Cap 34. Mi nombre es Frisk



Por muy mierda que resultara el día, la luna estaba hermosa esa noche.

Con un bolso mediano en una mano y sus zapatillas en la otra, Chara se encontraba caminando tranquilamente a altas horas de madrugada, recorriendo las pestilentes calles de Waterfall tras regresar de un día de lo más decepcionante. Le habían prometido acción, le habían garantizado que podría divertirse... y todo terminó de lo más aburrido para la chica. Ahora no sólo estaba regresando antes de lo considerado por sentir que no le quedaba nada más por hacer en New Home de momento, sino que estaba molesta por haberle hecho perder el tiempo con una tontería así.

De toda la variedad de sabores y colores que brindaba la ciudad pecadora en la que vivía, le habían mandado al otro punto extremo de la ciudad para matar a un puritano que no presentaba amenaza alguna. ¿Tanto la menospreciaba Kris para un encargo así de burdo? Ese sujeto cualquiera lo habría podido matar en el momento que se quisiera, ni siquiera tuvo oportunidad de al menos divertirse al ser un caso inútil tratar de seducirlo antes.

Estando ladeando la bolsa a ritmo de sus pasos descalzos y rompiendo las medias de por medio, terminó suspirando de frustración ante el intento de vida que estaba teniendo. Era realmente molesto que siguieran menospreciándola, pero lo cierto era que no podía esperar más allá de eso, se lo habían dejado claro desde el principio después de todo. Ser una mujer perteneciente a la yakuza con un apellido peculiar no cambiaba nada. Su intento de vida era solo eso... un burdo intento.

Sin darse cuenta de cuánto había recorrido, se percató de que se había dejado llevar demás por sus pensamientos y había terminado caminando hacia el muelle que estaba siendo azotado con rudeza por las olas nocturnas. La brisa fresca marítima hacía de las suyas en levantar su vestido y mover su peluca pelirroja ondulada al grado de desacomodarla un poco, pero nada de ello le importaba en ese momento al seguir sujetando el bolso y las zapatillas con suficiente fuerza. Tampoco había personal en ese momento custodiando por ahí, cosa que le extrañaba si sabía que estaba cerca de una zona que ya le había advertido Kris de que no pusiera un pie ahí si no quería problemas innecesarios. Por lo que aprovechó la ausencia de ellos y siguió caminando hasta llegar a la barda que impedía cruzar la zona peligrosa.

Odiaba la ciudad, pero lo único que podría considerarle bueno era justamente el mar... de donde habían venido sus padres. De un lugar que le encantaría recorrer si no fuera porque no tenía el derecho ni vida propia para hacerlo. Aunque fuera de ascendencia japonesa, aunque fuera producto de la yakuza, nada de eso le pertenecía en construcción de una verdadera identidad. Ella sólo era un elemento, un utensilio, un objeto... No había día que no se lo recordaran sin importar en dónde o qué lado estuviera y simplemente aceptaba esa realidad aplastante tratando de vivir con eso e intentando disfrutarlo.

Pero aun así... ella... No quería serlo más.

Soltando las zapatillas y bolsa en el suelo, se adentró un poco más al muelle cruzando la barrera que supuestamente debía de proteger del mar que claramente no conocía límites en cuanto a su fuerza. El agua le llegaba a los pies en cada pisada, sin darle importancia qué tan helada estuviera en cada paso o que tan intimidante resultaba ante la cercanía.

Ella sólo quería estar en el otro lado.

Llegando a la punta del muelle estando dispuesta a dejarse caer, extrañamente sintió que alguien se acercaba con bastante prisa detrás de ella, mas no le dio importancia si se trataba de un posible peligro para ella cuando era más catastrófico lo que tenía de frente. Sin embargo, en vez de sentir que fuera empujada o apuñalada, tan sólo fue jaloneada del brazo al grado de obligarle a retroceder varios pasos. La fuerza que habían empleado en ella para eso le llamó la atención que fue suficiente para que quisiera girarse y ver a quien había tenido intenciones de rescatarla.

Para su sorpresa, era una chica monstruo quien le estaba sujetando aun obligándola a separarse cada vez más de la orilla del muelle. Tenía varias vendas en sus brazos un tanto deshechos a causa del movimiento y de la humedad del lugar, pero eso no parecía ser un impedimento para ella. Y si bien la luz de la luna no dejaba ver mucho, no lo necesitaba para identificar de inmediato la corta melena rojiza y el ojo amarillo fulminante que expresaba preocupación y agitación.

-¡Hey! Yo te conozco. –Exclamó Chara lo suficientemente fuerte para hacerse escuchar entre las olas todavía tan cercanas. –¿Qué tal?

-¿Q-qué...?

La anfibia apenas y podía decir algo ante la agitación que tenía encima, pero parecía un tanto sorprendida de notar que a la que estaba jaloneando era una humana. ¿Había esperado un monstruo? Por lo que notaba directamente, se había quitado también los zapatos y se había lanzado corriendo para llegar a ella antes de que fuese tarde. Su vestido al ser largo se había mojado bastante por ello, pero parecía que la anfibia no le daba importancia a eso por ahora. Chara mantuvo su sonrisa despreocupada y con un deje de diversión por la situación. Tal parecía que ni siquiera la reconocía y sólo había hecho un intento de rescate ante un extraño instinto de su parte. ¿Acaso había estado dispuesta a lanzarse al mar para sacarla si ella hubiera saltado? Eso sí que era nuevo de ver.

-Oh cierto, creo que llevaba antifaz y una peluca diferente ese día. –Recordó Chara dejándose llevar por su agarre y caminando con calma sintiendo el agua salada maltratando sus medias. –Era rubia esa vez ¿no?

-¿Qué...? Espera. –Una vez que estuvieron retirándose del muelle hacia el otro lado de la barda, la anfibia finalmente se detuvo al captar por fin sus palabras. La soltó por mera sorpresa mientras Chara no podía evitar soltar una leve risa por su reacción. –¿Tu eres... la chica de ese lugar?

-El prostíbulo, sí. –Aquello le hizo soltar una risa más por notar que ni siquiera podía llamar a ese lugar por su nombre. Le era demasiado obvia la pena que le daba. –Te cortaste el cabello ahora ¿eh? Me agrada el cambio.

La anfibia no dijo nada al respecto, pero si tocó uno de sus mechones alborotados por el viento mientras desviaba la mirada de ella ante una vergüenza de haberse topado con quien había cometido un gusto culposo. Esa expresión la conocía muy bien con varios de sus clientes cada vez que la buscaban, pero era la primera vez que la situación venía de un contexto diferente.

-Ibas a lanzarte. –La monstruo desvió el tema con tal de no seguir con aquello que le avergonzaba. -¿Por qué?

-Meh... no importa cuánto lo intente, de igual forma no habría funcionado. –Se encogió de hombros sin darle importancia –Estoy maldita por culpa de los intereses de otros.

-¿A qué te refieres?

Chara no quiso darle respuesta a eso al serle exasperante tener que dar una explicación así. Una extraña no lo necesitaba saber por mucho que su día hubiese resuelto exasperante.

-¿Y tú que hacías en estos lugares? –Ahora le tocaba a ella desviar el tema. Se recargó en la barda con los brazos cruzados y mirándola fijamente.

-Estaba dado un... paseo. Necesitaba meditar un poco.

-¿Y lo haces a altas horas? Eso puede ser muy valiente o muy estúpido dependiendo de la situación.

-¿Y qué hay de ti? –Entró a la defensiva ahora regresándole la mirada. –¿No temes que alguien quiera robarte o... violarte?

-¿Te preocupas por una prostituta caminando en la madrugada? Que adorable. –Se burló sin reparo alguno al serle de lo más divertido. –No es como que me vayan a robar la virginidad que claramente no tengo.

-Pero podrían lastimarte. Incluso matarte.

La oración era de lo más estúpida, pero Chara nuevamente no quiso decirle nada de inmediato al parecerle divertida su ingenuidad. Teniendo su bolso cerca de ella, se agachó para sacar un cigarro con cuidado de no mostrar más y lo prendió con algo de dificultad dado el viento marítimo. Por lo regular fumaba después del sexo o cuando requería relajarse despejándose de todo lo demás, pero en ese momento lo necesitaba simplemente para tener que hacer algo con sus manos.

