a mí y a la causa.

-¿Hay alguna diferencia? –Arqueó la ceja.

-Tu padre no habría querido...

-¡Aghhh! ¡Ni se te ocurra usar ese argumento de nuevo!

Chara se apartó molesta y se dirigió a sentarse en la pequeña sala para servirse lo primero que tuviera a la mano para calmarse. Sabía que la bata de seda que era lo único que tenía puesto dejaba demasiado notoria su esbelta figura, pero por mucho que quisiera provocar a cualquier presente, sabía que ninguno la tocaría bajo la orden del oyabun. A veces la disciplina excesiva que tenían le era sorprendente, pero otras le parecían un fastidio.

Dio un largo trago a su copa burbujeante mientras pensaba nuevamente en la situación que se presentaba. Odiaba que se usara el discurso sobre su padre quien había sido el anterior oyabun de lo que había sido en su momento una mafia peligrosa, pero tras su muerte junto con la de su madre (al igual que la de varios integrantes), apenas y quedaba un sector que luchaba por permanecer en la superficie teniendo como única ventaja el fracaso que cargaban consigo. Le era repulsivo que usara a Masao Saito para exigirle su papel como su primogénita y con la causa de la yakuza cuando de cualquier manera no importaba lo mucho que le indicara eso.

Primogénita Saito o no era una mujer, y por ende sólo estaba para servir a quien terminó heredando el legado tras ser el más cercano al linaje y quien se esmeró en mantener todo junto. En su momento quiso luchar por eso, pensando que esa fuera la razón o destino por la cual había quedado con vida, pero habían sido más que directos con ella sobre lo que le quedaba realmente por hacer. Y tras toda la rudeza de por medio que le recordaban qué tan sola estaba en el mundo, ya no le quedaban ganas de insistir en algo que ya no le correspondía bajo ningún modo. Lo que tenía ahora era una existencia vacía conviviendo con sujetos que no le agradaban para nada pero que era lo único que tenía como vida.

¿Qué habría querido su padre para ella? Conociendo como era su retorcido linaje, sabía que no habría ninguna diferencia a su vida actual. Pero aun así... no podía evitar realmente querer estar con ellos. ¿Cómo se puede extrañar a alguien quien no podía recordar con claridad?

-Sé que jamás podré llegar a la altura de lo que fue el Gran Saito, pero al menos pude salvar algo de él además de su negocio y esa eres tú. –Chara ni se giró hacia el jefe que se había sentado al lado de ella para tomar de la copa que rápidamente le sirvieron. –Por lo que entiende que todo lo que te exijo es por tu bien.

-¿Y porque nomas a mí? No era la única que...

-Ya te lo dije muchas veces. Cuando supimos de sus existencias las buscamos y fue más que un milagro que tú permanecieras con vida tras ese atentado. –Contestó con calma el japonés mientras dejaba su copa sobre la pequeña mesa central. –Tu hermana por otro lado, supimos que fue asesinada estando fuera de nuestro alcance a los pocos días después de que te encontramos. No se pudo hacer nada más. Ella no... contó con la misma suerte tuya.

Tras enfatizar en las últimas palabras se le quedó mirando fijamente a los ojos siendo más que suficiente por decir. Sabiendo de antemano a lo que se refería y sintiéndose disgustada por eso, desvió la mirada y prefirió contemplar la cascada artificial para nada interesante. Sólo no quería pensar una vez más en eso. ¿Suerte? Lo que tenía era una maldición que la marcaba como una vil herramienta por el resto de sus días.

Al menos sólo le quedaba un vago consuelo de todo eso. Frisk no había terminado sufriendo las consecuencias de vivir de la misma forma que ella. Su pequeña hermana había sido demasiado pura para el mundo cruel en el que habitaban.

La extrañaba... a ella realmente la extrañaba.

-Sé que no hice lo suficiente al no contar con recursos ante tantas pérdidas, pero...

-No, no, yo entiendo eso. –Suspiró Chara calmándose un poco. Ya no tenía caso de que siguiera permaneciendo molesta por lo ocurrido minutos antes tras el cambio de plática. –Fue un buen gesto darle un entierro a mis padres al menos. Se supone que eso lo deben hacer los hijos.

