Cap 42. Sola



Desconocía por cuánto tiempo había estado esperando parada a lado de la mesa que tenía servida durante un buen rato. Frisk tenía sueño pese a haber dormido por una gran cantidad de horas por culpa de la sustancia que le habían inyectado, pero eso no le quitaba el cansancio que le generaba el desvelo que parecía por estar acumulándolo.

Papyrus le había estado vigilando a sus espaldas en la preparación de la cena con los brazos cruzados y ahora le observaba al otro lado de la mesa sin sentarse todavía, como si fuese sumamente descortés de su parte servirse primero sin esperar al resto de su familia que se estaban tardando. Y si bien no era asunto suyo... podía percatarse de la inquietud que mostraba el esqueleto con sus dedos moviéndose constantemente. No tenía que pensarle demasiado para saber que era su forma de mostrarse preocupado de la tardía del resto de integrantes de tan extraña casa, no era la primera vez que observaba algo así después de todo.

Su madre también se había mostrado inquieta la noche en que sus hermanos no regresaron jamás.

Le era incómodo recordarla en ese momento, pero no podía evitar sentir las similitudes de cómo habían terminado las cosas. ¿Acaso Sans pudiera estar en peligro de nuevo? ¿Estaría todo bien? No tenía ni idea de a dónde se había dirigido y sabía que no tendría caso preguntar al respecto, pero por la forma en la que la habían sedado suponía que era algo que de antemano requería tiempo y no querían dejarla desatendida por lo mismo. Deseaba preguntar hacia dónde se habían dirigido, pero era consciente de que aquella información no se la brindaría el esqueleto alto al tratarse de algo relacionado a "su trabajo". En verdad que no comprendía nada de lo tedioso que parecía ser una vida delictiva. ¿Por qué se empeñaban en seguir en esa calidad de vida que a simple vista parecía incomodarles?

El sonido de la puerta abriéndose y demás ajetreo proveniente de la sala, hicieron a Papyrus suspirar de alivio y se dirigió hacia el origen de tal escándalo sin decir nada al respecto. Curiosa del caso, Frisk se encaminó igualmente para toparse con más seres de los que esperaban. ¿Acaso debía de poner más platos en la mesa ahora? Identificando al felino de pelaje monocromático supuso que de nuevo no sería necesario, pero al ver que había una monstruo de varios ojos entrando con confianza al hogar avivó aún más su curiosidad al respecto en cuanto le devolvió la mirada con deje sorprendido.

-¡¿Una humana está aquí?! –Exclamó la chica de piel púrpura.

Si uno de los esqueletos le contestó, Frisk no escuchó respuesta al enfocarse en observar a Sans que se había puesto a la vista mientras ayudaba con una que otra caja que parecían no tener fin y que el felino recogía sin protestar para llevarlas a las escaleras con cuidado. Ya lo había observado agotado y maltratado en otras ocasiones nada gratas, pero esa era la primera vez que le sumaba una evidente tristeza en su mirada desviada. ¿Qué había pasado? Notaba que el Don se encontraba en el mismo estado deplorable pese a ser alguien que, en el poco tiempo que llevaba conociéndolo, le era importante la apariencia y código de etiqueta como para permitirse andar mostrando tales prendas en ese estado.

-¿QUÉ FUE LO QUE PASÓ? –Preguntó Papyrus alarmado.

-Muffet se quedará un tiempo viviendo con nosotros hasta nuevo aviso. –Contestó de inmediato e jefe de familia mientras se quitaba su sombrero chamuscado. Era evidente que esa prenda no tenía arreglo alguno. –Es... una larga historia.

-¡QUIERO SABERLA! ¿PUDIERON HABLAR CON EL GRAN DON?

-Hablar con él no fue el problema. –Contestó Sans por lo bajo mientras arrojaba la última caja sin cuidado, cosa que hizo gruñir a la multiojos que ahora le observaba con desacreditación. –Huir de sus puños sí.

El menor de los esqueletos iba a preguntar algo al horrorizarse aún más con lo que observaba y escuchaba, pero el jefe de familia lo detuvo con un ademán de su mano. Se le notaba sumamente cansado con tan sólo hacer eso, pero no se comparaba con el semblante lamentable que presentaba. En verdad había pasado algo ¿cierto? Esa mirada entre esqueletos comunicaba algo más que Frisk no podía comprender del todo... pero que de igual forma le recordaba a su madre la vez que había llegado su padre con la mala noticia. Pensar de nuevo en eso le incomodaba aún más por el hecho de no saber qué hacer ante una situación así. Quiso cuestionarle a Sans con la mirada, pero el esqueleto nunca cruzó miradas con ella desde que había ingresado a la sala. ¿Era su imaginación o la estaba evitando?

-Humana, no te quedes ahí parada y pon más platos en la mesa, la que espero que ya tengas lista.

-Ah-h... Si...

Se apartó para realizar tal petición, mientras se cuestionaba sobre porqué ahora el Don permitía a alguien más en la mesa, cuando claramente le había indicado antes que sólo la familia comía ahí. ¿O acaso esa chica era un pariente lejano? No se parecían en nada...

En cuanto estuvo haciendo caso a la petición sin dar pie a reclamo de por medio, vio que la chica se quitaba la larga gabardina que portaba para dejarla en algún lado. Así pudo ver que contaba con bastantes brazos que había estado ocultando con facilidad con la prenda y dándole a entender así de que se trataba de una monstruo arácnida, lo cual avivó su curiosidad al no haber visto una en su vida. Llevaba un vestido bastante llamativo al ser lo suficientemente corto para resaltar las medias que portaba y un escote que dejaba muy en claro que sus pechos eran llamativos. Tal apariencia le recordaba a las mujeres que habían estado en la recaudación de fondos de Mettaton que sólo se dedicaban a sonreír y reír de cualquier cosa que dijeran sus acompañantes, al igual que como se esperó de ella vistiendo de la misma forma y que no cumplió con nada de ello al estar disgustada con todo el ambiente.

