Cap 59. En Snowdin, el sol no sale para nadie



-No sé si sea conveniente que ya estés saliendo, Arial.

-Tranquiiiiiiiila Bon-Bon, ya todo está bien. En verdad.

Socializar era complicado para un monstruo joven. No había establecimientos específicos en los cuales poder salir a convivir entre amigos fuera del trabajo o las mismas calles. Por lo que salir a realizar las compras durante los puestos repletos de legumbres y una que otra baratija era suficiente excusa para tomarlo como "salida social" entre las dos mujeres que caminaban tranquilamente entre los puestos, siendo una la que cargaba las canastas ante toda la comida que tenía que comprar para su abundante familia, mientras que la otra apenas y llevaba un bolso de tela reciclada colgada en uno de sus hombros al estar cargando a su bebé que había aprendido a aplaudir y no paraba de hacerlo ahora.

-Todavía requieres reposo. –Señaló la coneja mientras contemplaba a la mujer esqueleto con su hijo. –¿Qué clase de enfermera fuiste que no cuidas tu propia salud?

-Una que sabe que ya puede salir. –Le contestó sin verla directamente, tocando algunos tomates para seleccionarlos. El pequeño Sans también había agarrado uno, pero su amiga se lo quitó con bastante precisión antes de que comenzara a mordisquearlo. Debía de ser un peligro total un bebé con dientes desde su nacimiento y sin saber cómo usarlos, pensaba mientras lo observaba. –No puedo depender de que Lyra y tú me hagan todas las compras si ya me siento mejor.

-No tenemos problema en ayudarte. Al menos hacemos algo a diferencia de...

-No empieces, Bon-Bon.

-¡Por favor! No puedo creer que no notes el cambio de tu marido. –Bonnie tomó algunas zanahorias y las pagó en el acto, haciendo un esfuerzo de no ver directamente a su amiga que seguramente tenía una sonrisa despreocupada, aun cuando el tema era bastante serio. –Está muy raro... y eso que ya era un amargado de primera antes.

-No es amargado, sólo es algo cohibido. –Arial rió levemente mientras pagaba por los tomates. –Es todo un encanto que hace lo mejor para nosotros. ¿No es así, mio piccolo Sans?

El bebé sólo se quedó aplaudiendo con una sonrisa ahora que notaba que tenía la atención de su madre. No cabía duda de que esa sonrisa la había heredado de Arial, por lo que Bonnie esperó de todo corazón que no fuera lo único que había obtenido el bebé por parte de su amiga, que al conocer cómo era el marido daba mucho de qué hablar. Lyra pensaba lo mismo que ella cuando hablaban al respecto, pero no parecía que pudieran hacerle abrir las cuencas a su amiga. Por lo mismo era que le sorprendía que no se diera cuenta del cambio que estaba presentando el esqueleto en los últimos días.

-Sé que eres una enamorada empedernida, pero es notorio que su comportamiento frío al igual que su constante ausencia significa algo. –Insistió la coneja mientras caminaban fuera del puesto de verduras.

-No es lo que piensas, enserio.

-Ahora no solo es esposo, también es padre y debería de pensar más en ustedes.

-Ese es el caso Bon-Bon, Wingdings piensa demasiado en nosotros. Antes que por él mismo. –Por primera vez en la conversación pudo notar que su amiga disminuyó su habitual sonrisa. –Es él quien debería de descansar.

Tras una leve caminata, Bonnie siguió acompañando a su amiga al resto de sus compras para asegurarse de que ambos estuvieran bien en todo el camino. Tenían poco que se habían mudado a Snowdin ahora que eran una familia de tres, y si bien le gustaba que estuviera más cerca de ella viviendo en el mismo barrio, ese había sido el primer cambio extraño que había presentado el esqueleto que no pudo ver a la primera. ¿Por qué mudarse más lejos cuando se suponía que su trabajo estaba en Waterfall, lugar en el que ya vivían? Sabía que ese esqueleto tenía la habilidad de aparecerse en donde quisiera bajo una considerable distancia, pero al no poder usar la magia en lugares públicos no lo consideraba la excusa adecuada para ese cambio. Y peor aún, ¿por qué Arial no le daba importancia al tema cada vez que se lo preguntaba? ¿Creía que ignorando el tema no sería nada? Había veces que quería darle un buen coscorrón sólo para que despertara.

Conocía su pasado ya que ambas se conocieron en el mismo crucero en el cual viajaron para Ebott City, pero a diferencia de la amistad que surgió en el instante en ellas, no fue el mismo caso con sus respectivos maridos. Sabiendo que Wingdings había sido un soldado a disposición de Italia, suponía que esa actitud un tanto a la defensiva y de completa seriedad eran parte de lo que se había formado en él, pero conforme intentó llevarse mejor con él y saber por qué su amiga estaba tan enamorada... simplemente no dio con nada fuera de una atención genuina. El esqueleto no parecía tener ojos para nadie más en el mundo salvo su amada, como si el resto del mundo pudiera irse al carajo en cuanto ella siguiera sonriendo. ¿Cómo era que pudiera ser amable o educado sólo con una ser en el mundo? ¿Cómo había sido que Arial había logrado que ella fuera la excepción al grado de que le viera de esa manera? Las únicas veces que había visto a ese esqueleto emitir una mueca fuera de una seriedad intacta o una molestia evidente, era porque Arial estaba presente. ¡Era sorprendente!

Era sublime contemplar a tal pareja durante algunas noches, viéndolos bailar a la luz de la luna como si en algún lugar una canción estuviera sonando y que sólo ellos lograban escuchar. Enternecida con eso, una vez se dispuso a cantarles algo mientras bailaban a modo de sorpresa, pero la sorpresa había sido para ella al ver que su amiga había respondido a su canto en ese instante y que compartían el mismo sueño de poder estar en un escenario alguna vez cuando se detuvieron a hablarlo. Y tiempo después cuando conocieron a Lyra y su maravillosa voz en una de sus compras al mercado, las tres supieron en el instante que estaban destinadas a ser mejores amigas inseparables.

Sólo hacía falta que una tarareara para que el resto le siguiera la corriente por simple inercia.


Por cierto...

Intentaremos subir de nuevo

Debería tomar las escaleras

Yo creo

Seré lo que necesites

Más allá de tu sueño más salvaje


Ambas se giraron inmediatamente al canto que identificaron en el instante. Lyra estaba en su trabajo, observándolas con una sonrisa entre burlesca y retadora, sabiendo de antemano que había iniciado una canción sólo para llamar su atención con éxito. Siendo la menor de las tres, tendía mucho a hacer eso sin importarle los posibles reclamos de su jefe.

Su especie era sumamente hermosa, pareciéndose tanto a una sirena como los humanos narraban en algunos de sus cuentos o leyendas, salvo que no quedaba duda de que se trataba de un monstruo y no con esas apariencias humanas con las que trataban los autores de denominar sólo como "belleza" su propia especie. Habían dejado de hacerlo cuando la religión en general lo consideraba una aberración tal mezcla, por muy imposible que existiera tal posibilidad de híbridos de ese tipo. ¿Lo gracioso de eso? Que la misma religión humana tenía figuras a adorar de ese tipo. Alabando humanos alados como si sólo ellos cumplieran con lo necesario para ser algo por lo que considerar divinidad.


No podemos apoyarnos en nadie.