-No fui yo solo, él fue un padre para muchos de nosotros. –El jefe esbozó una leve sonrisa con aire de nostalgia mientras la seguía observando. –Era lo menos que podíamos hacer. Si hubiéramos sabido con tiempo que ustedes dos...

-Ya, ya... mejor ve al grano. –Interrumpió Chara haciendo un ademán con su mano como si quisiera espantar insectos entre los dos. Realmente ya no quería pensar en cosas del pasado. – ¿Me llamaste sólo para regañarme por la misión fallida? ¿Quieres uno de mis meñiques como pago?

-No. Tenemos que reacomodar nuestros planes tras este desastre, en efecto. –Su tenue sonrisa se desvaneció por completo tras eso. –Pero ya me encargaré de eso en estos días. La otra razón por la cuál te llamé es para avisarte del gran regalo que te envía el buen Morihei Kaho anunciando su jubilación.

Señaló a una esquina de la sala en donde se encontraban algunas botellas que Chara rápidamente reconoció como el sake que siempre le compraba pese a que había sido producto que su padre había manejado. Era muy poco lo que realmente había podido averiguar sobre los gustos de sus padres, por lo que desde que había sabido la locación de las tumbas procuraba una vez al mes llevarles una botella de sake junto con algunas flores que les robaba a otras tumbas. Las demás ya tenían demasiadas cosas innecesarias, ni siquiera importaría unas cuantas plantas retiradas.

Así que el viejo Kaho se jubilaría... Qué suertudo de por fin poder retirarse de algo que no le gustaba hacer.

-Le agradeceré en cuanto lo vea entonces. –Comentó sin más mientras seguía observando las botellas.

-Me temo que ya se retiró para pasar sus últimos días en paz. Quiso dejarte todo esto sabiendo que eras la única que realmente lo apreciaría.

-¿Es todo lo que me dirás entonces? –Se giró ahora para verlo con un semblante de hastío total. –Ya quiero retirarme.

-¿Sigues de impaciente?

-Espantaron mi golosina matutina. Debo conseguirme otra.

Uno de los subordinados se acercó lentamente y le dijo algo al oído al jefe que no pudo percibir la chica aunque tampoco fuera de su interés. Si el señor Yamaguchi ni siquiera se inmutaba era seguramente por algo que podía estar en orden sin su ayuda. Simplemente asintió con la cabeza y se giró nuevamente hacia ella como si la interrupción nunca se hubiera dado.

-Ya que no resultó la misión de extraer información del hijo del alcalde, tendré que asignarte a algo más en lo que veo cómo resolver este desastre. –Comentó el oyabun sin entrar a rodeos. –Hay un sujeto en New Home que nos podría poner en aprietos si no lo ponemos fuera del juego antes de la invasión. Considero que contigo será más que suficiente para eso.

-¿Podré divertirme? –Sonrió con picardía.

-En cuanto nadie sepa que eres tú, has lo que quieras con él.

Chara sonrió complacida y se levantó para estirarse un poco pese a no necesitarlo. Por fin una misión digna de sus capacidades.

-Vístete de inmediato, que te llevarán hacia allá en minutos. –Indicó mientras la observaba. –La información que necesitas te la brindarán en el camino.

-Muy bien. Gracias por la oportunidad. –Le lanzó un beso antes de retirarse. –No te defraudaré esta vez.

-Más te vale que no.

Le recordó levemente irritado por su confianza, pero de igual forma la chica ya se había retirado. En cuanto se aseguró de que habían pasado varios minutos y que se había retirado por completo del lugar, el joven nuevamente tomó su copa y se sirvió el mismo mientras permanecía pensando en la variedad de cosas que tenía que organizar ante tantos cambios de planes. Tan poco tiempo y mucho qué hacer por adelante.

-¿Dónde es el punto de encuentro? –Preguntó al sujeto que tenía cerca y que antes se le había acercado para brindarle la información repentina.

-En uno de los establecimientos del multimillonario Mettaton, mi señor. Lejos de la costa.

-Una que no pudo sacarle nada al hijo, pero la otra sin proponérselo conocerá al alcalde en persona. –Contempló su reflejo en la copa junto con la bebida burbujeante. –Esas dos complican todo sin siquiera saberlo. ¿Y aún no averiguan qué quieren los Gaster con ella?