-Huhuhu, sólo mi querido W.D. puede hacer que un humano le sirva. –Comentó la arácnida mientras se sentaba con total confianza y le observaba colocar su plato. –¿Desde cuándo la tienen aquí?

-Desde que los problemas fueron en picada. –Contestó el Don con un tono un tanto apagado, como si en verdad no supieran que ella estaba ahí, escuchándolos hablar de ella de modo despectivo. Su cansancio era cada vez más evidente, pero aun así insistía en cenar en familia por lo que veía. –Y no hace falta recordarte que no me llames por mi nombre ¿cierto?

-Claro, claro, huhuhu.

Por la forma en la que ahora observaba al esqueleto mayor con todos sus ojos, era imposible pensar en que, además de que no parecía tener intenciones de hacer caso a la petición directa, le tenía algo más que admiración al grado de que no podría culparlo de sentirse incómodo con tanta mirada fija. Era casi como si quisiera obligarlo a que le viera de la misma manera pese a ser evidente que no era una opinión que compartían. Y por lo que veía a los hermanos, de igual forma se sentían incomodados con su simple presencia en la mesa familiar. Si no era del todo grata su presencia ¿cómo era que la acomodaban en su mesa como un invitado ejemplar? ¿O acaso nuevamente se estaba perdiendo de algo?

De nuevo quiso mirar hacia Sans para ver si él le confirmaba qué estaba pasando con tan extraña monstruo, pero en cuanto sus ojos cruzaron con el otro, el esqueleto rápidamente desvió la mirada mientras notaba un suave color celeste resaltando sus pómulos, mientras trataba de servirse él mismo como si fuese una necesidad suya hacer algo con sus manos. Frisk no comprendía lo raro que se estaba sintiendo el esqueleto que de alguna forma evitaba su mirada, pero al verle directamente sus dientes que ahora estaban comiendo... ella misma sintió el calor en sus propias mejillas al hacerse una conjetura de lo que pudiera estar pasando.

¿Acaso Sans estaba evitando verla a los ojos por lo que había pasado la noche anterior? ¿Eso significaba que en verdad la había tratado de besar?

¡¿Enserio había intentado besarla?!

-Ten más cuidado, humana. –La voz del esqueleto mayor le regresó al presente en el que estaba sirviéndoles bebida a todos y que ahora la tetera que había tenido en sus manos estaba suspendida con las manos amatista flotantes. –Tu torpeza es un fastidio con el que no quiero lidiar más.

Frisk se limitó en asentir en silencio al no saber siquiera qué decir en ese momento y recibió de nueva cuenta la tetera para proseguir con su actividad sin dar espacio a una protesta de por medio, todo mientras escuchaba la risilla de la monstruo demasiado empalagosa para su gusto. Estaba un tanto aturdida todavía por la extraña sustancia que le había inyectado, más aparte el estar pensando nuevamente con aquel tema rondándole en la cabeza... en verdad que le estaba costando concentrarse en ese instante. Tenía muchas preguntas que le habría encantado soltar si no fuera por el hecho de que la chica arácnida presente era una completa desconocida para ella.

-¿QUÉ FUE LO QUE PASÓ? –Insistió Papyrus tras un par de minutos que no pudo dejar pasar a más. – ¿PELEARON? ¿CÓMO....?

-Las cosas no salieron como lo planeamos. –Interrumpió de inmediato el esqueleto mayor al no querer entrar en más desidia al respecto. –Por lo pronto queda prepararnos para lo que viene. Tendremos días más oscuros a partir de ahora.

-¿QUÉ ES LO QUE VIENE? ¿CÓMO QUE NADA RESULTÓ COMO LO PLANEADO? ¿SEGUIMOS SIENDO TRAIDORES? ¿YO SEGUIRÉ COMPROMETIDO?

-Pyrus, deberías de escuchar primero...

-¡TU CÁLLATE, QUE NO ES TU ASUNTO! –Señaló a la arácnida con acto enfadado cada vez más notorio. –Y TE HE DICHO QUE NO ME LLAMES ASÍ NUNCA MÁS.

-Paps... ese maldito es el verdadero asesino de mamá.

El reloj que se escuchaba a lo lejos parecía haberse detenido tras haberse soltado tales palabras en el lugar. Frisk, quien estaba a punto de retirarse al no haber nada más para ella ahí, se detuvo impactada de lo que sonaba aquella noticia nada grata. No hacía falta saber tanto contexto de por medio al comprender lo doloroso que era descubrir una realidad así.

Papyrus le había contado que su madre había sido asesinada por humanos... y que por eso tenían tanto odio a la humanidad en sí. ¿Entonces no había sido así? La mirada y voz de Sans se escuchaba tan apagada y cansada tras eso... comprendiendo el dolor que estaba aguantando de tener que aceptar una realidad nada grata. Ahora tenía más preguntas de por medio, pero no se sentía capaz de siquiera preguntarle algo así por mucho que tuviera curiosidad al respecto. Sería una falta de respeto preguntar por algo tan privado que ni ella mismo podía responder sobre su propia familia ¿cierto? Pero el dolor que mostraban todos en la mesa ahora le era sumamente incómodo. En verdad que no podía dejar de lado la situación que le recordaba tenuemente a cómo habían terminado sus padres tras la ida de sus hermanos.

Dolor... era algo que nadie podía soportar sin importar las diferencias ¿cierto?

-I-IMPOSIBLE... NOSOTROS VIMOS CÓMO LOS HUMANOS SE LA LLEVARON... -La voz del esqueleto menor titubeaba demasiado. -¡LOS DOS ESCUCHAMOS LOS DISPAROS! ¡V-VIMOS EL POLVO...!

