Cap 38. Dos centímetros
Tras colocar con cuidado la escoba mal tallada en una esquina, Frisk se masajeó levemente las manos preguntándose de si habría problema de utilizar las cremas que había encontrado en la cocina para uso personal. Tanto polvo comenzaba a serle una verdadera molestia cuando no podía asearse en el momento que quisiera.
Desde el conflicto situado en el comedor desde hace tres días, Frisk había permanecido en un ambiente tranquilo en aparente ausencia de los esqueletos que se suponía que vivían en ese lugar y la mantenían ahí de forma obligada. Por la forma en la que estaban cerradas varias puertas sin acceso alguno por más que tocara sin respuesta alguna, le hacía suponer que se encontraban ahí, pero el que no bajaran a desayunar, comer o cenar pese a lo que preparaba con tiempo sobre la mesa... Sí que eran una familia extraña. Le habían reclamado por no desperdiciar ningún alimento ¿y ellos no se dignaban a comer? Sin saber si simplemente estaban ocupados o algo similar, tendía a dejar por mucho tiempo la mesa ya lista y tapaba con cuidado sus platos servidos en espera de que aparecieran en cualquier momento mientras ella continuaba con la limpieza. Pero nada, tan solo terminaba guardando todo de regreso y comiendo poco de aquello que quedaba para no ser del todo una pérdida de tiempo.
Le había dado la impresión de que tendían aparecerse en la cocina para tomar algo y llevárselo a sus respectivas habitaciones, pero tal parecía que lo hacían con el suficiente cuidado de que ella no permaneciera en la cocina cuando ellos se disponían a hacerlo. Sus pistas al respecto eran que notaba la falta de uno que otro bocadillo guardado en el refrigerador o el característico olor a puro que dejaban como evidencia en el lugar.
No queriendo abusar de la suerte de no tener encima a ninguno, se disponía a cumplir con los deberes obligados que tenía por cualquier cosa que se presentara. En cuanto no encontrara a Flowey, no haría nada que pudiera afectarlo ni abandonarlo en aquel terrible lugar, pero por más que lo había buscado en las habitaciones con el pretexto de limpiar, simplemente no dio con nada en las pocas que había tenido acceso. Tal parecía que las cuatro cerradas correspondían a sus habitaciones que no la querían de intrusa de ningún modo, pero la cuarta no comprendía el porqué. ¿Acaso sería una oficina o bodega?
Dentro de su limpieza había descubierto que la extraña casa con apariencia interna de cabaña era más grande de lo que aparentaba. Iniciando por el hecho de dar con dos habitaciones pequeñas completamente vacías (cosa que le disgustó saber que no se habían dignado en darle una al menos) siendo un total de seis cuartos más tres baños (a menos de que tuvieran más baños propios en sus habitaciones), y que en definitiva parecía que no contaba con ventanas de ningún tipo por más que la recorriera limpiando cada rincón repleto de polvo. En su lugar se encontraban variadas pinturas de bellos paisajes como si con ello compensaran la ausencia de un paisaje digno de poder contemplarse dentro del barrio. Aunque admitiera que no era algo precisamente agradable de vista, más que nunca Frisk extrañaba el calor y luz que transmitía el poco sol que se asomaba en Snowdin por las mañanas.
El único lugar que en definitiva no pensaba en acercarse era en el tétrico sótano cuyo olor le llegaba de tan sólo recordarlo, generándole náuseas nada gratas que le hacían correr al baño que tenía asignado y que, irónicamente, la acercaban al lugar de origen de dicha asquerosa y putrefacta esencia. La casa entera olía a tabaco y era más que suficiente para asquearse constantemente al no poder quitarse dicho aroma por más que se apegara a productos de limpieza o a la comida que persistía en prepararla pese a no ser degustada de ningún modo. Había momentos que le daba la impresión de que se mareaba por tanto humo de por medio, pero en otras simplemente se recordaba lo mal alimentada que se encontraba al no tener derecho de tomar lo que quisiera de la alacena. Los extraños seres grisáceos que de la nada aparecían a lado de ella se lo recordaban como si pudieran leerle los pensamientos. Y así como se presentaban desaparecían sin dejar rastro o decir algo más, dándole a entender que más le valía no intentar nada malo o de lo contrario lo sabrían de inmediato.
Pero qué lugar más extraño y deplorable en el que se encontraba.
Contemplando que todavía le quedaba mucho por limpiar para exterminar el olor a tierra y tabaco que percibía, se remangó el uniforme y recogió sus cosas para llevarlas a otro rincón que requería de su atención fuera de ese pasillo que conectaba la sala y comedor. Hacer el aseo en tan grande lugar le costaba más tiempo del que había contemplado, por lo que había estado limitada a dividir sus actividades con la preparación de los alimentos, siendo en vano tal esfuerzo tras seguir guardado en el refrigerador.
Mientras recorría el pasillo contemplando las pinturas que adornaban las paredes, le era un tanto llamativo descubrir que tampoco había fotografías colgadas o alguna cosa más fuera de aquellas obras de arte cuyo precio no podría imaginarse. Recordando el conflicto del que no había querido escuchar siendo en vano con tanto griterío, pudo imaginarse qué tan fragmentada estaba la familia de esqueletos si tanto esmero tenían en no transmitir la esencia de un hogar. Pero no estaba para compadecerse de sus captores ni mucho menos le correspondía hacer algo al respecto. Ya tenía más que suficiente con su propia situación familiar que no había querido pensar más al respecto en cuanto no supiera organizar sus propias ideas.
Tras tantos años en espera de poder ver a su padre, finalmente se enteraba que se encontraba en la ciudad con un seudónimo y aparentemente oculto. Si bien eso le explicaba la razón por la cual no había podido verlo desde su partida al pueblo con su madre, le generaba más incógnitas incómodas que no estaba segura de qué pensar al respecto. ¿Porqué se ocultaba? ¿Porqué le había regalado una casa y dinero con ese nombre falso? Y aún más importante ¿porqué nadie le decía nada?