-No, mi señor. Sus razones nos son... confusas. No parecen tener intenciones precisas.

-Sigan vigilando entonces. No interfieran hasta saber qué es lo que quieren obtener.

-¿Y qué haremos con la súcubo entonces, mi señor? Si la florista viene a Waterfall...

-Por eso la mandé lo más lejos posible. Chara es útil gracias a que sabe que no tiene nada que perder. –Le dio un leve trago antes de seguir hablando con calma. Si había algo de lo que se sentía orgulloso era de su autocontrol en cualquier circunstancia. Y por mucho que le disgustara que las cosas no le salieran bien de momento, sabía que era algo controlable a fin de cuentas. –Pese a su arrogancia, su lealtad y deuda hacia mí es más que suficiente para lograr recuperar todo nuestro imperio. Don Dreemurr tendrá todas sus ventajas a su disposición, pero Chara, mi súcubo... es mi as bajo la manga.

El joven líder terminó su copa tras decir eso y observó cómo algunos de su personal se retiraban tras una inclinación para obedecer sus órdenes. Las hijas del Gran Saito eran una carga que no había planeado tener, pero no podía dejar el tema a la deriva al estar en deuda con su antiguo jefe cuando le debía la vida misma. Lo menos que podía hacer era cuidarlas a su manera, pero sus planes requerían que no supiera nada la una de la otra.

Mujeres... eran un gran dolor de cabeza.


...

Sans se apareció con total confianza dentro del bar para poder hablar con su amigo con tal de dar con otro plan ahora que se había opacado con el suicidio encontrado. Sin alguien a quién sonsacarle información ni alcohol con el cual atraer a quien dejaba las ofrendas se había quedado sin nada con lo cual averiguar más información. Las cosas se estaban tornando cada vez más extrañas y la necesidad de respuestas estaba incrementándose.

Pero en cuanto dio un par de pasos hacia la barra se topó con la sorpresa de que estaba Fuku moviendo unos vasos en una de las repisas que apenas y lograba alcanzar. Divertido con ver que aún no se percataba de su presencia, se acercó aún más sigilosamente.

-¿No eres muy joven para estar en un lugar como este? –El esqueleto rio al ver que la había desconcertado.

-¿No es muy temprano para querer beber a esta hora? –Le reprochó molesta con su presencia. –Además está cerrado, así que lárgate.

-Vine a hablar con Grill, no contigo niña. –Pese al disgusto y palabras de la adolescente, se acercó a la barra y se sentó en su lugar de siempre.

-Mi tío no está, salió hace poco y no ha vuelto.

-¿Y por eso estás aprovechando en esculcarle el negocio?

-¡No estoy haciendo nada malo!

El mafioso simplemente se rió y sacó un puro de su saco para ponerlo entre los dientes. Al no tener nada de prisa, optó por esperarlo pacientemente en el lugar mientras se encargaba de vigilar a la sobrina revoltosa. Grillby había estado teniendo demasiados problemas con ella por su comportamiento tan hostil desde que se encontraba con un particular grupo de amigos igual de problemáticos.

Con tal de molestarla, acercó el puro a su cabeza y lo prendió con las llamas que emitía lo que aparentaba ser su cabello de tonos verdosos. La chica se apartó enojada.

-Enserio, tienes tu propia casa ¿por qué no te vas?

-¿Por qué no te vas tú? –Sans le siguió la corriente, completamente divertido de la situación.

-Yo aquí vivo, imbécil.

-Pero esto es horario escolar. –Fumó un poco antes de seguir hablándole con un tono un poco más serio. –Eres de las pocas monstruo que pueden estudiar la secundaria y lo estás desaprovechando. ¿Tienes idea de cuántos querrían estar en tu lugar?

Decir eso le generó a Sans un trago muy amargo de su vida. Ni su hermano ni él habían podido ir a una escuela siendo el caso de que sus padres los educaron en casa por los bajos recursos, pero aunque hubiera existido la absurda casualidad de que pudieran darse tal privilegio, sabía de antemano que no se podía aspirar a más por mucho que lucharan por ello. Existía una brecha de desinformación inmensa gracias a las permisiones académicas en cuanto a ambas razas. Obviamente siendo beneficiado uno de los lados.

