Cap 39. Una probada de su propia medicina



Él nunca pidió ser el jefe de la yakuza... pero sabía que nadie más podría hacerlo, nadie más había estado tan a mano con Masao Saito y no había nadie mejor que él en cuanto a templanza. Por lo que no le costó trabajo poder reunir a los pocos que habían quedado y que aun creían en las enseñanzas de su maestro. Y aun siendo el caso de ser una minoría tan insignificante junto con su joven e inexperta edad, se encontraba frente a frente con su primera meta a conseguir para obtener el respeto de los que aun dudaban de él. El número de integrantes podría marcar una gran diferencia en su plan, pero no se comparaba con el de conseguir la pieza más importante para su venganza.

-Quiero verla. –Ordenó con la voz más firme que pudiera emplear ante tantos adultos que le doblegaban la edad.

Los latinos simplemente se rieron sin comprender del todo su idioma, les quedaba más que claro que trataba de imponer respeto entre tantos que claramente hacían mucho la diferencia ante su propia gente. Poniendo a un lado el que fueran tan extraños portando grandes sombreros y abundantes bigotes, no comprendía cómo era que ese grupo se hacían llamar "revolucionarios" y no tenían inconvenientes en ser integrados entre monstruos y humanos por igual, pero no estaba ahí para analizar esa clase de detalles por ahora. Sólo quería hablar con el que mandaba entre ellos para estar a la par entre jefes. Tal y como debería de ser.

-Alto ahí chamaco. Si no quieres terminar agujerado, mejor te me calmas. –Le contestó un esqueleto con un gran sombrero al igual que el resto y con un bigote pintado. Su acento era un tanto marcado, pero tal parecía que era de los pocos de ahí que podrían hablar inglés, aunque sus expresiones le fueran de lo más extrañas. –El Centauro del Norte sólo hablará con "el manda más". No está aquí para perder el tiempo con pinches chinos.

-Qué falta de respeto, monstruo. No somos chinos. ¡Y él es nuestro líder! –Exclamó molesto uno de los señores que tenía a sus costados a protección de su integridad, pero Kris fue más rápido y puso un brazo para detenerlo de cometer una locura. Sabiendo que la imagen de que un joven se interpusiera entre dos señores fuese de lo más inverosímil. –Mi señor... ¿en verdad es esto necesario?

-Es lo que Saito-sensei querría. –Le contestó sin necesidad de mirarlo. –No más cuestionamientos en eso.

En verdad le desagradaba tener que hacer todo ello, pero en verdad que no iba a permitirse retroceder ahora que por fin había dado con ella tras tantos años transcurridos. No había creído posible siquiera de encontrarla viva... y seguiría sin creerlo del todo si aún no le permitían verla. Aunque no se acordara del todo de su apariencia al haberla visto sólo una vez, estaba más que seguro de que podría reconocerla de inmediato por sus rasgos característicos. No era alguien que pudiera pasar tan desapercibida físicamente después de todo.

Tras varios minutos de burlas por parte de los mexicanos hacia ellos en su idioma que no comprendía, finalmente un sujeto de apariencia más formal hizo acto de presencia estando cabalgando en un corcel que a vista previa lucía cansado. Detrás de él había una figura más pequeña y con un gran sombrero que le impedía ver su rostro, pero por la forma en la que se sujetaba del líder con tal de no caerse del caballo, le indicaba que sin lugar a dudas se trataba de alguien de muchos años menos a comparación de los presentes.

No era lo que Kris se había imaginado como un ser conflictivo, pero no le cabía duda de que por fin se presentaba el líder de ellos. No obstante, no parecía tener intenciones de hablar directamente con él o con ningún otro de la yakuza, tan sólo se había aparecido para apaciguar las risas y poder verlos de cerca como si los evaluara uno por uno. Y sentir que le estaban catalogando con la simple mirada no le agradaba para nada. Ambos tenían en común de venir de otras tierras, pero eso no significaba nada para el mexicano.

-Están ante Pancho Villa, El Centauro del Norte. Por lo que más les vale mostrar su respeto hacia él si desean negociar, chinos... o gringos, lo que se supone que sean. –Comentó el esqueleto una vez más, esbozando una sonrisa de superioridad ahora que se encontraba su jefe consigo y marcando la última palabra de forma despectiva. –No le hagan perder su tiempo si no tienen nada que ofrecer.

