Cap 90. La novia del esqueleto (parte 1)
Demasiada negrura en su entorno y humedad constante. Esa era la única realidad contemplativa de Arial conforme pasaban los segundos que no estaba segura de cuántos habían sido, por más que se empeñara en contarlos por mero aburrimiento. ¿Cómo contar el tiempo, cuando allá afuera habían pasado años, mientras que para ella, tan sólo había sido un instante entre cerrar de sus cuencas?
No teniendo mucho por hacer tras su aparente encierro fuera de toda capacidad mágica, sin contar que le habían encadenado sus manos desde sus orificios para que no volviera a intentar escaparse y teniéndolos tras su columna, se dedicaba a observar el techo que bien le vendría una buena limpieza. Interpretando algunas manchas con formas graciosas, pero también queriendo cantar de vez en cuando para no olvidar el propio sonido de su voz. Dejando que el eco del lugar por lo menos le hiciera sentirse acompañada, ya que por alguna razón no la habían vuelto a poner a dormir en esos extraños contenedores de cristal.
Pero escuchar su propia voz entre tarareos, le hacía darse cuenta de que no solo estaba olvidando la voz de sus pequeños hijos, sino que por todos los años que le habían apartado de ellos, indudablemente tendrían nuevas voces que definitivamente no podía ni imaginarse de cómo serían, al igual que sus rostros infantes que ahora debían de ser unas de una adultez que se había perdido. Sin duda alguna serían tan apuestos y encantadores como su padre, ¿pero qué más de eso? Sans tenía talento musical como ella, ¿se estaría dedicando a eso? ¿Papyrus habría logrado ser policía como le decía entre juegos? ¿Ya tendrían esposas? ¿Con muchos hijos? ¿Wingdings estaría disfrutando del sueño de ser abuelo, aun cuando ella no estuviese a su lado? Levantó la mirada nuevamente para ver las manchas, imaginándose cada detalle a través de eso, como si pudiera ser suficiente para contemplar un mejor panorama que el estar encerrada en un aparente sótano siniestro, donde tal vez nadie sabría de su existencia hasta que se volviera polvo un día de estos.
Debería de poder estar feliz en que al menos su familia pudiera estar a salvo en donde sea que estuvieran. Deseando que pudieran hacer sus respectivas vidas tras los percances, y sin lugar a dudas que alcanzaran la felicidad tras todos los años que habían pasado desde su ausencia. Pero internamente, sabía que pensar en todo eso le dolía por estarse perdiendo cada uno de esos detalles que daría lo que fuera por haberlos pasado con ellos. Y además...
"Su esposo fue quien mató a mi padre".
Estaba ese detalle.
Aquello realmente no le decía mucho por más que lo pensara, considerando que había muchas razones por la cual habría terminado haciendo tal cosa. Pero sea cual sea la razón de su acción, le preocupaba que su esposo tuviese que llegar a hacerlo. ¿Qué habría pasado para que tuviera que volver a mancharse las manos? Se suponía que habían huido de Italia con tal de hacer una nueva vida. Con tal de que su nueva familia juntos tuvieran un nuevo origen. ¿Qué estaría pasando? ¿Sus hijos estarían bien?
Toda incógnita, así como su propio canto, tuvo que ser silenciado en cuanto escuchó las enormes pisadas acercándose. Sabiendo de quién se trataba tras ver la leve silueta que se formaba ante ella con la poca vista que tenía tras haberse acostumbrado a la oscuridad. Y no pasó mucho tiempo para que el monstruo se percatara de ese detalle, prendiendo la luz en la habitación sin aviso previo. Haciendo que la esqueleto bajara la mirada ante la molestia repentina.
-¡Howdy! ¿Lista para desayunar? –Escuchó que mencionó el monstruo jefe, con una gracia que únicamente él habría de apreciar. –Esta vez tendrá el honor de que sea yo quien le alimente.
No contestó y tampoco quería verlo. Pero lo cierto era que sí tenía hambre, aun cuando era obvio que no era prudente ingerir lo que sea que le brindara ese monstruo directamente. Así que se tuvo que dignar en levantar la mirada para ver mejor al monstruo que estaba colocando una manta sobre el suelo, colocando con cuidado una canasta que aparentemente tenía todos los alimentos preparados para colocarlos como si de un extraño picnic se tratara todo. Incluso había colocado un bonito florero con un arreglo floral que debía de admitir que era muy bonito, antes de sentarse ante ella y siendo un contraste bastante considerable de altura y tamaño entre ellos.
-Espero que le guste lo dulce, señora Gaster. –Comentó Don Dreemurr tras servir ambos platos con lo que parecía unos hot cakes que olían muy bien si debía de admitir. –Es mi especialidad con arándanos y chocolate blanco.
-Quisiera ser capaz de poder sostener mi propio tenedor, si no es molestia. –Respondió en cuanto vio que le daría en la boca cual avioncito para niños.
-Tras su intento de escape que me generó ciertos problemas, entenderá por qué no permitiré tal cosa. –Comentó con una sonrisa galante que dejó entrever sus afilados colmillos. –Diga aahhh...
La esqueleto no dijo nada, pero sí separó sus dientes para permitir tal bocado de una buena vez, admitiendo en sus adentros que realmente estaba delicioso. Y aunque sabía que no era nada prudente aceptarlo, también comprendía que no tenía otras alternativas para tratar de negarse en primer lugar. Si el monstruo quería verse amable ante lo que fuera a venir después, prefería que fuese un asunto por tratar con calma que con innecesaria hostilidad. Y también, si aquello resultaba su última comida, podría irse satisfecha de que de igual forma, podía asegurarse de que al menos su familia estaba a salvo dentro de lo poco que sabía. Y mucho más si había logrado que su amiga huyera de tal lugar tras tantos años encerrada en ese sitio aparentemente.
A su perspectiva, podría considerarse triunfante con un sabor dulce.
-Creí que desayunaba con la joven anfibia o algo así. –Comentó Arial tras pasar su segundo bocado. –¿Acaso vino porque se siente solo?
-Mandé a mi pupilo a descansar fuera de aquí tras el infortunio que ocurrió con usted. Y en realidad vine a encargarme personalmente de alimentarla simplemente porque usted me divierte, señora Gaster. –Respondió sin siquiera importarle que tratara con torpeza de molestarlo. De cualquier forma había sido un intento muy burdo de su parte. –¿Y bien? ¿De qué le gustaría que habláramos mientras desayunamos? ¿Quisiera saber algo de su familia tras todos estos años?
-No a través de usted.
-Jajajajajaja, ¿cree que le daría mentiras? –Mantuvo en suspenso el siguiente bocado que le daria tras la risa que le había dado su comentario. –No le haré cambiar de opinión, pero aun así puede preguntar lo que quiera sin represalias de mi parte. Respeto mucho la hora del desayuno.
Arial no tenía ni idea de a qué quería jugar el monstruo, pero algo que podría ser un hecho, era que podría obtener información de qué sería lo que más le atormentaría si preguntaba algo directamente sobre su familia. Aunque en verdad quisiera saber algo al respecto, no se atrevería siquiera a mencionarlo por el bien de ellos y por el bien de su propia cordura también.
-En realidad solo hay una cosa que quisiera preguntarle. –Mencionó tras acabarse otro bocado que le había brindado. –¿Por qué nosotras tres?
-Mmmm, se enteró de lo que se hace aquí, ¿no? –Ni siquiera parecía inquietarle ese hecho, sino todo lo contrario. –Es muy simple en realidad. Se podría decir que soy un fan de las tres cantantes que escuché aquella vez que visité un bar. Por separado eran magníficas, pero juntas eran indudablemente sublimes. Me encantaría poder volver a escucharlas.