-¿Te parece que eso es una escuela? Sólo nos recuerdan constantemente que la magia no está permitida públicamente. La verdadera educación sólo es para humanos.

-¿Y por eso andas en manifestaciones en los centros en vez de gozar de tu ventaja?

-¡Yo estoy luchando por algo! No que tipos como tú complican más las cosas. –Exclamó cada vez más molesta la chica flama. Su cabello comenzaba a incrementarse. –Si tuviéramos un monstruo en el gobierno...

-Fuku, tú ni siquiera puedes votar. Tanto por la edad como por tu género. –Sans emitió una bocanada de humo queriendo ahogar cualquier mal pensamiento de eso. –Deja esas tonterías que sólo te llevarán a puros problemas.

-¡Ya tengo 14! ¡Y tú no entiendes nada!

-No, eres tú quien no lo entiende. –Sans dejó a un lado toda gracia y se puso en postura seria. No era asunto suyo educar a la escuincla, pero si podía quitarle un peso de encima a su amigo en cuanto el tema lo haría con gusto. –Me odias por ser delincuente, es comprensible. Muchos humanos nos tienen en ese estereotipo y no ayuda el hecho de que realmente muchos lo seamos. ¿Pero sabes qué? Existen suertudos como tú que cuentan con la oportunidad de mostrar otra cara de nuestra especie, y en vez de demostrar que un monstruo puede ser igual de "civilizado" que un humano, malagradecidos como tú andan de revoltosos dándoles la razón a quienes nos odian.

-¡Eso no es educación! ¡Es sumisión! –Exclamó la chica coléricamente. –Los humanos nos ven como mascotas entrenadas para dar la pata. Si no nos manifestamos jamás nos escucharán en verdad.

-Sus gritos se escuchan fuera del bar. –Ambos monstruos se giraron hacia la puerta sorprendidos de ver al dueño del lugar entrando. –Fuku, se supone que debes estar en la escuela ¿Qué haces aquí?

-¿Enserio te preguntas eso y no que este tipo entre como si nada? –La mencionada señaló al esqueleto molesta de que sólo a ella le llamaran la atención. –Ustedes sí que tienen problemas.

Indignada con que nada le saliera bien, Fuku se retiró pasando de largo a los dos presentes y cerrando la puerta con fuerza. Grillby suspiró de frustración contemplando el lugar de donde se había ido su sobrina, pero tras varios segundos estando en esa posición retomó su camino hacia la barra donde se encontraba el esqueleto esperando pacientemente.

En lugar de pasarse al otro lado que le correspondía como dueño del lugar, se limitó a sentarse a lado de Sans que lo observaba con un semblante relajado pese a la discusión que había tenido con su sobrina.

-¿Y el sake?

-No sé, alguien se lo llevó antes de que llegara. –Contestó sin más el esqueleto tras una gran bocanada de humo de su puro a medio consumir. –El sujeto con el que negociaste muestra señales de suicidio... pero el que no haya quedado la mercancía me hace sospechar que fue algo más.

-¿Insinúas que alguien está al tanto de la investigación?

Sans no contestó de inmediato al no saber realmente qué pensar de eso. Por una parte, le era imposible que se supiera con precisión lo que estaba buscando en particular cuando ni él sabía qué era con lo que esperaba toparse. La humana cada vez estaba rodeada de misterios escabrosos que comenzaban a quitarle el sueño.

Pero por otro lado... aquellos sujetos que observaban en la distancia podrían saber algo más de lo que aparentaban. Con el poco tiempo que le quedaba para no levantar sospechas, había podido revisar el resto de la bodega y se percató que lo único retirado había sido el sake comprado con su dinero. ¿Acto discriminatorio tal vez? ¿O encubrimiento total? ¿El humano realmente se habría suicidado? Cada vez era más extraño conforme le llegaban las preguntas mentales.

Dado que se había quedado sin pistas de momento, lo único que le quedaba era pedirle a la flor parlante que le aclarara algunas dudas, pero eso implicaría demostrar que no estaba cumpliendo con la tregua que él mismo propuso. Pero si Frisk estaba en peligro y no se hacía algo para evitarlo... No, eso sí que no lo permitiría.