Aunque fumar no fuera algo que realmente le gustara, el hecho de que Kris siempre se molestara cada vez que la atrapaba fumando era suficiente para querer seguir haciéndolo. Desconocía si era porque la necesitara alerta o por el simple caso de que a su perspectiva no era algo que tuviera que hacer una mujer, pero a ella no le importaba eso sí de cualquier forma nada malo le pasaría.

No importaba cuanto lo deseara. La muerte la tenía negada.

-No puedes matar a una muerta. –Soltó tras exhalar el humo que rápidamente desapareció con el viento. –Así que eso no me importa.

Siguió consumiendo su cigarro en silencio creyendo que con eso la dejaría en paz, pero tal parecía que la anfibia estaba dispuesta a acompañarla hasta asegurarse de que no volvería a lanzarse en su ausencia. Le era extraño ese comportamiento tan inusual para alguien de Ebott, pero no podía negar que le daba curiosidad.

-Yo también soy una muerta.

Las palabras de la anfibia habían sido tan firmes que simplemente Chara arqueó una ceja interrogativa para que se explicara más. Estaba segura de que no estaban en el mismo contexto y que sólo trataba de estar en sintonía con alguien que le daba lástima. Era un acto estúpido de su parte en realidad, mas no tenía intenciones de hacérselo saber de momento. No estaba tan de humor para eso.

-Muchos creen que morí y no hicieron nada en comprobar lo contrario. –Continuó hablando la monstruo mirando al frente con su único ojo. –Así que eso me hace una vaga entre vivos supongo.

-Vaya, pero que pequeño es el mundo entonces. –Comentó Chara sin reprimir una leve risa entre el humo de su cigarro. La coincidencia de toparse con alguien similar a su caso sí que era sorpresivo. –Espero que al menos no estés cometiendo mis errores con eso.

-¿Te refieres a prostituirte para vivir? –Se giró para verla con un semblante serio.

-Acabas de ver que iba a lanzarme al mar por mi cuenta ¿tú crees que quiero vivir? No, la prostitución es lo único que tengo de bueno en esto. –Exclamó con algo de enfado en su insistencia y bajando su cigarro para que el humo no interrumpiera. Su ingenuidad no era tan divertida ahora. –Si estás muerta para todos, eso significa que eres libre ahora. Aprovecha eso y no entregues eso de ti por pendejadas como las que yo hice. No trabajes para nadie más, sólo para ti... o de lo contrario estarás entregando lo único que queda de ti para una causa de la que sólo serás una herramienta.

Chara suspiró tras acabar soltando eso. Se maldecía por haberle dicho esas cosas que no le competían a una cliente más, pero había algo en ella que ahora le estaba irritando con su intento de empatía. Levantó de nuevo su cigarro y se dispuso a continuar fumando antes de que se acabara consumiendo por su cuenta, pero la anfibia se lo quitó de inmediato sin siquiera fumarlo ella. Si tuviera a la mano su daga, ya le habría arrancado la mano por atreverse a seguirla molestando.

-Eres una humana, tienes opciones de conseguir más cosas. –Le gruñó la monstruo como si algo en sus palabras le hubiera molestado. –No me digas que quieres morir cuando tienes la verdadera libertad de hacer algo que un monstruo como yo no.

-¿Crees que esto está a una balanza preferencial? Somos mujeres, idiota, por defecto ya somos instrumentos para todos sin importar que especie seamos. ¿Vas a odiarme ahora por querer morir siendo humana?

-No... ¡nyagghhh!

Tiró el cigarro de puro enojo y se apartó un poco como si quisiera considerar sus propias palabras. Le era evidente de que tenía un conflicto emocional y que ahora sólo se estaba desquitando con ella de una forma extraña ¿Para eso la había salvado? ¿Para tener alguien con quien descargar sus frustraciones o por limpieza de conciencia? Por la forma que golpeaba la arena con sus propios puños, cualquiera de las opciones era posible.

-Bien... de muerta a muerta ¿es el único consejo que puedes darme? –Continuó hablando la anfibia tras calmarse un poco de golpear inútilmente la arena. Se terminó sentando y mirándola hacia lo alto. –Necesito algo más útil.

-Supongo que este es tu motivo de caminar a estas horas. –Susurró la joven para sí misma y se agachó para estar en la misma altura. –Sabes, si lo que tienes es frustración, puedo quitártelo con unas horas de placer desenfrenado, no tienes que hacer esta clase de cosas sin sentido.

-Sin sentido... Estoy cometiendo cosas... que se supone que eran malas para mí, pero no me siento mal en estarlas haciendo ahora. Me siento bien y eso me hace sentirme confundida. –La voz de la anfibia disminuyó un poco, como si hubiera cierto lamento de tener que contarle tales cosas a una desconocida que la conocía desnuda. A Chara le era evidente lo solitaria que estaba si se arriesgaba de ese modo. –Debería de lamentar hacerlas... pero me hace sentir que... estoy impartiendo justicia. Verdadera justicia.

-Esta ciudad es muchas cosas, pero justa no es una de ellas.

-Exacto, es por eso que quiero hacerlo yo.

Chara arqueó la ceja. ¿Acaso esa monstruo sólo tenía un complejo de heroísmo estúpido? Si realmente se trataba de alguien que estaba muerta para la sociedad, no le cabía duda de que había sido por un intento de homicidio entonces si tenía tales pensamientos absurdos. Ella era la clase de seres que morían primero por ideologías estúpidas. Aunque le irritaba internamente seguir teniéndola cerca, lo cierto era que le daba curiosidad saber más de lo que fuera que parecía estarla atormentando.

-Te lanzaste a rescatar a una posible suicida, eso habla de que eres una buena chica. –Señaló ahora volviendo a estar calmada y sentándose en la arena ante la posición un tanto incómoda en la que estaba. –Eso es malo para ti sin embargo, intentarán abusar de ti a la primera oportunidad. Supongo que de eso viene que hayan intentado tocar tu cuerpo sin consentimiento... pero en parte no los culpo, tus pechos son enormes. Dime ¿Soy la primera en que realmente los ha disfrutado?

-S-si... –Su sonrojo fue más que evidente.

-Pues que honor entonces. Son tan perfectos para una especie que no requiere amamantar.

Había desviado el tema con tal de calmarla al sentir que nada bueno podría salir de su mala experiencia. Por lo mismo Chara se maldijo por preocuparse por ella, internamente no evitaba sentirse identificada si realmente se trataba de alguien que estaba muerta para todos. Ella también había terminado haciendo rabietas en el exterior en ese tiempo que no comprendía nada, también había estado confundida si estaba haciendo lo correcto en los nuevos pasos que se creaban para ella. Y por todo eso, había sido muy fácil que llegaran a convencerla de entregar lo único que realmente le quedaba sin que se diera cuenta: la libertad.

Además, había sido con una luna muy similar a la que tenía sobre ella ahora cuando debió haber muerto. Recordar ese momento no le era nada agradable, pero no podía hacer nada para dejar en el olvido algo que la había marcado por la eternidad.

Si, la sed de venganza por cada cosa que le hicieron era inminente, pero una parte de ella se arrepentía de haber accedido a estar en un grupo que no la valoraba realmente ante ese sentimiento que la invadía con el simple hecho de recordarlo siempre. Esa no era su familia por mucho que Kris le insistiera que formaba parte de ellos ahora, ese no era su lugar en el mundo, su verdadera familia había muerto... y estaba sola sin importar que.

Odiaba a cada maldito ser que la había condenado a lo que era ahora. La muerte ni siquiera podría otorgársele por mucho que lo deseara. En cuanto consiguiera su venganza ¿qué le quedaría después de eso? Esa era la interrogante que tanto le aterraba. La yakuza no era nada para ella sin importar cuál fuese su apellido dado que no es algo que heredaría ni por derecho. Y aunque lo fuera, ya no le interesaban sujetos patéticos que se entregaban a cosas suicidas sin sentido. Lo suyo al menos estaba justificado.

-Disculpa... ¿pero tú... ehhh... a ti te atraen...?

-Si existe el menú ¿por qué limitarse a un solo platillo? – Agradeciendo en sus adentros que le cambiara el tema de sus pensamientos, contestó casi de inmediato sabiendo qué era exactamente lo que le estaba preguntando. –Mujeres, hombres, humanos, monstruos... toda carne es buena opción si se es carnívora con un gran apetito.

-¿No te importa lo que piensen de ti?