Eso no es tan divertido

Pero si confías en mí

Vivirás con magia

Las puertas se abrirán para nosotros


Arial ya se había puesto a cantar conforme se acercaba a su puesto de fruta, cargando con cuidado a su bebé pero sin poder evitar querer ponerse a bailar en el instante en el que ya estaba a ritmo de la canción. Por lo que Bonnie no pudo evitar unirse mientras arrojaba por ahí las canastas que había llevado consigo, cantando a todo pulmón la parte que tanto le emocionaba.


Ven conmiiiiiiigo

Si logramos pasar la noche

Nene, te quiero a mi lado

Recuperemos todo lo que se nos negó

¡My oh my!

No puedes empezar a entender

Que esperar en mi tierra de los sueños

Por última vez mira tu pasado, para decir

Adiós, adiós, adiós, adiós, adiós, adiós, adióoooos...


La letra de la canción era sorprendente y Bonnie no lo pensaba por el hecho de estarla cantando las tres ahora al unísono con tal coro, sino porque la propia Arial había sido quien la había escrito y mostrado una vez que se reunieron para tomar el té. Lyra tenía el talento inigualable de una voz magistral que hacía que nadie pudiera ignorarle, la coneja admitía tener un gran talento en el baile más allá de su propio canto, haciendo una que otra coreografía que dejaba fascinado a cualquiera que le viera... pero Arial, tenía el talento de componer las más grandes y profundas canciones. Siendo poesía total tanto para quien leyera dichas canciones como escucharan una vez que se ponía frente a un piano. Las tres eran la mezcla perfecta y nadie podía cuestionarlo una vez que estaban las tres reunidas.


Amore mio

Necesitamos empacar e irnos

Antes de que se ponga el sol

Forajidos legales

No necesitas lastimar a nadie

Lo mejor está por venir.

Corre y sigue y sigue

¡Hasta que esté hecho!

Y si confías en mí

Vivirás con magia

Lo peor ha pasado para nosotros.


Mientras cantaban el coro de la canción y bailaban, notaron que gran parte de la gente que había estado pasando por ahí con sus respectivas compras ahora las estaban observando, algunos divertidos con la situación que les acompañaban con aplausos, y otros con cierto desagrado de que irrumpieran con la aparente calma del lugar. Sin importarles ese hecho, las tres estaban cantando hasta que un policía se acercó a ellas con un semblante lo suficientemente notorio de que estaban en problemas. Al parar en el acto, el bebé esqueleto sólo estaba aplaudiendo sin entender qué estaba pasando.

Lamentablemente para ellas no era la primera vez que algo así les pasaba, era un delito de lo más grave que monstruos estuvieran manifestando magia en zona pública. Y si bien habían explicado con total paciencia que no habían hecho tal cosa en ningún momento, para el cuerpo policiaco no fue suficiente al saber de antemano que al menos una de ellas tenía la capacidad de manifestarla con su propio canto, por lo que Lyra se limitó a recibir la multa sin poder hacer nada más al respecto. Al menos le habían tenido esa clase de "consideración" por ser mujer, si se hubiera tratado de un hombre la habrían llevado a prisión de inmediato hasta que alguien pudiera pagar su fianza.

-Eso es tan injusto... -Manifestó Bonnie una vez que lograron separarse del sujeto y ahora las tres se encaminaban a la casa de la mujer esqueleto dado que Lyra no le habían permitido trabajar en el resto del día a causa de eso. –No importa cuánto se explique, los humanos no parecen entender cómo funciona la magia.

-No vale la pena, tranquila. –Comentó Lyra mientras agitaba la hoja que indicaba cuánto tendría que pagar por haber "irrumpido la calma en zona pública con magia". –Estoy acostumbrada.

-Pagaremos la multa por ti. –Comentó Arial un tanto preocupada por ese hecho. –Ya la tienes difícil cuidando a tu hermanita como para que tengas un gasto más.

-Sus maridos se molestarían si se enteran de esto. Es mejor que yo tenga toda la carga. –Le sonrió la chica pez, siendo más una burla que una simple consideración. –A diferencia de ustedes, yo soy libre, jajajaja.

-Hey, no es malo querer centrarse en formar una familia. –Le reprochó la coneja en el acto. La menor de las tres actuaba como si fuera un espíritu libre por siempre. –Además, se le nota a ese hipocampo que te frecuenta que quiere algo contigo. No pasará mucho para que te invite a salir.

-¿Aaron? Así estoy bien, gracias.

-¿Ya lo estás rechazando antes de que intente algo?

-Sólo no quiero terminar como ustedes dos, teniendo que rendir cuentas a alguien más. –Se sinceró mientras sacaba unos turrones de su bolsillo y se los comía inmediatamente con mucho gusto. –Afemás, fo foy phafete comfefo. Fo fejaría a Shyren fólo for un hombre.

-No hables mientras comes.

Una vez que llegaron a la pequeña casa, sin necesidad de pedirle algo más ambas le ayudaron a Arial a guardar las cosas y preparar la comida. Con ello, la esqueleto aprovechó para llevar a su bebé a arrullarlo antes de ponerlo en la cuna, lo cual parecía algo complicado al tener demasiada atención a su canción de cuna, ¿y cómo no hacerlo? Si la voz de Arial era tan dulce como todo lo que irradiaba ella.

-Retomando el tema de hombres, no quisiera decir que hay posibilidad de que tu marido esté viendo a otra mujer, pero... –Comenzó a hablar Lyra mientras los observaba. Tal parecía que había estado pensando lo mismo en todo ese tiempo. –Ya sabes cómo son algunos.

-Hombres malos tal vez. –Comentó la mujer esqueleto con calma mientras dejaba a su bebé finalmente dormido sobre su cuna. –Mi esposo me ama y es todo un caballero.

-¡Pero es obvio que...!

-¡Shhhh!

-Perdón. –Susurró la chica pez apenada por haberse dejado llevar. Todas salieron de la habitación y esperaron a que su amiga cerrara la puerta antes de seguir hablando. –Pero es obvio que te está ocultando algo.

-Eso ya lo sé.

Había contestado con tanta tranquilidad que la coneja no podía dar crédito. ¿Qué demonios pasaba por el cráneo de esa mujer? ¿Por qué seguía sonriendo si ya se había percatado de eso? Esperó a que se sentaran en la pequeña sala antes de seguir hablando, pero la esqueleto trajo una tetera y un par de tazas tras invocar un par de manos flotantes a color de su ojo luminoso antes de preguntarle algo más. Lyra aprovechó en abrir un postre que había traído consigo como si se hubiera anticipado al momento, aunque eso era normal en ella al ser tan dulcera.

Por lo visto, Arial por fin estaba dispuesta a hablar al respecto ahora que su hijo no estaba presente. Aunque pudiera deberse más a la presión que le estaban fomentando tras tanta insistencia, no parecía molesta ni exasperada por ello de cualquier manera.

-Sé que no trabaja en la fábrica desde hace meses. –Terminó suspirando la esqueleto mientras tomaba su taza caliente, aunque no le dio ningún sorbido y optó por contemplar el suave humo que se estaba formando. –Yo lavo su ropa, ¿saben? La ausencia de grasa en sus prendas es bastante notoria. Y siendo sincera, agradezco ese cambio.

-¿Entonces por qué le permites...?

-Conozco y confío en mi esposo. –Le interrumpió Arial sin darle espacio a nada más. –Lo que sea que esté tratando de ocultarme, sé que lo está haciendo por Sans y por mí. Así que ustedes confíen también, por favor.

-Pero el que te mienta así... No creo que se algo bueno, Arial.