-Si no funcionó atraer a quien dejaba las ofrendas... me quedaría ir tras uno de los vigilantes misteriosos. –Puso lo que quedaba de su puro sobre el cenicero un tanto apagado tras no pensar en algo más. –Pero con eso le daría la razón a Papyrus sobre ser idiota.

-También podrías esperar a que ellos lleguen a ti. Con eso de que resulta que eres su amante...

-Apenas y me devuelve la palabra, Grill.

-No, tonto. Es lo que están rumorando ahorita en el jardín ahora que acabo de pasar por ahí. –Señaló hacia su espalda donde se encontraba la puerta. –Sobre que la florista es tu posible amante.

-¿Qué?

De todos los rumores que se habían inventado sobre su persona y sus capacidades, esa era sin duda de las más extrañas que se habían hecho sobre él que no pudo burlarse de eso. ¿Frisk su amante? Era una palabra de lo más vulgar para referirse a su magnífica persona, además la chica apenas y lo tenía de título como "conocido", por lo que sus posibilidades de acercarse más estaban al borde de lo imposible. Ni la flor que tenía por amigo era necesaria para la barrera que la chica le tenía por cuenta propia.

Tampoco era algo que le importaba. Después de todo, esa clase de felicidad no se le tenía permitida bajo ningún modo.

Pero si estaban circulando rumores de ese tipo, las cosas podrían complicarse más de lo que podría imaginarse. Su día cada vez estaba empeorando y todavía faltaba mucho para que terminara. Era una crueldad tener que trabajar tanto en lo que ni siquiera era trabajo, pero no podía quejarse para nada si él solo se había metido en eso. Así que tal vez tenía razón su hermano, era un idiota.

-Tal parece que tendré que hacer una limpieza antes de que llegue a "oídos" del viejo. –Se paró de su asiento y se estiró un poco como si lo requiriera como calentamiento. –Nos vemos luego, Grillby.

-Conociéndote, será esta misma noche. –Se burló el hombre flameante.

El esqueleto rió antes de desaparecer ante su vista. El dueño del bar no se levantó tras optar quedarse sentado y descansar de la caminata que previamente había realizado. Pero no pudo evitar preocuparse por su amigo con lo complicado que se estaban volviendo las cosas. ¿Realmente valía tanto la pena? Estaba de acuerdo en varias observaciones que había hecho Papyrus, pero a su vez comprendía la necesidad de proteger algo bueno dentro del mar de males en el que muchos se estaban ahogando. Los sujetos aparentemente de la yakuza parecían indicar que no querían entrometidos, por lo que insistir en más los llevaría a un posible peligro.

Esa florista... debía de ser en extremo especial para que Sans se empeñara tanto en protegerla.

-¡SANS! ¿ESTÁS AQUÍ?

El portazo que se dio desconcertó por completo al dueño del bar casi haciendo que se cayera de su asiento. No tuvo ni qué pensarle de quién se trataba tras reconocer de inmediato la alzada voz.

-Se acaba de ir hace poco. –Indicó Grillby mientras se giraba para ver de frente al esqueleto alto. –Están corriendo rumores sobre su persona y la florista, por lo que dijo que tendría que "hacer limpieza".

-¿TODAVÍA ESTÁN CON ESO? –Preguntó molesto por alguna razón. -¡PERO LLEGAREMOS TARDE SI NO SE APRESURA!

Y así como vino, se fue tras otro portazo. Grillby simplemente se quedó mirando su puerta que aparentemente ya nadie respetaba.


...

El sol de la tarde se reflejaba en el único ventanal que tenía el pequeño departamento la joven, la cual se encontraba sentada en su comedor con una mano apoyada mirando hacia la nada con total aburrimiento.

-Le dije que tenía ya un compromiso esta tarde. –Reprochó la joven en voz alta mientras toqueteaba rítmicamente la mesa con sus dedos. –La comida está por enfriarse.

-Esos sujetos no entienden la importancia de la puntualidad, son maleducados. –Comentó la flor estando sobre la mesa, mientras seguía estirando sus raíces cómodamente sobre su maceta ahora que se le había cambiado su tierra por una más fertilizada. Le arrullaba hasta cierto punto el cambio más cálido. –Será mejor que ya no los esperes y te sirvas, no sería bueno que vayas con el estómago vacío dado que puede que solo sirvan bebidas.