Mientras se ponía a sacudir algunos muebles repletos de polvo y ceniza de tabaco, pensaba seriamente en que esa pudiera ser la razón por la cual Flowey le advertía que no diera su apellido a nadie de la ciudad. Tal vez el apellido Dreemurr podría ser reconocido y vincularla a él pudiera generar complicaciones si aparentemente estaba escondido en algún lado, pero ¿porqué era algo que Flowey sabría y ella no? ¿Acaso era algo evidente que estaba pasando por alto? En verdad que tenía muchas preguntas a su amigo una vez que pudiera verlo y salir de la prisión elegante en la que se encontraban.
Incomodada con tanto polvo qué sacudir de tantos tapetes encimados entre algunos muebles, optó de que sería lo mejor retirarlos y lavarlos en vez de estarse complicando la existencia, pero para su sorpresa aquellas telas eran más pesadas de lo que aparentaban. Requirió de mayor esfuerzo el poder quitarlo con cuidado de no causar algún desastre que le costaría más de lo que ya estaba pagando con su esclavitud, pero al ver que aquel tapete viejo había estado cubriendo un piano de pared algo desgastado, terminó por dejar caer el tapete haciendo aún más polvo en cuanto chocó contra el suelo y que seguramente le haría trabajar demás tras ya haber sacudido varias secciones afectadas. ¿Porqué cubrirían un instrumento como ese? Nunca había estado tan cerca de un instrumento y mientras acariciaba las teclas desgastadas le pareció que había cierta belleza en esa apariencia vieja y desgastada que mostraba ante ella. Curiosa de cómo sonaría algo así tan de cerca, se dispuso a tocar una de las teclas con el dedo índice, pero una mano huesuda rápidamente la detuvo de tal forma que la asustó por completo como si la hubieran atrapado haciendo algo malo.
-YO NO HARÍA ESO SI FUERA USTED. –A diferencia de lo que había temido, el semblante de Papyrus era bastante cansado, casi como si no hubiera dormido nada.
-No era mi intención dañarlo. –Comentó suponiendo que ese era el problema. –Sólo quería saber cuál era su sonido de cerca. También es algo que debo limpiar.
-NO ES NECESARIO.
Mientras observaba cómo la magia del esqueleto elevaba el tapete empolvado para ponerlo de regreso en su sitio cubriendo el instrumento de nuevo, Frisk se quedó estática sin saber si debería de decir algo al respecto sobre lavar aquel accesorio de adorno si pretendían seguir cubriendo el piano con eso. Además ¿Qué no el peso podría dañarlo?
Una vez colocado el tapete, Papyrus permanecía dándole la espalda en silencio con una mano sobre el instrumento ahora cubierto. Sin saber si aquello era una señal de que debía retirarse a continuar con sus labores, Frisk se giró y tomó sus cosas de limpieza para apartarse de él por cualquier cosa que pudiera presentarse. Recordaba qué tan explosivo e intolerante podía tornarse el esqueleto alto y era algo con lo que no estaba dispuesta por lidiar de momento.
-SABE... CREO QUE ME RECORDÓ A ELLA.
-¿A quién? –Frisk se detuvo en seco extrañada con sus palabras, mas no se giró para verlo directamente.
-A MI MADRE... ELLA TAMBIÉN PREFIRIÓ MORIR CON TAL DE SALVAR A QUIENES LE IMPORTABAN.
Algo estupefacta con que le dijera eso, se giró para ver al esqueleto que seguía dándole la espalda mientras se apoyaba en el piano cubierto. Recordaba levemente que le había contado que unos humanos habían asesinado a su madre, mas no que había sido por evitar que otros murieran. ¿Por eso Sans la había salvado antes del impacto? ¿Por eso Papyrus había sugerido mantenerla como sirvienta antes de intentar matarla? ¿Le habían mostrado piedad por el recuerdo de su madre? No sabía si debía sentirse halagada por eso o no.
-Bueno, yo... me retiro. –Comentó sin saber qué decir al respecto.
-¿CUÁNTO ESPERA VIVIR CON ESA IMPRUDENCIA? –Finalmente se giró el esqueleto ahora con un gesto de enfado en conjunto con su tono exaltado. –SE LE ESTÁ DANDO PIEDAD, PERO PARECE EMPEÑARSE EN SER MALAGRADECIDA CON TODO LO QUE SE LE CONSIGUIÓ PARA SEGUIR VIVIENDO.
-Destruir mi casa a causa de que los buscaban a ustedes no es mi percepción de "piedad", señor. –Atajó Frisk seriamente con esa acusación. –Me quitaron todo y se me obliga a permanecer aquí aun con mi opinión al respecto.
-¡TSK! MUJERES... SIN IMPORTAR QUÉ ESPECIE SEAN, USTEDES NUNCA ENTIENDEN NADA.
-Pues tendrá que acostumbrarse a aquello que le desagrada de nosotras las mujeres. –Contestó sin más mientras se cruzaba de brazos. Reparó muy tarde en que aquel comentario no era apropiado tras percibir el enojo del esqueleto de enfrente, pero no quiso disculparse ante alguien que iba camino a convertirse en alguien tan desagradable como el jefe de familia de la casa. –Supe que ahora está comprometido.
-ESCUCHAR CONVERSACIONES AJENAS ES UNA FALTA DE RESPETO, HUMANA.
-Era imposible no escucharlos si lo estaban gritando. –Señaló sin incomodarse. –Así como me dio la impresión de no le fue grata la noticia.
-SI ESO ES LO QUE SE QUIERE DE MI, ESO HARÉ. ADEMÁS, CONFÍO EN EL JEFE DE QUE NO SE LLEGARÁ A ESO, ASÍ DE SIMPLE.
-¿Pero qué hay de lo que usted quiere? –Le interrogó Frisk al sentir tanta frialdad en sus palabras. -Si es algo que no le parece, debería poder opinar al respecto. Es su vida de la que se habló después de todo.