-Quiero verla primero. –Ordenó Kris nuevamente, mostrándose firme ante todo pese a la equivocación cultural con el que los clasificaban. –Comprobar que realmente la tienen y no sólo palabrerías.

-Bien... pero que les quede claro que si no se trata de ella, más les vale ofrecer algo de cualquier forma. No venimos de tan lejos para regresar con las manos vacías. –El acento del esqueleto era muy extraño para comprenderlo a la primera. –Ella misma se hizo llamar Chara Dreemurr.

Ese maldito... ¿en verdad se había atrevido ese monstruo en catalogarlas como suyas? Sin importar el tiempo, jamás podría olvidar la mirada despectiva que Asgore Dreemurr le había lanzado una vez que había acabado con gran parte de la yakuza, la vez que su maestro había muerto en sus asquerosas garras bestiales tras una dura batalla que no pudo pasar desapercibida de los medios de comunicación, aunque claro, siendo manejada con otro contexto ante el temor de represalias por parte de "El rey", como algunos aparentemente le llamaban. Jamás olvidaría la "piedad" que le había dado a todos los que quedaron de poder enterrar a sus muertos en un territorio que sin lugar a dudas jamás podrían descansar en paz (y eso lo sabía muy bien su gente y por eso les obligaron a dejar los cuerpos ahí). Jamás olvidaría el cómo el maldito lo vigiló en son de burla en la lejanía mientras lloraba en la tumba de su maestro... un padre para muchos, un padre para él... mientras aun siendo un niño se juraba mentalmente de que le borraría esa sonrisa de su rostro en venganza de Masao Saito y de lo que había sido su familia. Teniendo que haber enterrado también a la mujer que a su vez había sido una madre para todos ellos... y tener que simular dos tumbas pequeñas más ante los cuerpos que jamás pudieron encontrar entre las cenizas...

...para luego descubrir que realmente las había ultrajado... como si de trofeos se trataran...

-No es una Dreemurr. –Comentó Kris con total disgusto, creciendo su odio hacia el sujeto tras el simple recuerdo que le llegaba con su simple mención. –Jamás lo fue.

La figura menor que se encontraba todavía tras el líder de los mexicanos se encogió un poco tras sus palabras, apretando un poco la camisa del señor en son de querer su protección de algún modo. Al menos eso a Kris le indicaba que había alguien más que comprendía el inglés y que sin lugar a dudas estaba ahí quien estaba buscando.

-Eso no nos importa. –Contestó el esqueleto sin pena alguna.

Tras varios minutos en silencio e incomodidad entre ambos grupos, finalmente el llamado Pancho Villa se bajó de su caballo en un rudo movimiento y cargó con algo de cuidado a la figura menor que había traído consigo, ayudándola a bajarse y estar de pie ante todos. Estando parada ante todos, Kris pudo notar que se trataba de una joven por la forma de sus caderas que eran resaltadas por la larga falda que portaba.

En cuanto se quitó el gran sombrero que había tenido encima, Kris no podía dar crédito a lo que estaba observando después de varios meses en búsqueda. Su cabello largo y levemente ondulado de las puntas, con curvaturas ya marcadas en su esbelto cuerpo en esas prendas de manta, y esos ojos rojizos mirándole directamente como si pudiera ver más allá de él... no cabía duda de que era ella. En verdad no había muerto... y no sabía que pensar al respecto. ¿Eran ciertos los rumores?

Ante ellos estaba la primogénita, la hija perdida... Chara Saito.

Estando rodeada entre tantos hombres mucho mayores a ella, su belleza oriental resaltaba aún más al grado que uno que otro la observaba con un deseo nada contenido, pero aun así nadie parecía atreverse a nada más fuera de eso tras tener de alguna forma el cobijo de su líder. Kris se mantuvo inexpresivo para no darle ventaja a su oponente y se limitó a cabecear afirmando de que en efecto se trataba de ella. Con levantar la mano hizo que uno de su personal trajera una caja de madera para mostrársela a los latinos y pudieran inspeccionar el contenido con total libertad. Aunque joven, era un hombre de palabra y estaba dispuesto a dar todo con tal de regresar a la chica al lugar que pertenece.

-Seis cajas como esta con armamento extranjero. –Comentó mientras observaba a los señores morenos levantar las armas con cuidado. –Más diez con municiones y dos de nuestro mejor sake... sólo por cortesía.