Frisk dejó de golpear la mesa con sus dedos y puso uno sobre la cazuela tapada, mas nunca la levantó tras sentirse indecisa de si realmente servirse o no. ¿Sería un acto maleducado no esperarlos a comer cuando si le habían dicho que llegarían? ¿Pero y si no llegaban y se quedaba con hambre? ¿Por qué no le avisaban que se pospondría la comida para evitarse ese malestar? ¿Cómo podrían hacerlo si no tiene nada con lo cual comunicarse en su casa salvo cartas? Frustrada con sus propios pensamientos, se dejó caer en la mesa estando recostada y contemplando la cazuela humeando con el contenido que había preparado.

Aunque no se sintiera como una experta en cuestiones culinarias a como lo había sido su madre, admitía que realmente le gustaba el proceso de la cocina partiendo desde su cultivo. Para Frisk, el secreto de una buena comida partía desde una buena selección exacta de los vegetales más frescos, por lo que se tornaba en un ritual en agradecimiento a la naturaleza por permitirle la existencia de tales alimentos con los cual poder manejarse creativamente. Pero ahora que estaba aventurándose a preparar cosas con carne, sentía que de algún modo estaba haciendo algo mal por mucho que el sabor le indicara lo contrario. La carne no era algo que estuviera acostumbrada a consumir después de todo.

El leve rugido de su estómago le hizo abochornarse desde su asiento mientras se tapaba su vientre con un brazo lamentándose su indecisión. Quería comer... pero tampoco quería verse grosera por no esperarlos. ¿Por qué las relaciones sociales eran tan complicadas?

Suspiró mientras seguía viendo de modo masoquista lo que ella misma había preparado para tres. Si alguien le hubiera dicho de que en algún momento de su vida terminaría preparando comida para una reunión en su casa independiente o leve convivencia casual... nunca lo hubiera creído. En su solitaria vida siempre pensó que sólo tendría a Flowey y padres consigo, siendo así su única convivencia en su rutinaria pero pacífica existencia, pero en lugar de eso se encontraba abandonando a su madre en busca de un paradero desconocido de su padre, a su vez que tenía un trabajo propio sobre lo único que podía decir con certeza que sabía lo que hacía, con base a una herencia de varias cifras del que desconocía cómo pudieron otorgarle. Sin contar el hecho de que tenía encima a dos criminales con demasiado tiempo libre y con una necesidad de atención excesiva que aún no lograba entender por qué a ella en particular le pedían tal cosa. Ella dejaba más que evidente que no era lo suyo relacionarse ¿Por qué la buscaban a ella en particular? ¿Acaso el saludar había sido el suficiente indicio para que la involucraran en una relación social entre ellos? De todos los seres del planeta ¿Por qué asesinos y estafadores?

Y sin embargo, aun con sus quejas mentales y disgustos del tema, se encontraba ahí cocinado para aquellos seres que de algún modo querían conocerla, abriéndoles su pequeño hogar y permitiéndoles estar cerca de ella. Sabía que no valía la pena negarse si de cualquier forma ese par hacía lo que les placía (cosa que sí era muy maleducado para su disgusto), pero a su vez admitía en sus adentros que comenzaba a acostumbrarse a sus particulares presencias por muy mal que estuviera. Eran seres peligrosos y no del todo amables considerando sus atrevimientos y confianza respecto a su persona, pero le era interesante poder entablar una conversación con seres que sí tenían sentimientos fuera de una inminente tristeza y angustia como había terminado su madre.

Pensar aquello la hizo enderezarse y recargarse en su asiento mientras miraba su propio techo, el cual era una vista que le gritaba la urgencia de mantenimiento próximo. Su vida realmente había cambiado mucho de lo que había creído posible ¿Será acaso que ella también había cambiado? Estiró sus manos apuntando hacia el techo para contemplarlas como si con eso pudiera dar con la respuesta a su silenciosa incógnita. Seguía siendo ella misma... pero con dos sujetos insistentes en su entorno ¿cierto?