-Soy una prostituta ¿Qué puede ser lo peor que podrían pensar de mí ya? –Se rio nuevamente de su ingenuidad de las cosas. Esa monstruo sí que le faltaba mucho por vivir. –Mis gustos sexuales es lo menos que debería de importarles a todos.

-Sí, supongo que tienes razón.

-Y hablando de eso... ¿Te gustaría ir al motel que está a unas cuadras de aquí? –Apartó un poco su vestido que tenía pegado a su pierna a causa del agua y acarició su pierna de forma sugestiva. –No es un lugar agradable, pero sabe quedarse callado si se le soborna bien.

-¡N-no...! –Aunque estuviera cohibida por su tacto, tampoco la estaba deteniendo.

-Tranquila, no pienso cobrarte tampoco esta vez. Aunque no te acostumbres, eh. De algo tengo que mantenerme.

-Yo... tengo que regresar realmente. –Desvió la mirada sin impedir todavía su tacto, por lo mismo Chara no se detuvo en seguir acariciando su pierna. –Creo que ya me ausenté tanto y podrían preocuparse.

-Bueno, te lo pierdes entonces. Ver a mi rescatadora con el vestido empapado me pone caliente. –Le guiñó un ojo que no vio por seguir con la mirada desviada. Dejó de insistirle y se paró de inmediato para recoger sus cosas. –Ten, cúbrete con esto.

-¿Porqué? –Preguntó extrañada mientras tomaba el ligero suéter que se había quitado para dárselo.

-A mí no me importa que alguien quiera violarme de camino, pero intuyo que a ti sí. –Le sonrió con un deje de burla sin ser necesario –Y por cierto, gracias.

-¿Por haberte salvado?

-No me salvaste de nada, sólo evitaste que saltara. –Le sonrió despreocupada, notando que estaba confundida con el caso, mas seguía sin tener intenciones de aclararle algo que no podría comprender. –Gracias por esta plática entre desconocidas. Resultó ser buena después de todo, así que si cambias de opinión... ya sabes dónde buscarme. Pero no lo hagas de nuevo a hurtadillas ¿de acuerdo? No me interesa estar cubriendo a fisgones.

-Eh... está bien... –Aunque la observaba algo confundida, le devolvió la sonrisa finalmente estando aun sentada entre la arena y sin acomodar su vestido levemente levantado. –Gracias igualmente.

Sin más, Chara tomó sus cosas y se encaminó lentamente hacia donde se suponía que era su lugar de momento. Con sus zapatillas con navajas escondidas en los tacones y moviendo un bolso con una cabeza destrozada escondida de su presa reciente, caminaba tranquilamente dejando atrás a una desconocida que tampoco podría imaginarse que tan similares podrían ser en cuanto a destinos.


...

-Psst... Humana... Despierta.

Poco a poco, Frisk abrió los ojos para toparse con unos mucho más grandes observándola que la despertaron de golpe por el susto. Le costaba poder distinguirlo por la poca luz que había, pero los grandes ojos de lo que parecía ser una serpiente grisácea observándola con una sonrisa siniestra le hicieron abrazarse a sí misma por mero instinto. Fue así como se percató de inmediato de que la chimenea estaba apagada y que no había sido un mal sueño el hecho de que ahora estaba durmiendo en un sofá de una casa de delincuentes peligrosos.

En lo que se levantaba para sentarse adecuadamente en el sofá, miró su entorno una vez más en busca de algún otro integrante que no fuera el extraño ser que no le apartaba la vista, pero tanto el silencio profundo como la ausencia de ventanas le era casi imposible pensar si habían pasado horas o días estando en ese lugar.

-Son la 5 de la mañana. Es momento de que comience sus actividades. –Indicó en un susurro el extraño ser de figura confusa. –Esta será la única vez que la despierte, así que considere estar pendiente el resto de los días.

Frisk ni siquiera quiso responderle al andar un poco adormilada y molesta por su comentario. No tenía idea de quién era ese sujeto o de dónde había salido, pero tampoco iba a darle importancia como al resto de los seres que habitaban esa casa. Quitándose la gabardina con la que se había estado tapando, tomó el vestido doblado y se paró casi de inmediato queriendo acabar con lo que se venía de una buena vez.

-¿En dónde puedo asearme y cambiarme? –Preguntó sin más rodeos.

-El baño que puede usar es el del pasillo que conecta al sótano. No se demore.

Sin querer pensarlo más, se dispuso a comenzar el día con lo que tenía que hacer con tal de salvar a su amigo. Tras tomarse un baño rápido con agua caliente, se vistió con lo que sería su uniforme durante su instancia en ese lugar. El vestido era negro con mangas largas con al menos tres tallas mayores a la suya, por lo que le quedaba demasiado grande al grado de incomodarle. Venía con una diadema blanca para sujetar adecuadamente su cabello y un mandil que hacía juego que de igual forma le quedaba grande. Para ser una vestimenta que tendría que llevar para la limpieza, estaba resultando ser de lo más estorbosa. También le era incómodo no haber podido cepillarse su cabello ante la ausencia de un peine en el lugar, pero supuso que era lógica estando en casa de puros esqueletos.

Por la tela gruesa que era, optó que no necesitaría llevar la gabardina ya bastante sucia y la guardó en el baño dado que era el único lugar que parecía que le habían otorgado para sus necesidades personales. De cualquier forma sólo tenía como propiedad esa gabardina, su vestido ya bastante maltratado casi sin reparación y la llave que ya no pertenecía a ninguna cerradura. Cosas inútiles para cualquiera pero de cierto valor para ella.

Conociendo por primera vez la cocina de ese lugar, le sorprendió descubrir que realmente estaba limpia a como se la había imaginado. En lo que inspeccionaba el lugar en el que tendría que realizar actividades en varios días, recordó la cocina del restaurante al que la había llevado Papyrus, por lo que supuso que tal limpieza y orden vendrían siendo a causa suya pese a la ausencia de sus dotes culinarios. Cosa que también explicaba porque había tantos jabones y cremas para la piel en la alacena.

Remangándose su prenda, puso manos a la obra para cocinar con lo que había comestible entre tantas cosas. Desconocía realmente qué quisieran para desayunar, pero al menos sabía que Sans insistía en que su forma de cocinar era exquisita, por lo que tenía una leve esperanza de que no hiciera algo que ameritara más agresiones por parte del jefe de la casa. Le había dolido el golpe que le había dado al final, pero a diferencia del señor en el jardín no le había dejado marca alguna.

Aunque la situación por la cual estaba cocinando para otros no era por algo agradable, la ayudaba a mantenerse tranquila al estarse concentrando en la elaboración y aromas que desprendía la sartén que revolvía con lentitud. Una vez terminado, contempló el reloj que estaba en la pared y se dio cuenta de que faltaba poco para la hora acordada, así que se apresuró para poner la mesa y tener todo servido a tiempo. En cuanto salió directamente al comedor, para sorpresa suya ya estaban los dos esqueletos altos llegando para sentarse. Realmente eran madrugadores y ahora entendía porque tanta exigencia con los tiempos, pero le extrañaba no ver a Sans.

-Tienes dos minutos de retraso en acomodar las cosas en la mesa. –Comentó el jefe sentándose sin mirarla directamente. –Lo toleraré por esta vez, humana.

-EHH... YO PUEDO AYUD...

-No, es su trabajo ahora, no el tuyo. –En cuanto se acomodó en su sitio de frente, el extraño ser de grandes ojos le trajo el periódico y se retiró de inmediato. –Humana, te estás atrasando más estando parada ahí sin hacer nada. No lo toleraré de nuevo.

-Mi nombre es Frisk. –Contestó de inmediato y sin hacer nada todavía. –No hay necesidad de que me llame por mi especie.

-Si quisiera tu nombre ya lo habría pedido. –Señaló mirándola de reojo ante un semblante serio. –Sirve el desayuno ahora o tú te quedarás sin el tuyo.

No dándole importancia a su rudeza innecesaria, Frisk fue por la comida para comenzar a servirla. Regresando al comedor para poner todo de inmediato, por fin pudo ver a Sans acercándose lentamente con un cansancio notorio y con la misma ropa del día anterior completamente desgastada y sucia. ¿Los esqueletos podían tener ojeras? Tenía muchas preguntas de sólo verlo tan apagado, pero intuyó que no era el momento al sentir la mirada fulminante del jefe del lugar sobre ella. Por lo que se limitó a seguir sirviendo en silencio mientras el mayor de los mafiosos se disponía a leer el periódico tranquilamente. Verlo hacer algo tan simple como eso le fue extraño, por un momento llegó a pensar que ese sujeto hacía cosas anormales tras conocer lo que tenía en el sótano.