-No es así como quería explicarte las cosas antes de llegar a esto... pero lo que dice Sans es cierto.

Aunque el Don quisiera mostrarse serio, por primera vez Frisk sintió que había algo más que amargura en él mientras le observaba quitarse el guante negro que siempre parecía portar consigo para dejar en visto su huesuda mano agujerada. ¿Acaso se había lastimado en donde quiera que habían ido? Si bien ella estaba impactada de ver tal herida tan precisa que no parecía generarle dolor alguno, tal parecía que la verdadera atención estaba en los dos anillos plateados que tenía en su dedo anular. ¿Qué no era ese el dedo para las argollas matrimoniales? ¿Por qué tenía ahí dos? ¿Y por qué de plata? ¿Qué no las argollas matrimoniales tendían a ser de oro?

La mandíbula de Papyrus comenzó a temblar notoriamente ante unas posibles lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento. Pero fuera lo que fuera que pasaba por la mente del esqueleto, se estuvo conteniendo lo suficiente para no desbordarse en llanto frente a todos.

-EL GRAN DON... ¿FUE QUIEN LA MATÓ?

-Si...

-¿Y PORQUÉ...? ¿PORQUÉ SOY YO QUIEN TIENE QUE PAGAR TODO ESTO?

-Papyrus...

-¡¿PORQUÉ TENGO QUE SER YO EL AFECTADO DE SUS ERRORES?!

Las lágrimas silenciosas comenzaron a salir en el esqueleto en cuanto se levantó de golpe, mas no parecía que hubiera sólo tristeza en tal gesto, cuya mirada ahora observaba al jefe de familia con suma ira. Como si no pudiera contenerse más, como si no tuviera intención de hacerlo más. No estaba dispuesto a frenarse ante algo que le estaba dando rabia siquiera estar tan cerca de todos los presentes.

-¡SI PUDISTE SALVARLA! ¡SI PUDISTE HACER ALGO Y SIEMPRE NOS DIJISTE QUE YA NO SE PODÍA NADA MÁS! ¡¡¡ESTO ES CULPA TUYA!!!

-Papyrus, tienes que c...

-SANS TENÍA RAZÓN, ¡TU NUNCA FUISTE UN PADRE PARA NOSOTROS! –Las cuencas del esqueleto alto brillaron en un tono anaranjado que sacudió por un momento la mesa con su grito. –T-TODO ESTE TIEMPO SIGUIENDO TUS REGLAS, Q-QUERIENDO SER C-COMO TU...

Frisk sabía que debía de retirarse de una buena vez al no ser asunto suyo, ahora que nadie la estaba observando y que evitaría así cualquier agresión hacia su persona por cualquier estupidez, pero ver tan dolido al esqueleto nuevamente le generó empatía hacia él que no pudo ignorar a simple vista. Todos en verdad parecían dolidos, incluso la chica arácnida que comía poco a poco y que ahora observaba a Papyrus con un semblante abatido, suponiendo que de alguna forma le preocupaba su sentir y sus palabras.

-PERO AHORA...TAL VEZ NI SIQUIERA QUIERA SER UN GASTER NUNCA MÁS. TAL VEZ MAMÁ NUNCA DEBIÓ SERLO TAMPOCO.

Y con esas últimas palabras y dejando un mal sabor de boca en todos, se retiró dando pasos furiosos que poco a poco dejaron de sonar tras el portazo de la puerta en la que habían llegado el resto. Tras varios minutos fue más que notorio que no había ido a su habitación como otras veces, realmente se había retirado de la casa sin dejar en claro de si volvería en algún momento ante la ira que estaba manifestando. Pero ¿cómo culparlo por no querer hacerlo más? La situación en declive ameritaba todo.

-Bien, creo que ya podemos darnos por muertos ya. –La voz de Sans rompió con el incómodo silencio que se estaba manifestando y se paró. –Supongo que ya da igual lo que hagamos o no con todo esto, ¿oh si?

-Sans, no creo que... –Comenzó a decir la arácnida.

-Sin Papyrus, el plan que estuvimos elaborando en el camino no sirve para nada. –Argumentó Sans tras un suspiro. A Frisk le daba la impresión de que no estaba del todo seguro de si era lo mejor o no su negativa. –Tengo que hacer algo antes de que todo esto se vaya más a la mierda, con permiso.

Las cosas pasaron tan rápido, que Frisk realmente no tuvo tiempo de siquiera reaccionar. Tan solo había podido ver cómo Sans se había aparecido rápidamente a lado de ella para tomarla del brazo y acto seguido ser transportada hacia otro lado que la mareó por completo. No le cabía más duda, estaba atrapada con una familia con tantos problemas.

Una familia bastante rota.


...

El frío fue más que notorio una vez que aterrizaron sobre la nieve acumulada, el aire denso nocturno no ayudaba para nada en la altura en la que se encontraban. Sans podía ver que la humana estaba contrariada de ver el entorno tan blanco que presentaba todo a su alrededor que le indicaba que se encontraban en invierno, la época que más honor a su nombre le daba al deplorable lugar en el que habitaban. La chica comenzó a abrazarse a sí misma en busca de algo de calor consigo misma, lamentando así el esqueleto de haber tenido que sacarla de esa forma tan estrepitosa del lugar, pero realmente ya no había otras opciones menos elegantes para hacerlo. El tiempo estaba contra reloj ahora cuando se trataba de su vida. Tiempo era lo que menos tenía ahora si el propio Gran Don le quería matar personalmente.