Aunque Frisk le detestara el comportamiento del menor de los esqueletos, no sabía cómo sentirse al respecto al comprenderlo aún más que el resto de los habitantes dentro de esa casa. Podía identificar que las sonrisas de Sans eran distintas al grado de ser una simple máscara andante, pero en cuanto Papyrus podía percibir con claridad que sus majaderías despectivas eran la falta de atención que aparentemente había tenido desde la ausencia de su madre en su vida. Queriendo seguir el ejemplo de su padre, reprochando a Sans en cada momento, queriendo protegerlo a costa de tales reglas infundadas mientras era ignorado por los dos... era claro que estaba pidiendo atención a gritos queriendo tan sólo aceptación, ser reconocido como un integrante más en tan complicada familia y no menospreciado teniéndole secretos, obligándola a actuar por su cuenta llegando a una ciudad desconocida para ella...
Frisk suspiró tras eso último dándose cuenta de que se había desviado en sus propios pensamientos sobre el tema. Aun le carcomía la extraña situación en la que estaba su padre de mantenerse oculto sin haberle dicho nada al respecto, pero regalándole cosas que la incitaban a volverse independiente sin explicación alguna. Una madre que la había sobreprotegido por tantos años, pero que ahora no podía contactarla de ningún modo por petición suya, no queriendo saber más de ella por el simple hecho de haber elegido buscar respuestas en vez de quedarse en la misma situación frustrante.
"Menospreciado" era la palabra correcta para las acciones de Papyrus... pero también para las suyas.
Primero la soledad y ahora esto. De algún modo era aterrador llegar a sentirse identificada con el esqueleto que más la discriminaba repetitivamente.
-¿Puedo preguntarle una cosa?
-ADELANTE.
-¿Por qué es usted mafioso? –Soltó sabiendo que podría enfadarlo con eso, pero no dándole importancia de cualquier modo ante su curiosidad al respecto. –Sans dice que es porque no tenía opción, pero... ¿y usted? ¿Tampoco cree que tuvo elección?
-EN UNA CIUDAD DONDE TODO ES MATAR O MORIR ¿REALMENTE QUE OPCIONES TE QUEDAN?
Frisk comenzaba a cansarse de ese extraño lema que trataban de mantener todos en la ciudad a modo de justificación de sus malos actos, sin embargo, no pudo evitar relacionarlo con su disposición a morir en el momento en el que supo que podría poner en peligro a su pequeña familia si decía algo. Así que mientras algunos optaban por la muerte como un camino, otros simplemente mataban como opción a seguir viviendo. ¿Porqué tenía que ser todo tan drástico? ¿Qué no consideraban la opción de resolver todo hablando?
-¿No quiso ser otra cosa?
-NO ES... ALGO QUE PUEDA DECIR AQUÍ. –Su rostro se suavizó un poco tras desviar su mirada. –PERO MEJOR DÍGAME USTED, ¿PORQUÉ SER FLORISTA?
-Pues... me gustan las flores. –Contestó de inmediato mientras elevaba una ceja. ¿Qué eso no era evidente?
-A LO QUE ME REFIERO ES A PORQUÉ TENER UN NEGOCIO CUANDO COMO MUJER...
-¿Va a decirme que como mujer no puedo emprender? –Interrumpió hastiada de ese tema, dejando que se esfumara la leve empatía que había sentido hacía unos minutos con el enfado que le generaba. –Si tanto le desagrado como humana y como mujer ¿porqué se empeña en ser un conocido mío?
-¿POR QUÉ A SANS SI LE LLAMA POR SU NOMBRE, MIENTRAS QUE A MI APENAS Y ME DIRIJE LA PALABRA? –Soltó mientras regresaba su expresión de enfado. Frisk sólo esperaba que no se le diera por dispararle de nuevo. –¿QUÉ NO ES ÉL UN SIMPLE CONOCIDO PARA USTED?
-Sans no me insulta en cada momento.
-¿CÓMO ESPERA NO SER INSULTADA SI TODO EL TIEMPO ES GROSERA?
-¿Cómo espera que no sea grosera si no se me trata con respeto?
-¿CÓMO QUIERES RESPETO SI TÚ NO LO DAS PRIMERO? –Exclamó Papyrus sin que se diera cuenta de que ahora la había tuteado. Su irritación era algo de lo cual debía estar prevenida, pero tampoco estaba dispuesta a dejarse por nadie. Ella no quería estar ahí en un principio, ella no quería nada que ver con cada uno de los integrantes de esa casa. –PODRÍAS PASARLA BIEN AQUÍ SI TAN SÓLO APRENDIERAS A CERRAR LA BOCA.
-Sumisión es lo que me piden, y yo no pienso otorgarles mi dignidad al ser lo único que no me han arrebatado. –Comentó Frisk ahora molesta. En verdad que era desagradable, pero ¿qué podía esperar de un delincuente? –Nadie puede hablar por mí si yo soy mi propia persona.
El repentino olor a puro le llegó por detrás como si hubiera aparecido de la nada con gran intensidad, pero sin tener tiempo de poder poner las manos al no esperárselo, terminó nuevamente siendo arrojada al suelo con una fuerza invisible que la jalaba del pecho. Se había golpeado la cabeza fuertemente que se sintió aturdida al momento de querer levantarla un poco para ver lo que estaba frente a ella, pero el problema estaba justamente detrás, donde un zapato se posicionó en su columna para obligarla a seguir en el suelo con tal fuerza que temió que le rompieran la espalda en cualquier momento.
-La opinión es algo que se pide... y parece que aún no te queda claro que nadie tiene intenciones de pedir la tuya, humana. –La voz del jefe de esqueletos sonaba tan seria que podría espantarla aún más que por la fuerza que ejercía sobre su espalda. –Aprende de una vez cuál es tu lugar ahora.
Aunque el dolor fuera demasiado, aunque supiera que lo mejor en tal situación fuera hacer lo que le pedían... en verdad que el coraje que le daba era más fuerte que cualquier dolor que pudieran difundirle. Con algo de dificultad apoyó las palmas de sus manos en el suelo para tratar de levantarse con toda la fuerza que tenía consigo, pero de pasar a su columna, el zapato rápidamente pasó a aplastar su cabeza con más fuerza para que retomara el suelo.