-Minutos tarde otra vez, Sans. –Le señaló el Don sin dejar de leer el impreso.

Sans murmuró algo entre dientes con un tono malhumorado que Frisk no pudo captar, pero en cuanto se sentó se percató de que le estaba sirviendo el desayuno, eso le despertó tan de golpe que casi podría lastimarse las cuencas de movimiento tan repentino.

-¿Frisk? ¿Y... ese uniforme?

-Es lo único que podrá portar de ahora en adelanté. –Se adelantó en contestar el jefe mientras apartaba el periódico para concentrarse ahora en lo que tenía servido frente a él. –No permitiré que ande por la casa de forma provocativa de ningún modo.

Sans nuevamente susurró algo para sí mismo que nadie pudo escuchar con claridad, pero por su expresión tal parecía que tenía un contexto distinto al anterior.

-¿Por qué habría de querer hacer algo así? –Preguntó Frisk con rostro serio.

-No sé qué intenciones tienes con mis hijos que lograras ser considerada por ellos, por lo que prevengo cualquier detonante para que continúe.

-Yo no quiero nada con nadie. Son ustedes los que me han atado aquí.

En cuanto terminó de hablar, una mano flotante apareció justo a tiempo para cachetearla al grado de hacerle caer por haber intentado evitarla sin éxito. Frisk ni siquiera se dignó en mostrar una emoción por eso mientras se tocaba la mejilla adolorida con cuidado, ya se había prometido soportar cosas así mientras no supiera nada sobre Flowey. Lo que sí se le hacía extraño era ver a Sans parado de nuevo observándola con preocupación y enfado al mismo tiempo, mas no hizo ningún intento de moverse de su sitio.

Se había enojado con ella cuando el señor del parque la había golpeado ¿pero el que su padre lo hiciera frente a él no ameritaba nada? No podía comprender cuáles eran los criterios de moralidad en cuanto a esa familia, si es que realmente lo tenían. Se paró sin decir nada mientras evitaba ver a los hermanos directamente, tampoco comprendía cómo el menor le había hecho conversar con él sobre no permitir que una mujer fuese golpeada mientras ahora estaba desviando la mirada como si aquello no hubiera sucedido.

Algo le decía que era a causa del temor que les generaba el ser que justamente la había golpeado indirectamente. Pero no lo encontraba justificante tampoco.

-Te quedas sin desayunar ahora, humana. Vuelve a contestar y te arranco un diente aquí mismo.

No queriendo quedarse cerca de ellos un minuto más, sacudió su vestido incómodo y se giró para retirarse de inmediato, pero una fuerza levemente familiar la retuvo desde el pecho siendo un tanto sofocante. Permaneciendo ahí sin poder irse, recordó que había sido la misma forma en la que Papyrus la había sacado de su auto en su forzada cita, o cuando Sans le había obligado a caer al suelo para evitar las balas dentro de su casa. Y siendo ahora sujetada por el Don, se daba cuenta que la sensación era muy distinta en cada uno. Por muy alocado que sonara, le daba la impresión de estar sintiendo el disgusto del esqueleto jefe en esa retención con magia.

Bueno, al menos estaban teniendo un sentimiento mutuo.

-No puedes retirarte al menos que te lo ordene, humana. –Aunque su voz fuera de lo más seria, Frisk notaba el enojo contenido del esqueleto en cada palabra. –Y como sirvienta de esta casa, deberás inclinarte antes de retirarte de un sitio.

-Mi nombre es Frisk, y no pienso inclinarme ante alguien como usted.

Aunque supiera de antemano las advertencias siniestras del mismo jefe, aun con las miradas aterradas de los otros dos esqueletos observando la escena... y aun sabiendo de antemano que debía de contenerse por el bien de su amigo en posición de ese despreciable ser... ella no estaba dispuesta a esa clase de sumisión de ningún modo. ¿Cómo osaba pedirle inclinarse mientras la golpeaba y la obligaba a quedarse en un sitio que claramente no quería? Aunque pudiera tratarse de un elemento de ese trabajo, forzado o no, esa clase de respeto se ganaba. Ella ni siquiera había pedido que le dieran trabajo para empezar, ella ya había tenido uno que ella misma había construido. ¿Y le pedía inclinarse cuando le quitaron todo? ¿Enserio?

Le habrían quitado su hogar, su trabajo, su dinero, su libertad... pero no estaba dispuesta a darles también su dignidad.

Al principio se lo había imaginado y lo había pasado por alto, pero analizando tanto el comportamiento que Papyrus antes le había mostrado en sus visitas como el que ahora le estaba mostrando el Don, ahora no le cabía duda de que aceptarla como una sirvienta en sus aposentos no había sido por un acto de piedad ante una joven sin hogar. Lo estaba haciendo por la satisfacción de tener una humana sirviéndole y humillarla de varios modos posibles ante su odio a ellos. Si antes había pensado que Papyrus era desagradable por ser tan despectivo... era porque no conocía antes a su padre.

Sabía que recibiría otro golpe por sus palabras en cualquier momento, así que se mantuvo alerta ante la cólera que podía notar en los ojos luminosos del mafioso, pero en lugar de otra mano flotante que la sujetara o golpeara, tan sólo sintió como fue jalada de su pecho hasta el suelo, golpeándose la frente en el movimiento tan brusco. No había tenido tiempo de poner las manos siquiera para amortiguar la caída. ¿Acaso había sido su intención quebrarle los dientes de golpe?

-Si lo harás.

Estando todavía en el suelo y estando por levantarse, tuvo ante ella los zapatos perfectamente lustrados del jefe de familia que podía ver su reflejo en ellos. Por un momento pensó que la pisaría para impedirle que se levantara, pero en su lugar fue sujetada por otras manos piadosas para ayudarle a levantarse con cuidado. ¿En qué momento apareció Sans a su lado?

-Ya fue suficiente. –La voz del primogénito no se escuchaba nada agraciada, incluso tenía su ojo azulado apuntando hacia el jefe. –Si quieres descargar tu enojo, hazlo conmigo. Ella no tiene la culpa de nada.

-Si su familia no le enseñó los modales que debe tener una mujer, tendré que darme en la tarea de hacerlo yo mientras permanezca aquí.

-¿Le parece esto mod...? ¡Mhhhjj!

Alegó de inmediato Frisk en cuanto estuvo levantada y escuchó eso completamente disgustada, pero Sans fue más rápido y le tapó la boca antes de que terminara toda la oración que ameritaría un peor trato del que por si ya estaba teniendo. Aunque le encantara escucharla con todo y su sinceridad, lo que menos necesitaba de momento era que hablara con esa frialdad que tanto la caracterizaba. Odiaba tener que censurarla por su propio bien, pero no soportaba más ver cómo la golpeaba. Es lo único que podía hacer por ella en una situación así. Esperaba que lo entendiera luego.

La soltó en cuanto notó que la humana captó que no debía de seguir hablando, pero su mirada tan fría sobre él no le fue para nada grato. No le cabía duda de que iba de mal en peor con ella.

-Bien, parece que tendrá que pasar otro día más.

En un tronido de sus dedos, manos mágicas sujetaron a la chica y la desaparecieron de inmediato antes de que Sans pudiera reaccionar apropiadamente. Aun observaba con enfado al jefe sabiendo a dónde había ido a terminar la chica. Estaba seguro de que lo había hecho apropósito por su mera intervención.

-Viejo, el cadáver de ahí aún no ha sido retirado.

-Que le sirva de lección sobre cómo terminará si no se comporta de una buena vez. –Comentó sin darle importancia a ese hecho. –En verdad ¿quién la crio de esa manera?

-¿No te importa su ascendencia?

-Como dije, los Yakuzas ahora no presentan una amenaza de la que tenga que prevenirme de antemano. Y hablando sobre ello, ya perdí mucho tiempo con estos imprevistos.

Regresó a la mesa para observar la comida como si se la pensara en probarla, pero finalmente la terminó empujando rechazándola por completo y tomó el periódico que había dejado a un lado. Papyrus imitó gran parte de sus movimientos y acomodó su corbata con un deje nervioso por todo lo que había pasado frente a él.