La esqueleto dejó de permitir que le diera más bocados tras escuchar eso. Solo había sido una vez la que se habían atrevido a cantar en un bar, ocultándose de sus esposos y obtener dinero con ello cual trabajo soñado. Una vez que se había convertido en la única tras la idea alocada que le había dado a Lyra tras eso... Y siendo el resultado de perder a la menor de las tres tras haber sido atrapada por unos mafiosos en su peligrosa movida.
Ahora podía entender por qué Lyra le había dicho que todo esto era su culpa. No se habría sabido nada de ellas, si no fuera por ese momento. Pero no estaba para lamentos de algo incorregible.
-Una esqueleto cuya vista no permite que cualquier detalle se le pueda escapar en todo el sentido de la palabra. Una sirena cuya voz es su arma más mortal. Y una coneja cuyo oído anticipa todo intento. –Enumeró como si hubiese llevado mucho tiempo pensando en cada uno de esos detalles. –Las tres en conjunto con esas habilidades, pasiones, corajes e instintos de protección... las hace la opción perfecta para ser una sola. Una cazadora perfecta.
-No es halagador para una dama ser considerada de esa manera.
-Soy quien más valora el potencial del género femenino. Es una pena que el resto del mundo no lo vea igual.
Tras lo dicho, insistió nuevamente en querer darle de comer en la boca sin siquiera preguntar su opinión de si quería más o no. A lo cual Arial pensó que tal vez su razón de tenerla bien alimentada era precisamente para ser un "producto de calidad" para aquello que planeaba hacer con ella y con sus dos mejores amigas. Las cuales deseaba con todo su corazón que nunca dieran con ellas.
-Sé que está haciendo un esfuerzo en no preguntar nada de su familia, y debo decir que es muy sensato de su parte. –Continuó el monstruo jefe tras darle el bocado y acto seguido a servirse té con cuidado. –Pero como le dije, usted me entretiene. Así que atrévase a hacer más preguntas, o yo hablaré por nomás.
-No, gracias. Estoy satisfecha.
-¿Tanto teme descubrir al despiadado asesino que se ha vuelto su esposo? ¿O quizás... en lo que también se han convertido sus hijos?
Arial le observó directamente a los ojos. Queriendo ver más allá de esos faros dorados que pretendían burlarse de ella con sus aparentes reacciones a modo de tortura. En efecto, estaba contemplando a un hombre despiadado que sólo se divertía a su retorcida manera, que podría matarla en el instante que le diera el simple placer de hacerlo. Pero también, a un hombre que no pretendía mentirle en ningún momento por más que aparentara lo contrario. Podía verlo con demasiada claridad a través de las ventanas del alma, que cualquier otro habría tenido miedo... y ella no era la excepción. Pero desafortunadamente para el monstruo, ella sabía como funcionaban los métodos de tortura y no ceder ante ellos por el bien de una causa. Y no había causa más grande para ella, que el amor a su familia.
Y sabía que para Wingdings era lo mismo sin importar el tiempo. Así que, sea lo que sea que estaba ocurriendo, ella no sería el eslabón débil de la familia Gaster. Aunque fuese un hecho que la daban por muerta, lucharía por ellos desde donde estaba, encadenada y privada de muchas cosas, pero no de sus sentimientos por ellos.
-Mi esposo le está ocasionando un problema, ¿cierto? –Esbozó una sonrisa tranquila, sin necesidad de una respuesta de su parte. –Le dije que la batalla que sea que esté tratando de tener con él, la tiene perdida por el simple hecho de haberse metido con él.
-¡Oh! ¿A esa conclusión llegó con esto? ¿A que quiero tratar de obtener algo de su familia? –Concluyó demasiado rápido. Ahora fue el monstruo jefe que sonrió, terminando en una carcajada que lamentablemente para ella, era sincera. –Insisto en que usted es una joya de mujer, señora Gaster, pero está equivocada si cree que tengo intenciones ocultas. Solo he querido hablar con alguien de mi edad, es todo. Me rodean muchos jóvenes que creen saberlo todo, o viejos que creen saber más que yo. En ocasiones se vuelven un fastidio ambas perspectivas que tratan de considerarme un tonto.
-¿Se siente solo? –Se atrevió a preguntar.
-A veces. –Respondió tan rápido, que le sorprendió a la esqueleto tal sinceridad. –Pero soy dueño de mis propias decisiones después de todo. No hay razón para lamentos.
-¿Y usted cree que vale la pena? No entiendo qué es exactamente lo que intenta hacer con todo esto, pero me parece que el precio a pagar no es nada alentador, ni siquiera para usted.
-¿Se compadece de mí? –Le sonrió con picardía que sólo le hizo sentirse incómoda. –Que adorable es usted... pero descuide. Nunca me importó el precio y sacrificio a dar, cuando la recompensa es mucho mayor. Y ya que hablamos de mí, ahora cuénteme algo sobre usted. Por lo que noté en su primogénito, he de suponer que ahí está su ojo mágico faltante, ¿cierto?
Escuchar eso le atemorizó más de lo que podía fingir no saber nada, sabiendo de inmediato que el monstruo jefe finalmente había dado con algo por usar a su favor. Si ya conocía a Sans, si ya había visto su ojo mágico activo... oh no... "No entres en pánico, Arial, no entres en pánico". Se repitió una y otra vez en su mente, pero tampoco podía dejar de pensar en terribles posibilidades que se hubiesen presentado para que le conociera en la forma más expuesta que podría dar un esqueleto. Teniendo sus manos tras su columna, acariciando sus dedos como podía y teniendo siempre presente la ausencia de uno de ellos, siendo que la razón estaba ante ella.
Sans... su pequeño Sans. Un niño que había luchado por su vida desde su nacimiento, aun cuando nunca lo supiera. Un niño talentoso que deseaba llegar a su ritmo en el piano. ¿Cómo estaría en este momento? ¿Le... habrá hecho algún daño?
-Cuando dejó escapar a su amiga, dijo justamente algo sobre ceder su ojo por amor. –Le mencionó, como si fuese necesario recordarle su torpeza del momento. –Dígame, ¿qué le pasaría si cediera el otro? ¿Aún tendría sus habilidades mágicas consigo?
-No, pero reafirmo que lo que sea que quiera estando contra mi familia, ha perdido de antemano. –Se limitó en responder, no queriendo pensar en nada más y desviando el tema por su propio bienestar. –Estuve en una guerra.. Estuve en el campo de batalla arriesgando mi vida por quienes no les importaba la mía. Pero arriesgar mi vida tuvo un significado muy diferente desde que conocí a Wingdings y no ha cambiado en absoluto, así que, sea lo que sea que pretenda...
-Es curioso que mencione la guerra, porque eso es justamente lo que pretendo, señora. –Sin darle tiempo a más, le introdujo el restante de su plato para que terminara de comerlo de una buena vez. Ahogándole un poco la cantidad repentina, pero teniendo que hacer un esfuerzo. –Una verdadera Gran Guerra.
Mientras trataba de masticar para pasarse el enorme bocado que le había tocado, el monstruo jefe comenzó a servirle un vaso de leche ante ella. A lo cual le ofreció y ayudó a tomarle con cuidado, riéndose de la situación ante algo que sólo él podría comprender.
-Y sobre su cuestionamiento sobre qué pretendo con su familia, es bastante simple: también me entretienen. –Mencionó sin darle oportunidad de protestar algo al respecto, siendo muy seguramente la razón por la cual le había llenado los dientes en el instante. –Sé como piensa su esposo, tal vez mucho más de lo que pueda saber usted. Y por eso sé que ni siquiera tengo que mandar a buscarlo, porque él llegará a mí en cuanto crea que tiene una oportunidad.