El esqueleto de gran sombrero le tradujo sus palabras a su líder y éste simplemente sonrió tras contestarle algo en español con expresiones que claramente le indicaban que se estaba burlando. Chara parecía estar escuchando todo y comprendiendo cada palabra entre los dos grupos y aun así manteniéndose en silencio total, como si fuera consciente de que se estaba negociando su propia persona y le diera igual cuál fuese el resultado. No cabía duda de que ya había sido consciente de que su presentación ahí tenía un objetivo específico sobre su persona. Aun así, parecía estar algo apegada a Villa, como si internamente le estuviera pidiendo que no la dejara ahí mas no se atreviera a expresarlo con palabras.

-Tendrán que ofrecer más si se quieren llevar a la niña. A Villa le agrada tenerla consigo como para dejarla por cualquier cosa. –Tradujo de vuelta el esqueleto mientras soltaba todo lo que había estado inspeccionando.

-Traigan todo. –Ordenó Kris a su gente como respuesta.

-Pero señor... ¿entonces con qué nos quedaríamos nosotros? –Le susurró el señor a lado suyo, notando el temor en sus palabras.

-Podemos recuperar lo perdido, pero no significará nada si no tenemos a la chica. –Le contestó del mismo modo, sin perder su ímpetu tras estar presente de un grupo distinto. –La necesitamos más a ella que cualquier arma que lleguemos a portar.

Aunque hubiera muchas dudas por parte de su gente, ninguno se atrevió a cuestionarle de nuevo su orden sabiendo la importancia que había en recuperar a la hija de su maestro. Todos sentían que el costo era muy elevado, incluso el propio Kris pensaba lo mismo, no obstante no podía permitir que la sangre Saito que circulaba en sus venas sirviera para otros fines fuera de lo que implicaba su ascendencia. No lo soportaría de nuevo.

-Adiós "cuchara". Que te vaya bien en tu nueva vida. –Exclamó el esqueleto una vez que finalizaron el trato y la empujaron hacia el frente como si aquello indicara más que suficiente de que ahora podrían tomarla como suya.

-Ya les dije que así no se pronuncia mi nombre... pero gracias, cabrones. –La chica esbozó una sonrisa burlona a modo de despedida, aunque sus ojos indicaban que era otra la emoción consigo. –Más les vale recuperar sus tierras o me burlaré en sus tumbas.

-Si te aburre tu estadía en estas tierras, ya sabes que puedes volver a México cuando quieras.

La chica simplemente asintió y les dio la espalda para dejarlos marchar sin nada de sentimentalismo, como si ya hubiera contemplado en un principio que nada más podría obtener de ello pese a que parecía que les agradaba. Era algo extraño para Kris, pero su facilidad de convivir entre humanos y monstruos pudiera ser desde el momento que había sido ultrajada de su hogar la primera vez. El mismo caso que había notado de la otra chica que se encontraba resguardada lejos de la ciudad.

En cuanto los caballos en los que habían llegado los mexicanos se fueron opacando por la lejanía, la joven se dignó a verlos directamente como si tratara de analizar cualquier indicio que le diera una respuesta directa. Sus ojos como rubíes brillaban con tal intensidad que uno que otro pudo sentirse acobardado por tal rasgo nada natural.

-¿Y bien? ¿Quién chingados son ustedes?

La chica se cruzó de brazos, manteniéndose firme ante nuevos sujetos que fácilmente la habrían degollado por esa insolencia. Kris tan sólo se limitó a dar un paso adelante para resaltar entre los demás, poniéndose al frente de ella sin emitir ninguna expresión pese a que internamente podría sentirse aliviado de verla en perfecto estado a lo que se había imaginado de los rumores nada alentadores. Tal parecía que había mucho qué hacer para encaminarla a su verdadero destino.

Ella sería la mayor ventaja contra cualquier adversidad que presentaran en adelante. La primogénita de "El jugador" se volvería la mayor venganza contra su enemigo.

-Somos tu verdadera familia.

Kris finalmente abrió los ojos de su meditación profunda ante el recuerdo tan vivo en su mente. Aterrizando en su presente, se dedicó a observar su entorno para recordarse a sí mismo que tenía mucho que hacer desde ese instante en el que por fin había recuperado una parte de su maestro.