-El sentido común no es algo que se te dé por lo que veo. –Comentó el esqueleto mayor mientras observaba cómo la humana hacía su intento de levantarse de cualquier modo.
-Me... van a dejar... limpiar... ¿o no?
Frisk comentó como pudo, haciendo lo posible por levantarse en contra de la fuerza que el esqueleto le ejercía sobre su cabeza y sobre su pecho con aquella fuerza invisible. Apenas y podía visualizar los zapatos de Papyrus, los cuales para su mal gusto estaban sumamente ilustrados, tanto como el que le estaba pisando la cabeza en ese instante. Era un detalle que no tenía intenciones de percatarse, pero que ahora le incomodaba el hecho de que zapatos tan elegantes la estuvieran maltratando e insultando mientras que ella por suerte contaba con los zapatos con los que había huido de la explosión. Si quisieran, la harían andar descalza o sin ropa con tal de avergonzarla o hacerle sentirse inferior.
Aunque lograran maltratarla, aunque fueran más fuertes que ella, no iba a quedarse de brazos cruzados nunca. No les iba a dar el beneficio de lograr lo que quisieran con ella sin antes luchar por intentarlo. No les iba a dar el beneficio de otorgarles lo único que le quedaba tras todo lo arrebatado.
Sintiendo como si la fuerza sobre su pecho se quebrara como si de un cristal se tratase, pudo apoyarse de sus rodillas para ejercer más fuerza en su cadera y girar para quitarse el zapato de encima ante la sorpresa que evidentemente mostraba el esqueleto, reduciendo la fuerza que había estado poniendo para retenerla en el suelo. Al sentirse por fin liberada de tan insultante trato, pudo levantarse con cuidado y acomodó su vestido en el proceso. No le dio importancia si tenía alguna herida ante el maltrato, tan sólo quería retirarse de ahí y no volver a verlos.
Mirando directamente hacia los ojos brillosos del esqueleto mayor, pudo visualizar que estaba entre molesto y sorprendido con ella, pero que no tenía intenciones de decirle algo más por el simple hecho de no captar que había logrado zafarse de su retención. No queriendo seguir con la situación, Frisk se encaminó hacia el pasillo con tal de no estar cerca de ellos. Deseaba más que nunca poder escaparse de ahí, pero en cuanto no diera con Flowey no podría hacer nada más. Odiaba tener que estar así, pero no estaba dispuesta a dejar a su mejor amigo en manos de esos sujetos.
Don Gaster tan sólo se quedó mirando cómo la humana se apartaba, teniendo la mano levemente levantada con la cual había ejercido su magia sobre ella tan sólo unos minutos. Sin poder comprender realmente cómo pudo haberle fallado sin ser su voluntad soltarla. Notó que su hijo menor se ponía a lado suyo un tanto apenado sabiendo que había aparecido tras sus gritos, mas no le dio importancia a eso al tener en mente algo más importante que aparaba su atención de momento.
-YO....
-Pudo romper la magia que ejercía sobre su alma. –Comentó aun mirando hacia donde la joven se había alejado. –Esa humana no es normal.
-SÉ QUE ES MUY RARA E IDIOTA, PERO ¿QUÉ NO SON ASÍ GRAN PARTE DE LOS HUMANOS?
Sabía que Papyrus sólo pretendía complacerlo una vez más insultando a los humanos con tal de aligerar la situación, pero no podía dejar de pensar en que su hijo no comprendía nada sobre porqué le sorprendía tanto la situación cuando él la había conocido más tras ocultarla de su vista al igual que el otro malagradecido. El nada peculiar color de sus ojos, el que no pasara por el periodo siendo mayor de edad, y ahora el que pudiera romper su agarre de magia sobre su alma sin tener heridas evidentes eran cosas que no podían pasar desapercibidas. No era normal ninguna de esas cosas hablando específicamente de una humana. ¿De dónde demonios la habían sacado sus hijos?
Apartando su vista del pasillo al ya no querer pensar en tal molestia, se dirigió hacia Papyrus siendo su verdadera razón por la cual había aparecido en primer lugar.
-Tenemos nueva respuesta por parte del sindicato. –Del bolsillo sacó un par de cartas para entregárselas y que las leyera por su cuenta. –Los integrantes fueron invocados y en dos días se cita una reunión con el Gran Don. Y esta otra es el diseño de la invitación para avisar sobre tu compromiso una vez que pase la junta. Aunque me desagrade que esté precipitándose la líder sindical, espero que sea suficiente presión para ti de saber lo que está en juego si no se comportan.
-NO... PASARÁ NADA DE ESO ¿CIERTO?
-No tengo intenciones de perder.
Dejando que su hijo menor leyera las cartas por su cuenta, se retiró con calma hacia el pasillo en el que la humana se había ido. Pensando seriamente de si debería de analizar a la humana tras varios factores que no le cuadraban. En definitiva, había algo raro.
...
La neblina que generaba la exhalación del tabaco en todo el lugar era tan densa que complicaba el movimiento de los dos canes que corrían siguiendo a su presa. Y si bien el olfato les fallaba en ese momento tan crítico a causa del humo, no era impedimento para divertirse correteando y atemorizando al humano que corría despavoridamente entre los pasillos, tirando todo lo que se encontraba para tratar de frenarlos sin éxito.
Pobre incauto ¿qué no se daba cuenta que eso lo hacía más divertido? A ellos no les importaba pisotear la mercancía que sin lugar a dudas era de materia fina, les daba igual que fueran reliquias de gran valor lo que estaba rompiendo en el proceso. Dogami no podía con el temblor de sus brazos ante tanta emoción que sentía al momento de levantar su hacha a punto de decapitar a su presa. Afilar su arma y hacerle el amor a su esposa eran de sus grandes placeres de la vida, pero no se comparaba con la excitación que experimentaba al momento de cortar extremidades de sus presas hasta llevarlos lentamente a la muerte. Los gritos, el olor a miedo, la sangre... era grandioso que los humanos soportaran tanto. ¡La diversión no se acababa tan rápido con ellos!