-Salvar a Sans requirió de mucho sacrificio y esfuerzo. –Instintivamente tocó la parte baja de su cuenca izquierda, siendo más que suficiente para que ambas entendieran su punto. Haberla visto esa vez cómo se había desesperado en tratar de rescatar a su hijo arrancándose un ojo para cedérselo, no había sido nada grato para nadie. –Y aunque su salud haya mejorado, darle la calidad de vida que deseamos para él costará mucho más. Lo que me preocupa no es que Wingdings me esté ocultando algo, sino que... se esté esforzando demasiado al grado de arriesgarse. Quisiera poder ayudarlo.

Bonnie suspiró resignada y optó por tomar su té antes de que comenzara a enfriarse. Sólo Arial podía tener tal visión de las cosas, pero si se había casado con tal hombre era porque lo conocía a la perfección ¿cierto? No se sentía cómoda brindar tanta libertad de confianza en tal amargura andante, pero sí que podía confiar en su amiga de gran sonrisa. Y si no resultaban las cosas como ella decía... bueno, ya había conseguido una escopeta por cualquier cosa.

Pero al igual que esa arma cuando estaba en sus manos, era inútil. Ya no tenía a sus amigas consigo para cantar en cada oportunidad, sólo le quedaban las fotografías que contemplaba una y otra vez de modo nostálgico. Y como cereza del pastel, tener producto de la pasión que tuvo su marido empeoraba la sensación de querer aparentar que todo estaría bien al final del día. Tenía muchas razones ahora para seguir adelante y ser feliz con lo que tenía, pero no podía evitar cuestionarse una que otra vez sobre ciertas cosas malas que había permitido. Y una de ellas era no haber detenido a Wingdings Gaster cuando tuvo la oportunidad. Cada vez que resentía que un mal se aproximaba por culpa suya, no podía evitar pensar en Arial y su suma confianza en él para dejarle llevar a cabo las cosas a su modo. Esperando de todo corazón que su amiga estuviera en lo correcto pese a sus años ausente, pero era muy difícil cuando justamente sus ahora hijos evitaban a toda costa su presencia al grado de aparentar no haberla conocido antes.

De momento, sólo le quedaba esperar en la entrada del cabaret, esperanzada de que los Gaster volvieran para decir que la humana estaba bien. Haber visto a Papyrus preguntando sobre la humana, adentrándose a su casa haciendo llamadas y viendo qué hacer... le hacía suponer que Sans no era el único que le tenía afecto, dándole de alguna manera una esperanza al respecto. Dos de tres ya era algo, pero el gran reto estaba en ganarse al mayor de ellos.

-Lo sigo diciendo, Arial. Te casaste con un hombre amargado. –Susurró mientras echaba un vistazo a su fotografía por última vez antes de guardarla en su escote. –En donde quiera que estés ahora... por favor, da una señal de porqué debería de seguir confiando en tu esposo.


...

El camino fue bastante silencioso para incomodidad de todos, pero cada uno tenía sus razones para no querer romper con aquel ambiente que se había formado en el auto.

Sans no paraba de revisar de vez en cuando a través del retrovisor a la chica que logró salvar de un posible problema, pero no se sentía como si la hubiese rescatado ante el semblante que mantenía ella mientras observaba el paisaje en silencio. La chica se había limpiado las lágrimas restantes que había soltado, pero sus ojos mantenían una irritación intensa que ni sus largas pestañas lograban ocultar. Todos los presentes en el auto eran lo suficientemente caballerosos para no interrogarla en su evidente malestar, pero sabiendo cómo estaban las cosas no pasaría mucho para tener que hacerlo. Y eso era precisamente lo que lo mantenía molesto sin poder expresarlo con libertad en cuanto estuviera la situación tan fresca.

La habían lastimado otras veces, pero ahora le habían tocado en el punto que a ella realmente le dolía.

En el tiempo que le conocía, Frisk siempre había mostrado ser fuerte, valiente, difícil de doblegar. Y la vez que le había preguntado sobre cuáles eran sus aspiraciones ante tal fortaleza que presentaba, su única respuesta había sido que quería que su familia estuviese bien. No parecía querer algo más, aun cuando tuviese la capacidad de apaciguar asesinos sólo con su labia. Así que al ver que su propia "familia" le había lastimado con sus secretos... le enojaba de muchas maneras. ¿Qué tanto había pasado en que Frisk había lidiado con la señora Dreemurr y su evidente depresión? Ahora comprendía porqué tanto apego a la flor parlante, siendo lo único de alguna manera que tuviera cierta solidez en su vida por mucho tiempo. Su preferencia a convivir con monstruos también tenía una explicación, pero su indiscutible moral era más sorprendente con todos los hechos puestos sobre la mesa.

Si le hicieron creer que fue adoptada por la familia Dreemurr, podría suponer que eso era para alargar la condena hacia su enemigo declarado, Masao Saito. ¿Pero por qué llevarlo de esa manera? ¿Cuál era su objetivo? Tenía muchas preguntas todavía que la señora cabra no pudo resolverle ante su embriaguez, pero no le preocupaban del todo conseguir dichas respuestas en cuanto no viera primero la manera de ayudar a Frisk en su evidente tristeza.

Además, cierta flor podría brindarle las respuestas que necesitaba más adelante.

-Papyrus, estaciónate a la vuelta. –La voz del jefe de familia rompió con la incomodidad que estuvo en aumento. –Hay cosas de las qué hablar antes de llegar.

-¿Llegar a dónde? –Preguntó Sans en el acto, notando lo ronca que estaba su voz por el cansancio. –Creí que iríamos a la casa para...

-No, no quiero mujeres en nuestro hogar.

-¡Pero si tenemos a la araña ahí!

-Con ella no tengo opción. –Contestó molesto el viejo, dejando en claro que también se encontraba cansado. ¿Cuánto tiempo llevaba que no hacía labor de campo? –Además, hay cosas que debo manejar separados por el bien de todos.

Lo había recalcado con tanto énfasis, que Sans entendió que se refería al hecho de no querer tener a la mujer de la que había declarado estar enamorado en el mismo sitio en el que él vivía. Suponiendo que no quería esa clase de distracción ahora que tenían que pensar en algo diferente con tantos cambios y noticias de golpe para un solo día. Frisk no parecía prestar atención a la conversación que había acabado con el silencio sepulcral que se había estado formando en el trayecto, no paraba de mirar el paisaje nada llamativo a través de la ventana, estando perdida en sus propios pensamientos que eran difíciles de leer con lo poco inexpresiva que era.

Estando en el límite que dividía Snowdin y Waterfall, Papyrus se estacionó casi oculto en un callejón con tal de no llamar la atención, pero la oscuridad de la noche era más que suficiente. Sans creyó que se bajarían del auto para hablar, pero al ver que nadie se movía, supuso que la mayor prudencia que podían tener era precisamente quedarse ahí para conversar con suficiente discreción.

-No encontramos a Gerson en ningún momento. –Comenzó a hablar el jefe sin esperar a nada más. –¿Lo viste dentro?

-No. –Contestó Sans sabiendo que le estaba preguntando.

-¿Gerson... Boom? –La voz de Frisk sonaba casi como un susurro, pero ahora dejaba en claro que estaba prestando atención a su manera. Sólo no había querido verlos aparentemente. –Fue el señor que me ayudó... con esto.

Mostró una chequera completamente nueva y bastante lujosa que aparentemente llevó consigo en todo ese momento. El jefe de familia estuvo por quitársela para verla con más detenimiento, pero la chica se lo impidió retirándola aún más de su alcance, protegiéndola de la misma manera que su collar que oprimía en todo momento en su mano con fuerza. Si bien el resto miraban con cierta molestia su comportamiento, Sans notaba que sus manos a diferencia de otras veces, no se encontraban temblando. Siendo señal más que suficiente para saber que Frisk no estaba para contenerse emocionalmente de momento.