No iba a retenerla más en un lugar que claramente aborrecía y que no podía culparla por eso. No iba a permitir que siguieran las cosas al ritmo que iban, poniendo en peligro a cualquiera tras la soledad en la que se encontraban ante un enemigo en potencia que no tardaría en aniquilar a todos, por mucho que su sed de venganza estuviera presente. No, no iba a permitir que, pese a que ya no tendría razones para seguirla detestando, que el viejo siguiera recalando en ella todo su odio erróneo ante una especie que no fue la culpable de su amargura con los años. Aun cuando no podía dejar de pensar en la noche anterior que cometió una estupidez con ella. En verdad que le incomodaba verla a los ojos ahora, pero ya había tomado una decisión.

-Sans, ¿qué...?

-Estamos en la estación del tren... o en el techo de la estación, mas bien. –Metió sus manos en los bolsillos de su pantalón, lamentando no haber tenido su saco a la mano para pasárselo. –Curioso, fue aquí donde nos conocimos ¿recuerdas?

Pese a estarle sonriendo como aquella vez, la chica simplemente se le quedó mirando, buscando cualquier indicio de algo más sobre su rostro. No podía evitar cómo la había conocido aquel día y en cómo habían terminado las cosas. ¿Quién diría lo mucho que terminaría admirando a quien sólo le había despertado una simple curiosidad? Una pueblerina que había aparecido de forma misteriosa, cargando consigo al experimento que años antes había tenido que cazar y que no creyó volver a ver. Ahora no podía dejar de pensar en ella en cualquier momento de su día y justo por eso sabía que no podía tenerla consigo de modo egoísta. Lo que le había pasado a su madre... no, no estaba para darle forma a eso.

Frisk separó sus labios por un momento para preguntarle algo seguramente directo como sólo podía ser ella, pero rápidamente Sans alzó la mano para no entrar en más detalles en el asunto. Aunque odiara el lugar por múltiples razones, en verdad tenía que regresar. Aun necesitaba aclarar unas cosas en lo que no podría llamar hogar nuevamente. Tenía que aprovechar sabiendo el hecho de que el viejo estaba sin ánimos de detenerle en cuanto a la humana, no cuando lo que menos quería ahora eran más problemas y por primera vez podía coincidir en eso. Pero ahora sin Papyrus... en verdad podían darse por muertos en poco tiempo.

-Esto es lo último que podré hacer por ti, bonita. No sé a quién estás buscando, pero no volveré a preguntarte por eso. No volveré a seguirte, no volveré a ser una molestia para ti, ni mucho menos un imán de problemas. –Le sonrió nuevamente como si le diese igual lo que estaba haciendo, pero Frisk no le devolvió el gesto, escuchándole con suma atención como sólo sabía hacerlo ella. –Te recomiendo que regreses de donde viniste. La ciudad no está hecha para ti.

-No.

La negativa tan cortante había sido tan firme, que Sans no estaba seguro si lo decía como un acierto a su último argumento o como una rotunda afirmación de que no estaba dispuesta a hacerle caso a su petición. El esqueleto suspiró, sabiendo desde un principio de que no sería fácil nada con ella... aunque tal vez parte de ello era justamente lo que le había llamado la atención en primer lugar.

-Lamento que perdieras tu casa y trabajo por mi culpa, lamento el peligro que pasaste sólo por conocerme. –Continuó como si con ello pudiera convencerle de que se alejara lo más posible de él, aunque estaba seguro de que no necesitaba argumentos para dejarle en claro eso con todo lo que ya había experimentado de primera mano. –Por ahora sólo podré darte dinero suficiente para que puedas retirarte de aquí. El tren nocturno parte en una hora o dos.

Frisk permanecía abrazándose a sí misma tratando de darse calor como fuere, aun cuando la prenda que portaba era lo suficientemente gruesa y alargada para ayudarle un poco. No obstante, parecía estar analizando demasiado lo que le estaba diciendo o por primera vez parecía pensar en lo que fuera a decir (cosa que dudaba Sans por completo). Fuera lo que fuera, se dio su tiempo para decirle algo al respecto.

-Cada vez que me dices adiós... es porque quieres protegerme de algo nuevo. –Analizó un tanto para sí misma. –Pero eso mismo termina encontrándome y tú apareciendo.

-Vaya resumen de nuestro tiempo juntos. –Rio levemente mientras le guiñaba una cuenca – ¿Tanto has detestado eso?

-Más bien, me disgusta el modo complicado con el que haces las cosas. ¿Por qué no te vas de todo eso tú también? ¿Por qué la necedad de mantener algo que no te agrada cuando tienes el dinero suficiente para irte y hacer una nueva vida?

-Lo hacía por proteger a mi familia, Frisk, una que decidió no irse de aquí y a la que no iba a darle la columna... pero ya viste cómo terminaron las cosas ahora. No tengo precisamente una familia que salvar ya.

-¿Entonces?

-¿Entonces qué? Ya te dije que es muy tarde para mí, bonita. –Mantuvo su sonrisa pese al modo innecesariamente burlón con el que estaba contestándole. –El infierno va conmigo ahora y una maldita bestia dará mi muerte tarde que temprano. No es algo de lo que pueda protegerte a ti ni a nadie si he de ser sincero. Lo que menos quiero es arrastrarte a esto, no tienes nada que ver aquí ya.

-¿Hablas del asunto que te pone como traidor por haberme protegido?

Sans se limitó a asentir tras no querer hablar más al respecto. Tenía muchos sentimientos de por medio ahora, pero no era momento para darle espacio a cada uno. Detestaba pensarlo, pero si tenía que meter a la fuerza en el tren a la humana para que se fuera lo más lejos posible, lo hará sin dudar más.

-La ciudad es muy extraña para mí, tú eres muy extraño también. –Comenzó a hablar nuevamente la chica, como si volviera a tratar de comprender ella misma en voz alta. –No puedo volver de donde vine, hice una promesa de no volver, además de que Flowey...