Nuevamente, y con horror, pudo ver en sus ojos que estaba hablando con total sinceridad. No sabía muchas cosas desde donde estaba y tras tanto tiempo transcurrido, pero algo le decía que Wingdings estaba cautivo en una trampa que seguramente él mismo era consciente de estar en ella, mas no importarle por el simple hecho de molestarle. Oh, no... Estaba apelando a su lado impulsivo, ¿no es así?
Por favor, que sus hijos no resultaran iguales.
...
-¿Listo, Paps?
-REALMENTE NO.
-Bien, ese es el espíritu.
El menor de los esqueletos refunfuñó con el sarcástico optimismo fuera de lugar de su hermano, que ya estaba irritándole en el trayecto desde casa pese a lo corto que había sido. Si bien era consciente de que estaban ante un asunto que no podían posponer más, no le causaba ninguna gracia tener que afrontarlo desde que lo habían planificado en familia. Al menos le habría gustado tener que hacerlo solo para pasar la menor vergüenza posible, pero por alguna razón, el jefe consideró que era una buena idea que el burlón de Sans fuese la mejor opción para acompañarle en esta misión particular.
-De ambos, soy quien tiene experiencia, hermanito. –Se excusó cuando expresó su inconformidad de que fuese él quien le acompañara.
-SOLO LLEVAS UN PAR DE DÍAS, IDIOTA. ESO NO TE HACE EXPERTO EN NADA.
-Sigo siendo más avanzado que tú, así que hazme caso. –Sans le sonrió con confianza, aun con la incomodidad de estar ocultos entre arbustos. –Haremos que esa chica vuelva a estar enamorada de ti.
Papyrus se sintió incómodo con eso. No, no era lo que quería, pero por el bien de la misión y de su familia, debía mantener tal postura hasta descubrir a fondo el misterio que tenía consigo la familia Temmie y cómo usarlo a su favor. Por lo mismo estaban ocultos entre los arbustos del gran jardín que rodeaba la mansión de la líder sindical de los monstruos, esperando una oportunidad para encontrarse a solas con la hija de larga cabellera. La cual para cierta sorpresa y suerte, estuvo a la vista muy pronto para sentarse junto a la estatua de su padre difunto, bordando tranquilamente algo que no se alcanzaba a ver a simple vista. Aunque si debía de admitirlo, Papyrus habría preferido no toparse con ella así sin más.
No le parecía correcto jugar con los sentimientos de una mujer. Principalmente con una que se había abierto emocionalmente con él con una admiración que, sí debía reconocerlo, le había gustado. Al menos había sido un consuelo que le había ayudado en su momento a sobrellevar el ruido interno que todavía no lograba disipar. Pero no siendo algo mutuo, le parecía injusto de su propia parte.
-Tu prometida se ve diferente de día que de noche. –Comentó Sans en un susurro demasiado bajo para percibirlo con facilidad. Pero en cuanto vio que no había respuesta de su parte, lo tomó del hombro a modo de consuelo innecesario. –Oye, si ella es importante para ti, haré que esté fuera de peligro dentro de mis posibilidades.
-NO ES IMPORTANTE PARA MI COMO TÚ CREES, SANS. –Aclaró al saber lo que estaba insinuándole. –ES... COMPLICADO.
-Entiendo. –Sorpresivamente, soltó Sans tras varios segundos pensativo. –Una parte de ti no quiere darle forma a lo que sea esta mujer en tu vida, ¿no es así? Estás en negación.
-NO SOY COMO TÚ. MI CASO ES DIFERENTE POR...
Ni siquiera terminó su oración al no poder darle estructura, ni mucho menos pronunciar un nombre sin generar un conflicto mayor. A su perspectiva, su hermano era un idiota que había corrido con suerte, en cambio él, era alguien que ya se había enamorado antes y que sí tuvo que dejar ir a la chica por el bienestar de todos. Una mujer que ahora estaba en contra de él y de su familia con justificadas razones, que tenía todo el derecho de odiarlos y aun así... se preocupaba de las decisiones que parecía estar tomando recientemente, en donde sea que estuviera ahora. Habría preferido tener que afrontarla con su sueño cumplido, siendo que al menos podría tener la satisfacción de no haberse equivocado de chica con aspiraciones e ideales que le habían fascinado. No con lo que había tenido hace poco, a una aparente delincuente llena de rencor que no le importaba más las reglas. Incluso dispuesta a matar a quien se entrometiera en su camino y siendo un cambio radical a lo que había conocido.
Terminó suspirando con resignación, manteniéndose en silencio al no querer seguir hablando más al respecto. Tal vez Sans no estaba tan equivocado como creía. No quería aceptar que la sombra de un amor inocente le impedía avanzar en algo nuevo. ¿Y cómo no hacerlo? La había lastimado al no haberle ayudado a salvar a su padre por intereses de su familia, jurándole que siempre le daría batalla y que no se contendría por tratarse de una mujer. Y tener que engañar ahora a Tammy para un bien mayor para la familia, no se sentía para nada diferente si el objetivo era perjudicar a su madre a la que le tenía demasiada confianza y respeto, por más que le incomodara las decisiones que tomaba por ella.
Estaba en las mismas, y ni siquiera sabía cómo frenarlo si al fin y al cabo, estaba eligiendo a su familia por encima de todo. Una familia que parecía brindar un brillo de esperanza de poder mejorar las cosas entre ellos finalmente, por lo que no le daría la columna a eso. Así que, con paso decidido al no querer darle oportunidad a Sans de seguir fastidiando, se encaminó hacia el punto donde estaba la chica bordando tranquilamente en lo que parecía un ambiente pacífico. Y parecía que su altura había resaltado demasiado en cuanto se acercó un poco, porque la mamífera alzó la vista en cuanto notó su sombra, dejando demasiado claro la sorpresa y miedo de su rostro. Levantándose de golpe y dispuesta a correr hacia el otro extremo lo mayor posible que le permitieran sus cortas patas.
Bien, tal vez había sido malo de su parte quererlo afrontar de frente inmediatamente, en lugar de algo sutil primero como una flor, tal y como le había indicado Sans para medir terreno primero. ¿Quién diría que el bobo de su hermano tal vez si sabía de lo que hablaba?
-TAMMY, ESPERA. –Comentó mientras la seguía sin ninguna dificultad, pero al ver que podría alejarse demasiado del punto favorable, tuvo que tomar una decisión precipitada. –LO SIENTO.
Usando su magia, la detuvo desde su alma para que no pudiera dar un paso más sin complicaciones. A lo cual la chica no insistió más tras darse cuenta, pero no quiso girarse para verle de frente, muy seguramente por el sollozo que le pareció percibir en el instante. Aquello le hizo detenerse también a él, sin saber qué decir al igual como le había pasado cada vez que había tratado de hablarle por teléfono y quedando únicamente en intento.
-YO... LO SIENTO POR NO HABERTE LLAMADO ESTOS DÍAS. –Comenzó a excusarse con tal de romper la incomodidad. –Y POR HABERME IDO SIN AVISAR O DESPEDIRME.
Tammy seguía sin girarse, pero por el movimiento de sus orejas puntiagudas supo que por lo menos si le estaba escuchando.
-SÉ QUE TIENES MUCHAS RAZONES PARA ESTAR MOLESTA CONMIGO, PERO...