-¿A DÓNDE VAMOS?

-Ustedes a ningún lado, aquí se quedan sin derecho de poner un pie fuera hasta nuevo aviso. –Se giró a verlo por unos cuantos segundos y luego desvió la mirada para buscar a uno de sus seguidores monocromáticos quienes ya estaban acercándose a él como si leyeran sus pensamientos. –Tengo que arreglar el desastre que hicieron antes de que sea muy tarde.

-¿PERO... QUIÉN TE PROTEGERÁ DE CUALQUIER IMPREVISTO? TENEMOS QUE ESTAR A TU LADO.

-Ya me encargué de eso.

-PERO...

-En este momento media ciudad sabe sobre que un hijo mío cometió traición. –Interrumpió de inmediato ante una prisa notoria. –Lo mejor será que no se les vea hasta que pueda dar con la solución necesaria para corregir este error. Mientras tanto, no piensen en poner un pie fuera o de sacar a la humana mientras no estoy. No los estoy dejando solos.

Sin nada más que decir, se retiró siendo acompañado por uno de sus seguidores ausentes de color y personalidad. Ambos hermanos se quedaron mirando el punto en el que su jefe se había retirado, pero fue Sans quien finalmente tomó iniciativa de retirarse de nuevo a su recámara sin siquiera ver a su hermano menor que ya estaba teniendo el brazo levantado para detenerlo. En definitiva no quería hablar con él, y aunque supiera que el desayuno habría estado delicioso si ella lo había preparado, se rehusaba a probar alimento mientras ella no pudiera hacerlo.

Quería ir a sacarla del sótano sabiendo que no sería algo agradable para ella, pero sabía que todo intento sería en vano si estaba siendo vigilado por los extraños seres de ojos grandes cuya capacidad de avisar de inmediato al superior de la familia era todo un misterio.

-SANS... -Escuchó a sus espaldas una vez que estaba recorriendo el pasillo que conectaba a su habitación. –POR FAVOR...

-Déjame tranquilo.

-LA HUMANA ESTARÁ BIEN EN NUESTRA CASA, NO DEBES PREOC...

-¡¿Te parece esto bien?! –Se giró teniendo aun su ojo luminoso ante el enojo que no lograba contener. –Cada maldito segundo en este lugar es una tortura para cualquiera.

-NO LE FALTARÁ TECHO NI ALIMENTO MIENTRAS DAMOS CON UNA SOLUCIÓN, PIENSA EN ESO PRIMERO. –Le señaló queriendo calmar las cosas, pero en definitiva no estaba dando resultado. –SÓLO DEBE SABER COMPORTARSE PARA QUE NO PRESENTE PROBLEMAS. LO MISMO VA EN TU CASO... NO PARECE QUE EL JEFE TE TENGA EN BUENOS TÉRMINOS POR AHORA.

-¿Y a ti qué te importa eso?

-EL QUE ME IMPORTA ERES TÚ, SANS, ASÍ QUE POR FAVOR...

No pudiendo contenerse más, se apartó nuevamente dejándole la palabra entre los dientes y con paso prisa se metió a su habitación cerrándola de un portón ante sus ganas de golpear más cosas. Pero era inútil, no importaba cuán optimista quisiera ser sobre tenerla en su casa, no podría hacerla feliz en un lugar que el mismo estaba odiando con justa razón. Su mirada fría hacia él había sido más que clara sobre lo que pensaba de él de momento.

Le daba igual cualquier cosa que pudiera decirle su hermano sí de cualquier forma no podría estar con ella como había sido antes. Si de por si antes lo consideraba un conocido, no quería imaginarse en qué clase de categoría lo tenía ahora que le culpaba de haber perdido todo de un solo golpe. La había involucrado accidentalmente en algo que no debía ser así... pero ella jamás comprendería el bien que había hecho también accidentalmente con eso.

Frustrado con todo, se arrojó a su cama dispuesto a dormir de inmediato. Si tenía suerte, todo se trataría de una pesadilla y apenas despertaría para ir a verla nuevamente atender su florería con gran gusto como lo hacía todas las mañanas. Volvería a desear su atención mirándola entre el cristal del local al otro lado de la calle, esperando conversar con ella para escuchar lo que fuera que pasara por su mente, que volviera a invitarle a comer de lo que ella preparara recientemente.

Y no siendo obligada a hacer algo que en ese momento se encontraba enfriándose en el comedor. Sin ser tocado por ninguno de los esqueletos ante la falta de apetito por un ambiente meramente tóxico.


...

Don Gaster odiaba salir de su casa, no importaba cuanto tratara de convencerse de lo contrario.

Estando en su vehículo siendo conducido por el gato monocromático, se puso a continuar leyendo su periódico mientras aun no llegaban a su destino. Tenía mucho por hacer en tan poco tiempo antes de que se desatara una verdadera amenaza contra su gente y vida relativamente pacífica, pero eso no implicaba que no pudiera aparentar que las cosas estaban en su curso natural. El autocontrol era una de sus especiales al fin y al cabo. Por lo mismo no tenía inconveniente en solicitar la presencia de alguien tan irritante para poder llevar sus planes momentáneos.

Llegando a las orillas de Waterfall previo a las actividades de su lista, les esperaba la arácnida bastante sonriente portando una gabardina elegante con el que cubría cuatro de sus brazos y extremo maquillaje que no era para nada necesario para la situación. En cuanto vio el auto llegando hacia ella no pudo contener su emoción de ser su compañía en sus negociaciones, cosa que el jefe esqueleto había evitado a toda costa al ser una molestia inminente. La chica no sabía parar por mucho que se lo pidiera apropiadamente o de forma despectiva. Simplemente no estaba dispuesta a escuchar un no por respuesta.

Y en ese momento tan crítico, era justo lo que necesitaba lamentablemente.

-Me preparé lo más rápido que pude tras tu llamada, W.D. –Canturreó la arácnida en cuanto el esqueleto bajó del auto para abrirle la puerta. –Es un honor ser tu acompañante.

-Esta es una ocasión especial, no te acostumbres. –Le señaló el esqueleto mientras esperaba a que se metiera al auto para hacer lo mismo y cerrar la puerta.

-¿Entonces es cierto que Sans tiene a una humana como amante? Huhuhuhuhu, no creo que pueda caer más bajo tras eso.

-Te recuerdo que estás hablando de mi hijo, Muffet.

-Si, si, pero eso lo vuelve un problema mayor ¿no? –Continuó hablando con confianza mientras el auto avanzaba a su siguiente rumbo. –Siendo él quien heredaría todos tus bienes al ser tu primogénito... La solución sería que tuvieras un hij...

-Ni siquiera pienses en terminar esa oración.

Le advirtió con repulsión, iluminando sus ojos a modo intimidante. Aun faltaba medio camino y ya se estaba arrepintiendo de haberle pedido a ella ser su protección no tan necesaria. Realmente lo hacía por protocolo y etiqueta ante cualquier imprevisto, pero en realidad él era más que suficiente para tener en control una situación que ameritara violencia física. Aunque las múltiples manos hábiles de la araña no le caerían mal en caso de que se agravara el caso. No por nada la había entrenado para algo mucho mayor... resultando ser un fracaso total al final.

La juventud de ahora era un dolor de cabeza.

El chofer se detuvo en cuanto llegaron a un callejón cuyo olor no era para nada agradable por la costa marítima, en donde un fantasma acompañado por varios maniquíes de aspecto cómico le esperaban pacientemente. Tanto su chofer como Muffet se quedaron a sus espaldas tal y como sus hijos lo hacían mientras él se dirigía hacia la figura autoritaria presente.

-Don Gaster. –La voz del fantasma apenas y era audible pese a su frialdad.

-Napsta Blook.

-Ni usted ni su gente deberían estar aquí. –Comentó sin más preámbulos el fantasma con semblante serio. –Mi primo estará dispuesto a escucharlo, pero comete un error.

-Ya, ya, ya, Napsta. Serás mi mano derecha, pero no necesito que hables por mí todo el tiempo.