-Lamento también no entregarte la flor que te agrada, pero es otra forma de protegerte. –Le interrumpió de inmediato, hastiado del tema tan insistente de esa planta. –La rana azulada sobrevivió a la explosión de tu casa, por lo que la posibilidad de que se dé aviso de que se vio a su experimento ayudándote te pone en mayor peligro, ya que no dudo de que buscarán de nuevo a su experimento que el mismo Gran Don financió.

-¿Flowey tiene que ver con el sujeto que mató a tu madre?

La forma tan cruda y directa de decirlo fue un golpe bajo para Sans, pero tampoco era algo que le sorprendía sabiendo lo fría que podía llegar a ser la chica. Asintió nuevamente en silencio mientras se disponía a observar el horizonte con las vías levemente cubiertas por la nieve. ¿Sería un problema para la llegada del tren? Esperaba que no.

-Me confundes Sans. Eres muy extraño.

-Mira quién habla, jeje...

-Pero el que trataras de besarme la otra vez, me hace pensar que no es cierto que quieras que me vaya. ¿Estoy en lo cierto?

...y ahí estaba la razón por la cual no había querido verla a los ojos en primer lugar. Sabía que no actuaría como si nada hubiera pasado, sabía que tocaría el tema en el peor momento y de la peor forma posible ante lo directa que siempre era. No estaba del todo seguro de si quería saber lo que estuviera pasando por la mente de la florista con eso, pero no le cabía duda de que no sería bueno para él. Era un asesino reconocido, pero había cosas que en verdad podían doblegarlo, y para mala suerte o no, la chica que tenía frente a él se había vuelto una. Era justamente lo que quería evitar en primer lugar, antes de que se volviera algo peor para todos.

La chica esperó pacientemente en que le respondiera al respecto, pero Sans se negó rotundamente a hacerlo. ¿Por qué no captaba lo incómodo que era hablar sobre eso? ¿Por qué no comprendía el peligro que era darle forma y nombre a eso? Y de ser así ¿qué caso tenía? Era obvio que no tenía oportunidad alguna y ya no valía la pena culpar a alguien o algo por eso. Las cosas estaban como estaban y era tarde para cualquier lamento.

-Yo tampoco quiero irme, Sans. No sin Flowey, no sin saber que tú pudieras estar a salvo.

De nuevo tratando de decirle que estaba acostumbrada a su presencia ¿cierto? Sin importar lo insignificante que sonara ello, no dejaba de ser gratificante para él. Un conocido apreciado, era más de lo que pudiera obtener ahora de ella a esas alturas.

-Estoy harta de que me oculten cosas, de que me digan que las cosas las hacen por mi propio bien cuando sólo me ponen barreras que son cada vez más difíciles de atravesar. Aborrezco que me digan que es por mi propio bien mientras sólo me alejan sin explicación alguna. –Insistió Frisk pese a morirse de frío, tal parecía que no quería darle importancia a eso ahora. Esa mirada fulminante era bastante llamativa ahora. –Pero aun con lo extraño que eres para mí, eres el único que no ha sido así conmigo... Y pese a todo, siempre puedo estar agradecida por eso. Aun cuando no soy sociable, aun cuando no comprendo muchas cosas... siempre eres atento conmigo, Sans, siempre quieres mantenerme a salvo de cosas que me son cada vez más absurdas, pero que para ti no lo son. Así que no te creo cuando me pides que me vaya para mantenerme a salvo. Por favor... no me mientas creyendo que me proteges así.

Realmente Sans no sabía qué decir al respecto ¿qué más podría ser que mantenerla fuera de la zona de peligro? ¿En qué estaba pensando que pudiera estar pasando realmente?

-No te entiendo, bonita. –Admitió tras varios minutos en silencio sin llegar a un posible resultado. –Creo que he dejado muy en claro todo este tiempo que quiero que estés a salvo, no te estoy mintiendo.

-No sé cómo explicarme, pero me da la impresión de que no quieres alejarme. Quieres protegerme una vez más de algo seguramente patético, pero aun así no me quieres lejos. –La forma tan seria en la que afirmaba sus palabras, realmente hicieron que Sans sintiera frío de por medio y no por el entorno invernal en el que estaban. –Creo que... sólo tienes miedo y no eres capaz de decirlo.

-¡Por supuesto que tengo miedo, Frisk! No tienes ni idea de lo que vi ahí... de lo que esa maldita bestia es capaz...

Había exclamado sin hacer conciencia de sus propios actos, al grado de haber sobresaltado un poco a la humana presente. Realmente había estado conteniéndose de todo y el que la chica no pusiera de su parte lo estaba sacando de sus casillas. Si comprendía que le dolía alejarla cuando era lo único bueno que había podido conocer en su vida ¿por qué no entendía por qué debía alejarse de él? Aunque claro, él había sido el primero en buscarla, en vigilarla a todas horas, en querer saber más de ella... vaya que añoraba aquellos días en los que la felicidad consistía en observar en la vitrina de una florería al otro lado de la calle.

Su madre había muerto sólo porque era un hecho de que era la debilidad de su padre, no permitiría que algo así le pudiera pasar a alguien tan magnífica... que claramente no quería alejar de él tal y como se quejaba Frisk. No quería ni imaginar cuánto había sufrido su madre en garras de ese maldito, y al ser alguien que odiaba públicamente a los humanos, así como los rumores de que era capaz hasta de comérselos...

Pero Frisk no era como su madre ni como cualquier chica que conocía. No parecía tener miedo de cualquier circunstancia en cuanto fuera algo que pudiera entrar en su lógica. Y era justamente lo que trataba de decirle ¿cierto? Quería que no la alejara con el mismo argumento que todos le remarcaban repetidas veces, quería una verdad que no podía captar a la primera ante su inexperiencia en la vida, quería palabras claras y puntos directos antes de cualquier rodeo sin sentido. Ella no estaba dispuesta a retirarse con excusas baratas al no temerle ni a la muerte. Ella no estaba hecha para retroceder.