-¿Ese sujeto te dijo algo, humana? –Se contuvo el jefe pese a todo.

-Quiso ayudarme... y conocerme, pero solo pude detenerle una de esas cosas. –Contestó con su voz algo apagada, pero concentrada en todo sabiendo con quiénes se encontraba. –Nunca me dijo realmente porqué tomó iniciativa en conseguirme esto, pero supongo que gracias a él pudieron entregarme esto. Me separé de él al sentirme incómoda y seguí con lo mío.

El silencio momentáneo entre los esqueletos dejaba en claro que los tres comprendían qué estaba pasando con eso. Si Gerson, socio del Gran Don, había acudido personalmente a atender el caso de Frisk una vez que puso pie en un banco, significaba que estaba al tanto de la situación de manera escabrosa, apoyando los secretos de la bestia. Pero eso de que "quería conocerla" era la parte que no coincidía del todo si se trataba de un ser que tenía la mayor confianza del ser más temido de todos los tiempos. Para él no era sorpresa que Frisk se lo hubiese impedido por experiencia propia, pero que la tortuga no supiera de esa forma de ser de ella significaba que había cosas que el Gran Don no estaba dispuesto a compartir ni con él. Eran gajes del oficio mantener secretos hasta de ellos mismos, pero esa tortuga acababa de cometer un posible error al no contar que él había conocido a la señora Dreemurr.

Papyrus ya le había sugerido que podría tratarse de una trampa ese pase bancario que había tenido con ella. ¿Y si el dinero no era un simple apoyo paternal, sino la manera de sacarla de su escondite? ¿Por qué Frisk y no su esposa que también le extrañaba? Pensar en eso solo le confirmaba un par de cosas de momento: que en efecto la verdadera debilidad de esa bestia se trataba de la humana que tenían consigo...

... y que el propio Gerson estaba al tanto de eso. ¿El Gran Don sabía que Frisk tenía ese dinero siquiera? ¿Qué estaba en la ciudad buscándole? Por la forma de actuar de la tortuga, la respuesta a ambas preguntas era un posible "no" que volvía la situación con cosas a su favor.

-Humana, ese dinero no puedes utilizarlo. Así que...

-No es asunto suyo cómo utilice esto, señor. –Interrumpió Frisk con una voz cada vez más fría. En definitiva le desagradaba estar sentada a lado suyo ¿cierto? ¿Qué había pasado para que Frisk dejara de contener su desagrado hacia él? –¿Destruyeron ese lugar porque querían matar al señor tortuga?

-HUMANA, FUIMOS A SACARTE DE AHÍ ANTES DE QUE EL SEÑOR BOOM HICIERA ALGO CONTIGO. –Contestó su hermano con algo de exasperación. –ESA TORTUGA ES SOCIO DEL GRAN DON.

-Cuando dicen "Gran Don", ¿se refieren a... Asgore Dreemurr?

-Tu pregunta me indica que ahora reconoces que te dije la verdad, humana.

Comentó el jefe sin importarle que se tratara de un tema delicado, estando de brazos cruzados sin verla tan directamente. Y si Frisk tenía algo qué opinar al respecto, se lo guardó en los siguientes minutos sin borrar esa seriedad en su rostro, como si tuviera mucho por lo qué pensar y no sabía cómo acomodar todos sus pensamientos en su lugar de importancia. Limitándose en oprimir con fuerza tanto la chequera como el collar con forma de corazón, siendo ambas cosas muy significativas para ella sin necesidad de aclararlo con palabras.

-¿Gerson fue contigo y te explicó todo? –Insistió el jefe sin tacto.

-Nadie me explica nada.

-HUMANA...

-¿Flowey cómo se encuentra? –Soltó la pregunta sin ver a ninguno directamente. – ¿Ya despertó?

-No me cambies el tema, malagradecida. –Advirtió el viejo sin importarle la mala manera en que Sans lo estaba mirando ahora. Aunque supiera lo que sentía por ella, eso no quitaba su desagrado e impaciencia al respecto. –La presencia de ese sujeto es mal augurio para cualquiera. Si te entregó ese dinero, significa que algo pretende con eso... A menos claro, que seas su aliada.

-No sabía de su existencia hasta ahora, y la verdad es que no es alguien que me interese. –Contestó la chica con la misma frialdad con la que el viejo le hablaba. Si, en definitiva no se agradaban entre ellos. –Se denominó a sí mismo como un justiciero y luego me dijo que quería conversar para conocernos, pero eso no pasó.

-¿La chequera te la entregaron sin más?

-Después de la intervención del señor tortuga, me dijeron que con esto tengo acceso a un fondo de 3 billones de dólares. –Levantó levemente la chequera de cuero y la volvió a colocar rápidamente en sus piernas para seguirla oprimiendo con fuerza. –También me mencionaron de algo sobre un seguro de una vivienda de Snowdin, que supongo que se refirieron a mi hogar que explotaron...

Sans tuvo el impulso de querer desaparecer de su asiento por la culpa, pero tuvo que contenerse dada la situación presente.

-Y de ahí me mandaron a proseguir con unos datos, suponiendo que en eso me explicarían cómo usar esto, pero... no pasó a más.

-¿Es todo?

-Me equivoqué de oficina y terminé viendo una investigación delictiva sobre mi padre. –Pese a ser notorio para todos que se encontraba mal de sólo pronunciar tal cosa, se mantuvo firme sin entrar al llanto nuevamente. Ya fuera porque sentía que había llorado lo suficiente o por el simple hecho de que no le gustaba mostrarse indefensa ante los demás. –De ahí me encontré a Sans y ahora estoy con ustedes en un auto sin saber cómo procesar todo esto. Así que si tienen algo en mente de en dónde me dejarán, sólo háganlo.

Ahora comprendía porqué le había dolido tanto saber esa verdad. No se había enterado de una manera que de alguna forma hubiese agradecido, sino que había tenido que llegar a ese punto de descubrir las cosas por su cuenta, siendo un golpe de lo peor al imaginarse qué clase de investigación había tenido que ver para dar por hecho de que no se trataba de una mentira. Aun cuando le había preguntado como si hubiera alguna oportunidad de que se tratase de un posible malentendido, dejándole ser el golpe final para caer en una realidad que debía de afrontar en cualquier momento.

Pareciendo que no se necesitaba de más explicaciones salvo eso, el viejo pidió que se continuara el trayecto hasta llegar a pocas cuadras. Tal parecía que tanto Papyrus como el viejo ya habían hablado al respecto mientras él estaba arriesgando su vida, decidiendo en dónde dejarían a Frisk para no requerir de más infortunios. Pero al parar el vehículo precisamente en un establecimiento que reconoció a simple vista, se preocupó de lo que pudieran tener en mente. ¿Por qué en La Madriguera?

Oh no... ¡¿Pretendían hacerle lo mismo que le hicieron a él y a su hermano?! ¡Sobre su cadáver!

Antes de salir disparado en agarrar a Frisk y llevársela lejos de ahí nuevamente, notó que la chica que había bajado del auto sin preocuparse al respecto de lo que tenía en frente, ahora se estaba encaminando hacia una coneja que había salido corriendo en cuanto les vio llegar. A la señora de pelaje lila no le importó que se le cayera su sombrero en el acto ni que sus pechos escotados estuvieran rebotando en su prisa de llegar con la humana para abrazarla con fuerza. Frisk se le veía incómoda con ese gesto, pero no hizo nada para apartarla.