La voz gruñona cada vez se volvía más cercana conforme hacían acto de presencia varios maniquíes de forma aun más extraña que acompañaban a uno particularmente descosido. Sin bien trataba de aparentar heridas de guerra con tanto desgaste en su cuerpo, Gaster sabía de antemano que era una fachada que el mismo jefe se había creado con la intención de causar intimidación sin éxito alguno. Su verdadera naturaleza al igual que muchos de sus secuaces eran fantasmas, esa sólo era una forma de mostrarse sólidos ante cualquiera... aunque a perspectiva del esqueleto pudieron haber elegido un mejor objeto para poseer. Era imposible no tomarlos como chiste a la primera con tal presentación, aunque supiera de antemano que no eran tan suaves como sus cuerpos aparentaban.

-Gaster, viejo amigo. –El maniquí de cejas pobladas y con un puro que le impedía hablar adecuadamente le recibió con gracia. El esqueleto mafioso simplemente cabeceó a modo de saludo cordial. –Pasa, pasa, pasa. Que no te vean tanto tiempo fuera.

Siguiendo a toda la comitiva, se adentraron aun más en el callejón hasta que dieron con una puerta oxidada que daba con la oficina del jefe de fantasmas. Napstablook la traspasó para abrirla desde adentro y dejó que todos pasaran antes de volverla a cerrar de una forma que simplemente no era posible de comprender si no se era fantasma. La magia que ellos empleaban siempre era muy misteriosa.

-De antemano, agradezco que me permitieras esta reunión contigo.

Le comentó Gaster una vez que se sentó frente al escritorio del maniquí, teniendo cada uno a su grupo a sus espaldas, siendo mayor el número por parte del dueño del lugar. En cada reunión que llegaba a tener con otros jefes delictivos siempre destacaba por tener únicamente dos elementos consigo a comparación de su contraparte que buscaban estar lo más protegidos posibles con varios secuaces consigo, como si fuera suficiente protección causar intimidación por medio de números, pero Gaster le daba igual eso. No necesitaba a tantos, sólo su intelecto.

-Hemos tenido una buena alianza por muchos años, Gaster, pero tampoco puedo ignorar la noticia que me llegó el día de ayer. –Comentó el maniquí sin entrar en más rodeos, acomodándose en su asiento bastante grande para él. –Para ser sincero, la razón por la cual te recibo es para comprobar exactamente qué pasó y que luego puedas pedirme un último favor. Te lo debo al fin y al cabo.

-Todo ha sido un malentendido desafortunado. –Comentó con simpleza el esqueleto sin alterarse en lo más mínimo. Ya se esperaba eso después de todo. –Uno que pretendo aclarar a la brevedad, pero para eso requiero invocar una reunión con él y no me la otorgará pacíficamente si no hay varios grupos respaldando nuestra confianza.

-Ummm... Lo que me pides es arriesgado para mí y mi gente.

-Lo sé, es por eso que a cambio puedo ofrecerte que pongas tus negocios dentro de mi territorio.

-Ya tengo muchas lavanderías y seres atendiéndolas, no necesito eso. –Señaló sin darle importancia y acomodándose cada vez más en su sitio. –Tengo más que suficiente controlando esta zona por mi cuenta. Nada pasa por el puerto sin que yo no me entere antes.

Gaster reprimió un suspiro de frustración al notar que nada de él había cambiado. Si bien era cierto que tenía varios negocios de ese tipo y varios monstruos extranjeros a los que les daba trabajo para nada bien pagado, su falta de vista emprendedora era la razón por la cual muchos no lo tomaban en cuenta en negociaciones fuera de estar controlando gran parte del puerto. No había sido sorpresa que el Blook del medio había buscado su propio camino al ser más ambicioso y talentoso en cuanto a negociaciones. Aunque al final si lo había sido al traicionar al más grande de grandes. Se requería mucho valor para hacer eso... o ser demasiado estúpido.

-Te compadezco por tu situación, Gaster. Sé lo que se siente ser traicionado por aquellos en los que ponemos total confianza.

-No fue una traición, sólo un malentendido. –Repitió pacientemente.

-Sí, nosotros también entramos en negación por un tiempo. ¿No es así, Napsta? –Se rió el maniquí sin darle tanta importancia mientras miraba de reojo al fantasma como si sólo él entendiera su chiste, cosa que no parecía compartir dada su expresión. –Ya se te pasará, créeme. Es mejor no tenerlos cerca una vez que te traicionan. Aunque tu caso es peor ahora que lo pienso... fue fácil remplazar al idiota aquí, pero siendo un hijo en tu situación... Bueno, todavía te queda otro ¿no?

-Sans sólo está en una etapa, ya se le pasará. –Contuvo todo lo que pudo de no molestarse por su comentario. –Como mi heredero, sé que llevará bien las cosas cuando sea su momento.

-Si te traicionó una vez, no dudes en que volverá a hacerlo. Tan sólo mira al imbécil que tuve alguna vez como primo. –Recalcó tras mover su puro gigante mágicamente como si de unas manos invisibles estuvieran presentes. –En cuanto se volvió admirador de humanos no hubo marcha atrás para él, tal parece que tu hijo anda en los mismos pasos. Que no te sorprenda cuando los prefiera a ellos antes que a la familia.

El esqueleto no contestó a eso, por mucho que se hiciera esa incógnita mentalmente. Quería creer en que su hijo recapacitaría tras notar el desastre que estaba generando con su rebeldía, pero... ¿qué pasaría si era cierto eso? Ya habían sido dos veces en un mismo día que se había interpuesto ante él para proteger a la humana. Eso era algo que no podía pasar de largo como sus otras tonterías.

-En fin... me temo que rechazo tu petición Gaster. No me pondré en esa clase de riesgo ante Don Dreemurr, tengo suficiente sentido común para saber que eso es suicidio. –Soltó humo de su puro antes de seguir hablando. –Pero puedo ofrecerte formar parte de mi grupo para garantizarte protección, ¿qué dices? De igual forma tu descendencia está manchada.

-Gracias... pero igualmente la rechazo.

-Bien, tú te lo pierdes. Soy el único que está dispuesto a ofrecerte algo así por la buena alianza que hemos tenido. –Le señaló con algo de arrogancia en su voz, sintiéndose orgulloso de estar en una mejor posición a comparación del esqueleto frente a él. –Los otros dudo que siquiera quieran recibirte.

Gaster lo sabía, por lo mismo había decidido iniciar con el más accesible de todos. Pero tal parecía que las cosas no tendrían un buen camino para su día. Aun así se mantuvo sereno ante cualquier complicación.

Tenía planes de la A a la Z siempre, aun no estaba todo perdido.


...

Una hora, dos horas... no tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde que se había lanzado a su cama, pero en definitiva no podía dormir ante tantos pensamientos rondándole en su cráneo. No obstante, no podía levantarse ante una fuerza superior a sus ganas de hacer algo productivo, realmente se sentía cansado tras no poder dormir adecuadamente ¿pero cómo hacerlo con la situación presente?

Tras una enésima vuelta en su cama, Sans gruñó de frustración de no poder soportar más el quedarse encerrado en su cuarto y se paró de golpe para convencerse a sí mismo de hacer algo al respecto. Aunque no pudiera realizar mucho dado sus limitaciones, estaba dispuesto a romper una que otra regla que a su percepción no presentaría tanto problema. Al fin y al cabo el viejo ya lo tenía en la mira ¿qué podría salir mal ya?

No queriendo caminar para toparse con cualquiera que estuviera en la casa, se teletransportó directamente al comedor para recoger su plato y llevárselo consigo a su segunda parada. Por la forma en la que estaba tapado con una servilleta de tela, supuso que eso había sido obra de su hermano sabiendo que tarde que temprano bajaría por ello. No queriendo pensar en eso por ahora, se dispuso a aparecerse directamente en el sótano para evitar las miradas de los seguidores fanáticos del jefe de familia. Aunque recibiera regaños y uno que otro golpe por hacerlo, no quería seguir quedándose con los brazos cruzados en una situación así.

Estando directamente en el centro del quirófano, notó tanto el cuerpo en estado de putrefacción frente a él como a la chica pegada a la puerta evitando estar lo más cerca posible de todo el lugar, como si no soportara el olor que estaba siendo impregnado en todo el lugar. Le era extraño que aun permaneciera en ese lugar el muerto tras haber cumplido el objetivo del viejo (por el corte que tenía, supo que había sido el hígado el principal órgano a tomar), por lo que supuso que realmente lo había hecho apropósito para torturarla como recordatorio de cómo podría terminar.

-Hey... ¿Qué tal todo?