Dioses...

-Me preguntaste ayer sobre por qué te decían "la amante del esqueleto". –Comentó Sans en cuanto pudo calmarse. –De eso justamente quiero salvarte, ya que a mi madre la mataron por eso, por ser la esposa de alguien. Y yo no puedo salvarte de esto... Realmente esta vez en verdad creo que moriré en poco tiempo y puedo aceptar eso, pero no el llevarte en algo así conmigo. Por favor, entiende lo que trato de decirte.

Frisk parecía analizar demasiado sus palabras, como si nuevamente tratara de buscar algo más en ellas de lo que aparentaban tras esa mirada tan fija que sólo ella podía realizar. Sans comprendía que debía de ser más sincero y directo con ella, pero no podía a esa magnitud. No podía darle forma a...

-Sans, ¿yo te gusto?

La mente del esqueleto estaba más en blanco que toda la nieve de alrededor, tanto así que su sonrisa habitual no pudo mantenerla más a ritmo de que sus cuencas se oscurecían por la sorpresa. Lo que había evitado a toda costa pensar con precisión, la chica nuevamente le sorprendía llegando a las cosas sin más rodeos, sin dar a pie a más incógnitas que fácilmente habría podido salvar a ambos ante los peligros que conllevaba ir en contra de todo. ¿Gustarle? ¿Acaso en todo ese tiempo no había notado su obsesión con ella? ¿Su desesperación de no poder obtener nada de ella antes salvo su permiso de estar al lado de ella? ¿Su admiración ante todo de ella? ¿Su necedad de poder ser más que conocidos entre ellos?

¡Maldita sea! Si pudiera gritarlo a los cuatro vientos, valiéndole el maldito mundo con sus absurdas reglas morales... Poder tomar su mano con confianza, besarla con total libertad...

Pero por la forma en la que Frisk le miraba, estando abrazada a sí misma y con ese semblante tan indiferente... supuso para sí mismo que le dolería más la posible respuesta que pudiera darle tras eso, que en el hecho de aceptar lo que para muchos era más que evidente. Y no podría culparlo, no era un buen partido para ella después de todo. El destino de su madre podría ser igual para ella sin importar el caso y es algo que tenía todavía la oportunidad de poder evitarlo.

-¿Porqué... querrías saber algo así?

-No has contestado mi pregunta.

-Y tú no has comprendido que no quiero contestarla. –Atajó no pretendiendo verse grosero con ella, aunque le daba la impresión de que la chica si lo había tomado así. –No es información que necesites.

Se sentía estúpido tratando de evadirla de la mejor forma, pero le era más que evidente que Frisk notaba su nerviosismo. No obstante, estaba olvidando que ella no era precisamente alguien que captara lo incómodo que se estaba tornando todo. En verdad quería una respuesta, pero ¿por qué? Yéndose de la ciudad ya no tendría que preocuparse por nada ni nadie, ¿por qué querer saber algo que claramente no era lo mismo para ambos?

-¿Pero entonces porqué quisiste besarme?

-Soy un esqueleto, no tengo labios.

-Tu hermano me dijo que los esqueletos tienen una forma de transmitir...

-Frisk, enserio, olvídate de todo eso.

Tras un par de minutos incómodos entre ellos, finalmente pareció que la chica había comprendido que no diría nada más al respecto. Pero esa mirada de decepción en su rostro... realmente le dolía por mucho que no pudiera admitirlo abiertamente. En verdad quisiera poder contestarle con la sinceridad que merecía, poder ser más cercano a ella, pero por muchas razones lo mejor para ambos era simplemente fingir que nunca pasó nada, por mucho que todo eso fueron los mejores momentos de su vida tan gris.

-¿Tan terrible es ese sujeto? –Frisk irrumpió el silencio, como si hubiera estado pensando en algo que acabara con esa incomodidad entre ellos.

-Si.

-Pero dijiste algo sobre que sin Papyrus no podrían hacer nada. –Recalcó la chica sin inmutarse. Tal parecía que prefería enfocarse en soluciones en vez de tirar la toalla. En verdad que era admirable hasta en momentos tan críticos. –Entonces sí tenían un plan.

-No había garantía de que las cosas pudieran resolverse con eso, pero venía siendo lo único que teníamos. –Aclaró estando debatido por eso. El frío comenzaba a hacer de las suyas y no quería imaginarse cómo se estaría sintiendo Frisk. –El compromiso de Papyrus ayudaba a obtener una información valiosa que pudiera ayudarnos a encontrar un punto débil de esa bestia. "Ojo por ojo" le llaman algunos.

-"Matar o morir" es lo que querrás decir. –La chica le miró con desaprobación y contestando inmediatamente al comprenderlo. –Me es absurdo que sigan viendo las cosas de ese modo tan ruin.

-Bueno, estás ante uno de los rufianes que ofrece esta ciudad. –Se encogió de hombros, queriendo encontrarle el lado divertido pese a todo. –Es lo que sabemos hacer.

-Matar a alguien sólo porque mataron a tu madre no solucionará nada.

-Sé que no. Pero tampoco nos importa eso a estas alturas.

Sin darle espacio a más preguntas, desapareció ante la vista de la humana, dejándola sola en aquel techo blanquecino y friolento. Frisk seguía abrazándose mientras observaba el punto en donde el mafioso había desaparecido, como si de alguna forma volviera con una de sus jugarretas tan extrañas con intenciones de fastidiarla. Pero nada, estaba ahí completamente sola, sin saber cómo volver a tan extraña casa de los esqueletos, sin tener un negocio u hogar preciso al cual volver. Sin tener a su mejor amigo consigo para aconsejarle o protegerle, sin el mafioso que de alguna forma estaba al tanto de ella en momentos tan precisos.