El sonido del timbre de su puerta inferior le hizo sobresaltarse en su asiento al haber olvidado por completo su espera. Bajando sus manos rápidamente al ritmo en el que se paraba para asomarse en su ventana, contempló con preocupación que no se trataba del vehículo rojo lujoso que había estado esperando, sino uno negro que en primera instancia resaltaba lo costoso que vendría siendo igualmente, pero que en efecto se trataba de su otro asunto pendiente llegando puntualmente a lo que le indicaba el reloj. Habían venido a las 5 en punto, tal y como le habían indicado en la carta.

Lamentándose por no haber comido nada en su espera, tomó la maceta de su amigo y se dispuso a bajar para permitirle la entrada a quien fuera que recogería los arreglos florales de prueba.

-Buenas tardes, señorita. –Un humano un tanto corpulento estaba situado frente a ella quitándose el sombrero. – ¿Es usted Frisk...?

-Sólo Frisk, sí. –Aclaró con calma y se apartó para dejarlo pasar. –Viene por los arreglos ¿cierto?

-Y también por usted, tengo la indicación de llevarla a una reunión con uno de nuestros representantes del proyecto.

Frisk supuso que esa era la razón por la cual no indicaba la carta una forma de acceder o rechazar la petición si lo daban por hecho, pero no le preocupaba porque era algo que ya tenía en sus planes teniendo la gabardina que le había regalado Sans en el local junto con los adornos que alcanzó a hacer y que indicó en silencio que se trataban de esos. En lo que el señor cargaba todo casi de un solo golpe ante tan corpulentos brazos, Frisk se puso su gabardina y acomodó levemente su cabello antes de ponerse su sombrero.

Lamentando en silencio no haber comido antes, tomó la maceta de su amigo rodeándolo con un brazo y con la otra mano metió la mano en su bolsillo para sacar la llave con forma de estrella de cuatro picos y cerró la puerta tras de ella. No le agradaba del todo tener que subirse a un vehículo que le estaba esperando con la puerta abierta, pero el ver sus preciadas flores cerca de su asiento fue suficiente para relajarse y tomar acción. Tendría una propuesta de trabajo y como profesionista tenía que ver por esas cosas en primera instancia.

El recorrido silencioso hacia Waterfall le fue más incómodo de lo que creyó conforme observaba alejarse el barrio desde su ventana, mas nunca se quejó tras sentirse intimidada estando en un lujoso automóvil conducido por un desconocido y estando sola salvo con Flowey. La última vez que había salido del barrio no le había ido nada bien, pero al menos contaba con su amigo a su lado para calmarla pese a la debilidad que tenía en ausencia de pétalos y a lo adormecido que estaba ante el cambio cálido de tierra fertilizada.

Pero en cuanto pasaron algunos edificios de la entrada a la zona, la joven quedó sorprendida de visualizar en la lejanía a un inmenso mar repleto de barcos con cargas muy pesadas, suponiendo que por ahí se trataba de algún puerto. Era la primera vez que veía tanta agua pese a contemplarlo en la distancia. No quería imaginarse cómo se sentiría verlo tan de cerca, seguramente muy abrumador al no ver un suelo donde llegar por mucho que los colores del atardecer lo quisieran volver tan atractivo como una pintura. Seguía pensando que era mejor un campo lleno de tierra fértil, así al menos Flowey podía estar con ella sin complicaciones.

La velocidad del vehículo comenzó a disminuir de tal grado que le indicó a la joven de que habían llegado al destino. Pudo contemplar lo inmenso que era el edificio en cuanto le abrieron la puerta para salir del auto ¿Cómo era que algo así no se visualizaba en la lejanía? ¿Por qué la necesidad de hacer las construcciones tan altas en la ciudad? ¿Acaso era por un complejo? Para ella eran más que suficiente dos pisos, no se imaginaba cuánta gente cabía en algo así.

Se giró para tomar sus cosas del auto y a su amigo, pero con horror notó que el auto ya se había retirado y que en su lugar estaba un joven delgado trajeado esperándola pacientemente al pie de las escaleras del lugar. ¿Cuánto había tardado en contemplar la altura del edificio como para no notar que se había retirado? ¿Dónde estaba Flowey? ¿Por qué no le dijo nada? ¿Se lo habían llevado como un adorno también?