-Merci les dieux! –Exclamó la dueña del cabaret con evidente alegría de tenerla consigo. ¿Qué demonios estaba pasando? –¿Estás bien? ¿Te encuentras herida?

-No.

La señora parecía soltarle varias preguntas mientras se apartaba levemente de ella para observarla con un semblante sumamente preocupado, como toda una madre que deseaba que su retoño comiera bien en todo momento. Tenía muchas preguntas al respecto sobre cómo era que la señora Bunny conocía a Frisk y se preocupaba por ella, pero supuso que no era el momento si el resto de su familia observaba el momento con total naturalidad. Incluso la señora parecía tomar como algo esperado su presencia pese a tantos años queriendo evitarla. No tenía ningún buen recuerdo de ese lugar, después de todo. Y no requería de palabras para saber que compartía tal sentimiento con Papyrus, aunque por esa vez parecía no estar molesto con la señora. Aunque en su sugerencia pasada tampoco había sido el caso.

Consideró en calmarse si Frisk no parecía disgustada con el momento incómodo, pero en cuanto un conejo musculoso de pelaje castaño llegó corriendo hacia ellas minutos después, directo a abrazar a la humana que recién habían soltado, no pudo evitar iluminar su ojo mágico ante lo que estaba viendo. El sujeto no se la pensó en abrazar a la chica y cargarla levemente en el proceso con la misma felicidad que había mostrado la dueña del establecimiento.

-¡Cachorrita, me alegra ver que estás bien!

-¿"Cachorrita"? –Repitió Sans, pero con una sonrisa que no engañaba ni a sí mismo.

-Lamento haberte dejado sola en ese momento. –Continuó hablando el conejo sin prestar atención en nada más. –¿Cómo te encuentras? Espera ¿estuviste llor...?

-Ronnie, llévala dentro y ofrécele algo de comer. –Interrumpió la coneja sin dar lugar a más cosas. –Y quien esté disponible, que le prepare un baño caliente, por favor.

El conejo asintió en silencio y puso una mano en el hombro de la chica para direccionarla dentro del establecimiento. Sans dio un paso adelante para impedirlo, pero al ver que Frisk se había girado para verlo directamente supo que no era necesario. Sin necesidad de palabras, la florista le había comunicado por ese instante que no tenía problema en quedarse, siendo más que suficiente para detenerse por cuenta propia pese a su evidente molestia del lugar y de sus respectivos habitantes. Tal parecía que Frisk sólo quería poder descansar y consideraba ese cabaret un lugar adecuado para hacerlo, aparentemente siendo una zona conocida para ella. No podía juzgarle de querer dormir o dejar de pensar de una buena vez, era lo mismo que quería hacer él en ese instante ante un agotamiento excesivo que sus huesos le reclamaban en cada esfuerzo de seguir de pie.

En cuanto Frisk y el conejo entraron al lugar y se perdieron de su vista, la señora se giró hacia ellos con una expresión muy diferente a la que había mostrado a la chica. Sus ojos dorados estaban sobre el jefe con un enojo más que inminente.

-Está llorando. ¿Qué le hicieron?

-Corrección, estuvo llorando. –Contestó el viejo sin importarle el mal carácter de la mujer al frente.

-No se requiere de sólo lágrimas para estar triste, maldito patán. –Soltó la señora sin importarle que en cualquier momento pudiera golpearle por su expresión. –Su alma es la que está llorando, no para de gritar de tristeza.

La magia era un campo de estudio interesante que muy pocos se dedicaban a querer comprender por ideologías religiosas. Si bien cada especie particular tenía lo suyo, no se lograba comprender cuáles eran los objetivos iniciales de que fueran tan distintas las formas de manifestarla. En el caso de muchas especies mamíferas, su magia partía de algo sensorial que no los diferenciaba tanto de lo que era la misma fauna, por lo que se consideraban monstruos débiles o de muy poco rango dentro de la cadena de poder. La magia de los conejos era así de simple, poder escuchar aquello que no requiere de cuestiones verbales.

Algunos podrían considerar que los monstruos conejos eran tan sentimentales por eso, pero la señora que tenían en frente no era diferente del resto de los habitantes de la ciudad. Por lo que esa preocupación mostrada hacia Frisk no podía creérsela en cuanto no tuviera una explicación al respecto.

-¿Por qué te la llevaste de esa manera? Ni siquiera diste aviso de que vendrías o algo.

Tal reclamo fue suficiente para comprender qué pasaba. Tal parecía que el jefe había escondido a Frisk en ese preciso lugar y luego se desataron las cosas. Entonces la señora Bunny una vez más estaba accediendo a peticiones del viejo. Justo lo que le faltaba...

-Dejé en claro la otra vez que esa humana viene siendo propiedad mía, así que no requiero de "avisos" de cuándo trasladarla a otro lado.

-¡Y yo dejé en claro que no la estoy cuidando por ti! ¡Lo hago por ella!

-Pffff, es difícil creerlo. –Soltó Sans sin importarle que estuviera interrumpiendo tal conversación entre los dos señores. La coneja bajó sus orejas en el instante al comprender a qué se refería exactamente, incluso pareció abrir la boca para decir algo al respecto, mas no dijo nada con lo que defenderse. –Explíquenme porqué hay que dejar a Frisk en un lugar tan desagradable.

-Será provisional en lo que pienso en un lugar más discreto. –Contestó rápidamente el mayor de la familia esqueleto, teniendo sus brazos cruzados en su columna. –Esta zona se la encargué a Muffet. Así que no hace falta que ustedes dos tengan que estar pasando por aquí tampoco.

-¿EN VERDAD VAS A CONFIARLE A ESA ARAÑA PARTE DE NUESTRO TERRITORIO? –Le reprochó Papyrus mientras se acercaba aún más. –NI SIQUIERA TUVO LA CONSIDERACIÓN DE MANTENER A DT-00X EN NUESTRA CASA. ¡LO TUVO PASEANDO POR TODO EL BARRIO!

-Luego me explicarán con detalle eso. –La seriedad del viejo dejaba en claro que no le gustaba enterarse de eso, pero que mantendría su postura firme estando en zona pública. –Por otro lado, la tarea de estar con esa flor era de Sans y la tuya el estar conmigo. Si ninguno de los dos cumplió con su trabajo, no pueden exigirme ni demandarme más al respecto. Yo ya cumplí con mi parte, espero lo mismo de cada uno de ustedes. Ahora, me retiro a la casa.

Siendo suficiente para él, dio la espalda a todos y comenzó a caminar lentamente hasta desaparecer de la vista en menos de un pestañeo. Papyrus y Sans se miraron el uno al otro para comprender que no tenía caso seguir ahí en el exterior, por lo que en silencio se pusieron de acuerdo de retirarse también para descansar de una buena vez. No obstante, Sans se sentía en la necesidad de hacer algo más antes de permitir tanta confianza en quienes no la merecían. La señora Bunny seguía observándolos con las orejas bajas y mirada que reflejaba evidente preocupación.

-Niños, yo... Protegeré muy bien a Frisk. –Soltó la coneja tras varios segundos de incomodidad. –No se preocupen, está a salvo conmigo.

-Es difícil creerlo, considerando que ninguna alma sale inocente de tu establecimiento. –Atajó Sans sin apartar su ojo mágico sobre ella. Hacer eso le cansaba aún más de lo que ya estaba, pero no le importaba en cuanto dejara en claro su punto. –Si le das la espalda a Frisk como lo hiciste con nosotros, te mataré personalmente.

-¡Este no es un prostíbulo! –Contestó sabiendo a qué se estaba refiriendo.