Sola... completamente sola.

Su cuerpo comenzó a temblar, pero no estaba del todo segura de que se tratara del frío. ¿En qué momento había llegado el invierno? ¿En qué fecha estaban? ¿Qué le quedaba por hacer a esas alturas? ¿Cómo se bajaría? ¿Qué es lo que tendría que hacer ahora? No tenía dinero, no tenía pertenencias, no tenía un lugar al cual llegar ahora. No podría volver con su madre por mucho que quisiera, ¿qué pasaría si lo hiciera pese a todo? ¿La negaría? ¿La aceptaría?

Comenzó a caminar con tal de obtener algo de calor con el movimiento, pero también en busca de algún modo de poder bajarse de ahí. Y para su suerte encontró unas escaleras con las que pudo lograr su cometido con mucha dificultad tras estar en contacto con los barrotes helados. En más de una ocasión sintió que su piel se quedaría pegada en aquel metal, pero pudo librarse con facilidad pese al dolor. Tan sólo quería llegar dentro de la estación y obtener algo de calor dentro... y pensar en lo que tendría que hacer ahora.

Por la hora tan de madrugada que era según el inmenso reloj del centro, supuso que no le quedaría más que esperar a que hubiera suficiente gente para entrar en calor en aquel lugar. Aprovechó la soledad que había en los asientos y se acomodó en ellos para acostarse un poco, sin saber qué sentir al respecto de cómo habían terminado las cosas. Si Sans le decía lo mucho que la valoraba y admiraba ¿por qué dejarla tan a la intemperie y de ese modo? ¿Tanto miedo tenía de lo que pudiera hacerle ese sujeto? No comprendía muchas cosas, pero al menos podía hacerse la idea de que el esqueleto no tenía intenciones de lastimarla o hacerle pasar un mal momento, sino que simplemente estaba ante acciones citadinas que simplemente no podía comprender y que ya no le interesaba hacerlo.

Sin poder dormir pese al desvelo y por el denso frío, colocó sus manos en el bolsillo de su mandil en busca de obtener la mayor cantidad de calor posible, pero para sorpresa suya vio que el esqueleto ya le había dejado ahí un par de billetes, siendo más que suficientes para comprarse un boleto de tren. ¿En qué momento los había dejado ahí sin que ella se diese cuenta?

Pese a su negativa, pese a abandonarla sin darle oportunidad de volver, aun así seguía velando por ella ¿cierto?

¿Tanto le costaba haber dicho sí o no a su pregunta? En verdad que ese esqueleto la confundía múltiples veces, pero era sincera en cuanto a lo mucho que le preocupaba pese a todo, era sincera en admitir que le agradaba tras todo su acoso de por medio. Quisiera o no, era un ser importante ahora para ella y seguramente Flowey le reprocharía por lo tonta que era por eso.

Pero en verdad... quería que se mantuviera a salvo.

Nuevamente se levantó de su sitio ante un coraje obtenido de sus propios pensamientos. Se rehusaba a creer que Sans la había dejado ahí a su suerte, estaba segura que estaba haciendo lo mismo que los demás de ponerle barreras para "mantenerla a salvo", pero que de alguna manera seguiría velando por ella de donde quiera que pudiera observarle ante lo acosador que era realmente. ¿Qué no había dejado en claro lo mucho que detestaba esa clase de barreras? Aunque viera por cuenta propia lo peligrosa que era la ciudad y su gente, se rehusaba a dejarse llevar por esa clase de opiniones absurdas.

No, no podía volver al pueblo, no podía volver con su madre... y ahora era consciente de que buscar a su padre no estaba siendo algo apropiado de su parte considerando los hechos. Pero aún tenía cosas por hacer, aún tenía que salvar a su amigo... y pedir explicaciones que le debía.

Aún tenía una carta qué jugar.

Aprovechando lo solitario que estaba el lugar, de su sostén sacó la tarjeta de presentación doblada que llevaba consigo ante el miedo de que pudieran encontrarla y así arruinado sus planes. Era terrible con las direcciones al siquiera saber cómo moverse en la ciudad, pero suponía que el número telefónico podría facilitar las cosas para obtener auxilio de por medio. ¿Pero cómo podría pedir un teléfono? ¿Dónde y cómo se usa uno? ¿Cómo pediría ayuda? ¿Qué clase de cosas podría decir y que no en ese aparato?

Nuevamente se acostó sin saber qué hacer de momento. Tan sólo quería dormir un poco, esperando absurdamente que todo se trataba de un mal sueño.


...

Ya nada importaba a esas alturas, pero aun así Wingdings detestaba seguir pensando en hacer lo correcto aun cuando ya lo había perdido todo. Una botella, dos, tres... realmente no sabía cuántas había tomado de su estantería de vino tras habérsele acabado las que tenía en su cocina. Tan solo quería estar tranquilo antes de decidirse por quitarse la vida antes de que la maldita cabra corpulenta comenzara a buscarlo para matarlo él mismo. No le daría esa satisfacción, aun cuando realmente le daría igual ese resultado.

Muffet se había retirado tras haberle dicho que buscaría a Papyrus tras hacerse una idea de dónde podría estar, conociendo de antemano la importancia que tenía ahora dentro de sus planes, pero aquello le daba igual a esas alturas. Era obvio que no querría volver, era obvio que no podría más ¿y cómo culparlo? El intento de familia que eran estaba rota por su culpa, así que ya daba igual o no quién querría hacerle caso a sus órdenes, daba igual quién querría estar a lado suyo o no. Quería que su dolor acabara, quería estar al lado de Arial una vez más... aunque claro, no podrían estar juntos en el más allá al haberse ganado el infierno por cuenta propia.