Por la forma en la que corría su esposa, sin importarle de usar sus manos como un animal para aumentar su velocidad, sabía que ella pasaba por lo mismo al momento de estar por aniquilar a alguien. Estaba más que dispuesta a lanzar mordidas y arrancar manos en el instante que lograra alcanzarlo. Ella era tan magnífica... Era un suertudo de haber encontrado a alguien con su misma pasión. Era un suertudo de haber sido reclutado para un trabajo que tanto le gustaba hacer y que lo integraran en el equipo élite del Gran Don como sus asesinos principales. Matar monstruos siendo él mismo uno no sólo era algo discriminatorio y una ofensa para su persona, sino que no era nada divertido al no contar con la resistencia que un humano brindaba por más que deseara la muerte en el instante que comenzaba la tortura.
Estando tan cerca del humano que hasta podría lanzarle su hacha, un puño de inmenso tamaño y de pelaje aperlado apareció tan repentinamente tras otro pasillo que el humano no pudo visualizar el momento en el que estuvo a su alcance y ser aplastado con tal fuerza que no quedó nada de él que no estuviera roto, matándolo en el instante como si de un tráiler le pasara encima y salpicando de sangre y otros restos el lugar opacado todavía por la densa neblina del humo.
-¿Enserio? –Gruñó Dogaressa mientras se levantaba para estar parada formalmente y quitarse parte de lo que había llegado en tal aplastada tan abrupta. –Ya era nuestro, no hacía falta su intervención.
Un perro gigantesco de puños aún más impresionantes que su tamaño, terminó de salir del pasillo ignorando a la pareja frente a él y contemplar mejor a su víctima aplastada con su puño. En lo que se disponía a limpiarse la mano con una cortina que tuvo al alcance y gruñendo como si le diera asco como si de un bicho se tratara, otro perro de menor estatura y de pelaje moteado apareció detrás de él con un bastón que le ayudaba a saber en qué dirección moverse tras sus ojos rasgados inservibles.
-Si no hacíamos algo, se la pasarían corretéandolo olvidando sus verdaderos deberes. –Mencionó el can tras detenerse frente a ellos. Era impresionante que supiera en dónde estaban considerando la ceguera que tenía. –Estamos aquí por algo importante.
-Pues no veo a Lesser por aquí. Así que aun teníamos tiempo para divertirnos.
-Él ya está con la señora Boom. Acompañándola en ausencia de su marido.
-¿Qué acaso Gerson no vendrá? –Se extrañó Dogami con eso. El señor tortuga siempre estaba presente en todo lo importante después de todo. Siendo un mediador de lo más tranquilizador para cualquiera y mano derecha de la mafia en la que pertenecían.
-Alguien tiene que estar presente en Waterfall. No puede dejar descuidado el lugar.
-¿Y porque no fue la señora...? Oh, olvídalo. –Reparó inmediatamente en que si ocurría algo, la reptil amarillenta no era apropiada para hacer una simple llamada telefónica. –Si están reuniéndonos exclusivamente a nosotros, he de intuir que nos otorgarán a un nuevo líder de tropa.
-Sigo molesta de que no te eligieran a ti cariño, estoy segura de que lo habrías hecho bien. –Le señaló su esposa sonriéndole con dulzura.
-Si la imprudencia te parece algo bueno... –Comentó por lo bajo el canino ciego.
Antes de gruñirle en advertencia de que le tuviera más respeto, el brusco movimiento del humo que les rodeaba les indicó que más les valía comportarse adecuadamente en ese lugar si no querían enfrentarse a las consecuencias. Por lo que comenzaron a andar en silencio dándole la espalda al cadáver que comenzó a ser devorado por las extrañas amalgamas que habían sido los que alteraban la neblina con sus movimientos toscos. Aunque ya no pudieran catalogarse como monstruos, su presencia siempre inquietaba al ser una naturaleza desconocida para cualquiera que los tuviera cerca. Sólo su creadora parecía estar en calma con esos seres rodeándola todo el tiempo, siendo la única que realmente podía controlarlos como si de una alpha se tratase con ellos.
Haciendo memoria del poco tiempo que había conocido al antiguo "mano izquierda" de la mafia y padre de la reptil trabajando con ellos, a Dogami le llegó el leve recuerdo de la explicación del porqué había llamado a su única hija "alphys" al considerar que su niña había nacido con el carácter y templanza para ser toda una líder si tan sólo no hubiera venido al mundo como una mujer. Y tal parecía que ella había creado su propia manada tras esa ideología consigo. Sí que era extraña esa monstruo, pero no se atrevía a faltarle al respeto no sólo por Gerson, sino por lo inquietante que era su mirada carente de vida en todo momento. Como si realmente no pudiera sentir absolutamente nada y le diera la capacidad de ser más cruel que sus propios arrebatos sin emoción alguna.
-¿En verdad van a presentarse así? Pero qué descaro. –Una voz suave y burlesca resonó a lado de los canes. –Pero en fin ¿qué más se puede esperar de ustedes?
Un perro de piel tan blanca como la nieve y trajeado de lo más fino hizo acto de presencia a lado de ellos, observándolos con cierto aire de superioridad que incomodó al resto de los presentes que ahora se observaban sus ropas manchadas de sangre.
-¿Ya terminaste de ser un perro lazarillo, Lesser? –Gruñó Dogami mientras trataba de quitarse algunas manchas con las manos.
-Los lazarillos son para los ciegos, idiota. Y si, terminé de auxiliar a la señora con su comunicación. –Rio levemente el perro mientras se cruzaba de brazos. –Además de que ya me comentaron la nueva misión que tenemos por ahora mientras que ustedes correteaban la comida de las amalgamas de la señora.
-¿Te la dijeron a ti y no nos esperaron? –Comentó su esposa a su costado, dejando de intentar quitarse las manchas de sangre.
-Así es. Siéntanse halagados de que al menos el Gran Don me tiene confianza a mí. Quien sabe, puede que yo me vuelva el nuevo alfa...
-Si serás hij...