-No quita el hecho de que tus hijos si lo sean.

-CALMADOS LOS DOS. –Intervino Papyrus con total calma pese a la situación. Poniendo una mano sobre su hombro para impedirle cualquier arrebato que se presentara. –SEÑORA BUNNY, NO PERMITA QUE LA HUMANA SALGA DE SNOWDIN. ESTAREMOS EN CONTACTO.

Le era extraño que su hermano menor estuviera en su papel de diplomático a como lo hacía con sus respectivos clientes. Pero estaba en lo cierto en posponer el tema si de cualquier manera no los llevaría a nada más, por lo que terminó accediendo a la señal de Papyrus y le dieron la espalda a la señora para encaminarse al auto que habían robado de algún lado. Tendrían que deshacerse de él después, pero no sería en esa noche.

Por ahora, había mucho por lo qué pensar.... Y estaba seguro de que no sería el único que no podría dormir pese al agotamiento.


...

Frisk no podía dormir por más que lo intentara tras varias horas de estar girando en su cama asignada. Aunque estuviera rodeada de conejas con las que compartía habitación y todas trataran de ser amables, se sentía sumamente sofocada con todo.

Tomando la colcha tejida dispareja que le habían prestado para cubrirse del frío, salió de la habitación con cuidado para no despertar a nadie sabiendo que estaba a altas horas de la madrugada. Su cuerpo le reclamaba por no descansar, pero su mente la estaba torturando lo suficiente para que eso no fuera posible. ¿Cómo podría volver a dormir en su vida con esa información? ¿Cómo procesar todo eso sin sentirse mal al respecto? No estaba segura de sí estaba enojada con tantas mentiras y cosas ocultas a lo largo de su vida, o si estaba triste de notar qué tan sola había sido su vida en todo ese tiempo que creyó tener algo consigo.

Quiso aferrarse a los buenos recuerdos mientras daba pasos lentos hacia la escalera que daba con el techo, haciendo un esfuerzo de pensar más en todas las veces que jugó con sus hermanos en los huertos de su padre, en todas esas veces que eran una gran familia feliz. Pero rápidamente recordaba que esos tiempos habían sido cortos en realidad. Se había quedado sin sus hermanos cuando ella tan sólo había tenido seis años, ahí había empezado su verdadera soledad al no tener manera de manifestar siquiera su propio malestar con libertad. No queriendo ser un problema para sus padres en constante conflicto a causa del dolor, quedando aún más retirada de todo al mudarse al pueblo antes de poder tener una opinión personal. Queriendo ser esa buena niña para todos sin ser una molestia, aceptando cada decisión pese a incomodarle la poca comunicación.

¿Y qué había tenido de todo eso? ¿Había valido la pena? ¿Por qué estaba pasando todo eso?

Todavía podía sentir el malestar que le había provocado llorar hasta el cansancio, pero no estaba dispuesta a seguir lamentándose al grado de volver a caer en ese estado. No cuando había cosas más importantes en las qué pensar. ¿Cuánto tiempo se quedaría con la familia Bunny? ¿Los Gaster le permitirían trasladarse a otro lado? Tenía dinero ahora para poder comprarse una casa, tal vez pondría su floristería de nuevo...

... Pero si ese dinero se lo había dado su padre, ¿era correcto usarlo si se trataba de algo posiblemente ilícito? Llegando al techo para ver el mal clima que estaba manifestándose, pensó seriamente si lo mejor habría sido cargar con esa libreta de cuero para arrojarla a lo lejos. Por lo que percibía, sería un problema a utilizar por más que pensara en ello.

-Toc, toc ¿se puede?

Frisk se giró abruptamente hacia el punto en el que había escuchado la voz, pero no fue del todo sorpresa para ella ver al esqueleto sonriente ahí, casi como si se hubiera esperado su presencia en cualquier momento. Sans estaba recargado en la pared sin importarle qué tan fría o no estuviera ante la nevada que poco a poco comenzaba a manifestarse, dejando en evidencia qué tanto frío hacía con el simple humo que soltaba entre dientes sin ser producto de algún puro como de los que frecuentaba. Por lo visto se había aparecido en ese punto hace poco y había esperado el momento preciso para dejar en evidencia su presencia.

Frisk se limitó en asentir mientras se acomodaba la colcha tejida sobre sus hombros. Tal parecía que no sólo se había acostumbrado a su constante acoso, sino a su simple presencia en su vida al haber presentido o casi esperado que Sans estuviera con ella en cuanto había decidido subirse al techo. No sabía si eso se trataba de algo bueno o no, pero de alguna manera le relajaba poder seguir hablando con él pese a todo. Aunque de alguna manera le sorprendía que él hubiese sabido que ella tarde que temprano terminaría estando ahí en lugar de protegerse adecuadamente del clima invernal dentro de la casa, o de lo contrario no se explicaría por qué estuviera él ahí.

-¿Qué haces en el frío? –Preguntó Sans mientras caminaba lentamente hacia ella. –Deberías de descansar.

-Tú también.

-No podía dormir.

-Tampoco.

La conversación había parado ahí en los siguientes minutos que se dedicaron en observar el paisaje nocturno que brindaba el barrio. No había nada qué observar con precisión fuera de la nevada, pero de alguna manera concentrarse en cada copo de nieve que paraba sobre el tejido que cubría su cuerpo fuera suficiente para organizar toda su mente llena de preguntas. Estaba más que segura de que el esqueleto a lado suyo estaba cansado al borde de quedarse dormido en cualquier momento, pero el hecho de que se estuviera aguantando para hablar todavía con ella era un gesto de lo más apreciado para ella, aun cuando se trataba de algo que no había pedido. Le apenaba que hubiese sido un espectador de un momento de debilidad suya, pero estaba segura de que no estaba ahí para juzgarle.

No obstante, no podía dejar de pensar en cada cosa que estaba descubriendo. Por más que quisiera hacerse la idea de la realidad, le era imposible pensar en algo verdaderamente malo sobre su padre. ¿Cómo creerles realmente todo si ella misma había vivido otra cosa completamente distinta? Las fotos delictivas que había visto estaban grabadas en su mente de manera que no podía borrarlas, pero ahora había algo que se le ponía en frente que tampoco mejoraba la situación.

Si era todo eso cierto, había un tema particular que estaba más cerca que le incomodaba y asustaba al mismo tiempo. La razón por la cual la familia Gaster tenía todos sus problemas a lo poco que conocía.

-Así que... ¿mi padre es quien mató a tu madre?

-Si le estás llamando padre aun con lo que sabes, será mejor que no pienses en eso por ahora. –Le contestó sin verse molesto con eso. –Ya habrá tiempo para hablar a fondo sobre eso.

-¿Aun quieres matarlo? –Preguntó sin siquiera pensarlo. No quería entrar en rodeos con eso.

-Es para lo único en lo que soy bueno, bonita.

-También eres bueno para dar abrazos. –Respondió nuevamente sin necesidad de pensar tanto en sus palabras. Hablar en ese instante le ayudaba de alguna manera en no generarse preguntas mentales que nunca le llevaban a nada. –Gracias por eso, por cierto. Y lamento que me hayas visto así.

-No es algo por lo que debas disculparte.

Sans suspiró fuertemente tras su respuesta. No sabía en qué estaba pensando seriamente, pero Frisk optó por no decir nada más hasta que el esqueleto decidiera a hablar por lo que fuera su razón de estar ahí con ella. Era evidente que estaba cansado y con frío, pero aun así estaba ahí, en el techo de una casa ajena recibiendo la nieve que lentamente caía sobre ellos.