La humana apenas y se dignaba a mirarlo sin emitir una emoción alguna tras su mera aparición, por lo que el esqueleto comenzó a sentirse estúpido tras sus palabras que no pensó adecuadamente. No obstante, mantuvo su sonrisa con tal de relajarla un poco del lugar en el que se encontraba. Dio un paso al frente tentando si le dejaría acercársele, cosa que para suerte suya terminó dando buen resultado.

-Te traje comida. Me pareció justo que comieras lo que tú misma preparaste. –Continuó hablando sin recibir respuesta alguna. –Sé que hacerlo tan cerca de un cadáver no es de lo más agraciado, pero...

Estando lo suficientemente cerca con la charola, la humana no le dejó dar un paso más tras agarrar todo con prisa y comerlo de inmediato sin querer pensar más en lo que tenía consigo. Tal parecía que en verdad había estado teniendo mucha hambre, ¿desde cuándo que no comía? Aprovechando la situación, se sentó a lado de ella en el suelo notando que no pensaba moverse de ese sitio mientras estuviera comiendo y casi abrazándose a sí misma, pero la humana rápidamente desvió la mirada con tal de que no le viese comer de ese modo. Aunque también era ante un rechazo inminente.

Sans suspiró ante eso sintiéndose como un tonto al pretender aligerar las cosas para ella cuando claramente era el culpable de muchas cosas en su vida destrozada. Él no tenía intenciones de perdonar a su hermano de pronto por lo que estaba pasando ni mucho menos a su jefe, ¿qué podría esperar él de ella con todo eso?

-Lo siento, Frisk. En verdad no quería que pasara nada de esto.

Odiaba la impotencia que sentía con todo, pero en verdad era lo único que podía hacer por ahora si no quería provocar más problemas. Un "lo siento" no bastaba para todo lo que le había hecho en un simple instante y que ahora la estuviera pasando terrible sin que él pudiera interferir en todo momento por más que quisiera hacerlo. No sabiendo qué más hacer, se volteó para no tener que verla por la vergüenza antes de que desapareciera de nuevo sin dejar rastro.

-Bueno... al menos tú si me llamas por mi nombre.

Se giró de golpe con sorpresa de que aun quisiera dirigirle la palabra. Su voz apenas y era audible tras taparse levemente la boca una vez que terminó de comer todo y dejado el plato con cubiertos a lado suyo. Sans intuyó que era para evitar las náuseas que le provocaba el haber comido cerca de algo en estado de putrefacción. No queriendo pensarlo más, se levantó de golpe y se acercó al cuerpo para elevarlo con su magia y teletransportarlo consigo fuera del lugar para que no sufriera más Frisk. Sabía que se metería en problemas después de eso, pero le daba igual llegando a ese punto.

Regresando al sótano de inmediato notó que la humana no se había movido de su sitio en ningún momento, pero ahora le miraba de forma un tanto diferente. Al menos no estaba únicamente esa frialdad que no le agradaba sabiendo de antemano que se lo merecía. Poco a poco se le acercó para ver si aún le permitía sentarse a lado de ella hasta terminar realmente hacerlo tras un silencio incómodo entre ellos mirando la camilla ensangrentada ahora vacía. El que Frisk aun tuviera la nariz y boca tapadas le indicaba que aun percibía el olor, aunque por más que trataba de identificarlo Sans no olía nada en ese lugar. Tal vez ya estaba tan acostumbrado que simplemente no lo percibía como algo diferente.

-Sans...

-¿Si? –Se giró de golpe que casi se lastima el cuello por eso.

-Tengo muchas preguntas.

-Me sorprendería que no las tuvieras.

-¿Qué es lo que hacen con los cuerpos de humanos? ¿Por qué hacen eso? –Comenzó a bombardear Frisk sin esperar algo que diera pie a poder realizar tales preguntas. –¿No les es suficiente matar?

Aunque el semblante de la chica se mostrara un tanto indiferente en cuanto descubrió su rostro para verlo mejor, Sans podía notar el leve temblor que tenía en sus manos en cuanto las bajó. Era un mal hábito a su perspectiva, aunque en el fondo la seguía admirando por soportar tanto.

-Nuestra familia se mantiene de muchas cosas, pero la principal ganancia es el tráfico de órganos. –Contestó Sans queriendo verse indiferente con el tema, pero lo cierto es que le incomodaba contarle algo así precisamente a ella. –Parte del sueño frustrado del viejo, supongo.

-No entiendo.

-Mi madre y él vinieron de Italia en busca de cumplir su sueño dorado de dedicarse a la medicina. Con eso de que Ebott es la ciudad de las oportunidades... –Hizo una pausa para suspirar un tanto abatido por eso. –Pero no importa a dónde se vaya, el mundo simplemente no quiere a los monstruos y como tal no tenemos derecho a estudiar una carrera universitaria. Al darse cuenta de que no se podría, el viejo tuvo que recurrir a otras cosas con tal de mantener la familia que estaba formando. Y henos aquí tras eso.

-¿Entonces eres italiano?

-No, Papyrus y yo nacimos aquí en Ebott.

-¿Y es por eso que son asesinos?

-¿Eso es una pregunta racista? –Se rió de su comentario sabiendo que no era la intención de su pregunta. –Veo que tienes una perspectiva mala de la ciudad.

-No me refiero a eso. –Alegó mientras levantaba una ceja extrañada por el giro inesperado del tema. –Yo pregunto sobre si ustedes son asesinos con tal de traficar órganos.

-Ummm... no realmente. Muchos de nuestros muertos han sido por riñas o por gente que se ha metido con nosotros. –Se encogió de hombros no queriendo darle más importancia a lo que le estaba contando. No podía cavar más bajo su tumba en cuanto con ella al fin y al cabo. –A nuestra perspectiva, es como no desperdiciar lo que la naturaleza te da para vivir. Algo así como tener vacas en un pueblo con mucho apetito.

-Es una terrible forma de verlo.

-No dije que fuera algo bueno. No todos podemos vivir de plantas como tú.

-No soy vegetariana, sólo no acostumbro comer carne... aunque después de lo que vi tal vez lo considere.

Por mero reflejo se volvió a tapar la nariz y boca de tan sólo recordarlo. Sans no pudo evitar reírse levemente tanto por su reacción como por sus palabras. No importaba como lo viera o fuera, muchos de sus gestos le parecían adorables ahora. Sólo que le habría gustado tener ese momento de una forma muy distinta, no como ahora que estaba encerrada en el peor lugar de la casa y sin nada de pertenencias por culpa suya. Exhaló aire de golpe tras ese pensamiento, tenía mucho que hacer si tenía que partir de nuevo desde cero con ella.

-Explotaste mi casa ¿por qué? –Se quitó de nuevo las manos de su boca para comenzar una nueva pregunta.

-Ya sabían demasiado de ti como para permitir que obtuvieran algo que te pusiera en mayor peligro. –Se justificó algo decaído por eso. Hubiera preferido haber empleado otras palabras más adecuadas, pero aquellas nunca le llegaron a la mente. –Fue lo mejor.

-Fue lo mejor para ti. Para mí fue lo peor. –Le señaló con una mirada friolenta. –Fueron a buscarte a ti.

-Lo sé...

-¿Flowey...?

-En posesión del viejo, aun no despierta. –Contestó de inmediato para no alargar más el tema. –Tiene intenciones de que logres curarlo para ofrecerlo como pacto de piedad a sus creadores.

-No pienso dejar que se lo lleven. –Comentó mostrando molestia por primera vez en la conversación. –Él no es un objeto.

-Bueno, él...

-No me importa lo que sea para ustedes ni lo que sepan sobre él, para mi es mi mejor amigo. –Continuó alegando sin permitirle terminar su oración. –Es... el único con el que cuento.

Sans tenía muchas cosas qué decir al respecto, pero lo calló sabiendo que no tenía derecho de alegar que también contaba con él por mucho que no fuera suficiente. Además ¿cómo decirle eso cuando él mismo explotó su casa y todas sus pertenencias al mismo tiempo?

-Frisk, él fue creado para ser un arma peligrosa. Tal vez sea bueno contigo, pero... eso no quita su origen. –Sans no pudo evitar el tono amargo de su voz tras decir eso. El que siguiera defendiendo a la planta parlante pese a todo le incomodaba en gran medida. ¿Por qué él si tenía su piedad? –Nada garantiza que no llegue a lastimarte en algún momento.

-Si él quisiera hacerme daño, ya lo habría hecho en todo el tiempo que pasamos juntos.