-Basta. –Suspiró con algo de resignación el perro de pelaje moteado. –Mejor acabemos todo de una buena vez. ¿Qué hay que hacer, Lesser?
-Nos vamos a divertir en Waterfall.
...
Sans sabía que no podía permanecer acostado por siempre. Por más que dormir fuera placentero para él, necesitaba comer de vez en cuando y ver una que otra vez que la humana estuviera bien pese a todo.
No había necesitado mantener contacto con ella en un principio al considerar que lo mejor era darle su espacio, que se acostumbrara de alguna forma al entorno y que pudiera desenvolverse en él para que no hubiera más complicaciones. Sin embargo, al escuchar que había estado teniendo un conflicto con Papyrus... simplemente no pudo intervenir. Eso haría que tuviera que verlo y era lo que más estaba evitando en el momento. No podía comprender por qué tanta necedad de apoyar a quien le había vendido por una simple plática con otro sujeto que nunca había visto en su vida. Aunque causara temor con la simple mención de su nombre, aunque evidentemente era alguien que el jefe quería evitar, no debería de valer más que uno de la familia.
Aparecerse y desaparecerse para tomar alimento había sido muy fácil para él, pero no contaba con el hecho de que el viejo estaría haciendo lo mismo. Como si de igual forma él también los estuviera evitando. Y aquello había hecho que se cruzaran de vez en cuando sin detener al otro. Al menos tenían en común el no querer verse de momento. Ya era ganancia.
Despertándolo las ganas de cenar, lentamente se acomodó de su cama para aparecerse sin más en la cocina y tomar lo primero que tuviera a la mano. Pero no contaba con el hecho de encontrar todo tan limpio y guardado que aquello le complicaría hacer las cosas con mayor velocidad sin dejar rastro alguno.
-¿Sans?
El esqueleto giró empleando una sonrisa burlona de haber sido encontrado en su jugada de tomar algo del refrigerador, pero su gesto cambió por completo al notar que las manos de la humana estaban temblando como siempre lo hacía cuando se contenía emocionalmente. Aunque estuviera sentada en el suelo con esa mirada tan seria, sus manos siempre la delataban de tal forma que no estaba seguro de que si fuera bueno notar aquello de ella.
-¿Está cómodo el suelo? ¿Puedo unirme y compartimos... esto? –Señaló lo que sea que había logrado sacar del refrigerador. No tenía idea de lo que era, pero el que oliera bien era más que suficiente.
La humana se le quedó mirando como si cuestionara sus opciones con detenimiento, pero finalmente se levantó sin apartar la vista de él. Como si quisiera estar atenta de si desaparecía en cualquier momento.
-En realidad está muy frío aquí. –Señaló mientras emitía un semblante indiferente. –Puedo prepararte algo si gustas... aunque ya sería demasiado si no comen nada de lo que les he servido.
-Una disculpa por eso. Yo...
-Entiendo.
Le había interrumpido con tal firmeza que no estaba seguro de si aquello le molestaba o si simplemente quería cortar la conversación. Tan sólo se quedó observándola sin decir nada, viéndola calentar lo que antes había tenido en la mano una vez que se lo quitó y estando completamente en silencio en el proceso.
-¿Te sientes mejor? –La voz de la humana irrumpiendo el incómodo silencio resonó mientras continuaba calentando la comida y sirviéndola poco a poco.
-Yo debería preguntarte eso. Oí que tuviste una discusión con...
Sans no pudo terminar la oración al no ser capaz de siquiera decir su nombre. Estaba molesto, no pensaba ocultarlo por mucho que le generara más sentimientos encontrados. La intromisión y necedad de su hermano de querer hacerlo todo en regla habían hecho de que las cosas empeoraran en resultados catastróficos, siendo la humana la mayor afectada en todo.
-Sí, discutí con tu hermano. –Comentó Frisk tras notar que no continuaría su oración y volvía a darle la espalda para concentrarse en lo que hacía. –No me agrada, pero deberías de poder ser capaz de hablar con él sin gritar.
Sans simplemente emitió una risa de cortesía entendiendo a lo que se refería y recibió gustoso el plato que ahora le estaba tendiendo. Aunque Frisk tenía intenciones de dejarlo comer solo el en comedor mientras que ella se quedaba ahí para no ocasionar problemas, él encontró una solución más pacífica haciendo que ambos se dirigieran a la sala y cenaran ahí sin intromisiones ni reproches sobre dónde se debe comer o no. Frisk siempre lo había recibido en su casa y mesa sin problema alguno, le dolía internamente no poder hacer lo mismo con libertad.
-No sé cómo le haces, pero en verdad soy fan de tu comida. –Comentó Sans tras varios minutos degustando el platillo, sentados en el sofá verde olivo donde aparentemente la humana terminaba durmiendo después.
-No sé el porqué, no hago la gran cosa. –Pese a sus palabras, apenas y pudo visualizarse una tenue sonrisa a modo de agradecimiento. –Creo que tu hermano también lo es.
-¿Podemos no hablar de él por ahora?
Aunque Sans no quería ser rudo al respecto, no pudo evitar soltar un leve gruñido de que su hermano fuese tema de conversación con la única persona, además de Grillby, con la que podía hablar tranquilo y confiar por ahora.
-¿Te molesta que hayan comprometido a tu hermano?
-No es eso, no es la primera vez que el viejo intenta controlarnos hasta en eso. –Le sonrió para no mostrarse mal ante ella, prefiriendo concentrarse en el plato que tenía en sus piernas. –Lo intentó conmigo hace muchos años.
-¿Estas...?
-¿Preguntas porque estás interesada? –Sonrió aún más entre burla y coquetería, dejando el plato de lado para apoyarse en el sofá de forma galante. Pero tras la seriedad de la humana con su acto simplemente se limitó en soltar una leve risa que no llamara la atención de nadie más en la casa. –No, la situación terminó siendo un desastre para él que hoy en día no puede quitársela de encima, literalmente hablando, jeje.
-No entiendo.