-Sabes... en verdad quería cumplir mi palabra sobre no molestarte más en tu vida, pero me lo pusiste muy difícil cuando no me hiciste caso de irte de aquí, bonita. –Sans rompió con el silencio una vez que dejaron de aparentar concentrarse en el paisaje de enfrente. –No dejas de impresionarme nunca, incluso con tu terquedad.

-Al final si fuiste una vez más a sacarme de un lugar. –Contestó Frisk sin saber si estaba respondiendo bien a sus palabras. ¿Le había prometido no volver a verla? Había pasado tantas cosas que no recordaba ese detalle, a menos que se refiriera al hecho de querer hacer un acto aparentemente suicida como lo había descrito. –Aunque de nuevo fue una forma muy exagerada de hacerlo. Y creo que no había sido necesario siquiera.

-Bueno, no podrás negar el hecho de que las cosas las hago siempre con el impacto adecuado, jeje...

-Podrías intentar dejar de destruir lugares, al menos.

-No prometo nada.

El esqueleto había reído tenuemente, pero era evidente para ambos que no se trataba de una expresión sincera. Ninguno de los dos tenía motivos para estar sonriendo en realidad.

-Sans, hay muchas cosas que debo procesar, pero tengo muchas preguntas todavía.

-También tengo preguntas para ti, bonita. –Comentó Sans mientras metía sus manos en su saco, como si con ello pudiera obtener cierto calor. –¿Hacemos la dinámica de siempre?

-Si... Y si no hay problema, inicio yo. –Contestó con cierta prisa que no pudo ni quiso contener. –Dijiste la otra vez que fuiste a ver al "Gran Don" como lo mencionas. ¿Podrías...?

-No. –Sans le interrumpió rápidamente, pero sin borrar del todo su sonrisa cansada. –No voy a llevarte con él.

-¿Por qué?

-Además del hecho de que me quiere muerto, no le daría más motivos de querer hacerlo llevándote en persona. –Le contestó mientras se encogía de hombros sin apartar sus manos de su saco. –No pienso hacerlo, Frisk, ni siquiera por el hecho de que me lo pidas tú. No sabes si te quiere muerta también a ti.

-Pero podría dialogar con él. –Insistió pese a notar que no valía la pena intentarlo ante la firmeza del esqueleto. –Podría tratar de encontrarle algo lógico a todo esto. Yo... simplemente no puedo procesar la idea de que mi padre es un delincuente muy temido. No el hombre que me adoptó, cuidó y mantuvo aun en la distancia. No el hombre que me enseñó sobre que toda vida es valiosa desde una simple semilla hasta el más grande árbol, que toda vida tiene una gran función y por eso son importantes.

-Lamento que sean así las cosas, bonita. En verdad. –Suspiró levemente el esqueleto, mientras retomaba su vista al barrio como si con ello pudiera encontrar palabras adecuadas al momento. –Pero ese monstruo no sólo es un mafioso peligroso que infunde terror, sino que lleva siéndolo mucho antes de que tú y yo naciéramos.

-¿Por qué alguien que aprecia la vida misma sería un asesino? –Insistió nuevamente Frisk pese a que era turno de Sans lanzar una pregunta. –O más bien, ¿por qué alguien se vuelve un asesino? ¿Por qué terminar en ese camino?

-Por razones egoístas, Frisk. Así de simple. –Le contestó el esqueleto sin verla directamente. –En mi caso, yo mato para que los seres importantes en mi vida sean los que vivan. Elijo a ellos por encima de otras vidas, creo que ya te había explicado eso.

-¿Pero no te... duele? ¿O te arrepientes?

-Sé a lo que quieres llegar, bonita. Quieres comprender las acciones del Gran Don, pero no creo poder ayudarte con eso. –Las cuencas de Sans parecían querer cerrarse para no abrirlas en varias horas, pero se limitó a entrecerrarlas como si se tratase de mucha luz de los faros lo que le incomodara. –En este mundo, se mata por sobrevivir, por estar mejor posicionado, por acabar con algún tormento... sólo es egoísmo a fin de cuentas.

-Pero hay otras maneras.

-No siempre puedes toparte con más opciones. Creo que ya te había dicho eso también.

-Y me sigue pareciendo absurdo.

-No se puede hablar de coherencia cuando se trata de este oficio. –Le sonrió pese a sus respuestas y se giró para verla directamente de nuevo. –Me debes varias preguntas ahora, así que tomo mi turno... Y empiezo aceptando que no pude evitar verte en la foto de tu collar. ¿Cómo era tu trato con el monstruo jefe junior?

-¿Mmhh? –Instintivamente puso su mano en su collar para abrirlo, haciendo que la colcha se desacomodara un poco y entrara más frío en su cuerpo. –Yo no salgo en esta foto, sólo mis hermanos.

Sin esperar a nada más, se puso a contemplar la foto y dejando que Sans se acercara para verla de igual manera. Verlos tan sonrientes hacían del momento algo irónico.

-Él es Asriel. –Señaló la foto sintiéndose extraña de decir su nombre tras mucho tiempo de siquiera poder escucharlo de sus padres. –Y ella es Chara. Mamá solía decir que nos parecíamos mucho, así que entiendo tu confusión.

-Si tienes una foto de ellos contigo, debo suponer que los apreciabas demasiado.

-Si... Los extraño mucho. –Admitió la chica sin apartar su vista de la foto. –No sé qué pensarían ellos si hubieran sabido todo esto.

No quería pensar mucho en eso, pero no podía evitarlo. ¿Qué habrían pensado de la situación? ¿Habrían sabido cómo actuar? ¿Qué hacer? ¿Habrían perdonado todo o les habría lastimado tanto como lo había sido para ella? Extrañaba a sus hermanos mayores, pero ya no contaba con ellos para sentirse a salvo de lo que fuera. Estaba sola y ya era momento de que lo aceptara si ni sus padres ni Flowey podrían cubrir ese hecho. ¿La habían tratado de proteger como Ronnie le había insinuado sobre las mentiras? ¿O en definitiva no la querían? Flowey no tenía sentimientos... pero su protección constante era una manera de mostrar a su manera cariño ¿cierto? ¿Era correcto seguir pensando así de la situación?

-¿Cómo está Flowey?

-Ya despertó y sigue siendo taaaan adorable como siempre. –Contestó Sans con total paciencia pese a que debía de ser todavía su turno de preguntar. Frisk agradecía internamente que fuera comprensivo con su urgencia de muchas respuestas. –Y antes de que también preguntes, tampoco puedo llevarte con él. Esta algo delicada la situación en mi casa por ahora como arriesgarte a llevarte ahí.

-Me alegro de saber que está mejorando entonces, pero también quisiera que él me respondiera muchas cosas. –Soltó Frisk lamentándose de la negativa del esqueleto. –Él sabía todo este tiempo que vine a la ciudad para buscar a mi padre ¿por qué nunca me dijo nada de esto? En su lugar me pidió que nunca diera mi apellido.

-No quisiera justificarlo porque no lo merece, pero creo que fue lo mejor por este tiempo. –Admitió Sans mientras se encogía de hombros. –Dreemurr no sólo es un apellido de monstruo, sino que el Gran Don es el único que lo tiene por lo que parece.

-Lo que me lleva a descubrir que tan solo tenía que haberte respondido cuando me preguntaste mi apellido para saber esto.

-¿Y me habrías creído si te lo hubiera dicho?

-No...