No tenía idea de a dónde había ido Sans con la humana, pero no podía culparlo por intentar salvarla si tanto le importaba. No tenía energías para detener algo así, considerando que la vida estaba teniendo un giro inesperado a todo lo que había creído en su maldita vida. Los humanos eran despreciables... ¿pero qué tan diferente era de ellos ahora? Se había convertido en lo que Arial habría aborrecido en primera instancia. ¿Qué caso tenía querer sobrevivir ahora? ¿Por qué no acabó con su propia vida aquel día que la había perdido?

Claro... la respuesta eran sus hijos. ¿Pero dónde estaban ahora? ¿Dónde estaban cuando debían de lamentarlo juntos, en familia? Simplemente culpándolo de todo sin ser necesario. Él ya se culpaba lo suficiente. Pero al menos podía hacer algo ahora, podía evitar el dolor de verlos morir a ellos también... si él se iba primero.

-A tu salud, Arial... –Alzó la botella al aire, derramando parte del contenido sobre el suelo. –Aunque seguramente no te gustaría verme así...

Con algo de dificultad dado que el mareo por el alcohol estaba presente, terminó adentrándose al sótano que recién había acomodado por enésima vez. Detestaba el desorden por mucho que los cuerpos humanos implicaran generar tales desastres a su paso, pero en ese instante no estaba para darle importancia a esa clase de detalles, sino a acabar con todo estando él justamente ahí. El lugar en el que inició su intento de sobrevivir en materia prima de sus enemigos.

Clavó un hueso en el hígado que había logrado extraer de aquel extraño chico y que había dejado en la hielera, ya que de cualquier manera no le serviría más ahí. También intentó deshacerse de los cerebros enfrascados que tenía en su repisa con un orden muy específico, pero terminó pasando de largo al no sentirse capaz de eso. Después de todo, se trataban de los cerebros de los humanos que más problemas le habían causado, encabezando todo a los "asesinos" de su esposa que había logrado dar con ellos sin darles oportunidad de una aclaración ante su propia ira. Tal vez las cosas habrían cambiado si les hubiera permitido hablar antes... pero ya era muy tarde para esa clase de lamento.

Revisando con la mirada qué más podría destruir antes de partir, acaparó su atención la jeringa con la sangre de la humana que recién le había extraído para analizarla. Por la forma en la que la había dejado sobre la mesa no podría contenerla por mucho tiempo. Y maldición... la curiosidad no le estaba ayudando.

Bueno, al menos tendría algo con qué entretenerse antes de morir. Un recordatorio del talento desperdiciando que era en cuanto a funciones médicas si tan sólo el sistema se lo hubiera permitido. Maldita vida.

Con dificultad se puso a hacer sus análisis con lo que pudiera con la sangre obtenida. Realmente no sabía qué buscaba ni tampoco le importaba, tan solo se puso a hacer lo primero que le llegaba a la mente después de varios tragos a su botella de vino. Comenzaba a notar que el vino se chorreaba en toda su prenda ya de por si acabada, pero nuevamente ya no le importó nada de eso. Nadie lo vería en tan patético estado estando solo.

AB-, hasta en tipo de sangre era tan rara esa humana. En su momento habría considerado mantenerla viva sólo para vender su sangre difícil de conseguir. Pero por causa de su mareo, accidentalmente tumbó la repisa en donde guardaba algunas bacterias que seguía analizando de los otros cuerpos que habían pasado por ese sótano. La poca sangre que le quedaba por analizar sobre su microscopio ahora estaba repleta de bacterias putrefactas que contaminaban su muestra. Pero qué desperdicio... aunque la embriaguez aun así le permitió curiosear y observar cómo se retorcía todo lentamente.

Sin embargo las cosas no resultaron como esperaba una vez que puso su cuenca sobre el microscopio.

-¿Qué demonios...?

No recordaba qué bacterias había estado guardando en esa repisa a causa de su estado, pero estaba seguro de que eran cosas dañinas ante cierto contacto por el estado de putrefacción en que las había obtenido... pero nada de eso estaba pasando. La sangre estaba combatiendo todo lo que le pudiera hacer daño en una velocidad impresionante. ¿Qué tan borracho estaba como para estar viendo eso?

Sabiendo que lo lamentaría minutos después, se lanzó rápidamente hacia el lavabo donde lavaba sus manos antes de hacer cualquier cosa y metió su cabeza para despertar con el agua fría recorriendo todo su cráneo hasta sentirse mejor. Necesitaba estar lo más lúcido posible para asegurarse de que no era una ilusión a causa del alcohol. Pero en cuanto volvió a revisar la muestra, ésta ya estaba sin problema alguno... hasta parecía haber estado intacta, pura en su totalidad. Eso no era para nada normal al igual que muchas cosas en ella.

La sangre de la humana... actuaba muy similar a la regeneración de la flor parlante.

Tras varios minutos quedándose observando tal muestra, terminó inhalando y exhalando ruidosamente para relajarse, para dejar atrás el efecto del alcohol antes de que le afectase más. Hizo memoria de lo que Sans le había contado sobre ella, una hija del líder yakuza caído que aparentemente no sabía nada al respecto... y que había tenido a la flor consigo gran parte del tiempo y del que había entablado una situación afectiva al grado de querer salvarle pese a la evidencia de no portar emociones consigo. No era mucha información realmente, pero al menos algo le quedaba claro: no era casualidad que flor y humana estuvieran juntos.

-Oh, Arial... mia amata... Todavía no puedo decirle adiós a este mundo.

No todo estaba perdido todavía, aun podía obtener información valiosa de la flor... y así llevarse consigo al infierno a Asgore Dreemurr.


***

Este capítulo va dedicado a mi abuelo, quien no sólo me enseñó todo lo que sé sobre historia universal y que he aplicado en esta historia, sino que me enseñó la importancia de la disciplina personal para cumplir cualquier meta. Ya que la terquedad es muy lo nuestro ¿no es así abuelito?

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