Tras lo fatídica que había sido su misión de comprobar por cuenta propia si Frisk había muerto o no en un aparente ataque al pequeño lugar, se había puesto a meditar en cuanto pudo llegar al lugar subterráneo de fines vulgares en el que se ocultaba en cuanto llevara a cabo sus planes. Le irritaba la situación tan lenta en la que iban al cabo sus cosas y aún más ante el hecho de sentir que estaba fallando una tras otra por el simple sentimentalismo que le daba querer proteger a las dos Saito que quedaban. Por mucho que fueran las hijas de su maestro, no cabía duda de que no se le parecían. Mientras que el antiguo jefe de la yakuza había sido tan firme en sus palabras, valiente en toda acción presente, calculador al grado de siempre estar un paso adelante antes que cualquier enemigo, tan íntegro y leal a su ideología... sus hijas sólo eran un tumulto de problemas a su manera. Tal parecía que la sangre no las hacía merecedoras de ser descendencia de tan gran hombre que había sido Masao Saito.

Por un instante pensó con seriedad de que debía cortarse el cabello y un dedo por haber fallado en protegerla en la distancia... pero en cuanto no tuviera la certeza de que la menor Saito estuviese viva o no, evitaría darse por vencido y concluir precipitadamente las cosas. Ya había cometido ese error una vez y por mucho tiempo dejó que las chicas estuvieran en posesión de monstruos que las mantenían con engaños.

Sabiendo que no podía posponer más lo que tenía que hacer, se puso de pie y salió de la habitación que había logrado negociar con el dueño del lugar para que nada ni nadie le molestara ahí. Por mucho que le incomodara tener que permanecer él y su gente ocultos en tal prostíbulo que no le daba importancia entre humanos y monstruos, en cuanto no lograra la información que requería para continuar con sus objetivos tenía que aguantar todo lo posible. Además de ser un excelente lugar para conseguir más tratos con la gente adecuada que terminaba llegando ahí de cualquier forma. Era un ganar-ganar para todos... incluso para la chica que se encontraba al otro lado de la puerta a la que se había dirigido lentamente.

-Adelante.

Abriendo la puerta con lentitud, contempló la habitación con exceso de velas perfumadas e inciensos que pese a no estar prendidos, el aroma mesclado resultaba un tanto sofocante e incómodo, pero lo último no se comparaba con tener que ver a la chica que sólo portaba su bata de seda que se le pegaba a la piel con tal definición de su curveado y muy bien formado cuerpo femenino. Chara ni siquiera le daba importancia a que le viese en tal estado, limitándose simplemente a estar en su cama sentada mientras se cepillaba el cabello tras un baño que recién había tomado por lo que indicaba su presentación nada apropiada. La prenda era tan transparente en ese estado que hasta podía notar qué tan rosados eran sus pezones o el lunar que tenía en uno de sus pechos firmes.

-¿A qué se debe tu visita, jefe? –Le sonrió la chica con burla, mientras continuaba cepillándose su cabello corto con cuidado. –Creí que no te gustaba visitarme en mi habitación.

-Y no me gusta. –Admitió Kris levemente irritado con todo lo que observaba, apartando la mirada de su cuerpo para enfocarse nuevamente en lo que estaba alrededor. –¿Por qué tienes tantas velas aromáticas? Son distractores para ti.

-Si tuvieras mi olfato, lo entenderías. –Suspiró Chara sin pena, acomodándose un poco su cabello tras sentir que era suficiente para ella. –Tú no tienes que oler el semen y sudor a todas horas como yo.

-No tendrías que oler todo el tiempo eso si tan sólo te limitaras a tener relaciones cuando se requiera, no cuando se te antoje.

-Ya, ya. ¿Sólo viniste a regañarme por cómo decoro mi habitación o vienes por algo más? –Por primera vez lo vio directamente mientras se cruzaba de brazos, resaltando de esa forma sus pechos ya de por si llamativos. –Me avisaron de que tengo un cliente en una hora, debo apurarme en arreglarme.

-Te estás tomando bastante a la ligera esta orden, Chara. Pero sabes muy bien que no te pedí prostituirte por nomás.

-Ajá... pásame la peluca negra que tienes a lado.

-Chara...

-Insisto, ¿a qué se debe tu llegada aquí?

Le interrumpió la chica mientras se dirigía hacia él para tomar la peluca que evidentemente no tenía intenciones de pasarle y se la colocó con cuidado mientras se observaba en el pequeño espejo que tenía en la pared.

-Vengo a ordenarte que no salgas de este lugar por ningún motivo. –Soltó sin más mientras la observaba peinarse ahora el cabello falso para acomodárselo. –Hasta que yo te autorice hacerlo.