Ambos se quedaron callados sin saber qué más decir. Frisk no había pensado en ese punto, pero era cierto que si Sans le hubiera dicho hace tiempo sobre la verdadera identidad de su padre, simplemente no le habría creído y se habría ahorrado posibles malestares que le involucraban en cosas sin sentido. Tal vez sus problemas recientes no habrían pasado, conservando a Flowey consigo o la misma floristería con su departamento... o tal vez no y todo habría empeorado. Era difícil saber con exactitud qué habría pasado realmente y ya no valía la pena pensar en ello. Lo hecho, hecho estaba.

-Mi turno otra vez. ¿Cómo era tu convivencia con tus hermanos? –Preguntó Sans volviendo a ver la foto.

-Eran muy sobreprotectores, sobre todo Asriel... supongo que en su papel de hermano mayor. –Recordó Frisk con cierta nostalgia, pero terminó cerrando el catalejo con la misma mano con el que lo sostenía. Ya había visto suficiente y no quería seguir sintiéndose mal sin saber qué hacer. –Y ya que admitiste ver la fotografía de mi collar, yo admito que vi fotos de tu madre. Heredaste su sonrisa.

-¿Cómo es que viste fotos de mi madre? –Se extrañó Sans por primera vez. –El viejo las tiene todas resguardadas. Ni siquiera nos permite a Papyrus y a mí tenerlas.

-La señora Bonnie tiene algunas que su esposo les tomó. –Contó mientras se reacomodaba la colcha que se sentía más pesada por la nieve. Incluso su cabello lo estaba sintiendo húmedo. –Me contó que fue una de las mejores amigas de tu madre.

Sans no comentó nada más sobre eso, pero le fue evidente que le molestaba esa situación. Frisk tenía curiosidad al respecto, pero prefirió no indagar en ese tema en cuanto no supiera cómo solucionar lo suyo personalmente. La verdad sobre su padre era más aplastante que cualquier curiosidad que tuviera sobre los seres que le rodeaban. Y aquello le incomodaba aún más ahora que le pensaba. ¿Su madre sabía que cosas así pasarían? ¿Conocía la verdad de su padre y nunca tuvo intenciones de aclararle el peligro que era intentar buscarlo? ¿Por qué nunca le dijo nada al respecto? ¿Por qué nadie se dignó en aclararle qué estaba pasando con su familia? Se sentía como una completa tonta ahora y ni siquiera podía expresarlo a qué grado lo estaba realmente sin saber qué tanto estaba ignorando todavía.

Y lo peor del caso era que, pensando en su madre y en la de Sans, recordó la verdadera razón por la cual el esqueleto la había abandonado en la estación del tren. La razón por la cual le había dolido saber de quién se trataba cuando mencionaban "Gran Don" con tanto desprecio.

-Esa vez dijiste "Ojo por ojo". –Citó mientras pensaba abiertamente en el tema. –¿Piensas matar... a la esposa de Asgore Dreemurr?

-Pensaba. –Aclaró Sans rápidamente mientras retomaba su sonrisa cansada. –Debo reconocer que esa fue mi intención en un principio, pero conocerla fue más que suficiente para saber que no serviría de nada.

-¿Fuiste con ella? –Se alteró de inmediato de saber eso. Incluso se le cayó la colcha tejida que había estado sujetando en sus hombros al girarse hacia el esqueleto y no le importó sentir frío rápidamente. –¿Fuiste con mi madre?

-No la maté si es lo que te preguntas a fondo. –Interrumpió Sans con cierta paciencia. –Y tampoco pienso hacerlo después si también te lo estás preguntando.

Frisk agradecía ambas cosas, pero le era extraño que supiera tanto al grado de dar con la casa en la que había vivido. Su constante acoso ya era excesivo ¿cierto? ¿Debía de preocuparse por eso? Como si pudiera leerle la mente, el esqueleto suspiró antes de seguir hablando.

-Puede que esté cometiendo un error en perdonarle la vida, pero pensé en ti antes de siquiera proceder. –Admitió Sans sin verle a ella, ignorando su expresión atónita de que hubiera ido al pueblo donde vivía ¿En qué momento había ido allá? ¿Cómo había dado con la casa? ¿Con su madre? –Esa mujer te mintió sobre tu verdadera identidad y debería de pagar por eso, pero esa es más tu decisión que mía. El que también la estés llamando "madre", aun con lo que acabas de descubrir, me lo confirma aún más.

-Gracias por entenderlo, supongo.

Si Sans tenía algo más que decir sobre su madre, se lo guardó para sí mismo y actuó como si le fuera más importante levantar la colcha tejida para acomodarla sobre sus hombros y cubrirla del frío, no sin antes sacudirla de la nieve que ya tenía consigo. Frisk quiso agradecerle por su consideración selectiva y también por ese gesto, pero las palabras no le salieron al percatarse de que era lo mismo que hacía con ella cuando ponía uno de sus sacos sobre sus hombros.

No había pensado mucho sobre eso antes, pero tras varios días de no saber nada de él, ahora se daba cuenta de algo. Le era agradable que tuviera ese gesto con ella.

-Sans, te extrañé.

El esqueleto quedó paralizado al mismo tiempo que sus cuencas se oscurecieron por completo, sin soltar la colcha pese a haber terminado de colocársela adecuadamente para que no se le cayera de nuevo. ¿Habían sido malas sus palabras?

-¿Sans?

El esqueleto no parecía tener intención de contestarle, en su lugar levantó toda la colcha que aun sujetaba y cubrió toda su cara para que no viera más la expresión del esqueleto. ¿Por qué se estaba comportando así? Por un momento le pareció ver que toda la cara de Sans se había puesto de un azul muy particular, pero no pudo comprobar si no había sido imaginación suya dado que ahora toda su cara estaba cubierta con la prenda tejida y cada vez más húmeda por la nieve. Notaba que estaba presa dado que no podía quitárselo al sentir que tenía los brazos de Sans rodeándole para impedírselo. ¿Le estaba abrazando de nuevo? ¿Por qué se comportaba así de la nada? ¿Era realmente malo lo que le había dicho? ¿Por qué no se explicaba? ¿Por qué siempre era tan complicado?

-... baciarti.

-¿Qué? –Preguntó Frisk sin comprender qué había susurrado. ¿De nuevo había dicho algo en italiano? Creía que ese idioma sólo lo usaba con su familia quienes eran los que le entendían. –Sans...

-También te extrañé, bonita.

La voz de Sans sonaba bastante extraña. No parecía querer soltarle con toda esa prenda alrededor suyo sin poder ver nada más que la textura de lo tejido. Pero al notar que ya no estaba siendo sujetada, se apartó toda la colcha con algo de cuidado para que no cayera al suelo de nuevo y Sans ya no estaba ahí por más que le buscara alrededor.

No comprendía qué había pasado, pero aun cuando le dejara confundida con sus rarezas, estaba agradecida por haber hablado con él en esa noche. Al menos le había ayudado a despejar un poco su mente para tratar de dormir unas cuantas horas antes de que saliera el sol y tuviera que trabajar aun con el dolor emocional que tenía consigo.

Y es así como Frisk comprendió por primera vez la frase "En Snowdin, el sol no sale para nadie".


***

Primera noticia ¡Ya tengo trabajo! Muchas gracias por sus buenos deseos, me alegra que no pasara mucho para que diera con algo con lo qué seguir manteniéndome. La lista de comisiones de igual manera la sacaré pronto, al igual que un patreon en donde podrán ver cierto material que no sacaré en ningún otro lado... como por ejemplo, el comic NSWF de Undyne y Chara que ya tengo en desarrollo ;)

¡Los quiero mucho!

**inserte teorías locas aquí**

Michi fuera!

:D

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