-¿Molesta contigo? ¡No! –La chica se giró inmediatamente con sorpresa, ondeando su larga cabellera azabache. Pero al darse cuenta de su propia impulsividad, rápidamente su rostro se puso colorado y procuró taparse lo mayor posible con su cabello suelto. –Y-yo... creí que tú eras el que estaba molesto conmigo, hoi.
-¿QUÉ?
-Yo... f-fui a tu habitación. –Su voz se escuchaba cada vez más baja por la pena. –Yo fui quien te... Lo siento. No debí forzarte a nada.
Papyrus ahora sí que se había quedado sin palabras. ¿Todo este tiempo había creído que él se había molestado y por ello se había desaparecido sin más? Sumándole que no se había comunicado tras eso, tenía sentido que concluyera tal cosa, haciéndole sentir como un completo tonto al incluso dejarse llevar por los comentarios invasivos de Muffet o los conspiranoicos del jefe para tomar otra clase de decisiones.
Tammy todo este tiempo se había sentido mal por su propia torpeza y cobardía de no contactarla para una aclaración, pero aun así, portaba el costoso anillo de compromiso que había sido obligado a entregarle. Ella pese a todo seguía pensando en él, teniéndolo presente de alguna manera, ¿cierto? No pudo evitar contener una mirada de tristeza ante lo obvio. Al diablo lo que Sans, Muffet y el jefe le habían aconsejado. Haría las cosas a su manera.
-NUEVAMENTE LO SIENTO, HE SIDO UN TONTO CONTIGO. –Se agachó para estar a su altura, teniendo una rodilla hincada mientras sacaba su pañuelo de tela del bolsillo para brindárselo. –¿TE HE HECHO LLORAR MUCHO?
Extrañamente, parecía que su gesto había hecho que la chica se sonrojara todavía más. Sin emitir palabra alguna, pero aceptando el pañuelo para taparse la cara con él.
...
Aunque supiera de alguna manera que la boda se trataba de una aparente falsedad no confirmada, Frisk tenía que admitir que tenía cierta curiosidad de cómo era realmente una al ser esta su primera vez presenciando directamente un evento así. En el pueblo, le había tocado observar en la lejanía tales festividades donde los invitados parecían disfrutar de convivir los unos con los otros, pareciendo que el pueblo entero había sido invitado dada la cantidad de seres que podía contemplar, pero su madre nunca había querido asistir a esa clase de cosas y por consiguiente ella nunca había tenido tal oportunidad sino hasta ahora. Siéndole de una manera curiosa que mientras una madre no le había permitido asistir a una, otra madre le invitara directamente a otra. La vida daba unos giros muy extraños.
Se había puesto el mismo vestido con el que había tenido su primera cita con Sans, siendo el único que tenía para algo relativamente formal-festivo, y dejado que las conejas entusiastas la maquillaran una vez más al, una vez más, no tener ni idea de cómo hacerlo por su cuenta. Pero antes de todo ello, se había levantado temprano para guardar las pocas cosas que tenía como propiedad en el auto, teniendo todo listo a la mano sin retrasos para cumplir con su palabra con Don Gaster. Teniendo que hablar con toda la familia mientras desayunaban sobre su decisión, a su vez que les agradecía infinitamente por el apoyo y cuidado que habían tenido con ella en todo ese tiempo. La señora Bunny le habría abrazado diciendo que no había tenido ningún problema en "acoger a alguien tan adorable", pero por alguna razón sentía que Ronnie no opinaba lo mismo. Notando su mirada desde el otro lado de la mesa sin decir nada al respecto.
Si bien podría atribuir su comportamiento a un aparente nerviosismo previo a la boda (razón por la cual Shyren no estaba presente por algo que parecía ser una tradición no verse antes de la ceremonia), estaba segura de que la razón era por la última conversación que habían tenido. ¿Acaso era la única que notaba que los novios eran quienes no querían realmente tal boda? Tristemente parecía que era el caso, pero aún más, que el mismo Ronnie no le gustara ser descubierto de alguna manera. Porque por más que le quisiera negarlo, con más razón Frisk estaba segura de estar en buen camino.
Así que en cuanto la señora de la casa le pidió que le llevara la flor a Ronnie que llevaría en su traje, mientras buscaba a su hermana que trabajaba en el motel de al lado, aprovechó para intentar hablar a solas con él antes de que la situación se tensara cada vez más. Aunque parecía que no había sido la única que había pensado en eso.
-¿Cómo sigues? –Se adelantó Ronnie, mientras le observaba colocarle la flor que haría juego con el ramo de flores de Shyren. Frisk se quedó mirándole con seriedad, en espera de más información. –No hemos podido acercarnos a ti por lo que nos pediste, al igual que la arácnida, pero...
-Oh. –Finalmente entendió a lo que se refería. –Estoy bien.
-Definitivamente mentir no es lo tuyo. –Parecía que quería sentir simpatía del momento, pero no estaba funcionando. –Es difícil escuchar con claridad tu alma, pero hay momentos breves donde podemos percibir con intensidad tu emoción por ver al esqueleto... o estar asustada ante una incertidumbre. Lo cual me hace seguir pensando que eres muy extraña, cachorrita.
-El extraño por ahora, me parece que eres tú. Forzándote a esto. –Soltó Frisk, queriendo llegar al punto de una buena vez. No sabía con cuánto tiempo contaba realmente. –Sé muy bien que desconozco muchas cosas, pero creo que deberían de intentar poder ser felices con lo que realmente quieren.
-¿Tú... cómo lo estás haciendo? –Nuevamente, Frisk se le quedó observando en espera de más datos. –Está prohibido las relaciones entre humanos y monstruos, pero así sin más, se volvieron pareja y no parece importarles las consecuencias o cómo los atacarán en cuanto otros lo sepan.
-Es porque a los únicos que debe importarle esas cosas, es a nosotros mismos. –Contestó tras dejar acomodada la flor en el bolsillo superior de su saco. –A mi nunca me ha importado que Sans se trate de un monstruo, y creo que a Sans nunca le ha importado que yo sea humana. ¿Por qué debería de importarnos las opiniones de otros cuando juntos la pasamos muy bien?
-Desearía ser valiente como tú, entonces. –Le acarició su cabello con algo de ternura, pero teniendo cuidado de no despeinarla al estar ya arreglada para su evento.
-Escucho mucho eso, pero sigue sin tener sentido para mi. ¿Por qué debería de tener miedo a lo que otros opinen de mi?
-Esa respuesta ya deberías de saberla a estas alturas, Frisk. La gente teme a lo diferente, a lo que no es normal en regla. Por lo que no dudan en destruir aquello que no va acorde a eso. Eso es lo que genera miedo.
Frisk pudo percibir su total tristeza tras la breve conversación. Sorprendiéndose por algo que tal vez pasó desapercibido hasta ahora.
-Ronnie, acaso tu amor imposible... ¿es una humana?
-No, dudo que siquiera vayas a atinarle. –Rió un poco con su comentario, pero no parecía ser de burla. –Es más complicado de lo que parece, a decir verdad.
-Pues no te entiendo. Si se trata de una monstruo como tú. ¿De qué los juzgarían? –Escuchó de nuevo la risa del conejo, pero no su opinión que pudiera aclararle las cosas. –¿Y por qué Shyren te sigue el juego en esto?
-De hecho, soy yo quien tomó esta decisión para poder protegerla. Es una mujer en sus treintas que nunca ha tenido pareja... porque simplemente no le interesa... esas cosas. –Movió demasiado sus manos y orejas, como si con ello pudiera explicarse mejor de lo que hacían sus palabras a medias. Claramente, no fue el caso. –La quiero mucho y deseo que tenga una buena vida sin tener que fingir quien es con otros, así que le brindaré lo que pueda para que siga manteniéndose así.