-Mhh... Tanto te desagradó que fallara con el hijo del alcalde ¿eh? –Chara se limitaba a sonreírse al espejo, como si se burlara de la misma situación y aun así no pudiera hacer nada más al respecto. –Bien, ya me esperaba algo así en cualquier momento de cualquier forma. Aunque creí que serías más piadoso al mandarme al otro lado de la ciudad por una misión inútil.

Chara dejó caer la única prenda que le cubría y Kris rápidamente le dio la espalda para que se arreglara sin tener que verla haciéndolo. Detestaba ese comportamiento suyo tan campante en cuanto a mostrar su cuerpo sin pudor alguno, pero por más que lo hablara con ella simplemente recibía una sonrisa burlona de su parte. Estaba más que seguro de que lo hacía sabiendo muy bien que ni él ni su gente la tocarían. Ya había intentado seducir a uno de su personal para comprobarlo por cuenta propia y el sujeto terminó cortándose los dedos por el simple hecho de haber pensado lujuriosamente cuando debía de reprimir esa clase de pensamientos. Después de eso, Chara dejó de intentarlo tan directamente, pero no se reprimía en cuanto mostrar su cuerpo tan descubierto frente a ellos o incluso atreverse a masturbarse sabiendo que podrían verla o escucharla.

En verdad que era todo un caso de lo más vulgar, y por lo mismo fue que la yakuza entera comenzó a llamarla "la súcubo" al serles de lo más difícil aparentar que no les atraía su figura. Chara era muy consciente de su sensualidad y lo tanto que podía provocar sexualmente a cualquier ser vivo, por lo que había veces en las que Kris se lamentaba de lo que había provocado en cuanto la mandó a volverse prostituta con tal de acercarse al hijo del alcalde de forma sutil. Ahora contaba con una adicción de la que no estaba dispuesta a controlarse, casi como si buscara el castigo tras eso.

-Ni siquiera una mirada ¿eh? –Se rio Chara al ver que se había volteado. Kris se limitó a quedarse quieto hasta saber que ya estaba vestida de nuevo. –Sí que eres un virgen de lo más extraño.

-Otro ya te habría golpeado por tu insolencia.

-Otro ya me habría metido los dedos. –Nuevamente se rio la chica a la que escuchó que estaba un poco más lejos, indicándole de esa forma que se había dirigido hacia su ropero por algo para ponerse. –Admítelo Kris, tienes ideas muy arraigadas para la edad que tienes. Diviértete un poco de vez en cuando, aquí hay muchas chicas que te comen con la mirada y que encantadas te llevarían a la cama.

-No me interesa nada de eso.

Escuchando su típica risa más de cerca, notó que se le acercaba para servirse un trago de la mesita que tenía a lado suyo. Aunque no estuviera desnuda, el que únicamente portara lencería negra a conjunto de su peluca lacia no ayudaba para nada. En verdad que parecía una súcubo con esa apariencia que hacían resaltar sus ojos rojos.

-Bien, ya viniste a ordenarme que no me vaya. Está bien, no lo haré. –Revolvió un poco su copa antes de darle un trago y prosiguió a hablarle. –Ahora, si me disculpas, mi cliente está por llegar dada la hora, así que te recomendaría retirarte. A menos que quieras andar de mirón de como un sujeto me la met...

-Te ordeno no salir de este establecimiento porque de ahora en adelante avanzaremos en tu entrenamiento.

La sonrisa burlona de la chica se desvaneció por completo mientras le miraba directamente buscando si había alguna mentira dentro de sus palabras. Tras varios segundos en silencio sin saber qué decir al respecto, Chara finalmente se tragó su bebida casi de golpe y dejó la copa en el mismo lugar de donde la había tomado.

-Creí que el entrenamiento que me habías dado lo considerabas suficiente. –Le recordó alzando una ceja un tanto dudosa de la situación. –No es que me queje ni tenga derecho a replicar de cualquier modo, pero ¿qué te hizo cambiar de opinión?

-Conforme avanzan los días, con más razón necesitaré de que te mantengas preparada. –Le mencionó con total firmeza al no ser necesario darle más información. No quería ninguna clase de errores tras lo acontecido con Frisk y en definitiva necesitaba erradicar esa despreocupación por parte de la primogénita. –Si no funcionó el obtener información con tu infiltración, en cuanto no obtengamos lo que necesitamos, deberemos tomar medidas más drásticas antes de que tengamos el tiempo encima.