-El viejo quería ver a futuro de lo que sería la familia Gaster, así que se robó a una niña de circo creyendo que podría tener todo bajo control en temas de descendencia sin complicaciones. –Se encogió de hombros sin importancia de lo que explicaba. –La tuvo con nosotros y entrenó para ser toda una señora de la mafia, pero no contó con el hecho de que esa chica terminaría ridículamente enamorada de él. Volviéndose la situación más incómoda de su vida que por más que quiera no puede quitarse de encima ya que la sigue manteniendo en la distancia. Al menos se hace responsable de su error, pero estoy seguro de que tiene fe en que un día ella encuentre alguien con el cual se case y le deje en paz. Es muy cómica la situación.
-Ya veo... Tu padre ve las cosas de forma ruin para mi gusto. –La chica puso una mano en su cabello como si quisiera aplastársela de esa forma. –Pero supongo que la familia es la familia sin importar que tan desagradable pueda ser. Y me parece que ustedes sólo no saben comunicarse entre ustedes.
-Bueno, no todos podemos ser directos como tú, bonita. –Le lanzó una sonrisa pícara.
-Sólo no me gusta complicarme las cosas. –Bajó la mano lentamente y puso una mano cerca de su garganta como si agarrara algo. –Y sé que no me corresponde entrometerme en el asunto, pero por mucho que tu hermano sea tan prejuicioso, tienes la oportunidad de hacer las paces con él.
La sonrisa del esqueleto disminuyó al comprender exactamente a qué se refería. Estaba más que seguro que sin importar el hecho de que no estuviera cómoda viviendo con tantos seres discriminándola, el que insistiera con el tema de su hermano era justamente porque de algún modo le hacía recordar a los que ella había perdido. No quiso decir nada al respecto, no se sentía con el derecho de preguntarle siquiera sobre sus hermanos por mucho que tuviera curiosidad al respecto. Le era un tanto evidente que el tema le incomodaba de momento.
-Hablando de lo otro... me hizo acordarme de algo. –La humana se giró para mirarlo directamente con ese gesto inexpresivo tan característico en ella, bajando su mano para colocar ambas en sus rodillas. – ¿Puedo preguntarte al respecto?
-¿Sobre qué? –El cansancio hizo acto de presencia en él una vez más.
-La anfibia antes de intentar matarnos, me llamó "amante del esqueleto". –Mencionó tras recordarlo poco a poco. Sans sólo pudo oscurecer sus ojos ante eso. –Y tanto tu padre como tu hermano también lo insinuaron otras veces. Sans, ¿acaso...?
-No.
Atajó de inmediato al ser urgente frenar cualquier conjetura negativa que pudiera retomar por eso. No olvidaba el hecho de que Frisk supiera del desagradable fondo bancario que le había generado el viejo con fines que jamás pidió en primer lugar. No quería que se hiciera una idea al respecto que opacara los buenos y pequeños momentos que realmente habían sido los mejores de su atormentada vida. Ya habían mejorado las cosas con ella tras ser el causante de que perdiera todo, no iba a permitir que la intromisión de otros arruinara lo que tanto le ha costado. ¿Qué acaso era mucho pedir querer pasar un rato agradable con ella y ya? Creyó que el resto del mundo lo comprendería con tan solo pasar un momento con ella, pero tal parecía que eso solo tenía efecto en él. ¿En verdad otros no podían ver lo fantástica que era? ¿No podían ver la luz que irradiaba con su mera presencia en cualquier lado? Esa naturalidad con la que se desenvolvía en cualquier terreno, esa forma de pensar y expresarse tan fuera de lo ordinario, ese aroma tan floral que le transmitía una paz que hacía mucho no experimentaba, esa pureza que siempre reflejaba en su andar...
No era idiota, era más que consciente de qué camino estaba tomando su admiración hacia ella si hasta varios lo insinuaban al grado de tornarse peligroso, pero en definitiva no pensaba darle pies y cabeza al serle más que claro que aquello jamás podría pasar por muchos factores que formaban parte de su vida. ¿Pero cómo evitarlo? Teniéndola de frente con ese vestuario tan grande para ella que le daba una apariencia de lo más adorable, esos ojos como el vino que le incitaban siempre a querer acercársele más para embriagarse más al contemplarlos, tras esas largas pestañas densas que le sorprendía que pudiera ver a través de ellas, ese suave rubor que se asomaba en sus mejillas en ese preciso momento...
-¿S-Sans?
Tras divagar demasiado en su mente, no se había percatado de en qué momento se había pegado hacia ella como si de una abeja hacia una flor se tratase en busca del mejor néctar que pudiera degustar en toda su vida. Tan solo un par de centímetros los separaban mientras la tenía sujeta de los hombros que poco a poco dejó que sus manos se deslizaran hacia el costado de sus brazos para no verse tan posesivo con la situación que no visualizó con tiempo. Sintiendo su temblor ante el tacto tan directo y cercano.
Sabía que era más que tarde tratar de reparar su error tras ser evidente la espontánea y urgente necesidad de obtener de ella algo más que sólo argumentos y pensamientos, estando tan cerca de sus labios que por primera vez parecían no saber qué decir en el momento. Era un maldito idiota al notar que había arruinado todo con ella tras ese maldito impulso, pero ahora no tenía intenciones de retroceder. No cuando estaba tan cerca de ella que su esencia le estaba volviendo loco. No cuando su calor le llamaba en más de un sentido que jamás podría expresarse con palabras.
-No eres mi amante, bonita.
Susurró para que sólo ella lo escuchara, aun cuando estaban solos en el lugar a altas horas de la noche. Dos centímetros era todo lo que los separaba en ese momento que sólo existían los dos y no necesitaba nada más en el mundo.
-Pero... creo que me gustaría...
No pudo terminar la frase ni conjeturar bien sus ideas al sentir que toda su mente estaba haciendo un esfuerzo de frenar sus ansias de querer probar el néctar de sus labios, pero el aliento de la chica le era tan atrayente que se sorprendía de la fuerza de voluntad que estaba mostrando en la situación. Realmente quería besarla hasta robarle el aliento, quería recostarla en el sofá en el que estaban y hacerla suya con una urgencia que no había experimentado nunca. Su ser entero estaba necesitando de ella al sentir su propio calor principalmente en sus pómulos, en respuesta al que emanaba la chica que tenía sujeta y que iba en aumento en cuanto no retrocediera.