-No creo que un matrimonio falso ayude a eso, pero supongo que es cosa de ustedes. –Se encogió de hombros al entender que el conejo simplemente no le diría más allá de eso. Si se trataba de un secreto muy particular entre ellos, no se entrometería más. –Tu familia solo quiere que ustedes sean felices, y lo han querido desde antes de que dieran la noticia. Por lo que...
-Disculpen, pero ¿han visto a Leonnie pasar por aquí? –La señora conejo abrió la puerta de golpe sin aviso alguno. Haciendo que ambos jóvenes se sobresalten.
-No, la tía Leo no ha pasado. –Comentó Ronnie mientras alzaba sus orejas, como si quisiera estar alerta de algo. –¿Por qué?
-Es muy extraño, si es una ermitaña que nunca se separa de su motel o de esta zona. Pero no la encuentro por ningún lado.
Frisk se mantuvo en silencio sin saber qué decir. La señora Leonnie era la hermana menor de Bonnie, la cual operaba el motel que se encontraba justamente a un lado de donde ellos estaban y se veía como la mayor por el exceso de maquillaje que se colocaba encima. Sólo un par de veces le había tocado ir a ese lugar para llevar uno que otro pedido que le habían encomendado, por lo que no tenía una verdadera perspectiva de esa señora que siempre le había tocado encontrarla en recepción, fumando un cigarrillo con demasiada calma mientras observaba el poco paisaje que podía contemplarse desde su puerta principal abierta. Tampoco conocía a profundidad el motel, pero no era de su interés particular tras la mención de algunas conejas sobre haber llevado a "sus clientes" en algunas de esas habitaciones.
-El casamentero no tarda en presentarse, pero no quisiera que iniciáramos sin estar toda la familia presente.
-Yo la buscaré. –Se ofreció Frisk de inmediato. Dando un paso al frente antes de que alguien le indicara lo contrario. –Yo ya terminé con mis pendientes.
-No, no quiero tener de nuevo problemas con el amargado de Wingdings. –La señora se cruzó de brazos, pero no había nada de molestia en ella, sino todo lo contrario. –En verdad que ha sido una sorpresa que alguien aparte de Arial haya logrado que ese tipo tenga preocupación por alguien más.
-Insisto en que puedo ayudar. Yo...
-No. Mandaré a alguien más a que me ayude.
-Pero...
Fueron interrumpidos por el sonido del timbre, el cual trajo varias voces entre el conejo que había abierto la puerta y una voz masculina más que, por las orejas alertas de ambos conejos que estaban en la habitación, había llegado el aparente casamentero que habían estado esperando. Los tres salieron del cuarto para asomarse desde las escaleras, a lo cual contemplaron a un perro alto de pelaje blanco y trajeado elegantemente, el cual sonreía amistosamente mientras conversaba casualmente con el conejo que había abierto la puerta y le dejaba pasar tras mostrar el par de libros que cargaba consigo. No tenía ni idea de para qué eran, pero parecían ser cosas esenciales para su profesión.
-Y bien, ¿quiénes son la feliz pareja que casaré hoy?
Escuchó que el can preguntó, queriéndose integrar de alguna manera al buen ambiente amistoso que rodeaba la casa. Frisk nunca había visto a un casamentero, pero le parecía que se veía muy distinto que al señor de la iglesia. El cual portaba habitualmente una túnica bastante anticuada a su perspectiva, pero que también debía de ser muy cómoda para que usara tanto ese tipo de prendas. ¿En verdad eran tan diferentes las bodas de los humanos y de los monstruos en ese caso? ¿Por qué no se podría de la misma manera si de cualquier manera el resultado era el mismo de estar casados? Y tal vez Ronnie estaba en lo cierto sobre juntarse demasiado con los Gaster últimamente, porque contemplar tantos seres trajeados en la casa le hacía sentirse rodeada de mafiosos.
Al no ser su asunto, al igual que no le habían permitido ayudar más, se dirigió a la habitación en la que estuvo durmiendo por mucho tiempo y compartiendo con demasiadas conejas. Había dejado que Flowey disfrutara lo mayor posible los rayos del sol que permitía el lugar en el que habitaban, por si el lugar en el que se mudaría ahora tendría menos oportunidades que esa.
-Te ves lindo con ese moño. –Le comentó al momento de acercarse y cargarlo de la maceta para salir pronto de la habitación. –¿Es el que te regaló Muffet?
-Si. Acabemos con todo esto de una buena vez. –Gruñó mientras movía suavemente sus pétalos que recién habían recibido algo de sol. Realmente había extrañado contemplar ese tono dorado en él. –No estoy de acuerdo con seguir en contacto con los esqueletos, pero por lo pronto, me conformaré con que nos mudaremos a un sitio con menos gente.
-Coincido con eso. –Le sonrió con un deje de complicidad, bajando las escaleras con cuidado al estar cargándolo y llevando tacones al mismo tiempo. Si bien estaba agradecida con la hospitalidad, extrañaba mucho lo que era el espacio personal y poder hacer las cosas a su manera y libertad. –Si llegan a tener un balcón, tal vez podamos recrear más flores juntos como en los viejos tiempos, ¿qué te parece?
Su amigo no dijo nada al respecto, pero Frisk sabía que no necesitaba de una respuesta de su parte al saber que sería algo le agradaría a su manera. Pese a sentirse agradecida de alguna manera con abrir su círculo social, también sentía nostalgia por aquellos tiempos donde sólo debía de preocuparse por cuidar apropiadamente cada una de las plantas que tenía en su jardín e invernadero. Pero haberse quedado únicamente en ello no le habría hecho dar con la verdad de muchas cosas de su vida. No habría descubierto sus orígenes, ni aprendido a conducir, ni probado comida nueva, conocido a los Bunny, o los Gaster... Y por muy alocado que fuese todo, le gustaba todo eso ahora. Era como si su jardín emocional se hubiese ampliado con mayores colores y formas.
Al estar pensando en eso, le hizo sobresaltar un poco la liana que Flowey había sacado de la maceta y enredado en su brazo con demasiada prisa. De alguna manera, supo que le estaba indicando que se detuviera. Y lo hizo a su vez que se recargaba en la pared para no perder el equilibrio.
-¿Flowey?
-Tenemos que irnos.
Frisk no entendía por qué su amigo estaba demasiado alerta ahora, pero por la forma que estaba observando al perro blanco que hablaba con Ronnie animadamente desde la entrada, le vino la leve sospecha de que no había sido tan descabellado pensar que muchos se veían como mafiosos en ese momento.
...
Papyrus y Tammy había vuelto a sentarse junto a la estatua del fundador del sindicato de monstruos, mas no emitieron palabra alguna durante varios minutos que parecieron eternos tras las últimas palabras que Papyrus había tenido que confesarle sobre el plan de su madre para entregar el anillo como sorpresa y sobre no sentir lo mismo por ella, aun con todo lo ocurrido entre ellos. Sabía que Sans estaba alerta desde su punto de escondite, prestando atención por cualquier imprevisto o arrebato, pero le incomodaba que tuviera que escuchar tal conversación privada. Aunque claro, no se comparaba con la incomodidad que le daba la desilusión que visiblemente podía notar en la chica junto a ella, la cual todavía tomaba el pañuelo que le había dado para que se limpiara las lágrimas.