Chara se limitó a asentir al considerar que no había nada más que decir. Kris sabía que si había algo que la motivaba más que el sexo, era justamente la venganza. Aunque él mantuviera el odio hacia el ser que había acabado con toda la grandeza que había logrado su maestro con los suyos, no se comparaba con el odio que sin lugar a dudas ella conservaba y alimentaba conforme pasaban los días. Ella tenía muchas razones más para detestar al sujeto que le arrebató todo en un instante, y en cuanto no tuviera nada más que perder, la hacía más que perfecta para la venganza que tras tantos años había planeado.

Lo que Asgore Dreemurr le había hecho a la hija mayor de Masao Saito... sería su mayor arma contra él. Una probada de su propia medicina.


...

La noche pegajosa por la cuestión marítima que brindaba Waterfall era en extremo incómoda para los canes que viajaban en el auto convertible. Si bien tenían a su disposición varios vehículos mucho más cómodos y discretos, llevar consigo al perro gigante en inmensos puños era una problemática que sólo podía solucionarse de ese modo. Por lo mismo habían tenido que viajar de noche para no ser tan llamativos y a su vez de poder comenzar su nueva misión de inmediato. Lesser no decía nada más al respecto desde que había dejado a la señora Boom en New Home, pero estaba en verdad emocionado de poder demostrar que era apto para ser el nuevo alfa del grupo de asesinos más importante de El Gran Don. Estaba más que seguro de que la misión se la había mencionado exclusivamente a él para ponerlo a prueba ahora que el puesto estaba disponible.

Se habían puesto a recorrer las calles con cierta lentitud para tratar de detectar lo que buscaban, teniendo consigo una sudadera vieja y arraigada que les habían entregado para poder rastrear ese olor en particular, pero no fue hasta que llegaron a los límites de la zona que pudieron dar con algo. Dogami detuvo el vehículo al darse cuenta él también y se bajaron con cuidado para no dejar huellas precisas que pudieran manchar lo que trataban de detectar. Era muy tenue y venía bastante cerca de Snowdin, pero el rastro dejaba en claro de que había atravesado ambos lados para quedarse más en Waterfall. Sin embargo, no podían detectar más hacia dónde se había dirigido. Tal y como si la tierra misma se lo hubiera tragado y ocultado en otro lugar. Era muy extraño para ellos que era lo más aproximado que se pudieran explicar a sí mismos.

No queriendo posponer más su misión, se encaminaron de nueva cuenta hacia el lugar en el que debían reportarse y en el que sabían que serían recibidos adecuadamente. Si trabajaban para el Gran Don... también lo hacían para él.

-Señor... encontramos su rastro. –Se adelantó Lesser en informar a la tortuga frente a su escritorio una vez que ingresaron a su hogar. –Es algo tenue, pero no cabe duda de que si se oculta en Waterfall. Por lo que me contó el Gran Don, parece que usted tenía razón.

-¿Acaso lo dudabas? –Gerson se tomó de buen modo aquel comentario. –Bien, no hace falta que hagan más sobre eso. A partir de mañana pueden quedarse a orillas de Snowdin y avisarme de cualquier rareza que contemplen.

-¿Eso es todo? ¿No haremos nada más? –Gruñó el otro can disgustado de tan poca atención hacia el informe. –Si su gente son los causantes del asesinato de nuestro anterior alfa, queremos vengarnos.

-Calma, Dogami, todo a su tiempo. –Nuevamente la tortuga rió con aire despreocupado y viéndolo con algo de gracia. –No hace falta hacer nada más, el gobierno ya se encuentra en su búsqueda por información que yo mismo les brindé. Sólo necesito afirmarles la zona para que ellos hagan el trabajo pesado.

-Pero...

-Podrán descuartizarlo todo lo que quieran una vez que los policías lo tengan detenido. –Le interrumpió tras un suspiro. En verdad que esa impaciencia era razón por la cual no aspiraban a ser algo más que simples asesinos. –No es del interés de Don Dreemurr tratar con un simple vasallo berrinchudo de su enemigo ya derrotado.

-Los humanos son ineptos, dudo que puedan dar con él como lo haríamos nosotros. –Alegó Lesser poniéndose al frente de sus demás compañeros.

-Si subestimas a tu enemigo, fácilmente pueden derrotarte con una simple sorpresa.