En verdad iba a lanzarse, en busca de aquel elixir que le hiciera olvidar todo lo malo que había en el mundo, todo lo atroz que era su vida fuera de ella. Pero tan solo necesitaba ver sus ojos para recordarse del porqué no podía hacer nada de eso. Aunque Frisk no dijera nada, aunque estuviera sin moverse pese a no ser tan fuerte su agarre... lo que la tenía paralizada era el miedo mismo, un gran temor hacia su persona que reflejaba en su simple mirada que no apartaba de él. Claro, tenía que recordar su lugar, tenía que recordar quién era y lo que era para ser suficientes razones por las cuales nunca podría tener una oportunidad así con la chica de forma sana. Ante ella sólo era un mafioso, un delincuente... un asesino. ¿Quién se creía él de poder tener algo íntimo con una mujer tan maravillosa que venía siendo la florista?
Que se jodiera el mundo y sus malditos problemas. Que se jodiera su maldita familia que le arruinaba toda su existencia. Ahora comprendía la maldita regla de no tener nada que ver con mujeres, no porque generaran conflictos o fuesen debilidades, sino por la tortura de saber que no son merecedores de algo tan puro, algo tan cálido como un rayo de sol que nunca creyó que existiera.
-Heh...
Tras todo, simplemente le quedó reírse levemente de la situación. Era en verdad doloroso para él descubrir que no tenía derecho de obtener nada más que palabras de esa linda boca que tenía la joven frente a él. Queriendo opacar su propio impulso y el mal momento que seguramente le estaba haciendo pasar a la humana, desvió su rostro tan cercano a sus labios, retiró una de sus manos para apartarle el flequillo de la chica y colocar sus dientes sobre la frente de la humana, siendo más que suficiente para él para calmar sus propios instintos nada apropiados.
No era digno para ella, pero eso no quitaba el hecho de que era magnífica para él.
Aunque Frisk no dijera absolutamente nada ni moviera un músculo, Sans estaba seguro de que aquel gesto no significaba nada para ella a comparación de lo que estaba siendo ese momento para él. Aunque se volviera loco pensando en vanas posibilidades con ella por el simple hecho de no ser rechazado con tal gesto y con tal cercanía, no se atrevía a hacer nada más que estar besando su frente. Y tras lo que fueron los minutos más eternos de su vida sin sentir negativa de parte suya, finalmente se apartó al atreverse a ver a la humana contrariada por toda la situación. Alejándose lo suficiente para darle su espacio y pudiera calmarse de lo que evidentemente fue un momento incómodo para ella.
-Tranquila, jamás haría algo que no quisieras. –La necesidad de romper el silencio entre ellos fue más que evidente, pero aun así sonrió para pasar de página con lo sucedido. –No te preocupes por nada de eso.
-Sans...
El mencionado esperó pacientemente a que la joven dijera algo más que el susurro de su nombre, pero tal parecía que seguía sin poder decir nada más. Se abrazaba a sí misma como si quisiera consolarse por su cuenta de lo que había pasado, pero el que mantuviera su mirada tan directa y tan suya le hacía cuestionarse qué tanto la había hecho sentirse incómoda con lo que había hecho sin pensar, sin ser consciente de en qué momento se había pegado a ella en busca de sus labios. Si había una oportunidad de que la joven se abriera con él al grado de confianza, todo se había ido por la borda por su propia estupidez.
-Te dejo descansar, Frisk. –Se levantó del sofá mientras le sonreía, aunque ya no la veía directamente al no ser capaz de mantener el cruce de miradas con ella. –Buenas noches.
No pudiendo más con la situación, se teletransportó hacia su recámara donde se dedicó el resto de las horas a contener sus gritos de frustración en la almohada. Considerándose un idiota por haberse dejado llevar... y haberse frenado después.
¿Qué demonios había hecho? ¡¿Cómo fue que terminó todo así?! Sans no cabía en su propia estupidez en ese preciso momento. Lo había arruinado todo... pero realmente no sabía si molestarse más consigo por haberle dado forma a lo que se estaba encaminando sus propios sentimientos hacia ella, o por el hecho de no atreverse a más teniendo en cuenta lo que era realmente. ¿Ahora como lo tomaría Frisk? ¿Lo apartaría de igual manera como antes? ¿Dejaría de ser un conocido incluso para ella?
En verdad que era un idiota.
Tras cansarse de su propia rabieta inmadura, se giró finalmente en su cama para contemplar el techo en espera de una respuesta que claramente jamás le llegaría por fuerza divina. Tenía que enfrentar el hecho de que Frisk no era una felicidad que le correspondía. Ella estaba buscando a alguien todavía... ella claramente no estaba intentando escapar porque no pensaba irse sin su amigo planta. Había otros seres que realmente le importaban y él no era uno de ellos. Aun cuando le había dicho que no lo quería muerto, aun cuando le dijo que estaba acostumbrada a su presencia en su entorno. Nada de eso tenía un verdadero significado en comparación de la vida que ella podría tener con tan sólo proponérselo... mientras que él, sólo tenía suerte de respirar un día más.
Terminó haciéndose a un lado, esperando poder dormir lo que fuera y posiblemente no salir de su habitación por más tiempo. Sin saber que la humana en solitario tampoco estuvo sin poder dormir pese a acostarse tras varios minutos estando sola y en silencio. Sin comprender realmente qué había pasado.
***
Diría algo aquí al respecto... pero creo que les daré espacio para respirar primero :V
Muchas gracias por sus fanarts recientes y palabras de apoyo, me motivan mucho a seguir adelante. He estado saturada de cosas al grado de decaerme moralmente un poco y es bastante lindo saber que cuento con su apoyo para no olvidar mis metas. ¡¡Los quiero mucho!!
*Inserte sus teorías locas aquí*
Michi fuera!
:)
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