-Tu misma lo viste, y sólo es la punta del iceberg de toda su capacidad.

-Lo sé, yo... ya sabía que me tenía secretos al siempre desviarme mis preguntas al respecto, aunque nunca creí que fuera algo como esto. –Se abrazó a si misma un tanto dispersa de sus pensamientos, intuyendo que era algo que había estado incomodándole. –Pero aunque haya sido "creado" como arma, en todo el tiempo que ha estado conmigo se ha dedicado en protegerme a toda costa. Le estoy dando el beneficio de que pueda defenderse por si mismo por eso.

Y nuevamente defendiendo lo que no merecía su piedad... Sans no contuvo un gruñido de disgusto por eso. Aunque la chica volteara notando su disgusto en sus palabras, no quiso seguir conteniéndose en cuanto al tema. Realmente era injusto el trato que le daba a comparación, ¿por qué la planta tenía su piedad y él no? No importaba la situación y lo que había provocado. Simplemente no era justo.

-Sé que ya hemos tenido esta conversación antes, pero ¿qué tiene de diferente de lo que yo hago? –Soltó mientras se contenía en no desviar la mirada sobre ella.

-Que él decide no hacer daño aunque tenga la capacidad de hacerlo. Aun cuando no tiene sentimientos para compartir, entiende la importancia de una decisión. –Respondió de inmediato como si se hubiera esperado dicha pregunta. –Tú sólo te justificas diciendo que no tienes opción... cuando si la tienes. Es tonto de tu parte aparentar miseria por seguir órdenes que no te gustan.

-¿En verdad sigues pensando eso? ¿Después de todo lo que pasó? –Aunque era la emoción contraria que debía mostrar, no se contuvo en sentirse indignado de que lo catalogara así ahora.

-Por lo que pasó es que sé que tú lo sabes también. –Insistió Frisk, girándose más para terminar estando frente al esqueleto por completo. –Dices constantemente que no tienes opción por mantener bien a tu familia, pero aun así me salvaste de que me matara tu padre. También interferiste en el desayuno de lo que fuera a hacerme en ese momento. No es tu familia realmente lo que te hace sentirte obligado, es algo más.

-Son cosas totalmente diferentes.

-Pues entonces me confundes. –Terminó apartando la mirada sobre él para retomar el observar la camilla vacía. –Eres un ser muy extraño.

-Mira quien habla... Dices que soy solo un conocido para ti y aun así interferiste en que fueran a matarme en tu casa.

Se quedaron callados por varios minutos sin mirarse tras el giro de la conversación. Desconocía lo que fuera a estar pasando por la mente de la joven, pero en la suya estaba repleta de incógnitas sobre porqué tomaba esa postura firme ante cualquier cosa. Una cosa era no permitir doblegarse ante nada, pero otra muy diferente era la terquedad que mantenía a toda costa. Detestaba y apreciaba eso de ella, eso era muy incómodo para él ahora.

-Es porque no te odio, Sans.

-¿Mmh?

El mencionado se giró abruptamente por lo repentino que había soltado eso sin aviso previo. Casi había olvidado el malestar que minutos antes había sentido.

-Estoy molesta contigo, pero sé que me has intentado salvar constantemente... y por eso es que no puedo dejar de estar agradecida contigo pese a todo. –Continuó hablando sin verlo directamente, como si analizara sus palabras antes de soltarlas y le costara trabajo hacerlo de ese modo. –Me estabas dando la oportunidad de que huyera... pero eso no sólo significaba que estuvieras dispuesto a morir por mí, sino que ya no estuvieras en mi vida... Y yo no quiero eso.

-¿Q-qué?

No podía dar crédito a lo que acababa de escuchar, pero aunque la joven no lo viera directamente, habían sido sus labios los que habían pronunciado tales cosas. Se lo había imaginado ¿cierto? En cualquier momento despertaría para descubrir que aún no se levantaba de su cama y venía a verla para ver cómo estaba. Si, había dicho que estaba molesto con él... pero también que lo quería en su vida. ¿Se daba cuenta del contexto que podría sacarse de eso? No, en definitiva eso se trataba de un sueño, uno bonito... como ella, pero muy extraño.

Esperó a que dijera algo más, pero la chica seguía sin voltear como si fuera mucho más interesante la camilla ensangrentada que el ser que se había vuelto loco por una simple oración que se prestaba a la malinterpretación de sus fantasías esporádicas. Agradecía que Frisk no pudiera leer la mente o ya lo habría odiado en verdad.

-Supongo que ya me acostumbré a tu presencia. –Continuó tras un largo tiempo de espera, como si hubiera estado meditando en todo ese tiempo en el que él se había hecho miles de conjeturas erróneas sobre el significado de sus palabras. –Así que me sentiría extraña si mueres.

Sans estuvo a punto de golpearse contra la pared tras entender que lo que realmente le estaba diciendo era lo solitaria que era su vida. Si bien le causaba una leve decepción por no ser lo que se había imaginado, tampoco se trataba de algo que le causara un malestar. Manteniendo la compostura tratando de imitar su indiferencia, optó por preguntar antes de hacerse de nuevo una idea equivocada de lo que le estaba comentando.

-Si sabes que eso significa que te agrado ¿cierto? –Le insistió mirándola fijamente, esperando que ella por fin volteara a verlo.

-Es algo malo de mi parte, pero sí, creo que si me agradas.

-¿Así que ya no soy un simple conocido?

-Vivo de momento en tu casa, pero no puedo verte en otra categoría salvo esa. –Terminó volviéndolo a ver, aun manteniendo su rostro inexpresivo de siempre. –¿Cómo puedo denominar a alguien que me agrada, pero que hizo que perdiera todo en un instante?

Sans optó por mejor quedarse callado con eso, en definitiva no quería escuchar de ella la categoría que sería adecuada para eso siendo un lenguaje bastante soez para ella. No arruinaría lo poco que acababa de conseguir pese a sus bajas esperanzas, así que seguir siendo un conocido para ella era lo mejor de momento. Ya luego pensaría en mejorar eso.

Estaba molesta con justa razón y no trataba de ocultárselo a él, pero la razón por la cual se lo mostraba era justamente porque también le agradaba... Ella lo quería en su vida, eran razones más que suficientes para sentir que no había arruinado tantas cosas en cuanto con ella. ¿Significaba que no todo estaba perdido? ¿Todavía había algo que realmente pudiera hacer para compensárselo?

-Recuperaré tus cosas.

-No puedes.

Sans estuvo a punto de alegarle que tenía el suficiente dinero para comprarle todo lo que había perdido y hasta mas, pero se dio cuenta del extraño gesto que estaba haciendo con su mano como si sujetara algo que le colgara del cuello. Fue así como se dio cuenta de que había perdido el collar con forma de corazón que tanto usaba sin importar el día. ¿Acaso tenía un valor importante para ella? ¿Algo sentimental?

Cierto... ella estaba esperando encontrarse con alguien todavía, se sintió tonto por haberlo olvidado.


...

"Par de idiotas", no dejaba de pensar eso Papyrus estando recargado al otro lado de la puerta con los brazos ocupados por su plato de comida. Sabía que Sans terminaría llegando ahí en cualquier momento y por ello se había quedado a lado del seguidor del jefe de grandes ojos para opacar el castigo que pudiera recibir por eso, pero no pudo evitar prestar atención a la extraña plática que estaban teniendo ese par tras sentirse solos en un lugar que jamás podrían estarlo.

Aunque todavía pensaba en que hubiera sido lo mejor matar a la humana cuando tuvo la oportunidad, también se daba cuenta de que Grillby había tenido razón. Realmente esa humana era importante para su hermano... y era un sentimiento mutuo a palabras de ella. Y eso los hacía todavía más estúpidos.

No queriendo pensar más en eso, revolvió el omellete que había preparado la humana y que apenas se dignaría en probarlo tras tener que recalentarlo. No era así como quería probar su comida, pero el hambre estaba ganándole tras varias horas sin probar nada. En cuanto metió el tenedor entre sus dientes se quedó por varios minutos en esa posición, olvidando por completo en dónde estaba y la situación que tenía al otro lado de la puerta.

Estaba delicioso.


***

En este momento estoy en el el trabajo, así que no escribiré mucho en esto... salvo decirles que los quiero mucho.

*inserte teorías locas aquí*

Michi fuera!

:)

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