Al considerar la paranoia de estar siendo utilizado en un plan maquiavélico de la señora Temmie, junto a su familia habían planeado que él la cortejaría para tener su confianza absoluta y ser el elemento a favor dentro de todo, en cuanto no supieran si estaban por el buen camino de sus sospechas. Pero al ver que la joven no sólo se sentía culpable por lo sucedido, sino que realmente había una ilusión breve de su parte... simplemente no pudo engañarla. Ella no tenía la culpa de todo lo acontecido. No cometería una cosa de la que él mismo sabía lo doloroso que se sentía ser utilizado como moneda de intercambio únicamente y siendo menospreciado después. Tammy era una chica muy buena. Le gustaba escucharlo, valorarlo en cada uno de sus detalles y sin duda alguna sería una compañía agradable como pareja. Pero esa era una historia que no estaban viviendo como tal.
-Está bien, yo entiendo, hoi. –Finalmente habló la chica con un tono sumamente bajo, mirando hacia abajo todavía. Aunque sus palabras dijeran una cosa, sus ojos llorosos decían otra. –El hecho de que estés siendo obligado a casarte conmigo... no implica que debas ser obligado a amarme, ¿cierto?
-TAMMY, YO...
-G-gracias por ser honesto conmigo, Pyrus. –Le interrumpió inmediatamente, tal vez por tomar algo de valor en el momento y no quería arrepentirse. –Me gustaría poder liberarte del compromiso a cambio, pero no puedo. Una vez firmado el documento, no puede romperse mientras estemos con vida, hoi. Creo que por eso tu hermano intentó matarme aquella vez.
-SI, ÉL SE DISCULPA POR ESO. –Se adelantó de alguna manera con eso. –Y NO ES POR ESO QUE ESTOY AQUÍ. NO QUIERO QUE PIENSES QUE SÓLO QUIERO ENGAÑARTE PARA QUE ACABES CON ESTO.
-Acabas de ser sincero aunque me d-doliera esto... y aun así, siendo muy amable conmigo, hoi. –Mencionó mientras nuevamente se limpiaba las lágrimas que no podía ocultar, ni con todo su cabello encimado. –¿Por qué habría de pensar que quieres engañarme ahora?
-¿TAL VEZ PORQUE SOY UN MAFIOSO?
-Si, creo que he olvidado esa parte, hoi. –Parecía querer soltar una risita tras eso, pero fallando en el proceso y arrepintiéndose en el instante por haberlo intentado. –Aun así pienso que eres grandioso, Pyrus. Desearía ser como tú.
Papyrus le sonrió en agradecimiento por sus palabras. Aunque él ya supiera lo grandioso que era, le gustaba poder escucharlo. No obstante, se sintió terrible de la connotación con la que se las decía. Y aún más cuando escuchó lo siguiente.
-¿P-puedo saber... si hay alguien más?
-LA VERDAD ES QUE TENGO OTRAS PRIORIDADES POR AHORA. PERO... SI HUBO ALGUIEN EN SU MOMENTO. Y PESE A QUE NO HUBO NADA, ME SIENTO MAL POR COMO TERMINARON LAS COSAS. –Pareció que aquello avivó su interés, porque por ese breve momento, dejó de mirar al suelo para atreverse a verle de reojo. –NO QUIERO QUE PASE LO MISMO CONTIGO, TAMMY. POR ESO PREFIERO SER HONESTO CONTIGO DESDE EL PRINCIPIO. ERES LA AMIGA QUE NO HE PODIDO HACER DESDE HACE TIEMPO. NO QUIERO PERDERTE.
-Amiga...
Susurró demasiado bajo mientras bajaba su mirada nuevamente. Contemplando el anillo de compromiso llamativo que todavía tenía puesto, teniendo un significado muy diferente para cada uno, pero siendo a lo que tarde que temprano llegarían si no se hacía algo más. Aunque hablaran de la libertad de cada uno, podía comprender que para Tammy, su libertad sería poder amar sin sentirse presionada. Pero ahora él mismo le había quitado eso, ¿cierto? Hacer lo correcto era doloroso a fin de cuentas.
Pero en lugar de escuchar más sollozos de su parte, pudo ver que ahora oprimía sus puños con fuerza, sujetando la comisura de su vestido en el proceso ante un sentimiento nunca antes visto en alguien como ella. O por lo menos, parecía que lo intentaba a su manera.
-Pyrus, ¿cuál es tu comida favorita?
-¿AH? ¿POR QUÉ QUIERES SABERLO?
-P-porque yo... quiero... una oportunidad. –Susurró nuevamente, cerrando sus ojos por la pena que reflejaba su sonrojo en aumento.
-¿QUÉ?
-S-sé que no soy p-perfecta como tú, p-pero quiero intentar... s-serlo para t-ti. –Era evidente sus ganas de querer ocultarse en su cabello o salir corriendo como dé lugar. Así que tenía que aplaudirle internamente que en verdad estuviera haciendo un esfuerzo por quedarse ahí mientras se seguía confesando. Aun cuando su cuerpo tembloroso la estaba traicionando. –Así que... aprenderé a preparar tu comida favorita, hoi. Y t-tal vez así... ¡Demostrarte que puedo ser una buena esposa para ti!
-TAMMY, NO TIENES QUE DEMOSTRARME NADA. YO...
-Sé que por la forma en la que nos conocimos, es que no tienes sentimientos hacia mí. Pero en verdad m-me g-gustas, Pyrus. –Ahora sí que la estaba contemplando con la cara roja, pero al menos se había atrevido a abrir sus ojos nuevamente. –Q-quiero que sientas que puedes ser feliz c-conmigo y no solo por obligación. Así que... en estos tres meses o menos que nos quedan... quiero demostrártelo, hoi. Así que, ¿puedes darme la oportunidad de eso?
El esqueleto se sintió incómodo con eso, y aún más sabiendo que su hermano estaba escuchando todo desde su escondite. Pero de alguna manera sentía que estaba cumpliendo con la misión y teniendo las cosas sobre la mesa al mismo tiempo. ¿Estaba bien tomarlo de esa manera? Tammy era una chica extremadamente tímida e inexperta, por lo que reconocía el esfuerzo y valor que había contenido tan sólo para seguir ahí con él tras su declaración y petición, aun con todo su titubeo y temblor en aumento que le hacía parecer un chihuahua con mucho pelo. Estaría muy mal romperle aún más sus esperanzas, ¿cierto? ¿Pero cómo si al final podría lastimarla más? Bueno, no sería su culpa si se ilusionaba más y francamente no podía culparla por haberse enamorado de él, pero se sentía muy mal por todo.
Pero qué complicadas eran las mujeres. Mientras uno quería mantenerlas a salvo, ellas abrazaban su propia condena.
-ESTÁ BIEN. –Soltó tras un par de minutos pensándolo. –PERO DE UNA VEZ TE ADVIERTO QUE TENGO ESTÁNDARES ALTOS.
Aunque la chica no se atrevió a verle directamente, esbozó una tenue sonrisa en agradecimiento. Y tras varios minutos en silencio que se volvieron incómodos, finalmente cada uno se fue en su camino sin poder verse el uno al otro al no saber cómo reaccionar tras lo aceptado. Papyrus tuvo que admitir que se había concentrado más en no desaparecer de la nada por toda la vergüenza y pena que le había dado la conversación, por lo que podía considerarlo un triunfo haber controlado su magia, fruto de su entrenamiento.
Al acercarse al punto en el que estaba su hermano, le molestó verlo con una enorme sonrisa que avecinaba una tarde llena de burlas. Así que no dudó en pasarlo de largo para alejarse de él, aun cuando era evidente que le seguiría si tenían que volver juntos.
-Je, mi hermanito el casanova.
-CÁLLATE.
...
-¿Estás seguro?
-Completamente. Es uno de los matones de élite de Asgore. –Mencionó Flowey una vez más. –Tiene varios canes a su disposición como pudiste conocer una vez en nuestra casa, pero éstos son los peores y más sádicos.