A Gerson en verdad que le exasperaba internamente lo tontos que eran los canes, pero que fueran unas excelentes piezas dentro de su tablero le hacía tolerarlos con una sonrisa. Además de la estupidez colectiva, lo que Gerson realmente odiaba era las sorpresas, un hueco en toda logística que no pudiera contemplar, por lo que siempre estaba un paso delante de cualquier imprevisto, teniendo el control de su entorno con tanta anticipación en sus piezas colocadas en el lugar correcto. Por eso él era la mano derecha del Gran Don, por eso sólo él tenía su confianza absoluta. Nadie más podía hacer lo que él sabía hacer y con tanta antelación. Ser viejo con tanta experiencia era una ventaja después de todo.

Tal vez existieran muchos jugadores en el tablero de la vida, pero nadie podía jugar como él lo hacía. Cada uno viendo sus propios intereses a base de sus propias debilidades, exponiéndose a ser derrotados con tanta facilidad... mientras que él, sólo se dedicaba a colocar las piezas en la casilla adecuada y ésta hacía el resto por su cuenta, sin tener que exponerse él mismo y sin ser el causante principal de algo que por cuenta propia se desataba. Realmente sólo le movía una sola cosa que nadie podría quitarle. Y eso lo hacía más que poderoso... lo hacía intocable.

-El gobierno está deteniendo a cualquier humano con rasgos orientales. Con los pocos que hay en la ciudad, no tardarán en dar con él.

-¿Entonces... matamos a cada preso oriental que lleguen a tener? –Cuestionó Dogami mientras afilaba tranquilamente su hacha desde su asiento.

-No, tienen prohibido hacer eso.

-¿Porqué? Humanos más, humanos menos.

Gerson les sonreía con gracia, pero internamente le estaba disgustando tratar con esa pareja. No cabía duda de que les hacía falta un alfa para que dejaran de actuar tan imprudentemente. Más allá de no poder darles explicaciones sin dar un paso en falso con eso, tan sólo quería frenar al líder actual de la yakuza antes de que se volviera un inconveniente. Ya tenía otras cosas en las qué prestar mayor atención como para gastar energía innecesaria en un berrinchudo que no aceptaba de que había perdido antes de dar batalla.

-Sus habitaciones están listas. Por lo que les recomiendo que vayan a descansar... oh, y no le digan nada inapropiado a mi otra inquilina ¿quieren? –Mencionó en lo que tomaba el tumulto de cartas que tenía a lado suyo para revisarlas antes de considerar irse a dormir también. –Su estadía aquí es más importante que la de todos ustedes, así que no quiero que la molesten. ¿De acuerdo?

Escuchó uno que otro gruñido de disgusto con tal llamada de atención, pero también risas discretas sabiendo que su personalidad no daba para ser amenazante. A Gerson no le gustaba esa clase de comportamientos, prefería que otros tomaran ese papel tan arraigado que sólo incitaba a conflictos innecesarios. Él prefería la calidez que emitía confianza y empatía hacia otros, así era más fácil conocer debilidades de ese modo y por eso mismo era que tenía bastantes seres dispuestos a escucharle o pedirle favores. Tal y como la carta que estaba leyendo en ese momento que le sacó una sonrisa en la soledad de su oficina personal.

-Una petición de audiencia con el Gran Don... Esto será interesante.


***

Un capítulo corto... ¡que dará pie a un capítulo muy largo!

Muchas gracias por el apoyo que me brindaron en estos días. No soy de dar demasiados detalles de mi vida al no querer preocupar a nadie, pero recientemente he estado con varios contextos familiares que me han tenido algo cabizbaja en estos días. Por lo que ver tantos mensajes de apoyo que me mandaron por muchos medios me mantuvo de pie de seguir adelante una vez más aun con todo lo acontecido. Así que me dispuse en terminar este capítulo en el poco tiempo libre que me llegó antes de volver a saturarme con más trabajo. Aunque tenga varios pendientes acumulados en cuanto a mis contenidos y variadas cosas, cuenten con que presentaré todo a su debido tiempo y de que haré de que sea algo que valga la pena por esperar <3

PD: Para lo que no sepan, he estado publicando imágenes oficiales de este fanfic en su página de tumblr. Por lo que agradeceré de que me sigan tanto en esa cuenta como en la mía de @michsonrisa para que no pierdan detalle al respecto. Encontrarán cosas como esta:

¡Los quiero mucho!

Michi fuera!

n.n

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