-Muy buenas tardes, señorita. Usted debe de ser la florista. –Comentó el joven humano con una sonrisa tenue.

-¿Dónde están mis cosas? ¿Dónde está...?

-Las muestras que trajo consigo las trasladaron al cuarto de convenciones, en donde están en este momento el comité organizador del proyecto. –Contestó el humano borrando su sonrisa al no gustarle que le interrumpieran. –Por el momento se encuentran ocupados en otros temas, pero se llevó las cosas para agilización del proceso y en breve la atenderá uno de los representantes.

-No me parece cortés que me citen a una hora si de igual forma no me atenderían en esa. –Indicó Frisk sin pensar en sus palabras.

-Eh... si gusta acompañarme, la llevaré al bar para que pueda esperar ahí.

Tener que esperar en un lugar como ese le parecía un gesto de pésimo gusto, pero no dijo nada al respecto al preferir acabar con todo de una buena vez y ver a su amigo pronto para retomar el camino a su casa. Le preocupaba que se quedara solo y lo irritable que podría ponerse estando así. Además, para su mala suerte con eso comprobaba que no se comería nada si solo la llevaban a tomar algo.

Subiendo las escaleras pudo tener mayor visibilidad de la entrada a la que le llamaba la atención la gran puerta giratoria que tenía en el centro ¿Acaso no se mareaban con ella? ¿Qué necesidad tenían de tal diseño tan inútil para una puerta? Cada vez estaba más convencida de que los citadinos eran gente muy extraña y complicada.

Ingresando al lugar a Frisk le fueron inverosímil los lujos que se reflejaban en cada esquina del lugar aparentemente infinito. No tenía ni idea de qué era realmente el objetivo de tal lugar si en cada cosa que miraba le daba una apariencia distinta. ¿Era un hotel? ¿Era una oficina? ¿Por qué algo de la alcaldía tendría un bar?

-Por aquí, señorita.

Tras un breve recorrido nada grato para la chica incomodada con los lujos decorativos del lugar, finalmente llegaron a un bar de lo más elegante donde había varias personas portando trajes muy calurosos para el clima húmedo en el que se encontraban. Comprendiendo que podría tratarse de un código de etiqueta, Frisk se sintió aliviada de que al menos estuviera portando la gabardina elegante que le había regalado Sans para no resaltar tanto y pese a sentir que no la necesitaba ya. El clima no era fresco como el de Snowdin, incluso le parecía mucho más agradable.

Se sentó en la barra donde le había indicado el joven y se quedó contemplando el lugar sin saber qué esperar de la situación. La cuestión de negocios no era algo que le atrajera como tal ni mucho menos algo que fuera parte de ella, pero si era algo con lo cual incrementar la búsqueda de su padre sin lugar a dudas lo haría con gusto. Solo esperaba que con quien tendría que presentar sus opciones de arreglos no fuera tan extraño como la gente que se había topado en su estadía en la ciudad.

La suave melodía de un piano le llegó poco a poco sorprendiéndose de que el lugar fuese tan grande para que cupiera un instrumento tan grande como ese y todavía verse espacioso en el escenario en el que se encontraba. Frisk no reconocía el tipo de música que tocaba el pianista, pero le pareció de lo más agradable de tal modo que le calmó de toda incomodidad que había sentido. Al menos el lugar no parecía tan malo.

-Supuse que no te vestirías adecuadamente para la ocasión. –Una voz masculina a lado de ella irrumpió la concentración que le había dado al suave tono de las notas. –Pero no puedo evitar sorprenderme de la mejora.

Con el mismo porte arrogante que recordaba, a lado de ella se encontraba quien menos había esperado volver a ver en su vida.

-¿Mettaton?


***

Muchas gracias por el apoyo y por seguirme acompañando pese a la lenta actualización. ¡Los amo! Son mi razón para seguir adelante.

¿Dónde está Flowey? ¿Qué hará Mettaton? ¿Chara se divertirá? Descúbranlo en el siguiente capítulo... tal vez :V

*Inserte teorías locas aquí y luego sírvase del guisado abandonado de Frisk (no hay que desperdiciar).*

Michi fuera!

:)

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