Frisk siguió caminando de un lado para otro en la habitación que habían regresado a encerrarse. Por supuesto que podía recordar a los perros que habían llegado a su negocio y destrozado todo sin importarles nada, pero también recordaba a su amigo matándolos antes y transformándose en algo que nunca había visto antes, a su vez siendo derrotado por una anfibia que por poco los mataba a todos. Y por supuesto, su hogar y negocio siendo destrozado tras todo lo ocurrido, lo cual derivó a que la señora Bunny la encontrara y la aceptara en su hogar. ¿Acaso podría repetirse todo eso? ¿Estarían buscándola a ella para tratar de llegar a Sans nuevamente?
Sans... Si se enteraba que corría peligro nuevamente, presenciaría el mismo escenario sádico ante sus ojos, o peor, una casa destrozada en búsqueda de borrar toda evidencia. Y además de no querer más muertes innecesarias, no quería que se manchara las manos por creer que tenía que salvarla todo el tiempo. ¿Qué tenía que hacer entonces? También estaba el tema de que su novio dejaba en claro no confiar en la familia conejo por situaciones de las que no han hablado, por lo que sería una razón más para que presentaran roces que podrían terminar en violencia, sin importarle lo que les dejarían o quitarían por un conflicto que no les correspondía. ¿Por qué se complicaban todos? ¿O acaso esta vez era ella la que se estaba complicando? ¿Cómo poder saberlo?
-Tenemos que advertir a todos. –Concluyó Frisk tras pensarlo demasiado.
-Se armaría un escándalo y perderíamos la oportunidad de escapar.
-Flowey, esta familia nos acogió pese a ser desconocidos. No podemos dejarlos con un peligro así. –Se detuvo finalmente frente a la maceta que había colocado sobre una de las camas. –Y si contactamos con Sans o su familia, podría terminar todo en desastre. Tendremos que encargarnos nosotros.
-Frisk, ya cometimos una vez el error de no escapar cuando te lo dije y mira lo que pasó. ¿En verdad crees que se obtendrá un resultado diferente haciendo lo mismo que aquella vez? –Frisk tuvo que reconocer en silencio que eso tenía mucho sentido, por mucho que no le gustara escucharlo. –Si no estás aquí, ningún patético esqueleto tendrá motivo de estar aquí. Eso podría evitar que destrocen la casa si es lo que te preocupa.
-¿Y qué me dices de su seguridad?
-¡¿Acaso quieres afrontarlo tú?! ¿A un asesino de ese tipo?
-Sólo es uno. Y nosotros dos... o más. –Meditó con seriedad la situación. No estaba dispuesta a pedirle a nadie que tratara de ser violento, pero Ronnie era un sujeto muy fuerte que podría intimidar al menos con su presencia, y la señora tenía una escopeta que podría servir al menos de amenaza.
-¡¡Aggghh! Frisk, piensa también en qué podría estar buscando alguien de la élite asesina de Asgore aquí. Si resulta que te están buscando precisamente a ti...
-Podría verlo en persona si lo que piensan es llevarme ante él. –Concluyó demasiado rápido sin necesidad de pensarlo ni un poco. –A mi perspectiva, es una extraña oportunidad sin haber heridos.
-Frisk, te lo pido por favor... ¡Vámonos de aquí! –Era extraño verlo de esa forma tan curveada de su tallo y expresión nada molesta. ¿Acaso le estaba rogando? –No quiero que te encuentren así sin saber qué es lo que quieren de ti.
-Si, es molesto estar sin saber nada, ¿cierto? –Se cruzó de brazos con tan sólo recordar por qué se había molestado con él antes. –Si tanto quieres irte, no te detendré.
-Idiota, no voy a dejarte. ¿Qué no entiendes que todo lo hago por ti? ¿Para que estés a salvo?
-¿Pero a salvo de qué, Flowey? Aunque sepa algunas cosas gracias a los Gaster, sigo sin saber mucho realmente. –Se observó su mano, recordando que gran parte de las cuestiones ajenas provenía de sus propias heridas que no perduraban y que aparentemente no se trataba de algo natural. –Sé que no soy normal como humana, pero desconozco realmente el por qué. Sé que soy descendiente de un mafioso japonés, pero no entiendo su muerte. Sé que mi padre adoptivo es un mafioso temido y peligroso, pero no entiendo lo que soy realmente para él. Así que dame un verdadero motivo para pensar que debo irme por seguridad.
-Porque podrían estar tras de ti por algo similar a lo que yo soy. –Respondió con un deje molesto, pero sin dejar de estar encorvado. –De acuerdo, te diré la verdad si nos vamos ya.
-No. Si me dices ahora, nos iremos. –Se sentó en la otra cama, estando frente a él. –Lo prometo.
Sabía que Flowey estaba molesto por alargar el tiempo que podría ser crucial a su perspectiva, pero también sabía que si le daba la breve oportunidad de darle más tiempo, simplemente no le diría nada hasta que lo olvidara. También ella podía estar en la postura de no cometer el mismo error dos veces, y eso incluía a la familia Bunny y la posible exposición ante un asesino que pretendía dirigir una ceremonia que cada vez más le parecía que no estaba destinada a efectuarse. Sabía lo que se sentía perder todo por conflictos ajenos entre mafiosos, no quería que ellos experimentaran tal situación de la que muy probablemente les costaría levantarse tras eso.
Así que en verdad necesitaba saber la verdad para tomar una buena decisión. Que de momento le costaba poder concentrarse adecuadamente con lo que tenía. Si se quedaba podría advertir a la familia conejo, pero tal vez todo termine en destrucción a como había terminado su propia casa. Si se iba, tal vez podría evitar eso, pero podría haber muertes de por medio y sería su culpa por no avisar. ¿Por qué le estaba costando ahora pensar en algo apropiado? ¿Dónde estaba la mejor opción?
¿O acaso... nuevamente ya no había opción?
-DT-00X, es la nomenclatura que me dieron al momento de mi alteración. Y eso es por la creación del suero DT, el cual surgió de otro experimento llamado Proyecto A.MOR., lo cual es lo que corre por tus venas. –Flowey finalmente narró tras darse por vencido de alguna manera. Su expresión dejaba en claro no gustarle para nada tener que ceder. –Viene siendo un acrónimo a Amenaza de Mortalidad. Y resumiéndolo, consistía gran parte en transmitir la resistencia humana hacia los monstruos, pero como muchas cosas con las que pretendieron jugar a ser dioses, fue un fracaso más que ni ellos mismos quisieron continuar por los efectos secundarios. Fuiste un proyecto abandonado en un proceso que te denomina como un producto inestable.
-¿Por qué inestable? –Arqueó una ceja.
-Sé que ya notaste que tus heridas pueden curarse con suma facilidad, lo cual es lo mismo con varias enfermedades que no sobreviven en tu organismo. –Frisk observó sus manos, como si fuera la primera vez que las contemplara realmente. –Pero tu mente no va al mismo tiempo que tu regeneración acelerada. Si es mucho lo que tu cuerpo tiene que recuperarse con tal de mantenerse con vida, tu mente irá en retroceso.
-¿Y qué... otros efectos secundarios presento?
-Frisk...
-¿Qué otros efectos secundarios presento para ser considerada como un defecto experimental? –Repitió alzando la voz sin darse cuenta, dejando de ver sus manos para ahora estar viendo a su amigo, el cual extrañamente se veía preocupado. –¿Y en qué momento experimentaron conmigo? Yo no recuerdo nada.
-No tengo todas las respuestas como tú crees, Frisk. Los reptiles que me hicieron esto nunca fueron comunicativos conmigo al considerarme un objeto. –Estiró su tallo para mantenerse en una altura apropiada a la ocasión. –Pero respecto a tus recuerdos, puede ser precisamente por lo que te dije sobre el retroceso de tu mente en situaciones así. Tal vez hasta ahora corriste con suerte de recuperarte y seguir siendo tú misma, pero no sé si eso tiene un límite y puedas dejar de ser tú para siempre. Serías una salvaje, sin memoria y siendo agresiva sin razón, pero con instintos acelerados para cazar. Justo como un animal.
-¿Y todo esto tiene que ver con el alma de Saito? –Recordó lo que le dijo Don Gaster al respecto y que claramente Flowey sabía si era quien les había informado al respecto. Se sentía extraño tener que pronunciar algo tan ajeno de muchas maneras y a su vez algo que le competía. –Don Gaster me mencionó en un par de ocasiones que mi cuerpo parece absorber cosas en lugar de expulsarlas, como lo que se supone que tú haces para absorber almas. ¿Tiene algo que ver?
-Tampoco lo sé. Podría ser una simple experimentación para lo que fue mi creación después, pero no estoy seguro. Nuevamente recalco que hay cosas que hasta yo desconozco, y es por eso que no quiero que te atrapen por si resulta que quieren lo que corre por tus venas. Ya sea para continuar el proceso... o para acabar con él de una buena vez.
Escuchar eso hacía que sintiera un enorme vacío dentro de ella de manera extraña para interpretar apropiadamente. Recordando las tumbas que había podido visitar para saber un origen al que nunca le había tenido curiosidad, pero que cada vez tenía más sentido cada aspecto de su vida del que había acumulado múltiples preguntas en el proceso.
Había tenido una familia biológica, una que no recordaba en su totalidad salvo a la hermana que había podido tener consigo por un tiempo suficiente para sentir cariño y tristeza en su partida. Había tenido una identidad propia antes, ella había sido Frisk Saito, pero nunca se lo permitieron y no era algo por lo cual lamentarse realmente ante algo que se sentía vacío. Pero decir que ella nunca había sido Frisk Dreemurr... dolía. Dolía mucho ahora. ¿Por eso su mam... la señora Toriel... le llevó lejos? ¿Porque la consideraron un objeto defectuoso para poder estar cerca? ¿Solo fue un error que quisieron esconder? ¿Por eso su pap... él, le mantuvo lejos sin poder saber nada más? ¿Sólo quisieron deshacerse de ella?
Pero entonces, ¿por qué le había mandado un regalo tan costoso y que sólo se podría adquirir llegando a la ciudad? No tenía sentido que le quisiera lejos dándole tales cosas.
Se puso de pie al no querer sentir más el temblor que estaban emitiendo sus manos, acercándose a la maceta para elevarla y abrazarla en busca de un consuelo y agradecimiento que no estaba segura de si estaban a lugar, pero no importándole al sentir que las lianas de su amigo le respondían al gesto que hacía el intento de transmitir a su manera estar preocupado. No quería expresar que le dolía la verdad, pero tenía que mostrar que realmente era capaz de llevar a cabo todas esas verdades o se estaría fallando a ella misma.
Y aunque no fuese un argumento con mucho peso para querer irse, tenía una promesa por cumplir ahora. Además, realmente había la posibilidad de aligerar las cosas si no la veían ahí en caso de ser la razón por la cual estaba el aparente asesino peligroso. Por mucho que la pusiera nerviosa, tendría que ponerlo a la suerte esta vez ahora que no tenía más opciones favorables.
-Vámonos, Flowey.
Se sentía extraño tener que irse antes de tiempo y sin poder despedirse, pero si todo iba bien al final, podría regresar a saludarlos y tal vez prepararles algo. Flowey la estaba sujetando de la cintura con una de sus lianas mientras extendía el resto para escapar por la ventana, para después correr un poco para alejarse lo más posible antes de que fueran atrapados en el acto. ¿Sería prudente llegar a su auto o tendría que alejarse también hasta que su amigo le indicara? Después de todo, lo tenía estacionado muy cerca y con todas sus cosas dentro.
Pero antes de siquiera preguntar o quejarse por tener que ir a paso prisa con tacones, se detuvo tras detectar un olor bastante similar y que no pudo ignorar al notar que provenía de un callejón cercano. Sabía que era una muy mala decisión encaminarse a uno tras lo que le ocurrió hace poco, pero le parecía tan extraño que simplemente hizo caso a su propia intuición antes de que Flowey le protestara al respecto.
Al convivir con varios seres que fumaban, había aprendido que los cigarros olían muy diferente por marca o por productos que incluían en su envoltura. Y si bien era el que llevaba menos tiempo oliendo por tratarse de un par de visitas de su parte, el aroma a zanahoria quemada y canela junto con tabaco era una mezcla demasiado particular para olvidarla con facilidad.
-¡¿Señora Leonnie?!
Preguntó al bulto que había reconocido en el suelo, la cual le devolvió la mirada llorosa y asustada, pero también aliviada de verla llegar y de ser reconocida, tras estar amarrada de manos y pies que le impedían moverse o levantarse por su cuenta, al igual que tenía su hocico tapado con un pañuelo con tanta fuerza que era evidente que la estaba lastimando. Pero en toda la sorpresa de verla de esa forma en un callejón, no se comparaba con verla sin una oreja cuando recordaba que tenía las dos de forma intacta. Tan solo pensó en lo peor conforme la desamarraba inmediatamente y le quitaba el vendaje que le impedía hablar.
-Un perro... me pidió que cantara. –Mencionó la coneja de pelaje claro y completamente asustada, pero estando apresurada de dar una explicación. Y con su mano libre pero temblorosa, señaló la ausencia de su oreja. –Pero al ver que mi voz es horrible, me hizo esto... y me amarró para no poder advertirle a mi familia.
Frisk abrió completamente sus ojos ante el temor. Había cometido un error, ese perro no iba por ella ni por Sans. Tenía que darse prisa.
-Frisk, lo prometiste. –Flowey la detuvo en el instante que hizo el intento de levantarse.
-¡Pero no podemos dejarlos así!
-Tu misma lo dijiste. Él es uno y ellos muchos. Podrán hacer algo. No...
Su amigo se detuvo en su hablar tras ver inmediatamente que dos siluetas se estaban acercando hacia donde estaban. Y por la posición alerta que Flowey estaba tomando inmediatamente con sus lianas que visiblemente sacaban espinas rojas, Frisk supo que estaba acertando con su pensamiento sobre que ya no era un solo asesino canino por el cual preocuparse ahora.
-Disculpen, estamos en busca de nuestro amigo. –Mencionó el perro de un aparente poblado bigote cubriendo su hocico.
-¿De casualidad han visto un perro blanco como nosotros? –Preguntó la canina a lado suyo, sonriendo con sus aparentes afilados colmillos.
***
Este capítulo estaba quedando demasiado largo, por lo que tuve que dividirlo. Así que mantengan el traje de gala todavía y degusten la botana de la mesa de la derecha. Muchas gracias.
Al paso que voy en periodicidad, en diciembre estaría el capítulo 100 de esta historia. ¡No puedo creer lo lejos que ha llegado! Esto se lo debo mucho a ustedes por el apoyo y cariño que siempre me brindan, aun con lo tardado que han tenido que ser algunas actualizaciones y de la vida tan intensa que presento en varias ocasiones, jajajajaja.
**Inserte sus teorías locas aquí.**
¡Michi fuera!
:)
Bạn đang đọc truyện trên: TruyenTop.Vip